Las funciones ejecutivas (FE) son habilidades cognitivas autodirigidas internamente que actúan al servicio de una meta. Influyen en nuestras conductas a través de la autorregulación, la actividad cognitiva y la emocional. La región del cerebro implicada en estos procesos se localiza principalmente en el lóbulo prefrontal. Son indispensables en el día a día de todos los individuos, ya que permiten la toma de decisiones, la elaboración de planes, la adaptación a los cambios en el entorno, la solución de problemas, el autocontrol y la regulación.
Se pueden definir como el conjunto de capacidades cognitivas necesarias para controlar y autorregular la propia conducta, lo que nos permite establecer, mantener, supervisar, corregir y alcanzar un plan de acción dirigido a una meta. Este conjunto de funciones es de gran importancia y se utiliza a diario. El término de Funciones Ejecutivas fue propuesto por Muriel Lezak en 1982.
Desarrollo de las Funciones Ejecutivas
El período de mayor desarrollo de la función ejecutiva ocurre entre los seis y los ocho años. Durante este lapso, los niños adquieren la capacidad de autorregular sus comportamientos y conductas, pueden fijarse metas y anticiparse a los eventos sin depender de instrucciones externas, aunque cierto grado de descontrol e impulsividad aún está presente.
A lo largo del desarrollo, los niños son cada vez más capaces de controlar por sí mismos sus acciones, respuestas y regular su propia conducta. Esta capacidad de autorregulación de la conducta está ligada al desarrollo de procesos cognitivos de orden superior, todos relacionados con el constructo de Funciones Ejecutivas.
Componentes de las Funciones Ejecutivas
Aunque hay diversidad de opiniones sobre qué son exactamente las funciones ejecutivas, existe consenso acerca de las habilidades que las componen. Estas capacidades cognitivas se encuentran relativamente delimitadas en las estructuras prefrontales del cerebro. Las áreas cerebrales más relacionadas con las funciones ejecutivas son:
- La corteza prefrontal dorsolateral
- La corteza prefrontal ventromedial
- La corteza prefrontal orbitofrontal
- La corteza cingulada anterior
Algunas funciones ejecutivas se clasifican como básicas, mientras que otras se derivan de las primeras. Entre las habilidades cognitivas que las componen se incluyen:
- Planificación: Capacidad de anticipar eventos futuros y formular un objetivo.
- Toma de decisiones: Elegir entre diferentes opciones.
- Establecimiento de metas: Definir objetivos claros.
- Organización: Habilidad para organizar información compleja o secuenciar fases de una estrategia.
- Inicio y finalización de tareas: La decisión de cuándo comenzar y cuándo terminar una tarea, lo que requiere pensamientos elaborados que contemplan varios aspectos a la vez.
- Flexibilidad cognitiva: Capacidad mental para cambiar de pensamiento entre dos o más conceptos diferentes y para adaptarse a cambios en el entorno.
- Monitorización: Capacidad de mantener la atención sobre una tarea, contemplando qué se está haciendo y cómo se está realizando, para corregir lo necesario en caso de problemas o imprevistos.
- Anticipación: Prever futuros eventos.
- Inhibición de la respuesta: El freno voluntario de un comportamiento espontáneo motivado por un estímulo.
- Memoria de trabajo (verbal y no verbal): Capacidad de almacenar temporalmente datos y procesarlos.
- Cambio (shifting): Habilidad para pasar a nuevas actividades y hacer frente a cambios en las rutinas.
- Actualización (updating).
- Fluidez: Velocidad y eficiencia para completar tareas nuevas o resolver un problema.

Modelos de las Funciones Ejecutivas
Tradicionalmente, las FE han sido consideradas un término paraguas que aglutina procesos de orden superior que gobiernan la acción hacia un objetivo y permiten emitir respuestas adaptativas a situaciones novedosas o complejas. Los elementos clave incluyen anticipación, control de impulsos, flexibilidad mental, planificación y monitorización (Anderson, 2008).
Se ha postulado una propuesta que considera el constructo desde una perspectiva dicotómica: procesos fríos (cognitivos) y procesos calientes (afectivos, que implican regulación de emociones) (Zelazo, Qu y Müller, 2004). Estos procesos son especialmente importantes en situaciones novedosas que requieren un ajuste rápido y flexible a las demandas del contexto.
Paradoja de Unidad y Diversidad
La literatura ha estado dominada por la paradoja de considerar las Funciones Ejecutivas como una unidad y al mismo tiempo integrada por una diversidad de funciones independientes. Los primeros modelos tendían a conceptualizar las FE desde una perspectiva "unitaria", como el modelo de "Ejecutivo Central" de Baddeley (1986) o el de "Sistema de Supervisión Activa" de Norman y Shallice (1986).
Sin embargo, el enfoque modular se ha demostrado demasiado simple. Las evidencias de que las FE están fraccionadas se apoyan en:
- Resultados en pacientes con daños en el lóbulo frontal, que rara vez exhiben una disfunción ejecutiva global.
- Déficits específicos en procesos ejecutivos que pueden localizarse en diferentes zonas de la corteza prefrontal.
- Pobre correlación entre las medidas de procesos ejecutivos.
- Las trayectorias de desarrollo de procesos ejecutivos específicos varían a lo largo del tiempo.
Como consecuencia, conceptos como "Ejecutivo Central" han sido modificados para fragmentar subcomponentes de varios sistemas de control.
Modelo Jerárquico de Miyake et al. (2000)
El modelo propuesto por Miyake et al. (2000) ha sido muy influyente, considerando tres factores nucleares independientes: inhibición, memoria de trabajo y cambio (flexibilidad atencional). Este modelo es atractivo para los psicólogos del desarrollo al valorar estos componentes desde edades tempranas.
Según los propios autores, se centraron en estos tres factores porque son fácilmente operacionalizados, pueden estudiarse con tareas comunes y están implicados en el rendimiento de tareas complejas. Los estudios de análisis factorial confirmatorio sugieren que algunas funciones ejecutivas pueden ser vistas como constructos distintos en niños que en adultos. Estos estudios también muestran que, aunque correlacionan moderadamente entre ellos, son constructos independientes.
Sistema de Control Ejecutivo de Anderson (2002, 2008)
Anderson (2002, 2008) propone un Sistema de Control Ejecutivo que depende de funciones cognitivas de más alto y más bajo nivel, por lo que no pueden ser consideradas de forma aislada. No hay consenso sobre las funciones que lo integran, pero sí un acuerdo en considerar estas funciones especialmente importantes en la conducta cotidiana. Este modelo categoriza las diferentes funciones ejecutivas en cuatro dominios interdependientes:
- Procesamiento de la información: Velocidad, fluidez y eficiencia para completar tareas.
- Control atencional: Capacidad para atender selectivamente a un estímulo específico.
- Flexibilidad cognitiva: Habilidad para pasar a nuevas actividades, hacer frente a cambios y aprender de errores.
- Establecimiento de objetivos: Iniciativa, razonamiento conceptual y habilidad de planificación y organización.
Relación de las Funciones Ejecutivas con la Discapacidad Intelectual
Las funciones ejecutivas son los procesos cerebrales superiores que nos permiten adaptarnos a nuestro entorno y están íntimamente relacionados con la capacidad de las personas para desempeñar múltiples tareas cotidianas. Estas se desarrollan a lo largo del ciclo vital y se deterioran con la edad, produciendo un impacto en la calidad de vida de las personas. Por ello, se trata de una de las capacidades más relevantes en el estudio de la discapacidad intelectual, debido a que este tipo de población no termina de desarrollarlas por completo.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la discapacidad intelectual implica una ausencia o restricción de la capacidad para realizar una actividad o acción, debido a una deficiencia que se encuentra fuera del margen considerado normal para una persona. Ejemplos de dificultades asociadas incluyen acciones complejas relacionadas con la alimentación, vestirse, higiene, manipulación de utensilios de cocina y tareas del hogar. También se observa una baja capacidad para tomar decisiones por sí mismos y emitir juicios sociales, lo que se relaciona con un mal desempeño de la función ejecutiva.
Esto último es un predictor de riesgo ante cualquier discapacidad intelectual, comportamiento o disfunción en actividades de la vida diaria (Rosado-Artalejo et al., 2017). Un estudio no experimental realizado por Echeverría (2015) en población con funciones ejecutivas afectadas, demuestra que la planificación, inhibición, atención ejecutiva e impulsividad se encuentran alteradas, observándose dificultades en el desempeño de la planeación, ubicación en el espacio y alteración en las respuestas al realizar una tarea.
El daño cerebral en las estructuras prefrontales puede provocar, entre otras complicaciones, anosognosia (falta de conciencia del propio déficit), abulia (falta de iniciativa), dificultad para secuenciar acciones, problemas para gestionar el comportamiento y las emociones, y rigidez cognitiva. Un problema en las funciones ejecutivas puede dificultar muchas actividades cotidianas.
Síndrome Disejecutivo y Otros Trastornos
El síndrome por excelencia que aparece como resultado de un mal funcionamiento de las funciones ejecutivas es el llamado Síndrome disejecutivo o síndrome frontal. En este síndrome, se alteran diversas habilidades cognitivas como la iniciativa, la fluidez, la inhibición, la flexibilidad, la autorregulación, la planificación y la toma de decisiones. Esto provoca una conducta desorganizada, poco adaptada al medio, con cambios de personalidad y del estado de ánimo (egocéntricos, obsesivos e irritables).
Este síndrome puede ser causado por daño cerebral en la corteza dorsolateral, derivado de ictus, traumatismos craneoencefálicos (TCE), tumores o enfermedades neurodegenerativas, como la Enfermedad de Pick. Dada su importancia en el día a día de la persona, es crucial llevar a cabo una evaluación del Síndrome disejecutivo.
Además del síndrome disejecutivo, el daño en el prefrontal puede provocar otras patologías:
- Síndrome orbitofrontal: Produce un cambio marcado de personalidad, derivado de un daño en la corteza orbitofrontal.
- Síndrome mesial frontal: Se caracteriza principalmente por falta de iniciativa, tanto conductual (apatía) como comunicativa (mutismo).
También pueden presentarse problemas en las funciones ejecutivas sin necesidad de un daño cerebral, como en trastornos como la dislexia, la discalculia, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), la esquizofrenia o el autismo (TEA).
Existen numerosos trastornos, tanto en el neurodesarrollo como en el adulto, que están estrechamente relacionados con la afectación de las funciones ejecutivas, incluyendo demencias (como el Alzheimer), y una demencia específica que afecta a las funciones ejecutivas conocida como demencia frontal, así como intoxicaciones.

Evaluación y Rehabilitación de las Funciones Ejecutivas
La evaluación de las funciones ejecutivas puede ser de gran ayuda en diferentes ámbitos:
- Académicos: Para saber si el alumno controlará su conducta en clase o si organizará bien su estudio.
- Clínicos: Para saber si un paciente presentará dificultades para adaptar sus impulsos o estados emocionales.
- Profesionales: Para saber si los trabajadores podrán resolver imprevistos y tomar decisiones adecuadas.
Mediante una completa evaluación neuropsicológica se pueden medir eficaz y fiablemente las diferentes habilidades cognitivas. Algunas pruebas neuropsicológicas importantes incluyen:
- Test de Clasificación de Tarjetas de Wisconsin (WCST): Es el test más usado y mide la función ejecutiva que requiere estrategias de planificación, feedback y flexibilidad cognitiva.
- Trail Making Test (TMT): Consiste en rastrear estímulos y seguir secuencias (numéricas TMT-A y alfanuméricas TMT-B).
- Figura de Rey: Evalúa la organización perceptiva, memoria visual, planificación y organización.
- Token Test: Examina el proceso de comprensión del lenguaje verbal para órdenes simples y complejas.
- Test de Stroop: Implica lectura de palabras, identificación de colores, e identificación de un color con interferencia.
- Test de Fluidez Verbal (FAS): Consiste en la producción de palabras en categorías semántica y fonológica.
Schiehser et al. (2011) y Barkley y Murphy (2010) han determinado la importancia de las pruebas neuropsicológicas para evaluar el impacto de las disfunciones ejecutivas en pacientes con trauma craneoencefálico y adultos con dificultades atencionales.
Estudio en Jóvenes con Discapacidad Intelectual
Un estudio con una muestra de jóvenes con discapacidad intelectual (N = 102) comparó su rendimiento ejecutivo con las puntuaciones baremadas de población típica. Se obtuvo información demográfica, rendimiento ejecutivo (TESEN), CI (K-BIT) y dimensiones de la calidad de vida (INICO-FEAPS).
Los resultados demostraron que los sujetos participantes tenían un rendimiento significativamente más bajo que la población típica. No se encontraron diferencias de género en el rendimiento ejecutivo de la muestra, pero tanto el CI como el grado de discapacidad mostraron relación con este rendimiento. Aunque la calidad de vida no mostró relaciones significativas, se sugiere profundizar en este aspecto en futuras investigaciones.
En otro estudio no experimental de corte transversal con 30 adultos con discapacidad intelectual moderada (16 mujeres, 14 hombres, entre 20 y 39 años), se utilizaron TMT, WCST, Figura de Rey, Token Test, Test de Stroop y Test de Fluidez Verbal. Los hallazgos mostraron que el 35.7% de los hombres en TMT-A y TMT-B se encontraban en el rango de tiempo esperado, con pocos completando la tarea dentro del tiempo esperado en TMT-B. En la Figura de Rey, el 43% de los hombres y el 50% de las mujeres mostraron mejor rendimiento en copia y evocación en los hombres según el rango percentil. Solo 6 de los participantes obtuvieron un desempeño igual o superior al esperado en al menos una tarea. En el WCST, la mayoría tuvo dificultades para comprender las instrucciones y formar categorías, con solo el 23.3% mostrando un mejor rendimiento. En la Figura de Rey, la organización perceptual, memoria visual y planificación fueron bajas. En el Token Test, el seguimiento de instrucciones estuvo por debajo de lo esperado, y en el Test de Stroop se evidenció un bajo nivel en la inhibición de tareas complejas.
Las limitaciones de este estudio radican en el diseño metodológico inicial, la muestra poco significativa y la heterogeneidad de la misma. Se sugiere la revisión del diagnóstico de cada participante por parte de un equipo terapéutico integral.
Desarrollo y validez de un nuevo test de funciones ejecutivas libre de sesgo por escolaridad (TELE)
Mejora de las Funciones Ejecutivas mediante Entrenamiento
Todas las habilidades cognitivas, incluidas las funciones ejecutivas, pueden ser entrenadas para mejorar su rendimiento. La plasticidad cerebral es la base de la rehabilitación de las funciones ejecutivas y de las demás capacidades cognitivas. El cerebro y sus conexiones neuronales se fortalecen con el uso de las funciones que dependen de ellos. Por lo tanto, si se ejercitan frecuentemente las funciones ejecutivas, las conexiones cerebrales de las estructuras implicadas se fortalecerán.
Un entrenamiento constante y apropiado es imprescindible para mejorar las funciones ejecutivas. Un programa de estimulación cognitiva personalizado para las necesidades de cada usuario puede comenzar con una precisa evaluación de las funciones ejecutivas y otras funciones cognitivas fundamentales. Basado en los resultados, el programa puede ofrecer un entrenamiento cognitivo personalizado para fortalecer estas funciones.
Para una correcta estimulación son necesarios 15 minutos al día, dos o tres días a la semana. Se puede acceder a programas de estimulación cognitiva a través de internet, que ofrecen una gran variedad de actividades interactivas en forma de divertidos juegos mentales.
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