La eugenesia, como doctrina científica emergente en el siglo XIX, fue definida inicialmente por Francis Galton como la “ciencia que trata de todas las influencias que mejoran las cualidades innatas, o materia prima, de una raza; también aquellas que la pueden desarrollar hasta alcanzar la máxima superioridad”. Esta doctrina funcionó como un discurso universal con grandes repercusiones en la historia a lo largo del siglo XX, estableciendo diversos patrones en la forma de entender la salud y el cuerpo.
Vinculados a herramientas médico-científicas como la higiene, estos patrones funcionaron como base del conocimiento de las naciones latinoamericanas que adoptaron y reconfiguraron los imaginarios de raza, cuerpo, salud y enfermedad con base en estas ideas occidentales. Desde finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, la necesidad de transformar las condiciones de vida de las personas a favor de la salud individual y colectiva se convirtió en una labor fundamental.
Surgimiento de Instituciones Especializadas y el Control Social
En este periodo, identificar los riesgos o focos de infección no era suficiente para contribuir a la formación de una ciudad y una mentalidad modernas. Era necesario clasificar los riesgos, que variaban desde un ambiente insalubre hasta un individuo enfermo (social o moralmente). Así, surgió la necesidad de separar “lo bueno de lo malo”, lo que implicó la creación de sitios especializados, instituciones que se encargarían de recluir a quienes se ubicaban fuera de los límites de higiene establecidos. Estos grupos marginados, como tuberculosos, leprosos, dementes, mendigos, delincuentes, huérfanos y prostitutas, más allá de resultar un peligro para la salud física, constituían un riesgo para la moral y las buenas costumbres. Los hogares de ancianos, como un tipo de asilo u hospicio, se insertarían en este marco de instituciones destinadas a la atención de grupos vulnerables o marginados.

La Eugenesia y la Higiene en el Contexto Colombiano
En Colombia, Zandra Pedraza plantea que la eugenesia como doctrina científica se propagó desde finales del siglo XIX junto con múltiples avances médicos. Promovió la creencia de que determinadas condiciones podían ser heredables y que cada generación desmejoraba su naturaleza biológica a causa de factores ambientales y condiciones de vida insalubres que imposibilitaban el alcance del progreso. El año de 1920 resultó determinante para la consolidación de estos discursos a causa de debates públicos entre médicos y pedagogos de Bogotá. A través de sus investigaciones, estas personas pretendieron asumir el reto de promover y mejorar la salud moral y física de los individuos.
Sería improbable la formación de la burguesía, de los trabajadores y los ciudadanos que las nuevas circunstancias tornaban necesarios, si no se le asignaba un papel activo al cuerpo, un papel en el que sus posibilidades de conocimiento y expresión, y su propia sensibilidad fueran la base de la educación intelectual y moral. A nivel local y como respuesta a las teorías de declive nacional sustentadas en la eugenesia, los líderes políticos, según Jason McGraw, encontraron en la higiene la herramienta esencial para combatir la enfermedad y promover la salud moral y física, apoyándose en prácticas que incluían la educación social, la purificación social y el control social.
Colombia del siglo XIX en 5 minutos
El Papel de las Sociedades de Beneficencia
Con la entrada al siglo XX, las sociedades de beneficencia, las juntas de ornato y sociedades de mejoras públicas que promovían el auxilio a los más pobres o enfermos se hicieron cada vez más comunes. Estas sociedades, conformadas por diferentes élites locales y a partir de iniciativas particulares, se adjudicaban la reunión de fondos caritativos y la fundación de establecimientos como asilos, orfelinatos, hospicios de caridad, dispensarios y casas de amparo, entre otros. Estos lugares funcionarían como espacios de acogida, pero también de higienización social y moral, de instrucción y resocialización.
- Una de las asociaciones más importantes de este tipo fue la Sociedad de Beneficencia San Vicente de Paúl en Medellín (entre 1890 y 1930). Según Paola Morales Mendoza, la entidad se caracterizó por crear una red de apoyo conformada por integrantes católicos interesados en la caridad pública y los deberes morales para con los más pobres.
- En el caso de Cundinamarca, José Fernando Sánchez Salcedo ha analizado el trabajo desarrollado por la Beneficencia de Cundinamarca entre 1917 y 1928, cuando esta promovió establecimientos como el Hospicio, el Asilo de Niños y el Asilo de Niñas Desamparadas con el objetivo de abordar la problemática de la niñez huérfana.
- A finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, Medellín vivió un proceso de crecimiento urbano sin igual que provocó la progresiva adecuación de nuevos organismos y el surgimiento de algunas instituciones como La Casa de Mujeres Arrepentidas, el Manicomio Departamental, la Penitenciaría de Medellín, el Orfelinato San José y la Casa de Mendigos.
- La Sociedad de Mejoras Públicas en Manizales, fundada en 1912, congregó a las élites en torno a la discusión de la higiene pública, convirtiéndose en un mecanismo fundamental de cambio y consolidación de una mentalidad burguesa-progresista.

Cali: Crecimiento Urbano, Peligros Sociales e Intervención Filantrópica
Para el caso del Asilo de Mendigos en Cali, si bien el establecimiento ha sido identificado en algunas monografías de historia y por algunos investigadores locales como Andrés Felipe Castañeda o Enrique Rodríguez, poco se sabe acerca de su fundación, manejo o desarrollo. El objetivo de estudio de este artículo es analizar la creación y funcionamiento del primer y único Asilo de Mendigos en Santiago de Cali como una institución de caridad con un fin social y moral, pero también con unas implicaciones políticas.
Durante la mayor parte del siglo XIX, Santiago de Cali se asemejó a una pequeña aldea con pocos habitantes, aislada geográficamente e inestable económicamente, según el profesor Edgar Vásquez Benítez. Sin embargo, durante la segunda mitad del siglo (a partir de 1850 aproximadamente) se produjo una reactivación económica y un notable crecimiento demográfico, pasando de 24 000 habitantes en 1900 a 50 000 hacia 1928. Este crecimiento implicó la necesidad de atender asuntos urgentes como el transporte, los servicios públicos, la demanda educativa y la salud.
Las élites empezaron a tener mayor protagonismo apoyando e incluso dirigiendo muchas obras que fomentarían el despegue socioeconómico en la región, con iniciativas como la consolidación de un sector social agropecuario y comercial, la inauguración del tranvía a vapor (1910), la construcción del Ferrocarril del Pacífico (1915), y la introducción de servicios públicos como energía eléctrica (1910), teléfono (1912), acueducto (1929), planta de purificación (1930) y alcantarillado (1930). Jairo Henry Arroyo señala que la configuración del campo empresarial como consecuencia de la estructuración de un mercado interno regional fue el antecedente más importante para la formación de Santiago de Cali.
La expansión territorial y demográfica de la ciudad dio paso a nuevas formas de comprensión de la realidad, reconfigurando la mentalidad de las diferentes clases sociales. En la ecuación del desarrollo económico y progreso material de la ciudad, el factor del crecimiento demográfico también comprendía la aparición e identificación de individuos considerados peligrosos: ebrios, prostitutas, locos, mendigos e inmigrantes pobres, quienes suponían desconcierto e indignación frente al orden social tradicional y las sanas costumbres, cuestiones muy valoradas por las élites de ese momento.
La preocupación de las élites por estos individuos despertó un interés por asuntos de salud, higiene y civilidad, categorías esenciales en la proyección de Santiago de Cali como ciudad moderna, limpia y ordenada. Entre las atenciones relacionadas con la higiene en Cali, se encuentra la importancia de vigilar e intervenir la higiene de los hogares que pudieran ser un peligro para la salud de la comunidad. La Ordenanza N.° 7 de 1912 (marzo 13), sobre instrucción cívica e higiene escolar, estableció la obligación de los inspectores provinciales de instrucción pública de dar breves conferencias sobre higiene, antialcoholismo y otros temas de utilidad práctica.
Esta preocupación de las élites por las condiciones o estilos de vida de los habitantes en relación con la salud y la higiene también estaba vinculada a un despliegue de la caridad y la filantropía. Estas actividades estaban destinadas no solo a mitigar las condiciones de miseria de los sectores populares e inmigrantes, sino también a ampliar su reconocimiento o protagonismo ante la sociedad. Las élites caleñas percibían la importancia de la higiene como una herramienta que les permitiría cumplir con un deber social y alcanzar un ideal en términos de progreso material y social para la ciudad. Con la entrada al siglo XX, como señala Zandra Pedraza, para los círculos intelectuales de las diferentes regiones del país la higiene se convirtió en un recurso médico-político en el cual el cuerpo se reconoció como el componente básico de la persona y el requisito indispensable para el progreso.
Con el incremento demográfico de la ciudad de Cali durante las primeras décadas del siglo XX también crecieron las críticas y miedos a grupos de la población considerados inferiores en términos sociales y morales. Uno de los más señalados por los periódicos fue el de las prostitutas o llamadas mujeres públicas. Se ha expuesto la necesidad de vigilar y reglamentar la vida de determinada clase de mujeres cuyas costumbres viciosas arruinan física y moralmente la salud de la sociedad, y se aplaudió la actitud del alcalde al ordenar que esas mujeres fueran consideradas y tratadas como vagas de conformidad con disposiciones legales.