Freud y la discapacidad intelectual leve: un enfoque psicoanalítico en clave de desarrollo y lenguaje

La discapacidad intelectual es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por un funcionamiento intelectual general significativamente por debajo del promedio, acompañado de limitaciones en las habilidades adaptativas necesarias para la vida diaria independiente.

Estas habilidades abarcan los dominios conceptual, social y práctico, y su déficit implica dificultades en el cumplimiento de los estándares socioculturales y del desarrollo, afectando la independencia personal y la responsabilidad social.

El diagnóstico de la discapacidad intelectual se basa en la evaluación de habilidades mentales generales que incluyen el razonamiento, la resolución de problemas, la planificación, el pensamiento abstracto, el juicio, el aprendizaje a partir de la instrucción y la experiencia, y la comprensión práctica.

Tradicionalmente, estas habilidades se medían mediante pruebas de inteligencia administradas individualmente por un profesional capacitado.

Si bien las versiones anteriores del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) definían la gravedad de la discapacidad intelectual por el puntaje de Cociente Intelectual (CI), las clasificaciones más recientes, como el DSM-5, definen la gravedad principalmente por la capacidad de satisfacer las demandas de la vida diaria en comparación con pares de la misma edad.

La gravedad de la discapacidad intelectual se clasifica en cuatro niveles: Leve, Moderada, Grave y Profunda.

Leve: Las personas con discapacidad intelectual leve suelen presentar algunas dificultades en el aprendizaje, pero con el apoyo y la atención adecuados pueden desarrollar una vida autónoma, incluida su faceta profesional.

En ocasiones, presentan ciertos impedimentos para expresar sus emociones y tomar decisiones importantes.

Moderada: Este nivel supone una comprensión inferior al leve y requiere asistencia continuada en la vida cotidiana.

Pueden desarrollar ciertas tareas laborales y domésticas de forma independiente, pero con ayuda.

Grave: Las personas con discapacidad intelectual grave (con un cociente intelectual por debajo de 20-25) presentan dificultades de comprensión y comunicación, pero pueden participar en ciertas actividades adaptadas.

Es habitual que este grado de discapacidad vaya acompañado de alteraciones físicas y/o sensoriales.

Profunda: Este es el nivel más elevado y menos infrecuente de discapacidad intelectual.

Las personas con este nivel de discapacidad tienen un CI inferior a 20 y necesitan cuidados constantes, con muy pocas opciones de autonomía a menos que gocen de un elevado nivel de ayuda y supervisión.

En su mayoría, presentan grandes dificultades y otras discapacidades graves, así como problemas neurológicos.

Además de las limitaciones cognitivas, otros rasgos de comportamiento asociados con la discapacidad intelectual, aunque no sean criterios diagnósticos, pueden incluir agresión, dependencia, impulsividad, credulidad, pasividad, autolesión, terquedad, baja autoestima, baja tolerancia a la frustración y un alto riesgo de suicidio.

Es común que las personas con discapacidades intelectuales presenten afecciones mentales, de neurodesarrollo, médicas y físicas concurrentes.

Por ejemplo, otros trastornos mentales y la epilepsia son de tres a cuatro veces más altos en personas con discapacidad intelectual que en la población general.

Si una afección genética ha causado la discapacidad intelectual, la persona también puede tener otras discapacidades asociadas.

Infografía: Esquema de niveles de gravedad de la discapacidad intelectual

Causas y Manifestaciones de la Discapacidad Intelectual

Las causas de la discapacidad intelectual son múltiples y de distinto origen.

Pueden clasificarse en Genéticas, Prenatales, Perinatales y Postnatales.

Genéticas: La evaluación prenatal para defectos genéticos y la asesoría genética para familias con riesgo de trastornos hereditarios conocidos pueden disminuir la incidencia de retraso mental por causas genéticas.

Ejemplos de síndromes genéticos asociados incluyen el Síndrome de Down (trisomía 21), el Síndrome de X Frágil, el Síndrome de Williams, el Síndrome de Angelman y el Síndrome de Prader-Willi.

Prenatales: La exposición a toxinas (alcohol, drogas) durante el embarazo, así como infecciones como la rubéola congénita, pueden afectar el desarrollo cerebral.

Perinatales: Complicaciones durante el parto pueden llevar a daños cerebrales.

Postnatales: Traumatismos craneoencefálicos, infecciones graves, desnutrición severa o exposición a toxinas (plomo, mercurio) en la infancia pueden causar discapacidad intelectual adquirida.

En el caso de una discapacidad por causa prenatal o durante el parto, los síntomas suelen ser evidentes en los primeros meses de vida, manifestándose en déficits del funcionamiento intelectual y adaptativo.

Aunque en muchos casos la discapacidad intelectual se asocia a otras patologías (motoras, neurosensoriales), una detección precoz es imprescindible para la estimulación y el desarrollo.

En las discapacidades intelectuales adquiridas en la vida adulta, la persona puede necesitar reaprender ciertas habilidades y competencias, siendo la estimulación fundamental para lograr el mayor grado de funcionalidad posible.

Capacidad Intelectual Límite (CIL)

El grupo CONFIL (2007) define la capacidad intelectual límite (CIL) como una "meta-condición de salud que requiere atención educativa, sociosanitaria y legal específica".

Se caracteriza por presentar un coeficiente intelectual justo por debajo de la media normativa, que oscila entre 70 y 85, y por limitaciones en el ámbito social, académico y laboral.

Según manuales clínicos como el DSM-IV-TR y el CIE-10, la CIL se enmarca en apartados relacionados con otras condiciones que pueden ser foco de atención clínica o síntomas que afectan a las funciones cognitivas.

En la etapa escolar, las personas con CIL son capaces de adquirir conocimientos hasta la secundaria, momento en el que pueden precisar apoyos.

Las dificultades en la identificación y diagnóstico de la CIL influyen en el acceso a servicios públicos, sociales y sanitarios, ya que muchos casos pasan desapercibidos y la CIL es desatendida en investigación y prestación de servicios sociosanitarios.

El autoconcepto puede verse negativamente influenciado, llevando a las personas con CIL no reconocida a ocultar sus limitaciones para evitar el estigma social.

Estudios indican una alta incidencia de trastornos mentales asociados en personas con CIL, incluyendo trastornos de comportamiento, del estado de ánimo (depresión, ansiedad), patologías por abuso de sustancias, trastornos neuróticos y trastornos de personalidad.

La presencia de trastornos de ansiedad aumenta considerablemente en personas con CIL, así como problemas neuróticos, de abuso de sustancias y de personalidad, además de limitaciones en la capacidad de adaptación y en el manejo de habilidades sociales.

Las personas con CIL se enfrentan a barreras sociales, especialmente en el acceso al mundo laboral, debido a la falta de formación y dificultades cognitivas relacionadas con las funciones ejecutivas.

Además, al ser excluidas de la red de salud mental ante la falta de diagnóstico clínico, no se les reconocen derechos a aportaciones económicas relacionadas con la discapacidad.

Diagrama de apoyos y funcionamiento de CIL

El Rol del Psicólogo en la Discapacidad Intelectual

La psicología juega un papel fundamental en la comprensión, diagnóstico y apoyo de las personas con discapacidad intelectual.

Uno de los roles principales del psicólogo es averiguar los apoyos que la persona necesita para mejorar su funcionamiento y, en consecuencia, su calidad de vida.

Los psicólogos pueden realizar la evaluación clínica y la medición del funcionamiento intelectual a través de tests estandarizados, como indica el criterio A del DSM-5.

Respecto al criterio B, pueden planificar un plan de apoyos a medida de la persona y ofrecer apoyo psicológico tanto al individuo como a sus familiares.

Para detectar la discapacidad intelectual, los psicólogos observan la evolución del desarrollo cognitivo, social y emocional.

Si bien las personas con discapacidad intelectual pasan por los mismos estadios evolutivos, lo hacen de forma más lenta, y pueden presentar problemas en la comunicación y en la expresión emocional.

En el caso de síndromes específicos como el Síndrome de Down, el Síndrome de X Frágil, el Síndrome de Williams, el Síndrome de Angelman, el Síndrome de Prader-Willi o el Síndrome 5P (Maullido de Gato), el psicólogo puede ayudar en el desarrollo de habilidades sociales e interpersonales adecuadas para la edad, así como en el manejo de las dificultades de comunicación y emocionales.

El Desempeño Ocupacional también es evaluado para conocer cómo el paciente lleva a cabo sus actividades de la vida diaria.

Se realizan tests para determinar el rendimiento en tareas de comprensión y expresión del lenguaje, así como el dominio de distintas modalidades del discurso.

La entrevista clínica busca analizar la mecánica conversacional y su relación con el contexto comunicativo.

La terapia ocupacional complementa el apoyo, orientando y asesorando a la persona y a la familia para favorecer la integración en un espacio de formación o de trabajo.

Se diseña un programa de tratamiento a medida para el paciente, buscando siempre maximizar su funcionalidad y calidad de vida.

Infografía: intervenciones psicológicas en discapacidad intelectual

Clasificaciones y Diagnóstico

La clasificación diagnóstica Internacional DSM-5 sitúa a las personas con funcionamiento intelectual límite con una puntuación de Cociente Intelectual Total (CIT) entre 70 y 79, por debajo de la inteligencia media o normativa (CIT 80-120).

La discapacidad intelectual (CIT < 70) es una condición patológica cuya principal característica es un desarrollo insuficiente que afecta la adaptación del individuo a su entorno relacional, social y laboral.

Además de la medición del CI, es fundamental considerar el funcionamiento adaptativo en áreas como la comunicación, las competencias de la vida diaria, la responsabilidad social, la autonomía y la autosuficiencia.

La distinción entre capacidad intelectual limítrofe y discapacidad intelectual leve requiere una evaluación cuidadosa de las funciones intelectuales y adaptativas, especialmente cuando existen trastornos mentales concomitantes que puedan afectar la capacidad del individuo para seguir procedimientos de prueba estandarizados.

La edad de manifestación se amplía con la nueva definición de DSM-5 y AAIDD, buscando un marco más inclusivo para el desarrollo y la vida adulta.

Mapa conceptual: modelos de discapacidad (médico, social, derechos)

Apoyos y Modelo Actual

Para comprender el funcionamiento de las personas con discapacidad intelectual, es imprescindible hacer referencia a los apoyos, como instrumentos necesarios para compensar las limitaciones asociadas a las dimensiones del comportamiento.

Los apoyos son “recursos y estrategias cuyo propósito es promover el desarrollo, la educación, los intereses y el bienestar personal, y que mejoran el funcionamiento individual”.

Definir las limitaciones de las personas con discapacidad intelectual implica, siempre, establecer los apoyos que necesita para un correcto desenvolvimiento social.

En definitiva, podríamos afirmar que asistimos en la actualidad a una convergencia en los distintos enfoques teóricos dados a la discapacidad intelectual.

Contribuciones de Freud a la lectura de la discapacidad

Freud, desecha el concepto de capacidad, por lo tanto desecha el concepto de discapacidad, ya que el sujeto no es racional, sino deseante y dividido, proponiendo un modelo dinámico del sistema psíquico.

La inteligencia es una función y/o un producto, o lo que es lo mismo, “somos Deseo”, pero “no somos inteligencia”, la inteligencia solo sería una habilidad o un resultado, sin embargo hay una pulsión de saber.

La pulsión de saber tiene tres destinos: la inhibición, la compulsión neurótica en el pensamiento, y la sublimación.

En el caso de la discapacidad intelectual, o del déficit intelectual, estaríamos centrándonos en el primer destino de la pulsión de saber, que sería la inhibición, la inhibición cognitiva.

Pulsiones y Destinos de Pulsión - Freud (parte 1)

Alguna reflexión final sobre la mirada psicoanalítica

El análisis freudiano y lacaniano invita a considerar que la discapacidad intelectual leve no es solo una cuestión de CI, sino de la relación entre el sujeto y su mundo simbólico.

La definición moderna de discapacidad intelectual pone el énfasis en los apoyos y el funcionamiento adaptativo, buscando la inclusión plena en contextos educativos y laborales.

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