La representación del cuerpo desnudo femenino en el arte tiene una tradición discursiva de larga data, observada en diversas manifestaciones artísticas. Ejemplos notables incluyen obras visuales como "El origen del mundo" de Gustave Courbet (1866) y películas como "Nostalgia", dirigida por Andréi Tarkovski (1983). Esta permanencia puede ser comprendida a través de dos vertientes principales: la teoría sociológica de Norbert Elias, que define el concepto de cuerpo, y una perspectiva feminista que argumenta que el desnudo femenino no es exclusivo del arte, ya que el imaginario que construye es parte integral de la identidad de las mujeres.
El Cuerpo en el Centro de la Cultura y la Civilización
El cuerpo ocupa un lugar central en la cultura. Constantemente nos referimos a los cuerpos al hablar de una persona, criticándola por lo que percibimos en su corporalidad -su vestimenta, ademanes, gestos, miradas, movimientos, comportamientos- sin siempre comprender el alcance de lo que esto puede revelar sobre nosotros mismos. El cuerpo es el receptáculo de expresiones que compartimos con otros individuos en una sociedad, como el uso de cubiertos para comer, gestos que denotan ideología o modos de vestir. En el caso de la mujer, la forma en que se ha ejercido poder sobre su cuerpo es parte integral del proceso de civilización.

La Construcción del Desnudo Femenino en el Arte Visual
El objetivo es entender cómo el cuerpo desnudo de la mujer ha sido moldeado en el arte visual -especialmente pintura, escultura y cine- a lo largo de un proceso de larga duración. Como han corroborado John Berger en "Modos de ver" (2016), Laura Mulvey en “Placer visual y cine narrativo” (1988), Teresa de Lauretis en "Alicia ya no. Feminismo, semiótica, cine" (1992) y Román Gubern en "Estereotipos femeninos en la cultura de la imagen contemporánea" (1984), la mujer desnuda ha sido representada predominantemente desde una perspectiva masculina y para el deleite de los hombres.
Una afirmación destacada de Berger es que “el desnudo es una forma más de vestido”, y “para que un cuerpo desnudo se convierta en un desnudo es preciso que se lo vea como un objeto” (Berger, 2016, p. 30). Esto incide en la constante polémica sobre la cosificación del cuerpo femenino. La permanencia de este significante sobre la desnudez femenina puede rastrearse, según Kenneth Clark en "El desnudo" (1996), hasta la Antigüedad griega, donde el desnudo masculino era más común. En aquel entonces, existía un tabú respecto a las mujeres, quienes se dedicaban principalmente a los quehaceres domésticos y no podían mostrar sus cuerpos.
Incluso en el siglo IV, la Afrodita desnuda estuvo "embarazosamente vinculada a los cultos orientales", y fue la belleza de su cuerpo, percibida como una invitación a la herejía, y no por motivos morales, lo que convirtió a Friné, la modelo de Praxíteles, en objeto de desaprobación clerical. Socialmente, las restricciones eran igualmente fuertes: mientras los jóvenes se desnudaban para los ejercicios, las mujeres griegas iban vestidas de pies a cabeza y estaban confinadas por la tradición a sus deberes domésticos (Clark, 1996, p. 30).
La Importancia Cultural de la Desnudez en la Antigua Grecia
Los griegos concedieron gran importancia a su desnudez. Tucídides, al consignar las fases que los distinguieron de los bárbaros, da especial importancia a la fecha en que se impuso como regla en los juegos olímpicos. Las pinturas de los vasos muestran que los competidores de las fiestas panateneas actuaron desnudos desde principios del siglo VI. Aunque la presencia o ausencia de un taparrabo no afecta mayormente a cuestiones de forma, el culto griego a la absoluta desnudez es de gran importancia psicológica, ya que representa la conquista de una inhibición que oprime a todos los pueblos, excepto a los más atrasados, y es vista como una negación del pecado original (Clark, 1996, p. 30).
Esto lleva a constatar que la idea de desnudez se relaciona directamente con la percepción del grado cultural que una sociedad tiene de sí misma. Posteriormente, veremos que ocultar la desnudez también puede significar lo mismo.
La Teoría de Norbert Elias y el Cuerpo Femenino
La reflexión sobre el cuerpo desnudo femenino se apoya en la aportación del libro "El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas" (2016) de Norbert Elias. Aunque esta obra no muestra explícitamente el momento originario en que el cuerpo de la mujer se convierte en signo de deseo, sí permite ver cómo ese cuerpo ha caído en un campo de significados sociales que tienen una causalidad en la conformación de los Estados modernos y que lleva a una generalización sobre su significado.
El cuerpo de la mujer se ha afianzado con ciertas obligaciones en el centro de la familia, pero -como se puede constatar en épocas más actuales- esto no constituye una naturalización de sus aptitudes corporales, sino una naturalización de la idea de que su cuerpo corresponde al núcleo familiar porque es apto para concebir, o porque el hombre ha ejercido la fuerza bruta en épocas primitivas y aún actuales. Recientemente, el acto de ser madre ya no es visto como parte de ese quehacer de la mujer. Tanto el aspecto biológico como la cuestión cultural son partes inherentes de los significantes sobre el cuerpo de la mujer, algo que se ha cuestionado dentro del feminismo y que es muy complicado disociar.
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Como señaló Gayle Rubin: "Las mujeres son entregadas en matrimonio, tomadas en batalla, cambiadas por favores, enviadas como tributo, intercambiadas, compradas, vendidas. Lejos de estar limitadas al mundo de lo “primitivo”, esas prácticas parecen simplemente más pronunciadas y comercializadas en sociedades más “civilizadas” […] Y si los hombres han sido sujetos sexuales -intercambiadores- y las mujeres semiobjetos sexuales -regalos- durante la mayor parte de la historia humana, hay muchas costumbres, lugares comunes y rasgos de personalidad que parecen tener mucho sentido (entre otras, la curiosa costumbre de que el padre entregue a la novia)" (Rubin, 1986, p. 35).
Control Social del Cuerpo y el Proceso de Civilización
Norbert Elias explica los controles del cuerpo que se vuelven indispensables en la configuración de la mentalidad de la sociedad occidental a partir del siglo XVI, cuando se conforma el Estado moderno con la reconfiguración del poder central del rey. La cortesía era propia de un grupo de personas distinguidas de la sociedad que trataba de adquirir la gracia del rey, por lo tanto, tenía ciertas maneras de actuar.
En el siglo XVI, el empleo del término courtoisie entre la clase alta fue desapareciendo lentamente, mientras que el concepto de civilité se hacía más frecuente y, por último, acabó predominando en el siglo XVII, al menos en Francia. Esto constituye un signo de un cambio de comportamiento de magnitud considerable y que, además, no se produce a través de una sustitución repentina de un ideal del buen comportamiento por otro radicalmente opuesto (Elias, 2016, p. 119).
En esta investigación, el eje central es explicar que en la conformación del Estado están involucradas otras cuestiones. Norbert Elias hace referencia a subjetividades que se tratan de moldear con el origen del Estado moderno, lo que se ve reflejado en las actitudes del cuerpo. Es en el cuerpo donde se pueden identificar ideas que entrecruzan los motivos de una sociedad particular, y que hacen permanecer algunas actitudes del cuerpo en otras culturas posteriores como la nuestra. Esto cobra sentido si se toma en consideración la homogenización de ciertas ideas que comienza en el siglo XVI, como la idea del mundo como algo representable en un mapa.

La Relación Indisociable entre Sujeto y Sociedad
La idea del cuerpo en Norbert Elias es adyacente a su teoría sobre la comprensión de la sociedad, una idea que lleva a ver al individuo como parte de la comprensión de la totalidad social. En tal sentido, este sociólogo propone estudiar las configuraciones psicológicas que llevan a adquirir actitudes corporales que van de acuerdo con una forma de pensar moderna. ¿De dónde viene esta idea del “deber ser” civilizado? Esta es la pregunta que incita la teoría sociológica de este autor. El ser civilizado es pensado desde el punto de vista de las buenas maneras, una persona que es consciente y controla los instintos de su cuerpo, que siente pudor y vergüenza de lo que emana su cuerpo naturalmente y de mostrarlo desnudo.
El cuerpo no constituye la idea central de la teoría de Norbert Elias, pero recurre a él constantemente cuando habla de la relación indiscernible entre sujeto y sociedad como dos procesos constituyentes uno del otro, y no como entidades ajenas que en algún punto se interrelacionan. Así lo muestra cuando pregunta: “¿Es el cuerpo un recipiente en cuyo interior se encuentra encerrado el auténtico yo? ¿Es la piel la línea fronteriza entre el ‘interior’ y el ‘exterior’?” (Elias, 2016, p. 58). Lo que aparentemente se encuentra dentro de cada persona como el ego, que se podría entender como una supuesta esencia que nos separa de pensar que somos parte de un todo social, esto que creemos contener como algo particular, según Norbert Elias, da cuenta de la contención de los impulsos a favor de establecer en nosotros medidas de control para la construcción del Estado y la conformación de la civilización, la cual va en sentido supuestamente ascendente y de progreso. Se establecen estructuras y normas para la sociedad, mientras que a la par existen múltiples grupos sociales que no corresponden con los esquemas que señalan estas.
Así lo ilumina Norbert Elias en la siguiente frase: “La expresión ‘la interioridad del ser humano’ es una metáfora cómoda pero una metáfora que induce al error” (Elias, 2016, p. 57). Elias explica que aquello que puede observarse como un proceso de hecho, como una evolución del macrocosmos multihumano y el microcosmos individual en el interior del primero, queda reducido a una situación: a un solo acto cognoscitivo que se realiza aquí y ahora. Aquí tenemos un ejemplo de la estrecha relación que se da entre los procesos sociales a largo plazo, esto es, entre los cambios estructurados de las composiciones que constituyen muchos seres humanos interdependientes, así como los individuos que las integran, con un cierto tipo de imagen de los individuos y de las experiencias propias (Elias, 2016, p. 57). Es decir, Norbert Elias explica que es necesario aclarar si existe la idea de un interior del sujeto, y finalmente dice que en filosofía es posible que se haya explicado, pero que en sociología tendría que haber una explicación empírica de ello para saber que dentro del ser humano es posible encontrar un punto de partida objetivo desde el cual se estudian los hechos. Mas, todo lo contrario, el sujeto que observa es parte de ese hecho que intenta estudiar objetivamente. Somos cuerpos que se modelan conforme a la cultura en que nos toca existir, momento que solo constituye un espacio de tiempo de su gran conformación.
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El Papel de los Manuales de Comportamiento en la Civilización del Cuerpo
La intención de poner como un centro de definición del cuerpo la teoría sociológica de Norbert Elias tiene como cometido entender que el cuerpo, en sus maneras de comportamiento, ha sido configurado en un período de largo alcance que este teórico analiza en una investigación de archivo desde el siglo XIII hasta el XVIII. Muestra, a través de manuales del buen comportamiento, cómo deben ser los modales en la mesa y a la hora de vestir. Cuestiones que ahora nos parecen tan naturales son solo expresiones que se han ido metiendo en nuestro inconsciente como una manera de estar en sociedad.
El libro de Erasmo, "De civilitate morum puerilium", que menciona Norbert Elias como un parteaguas importante en el siglo XVI, trata del “decoro externo del cuerpo” y está dedicado a un muchacho noble, a un hijo de un príncipe, para su adoctrinamiento (Elias, 2016, p. 132). Como ya se ha dicho, este texto de Erasmo se mantiene en gran parte dentro de la tradición medieval. Casi todas las reglas de la sociedad cortés reaparecen en ella. Todavía se come la carne con las manos, aunque Erasmo señala que debe cogerse con tres dedos y no con toda la mano. Reaparece la norma de no abalanzarse sobre la comida como un glotón; también el mandato de lavarse las manos antes de comer, así como la forma de los esputos, la forma de sonarse la nariz, el empleo del cuchillo y muchas otras. Es posible que Erasmo haya leído algunos de los libros sobre compostura en la mesa o bien alguno de los escritos de los clérigos en los que se trataban tales problemas (Elias, 2016, p. 133).

De forma general, los hallazgos de Norbert Elias dan cuenta de la conformación del pudor y de la vergüenza que se crea en relación con las actitudes instintivas de nuestros cuerpos; se busca aplacar los instintos y lo bárbaro, lo que significa cortar con las costumbres anteriores que representan una etapa anterior civilizatoria. Norbert Elias rompe con la idea del “interior del sujeto”, la cual no es una categoría que desde un enfoque social sea adecuada para entender la relación indiscernible entre individuo y sociedad, pues necesariamente son dos cuestiones que coexisten, ninguna está sobre la otra.
El cuerpo no es una especie de contenedor de nuestra esencia particular, sino que es en el cuerpo donde vemos la manera en que los instintos son controlados por el Estado para la obediencia de los sujetos; el buen comportamiento de la clase cortesana ameritaba los favores del rey. La vergüenza y el pudor que sentimos debido a la desnudez no son inherentes a nuestra naturaleza, sino parte de un proceso que se va dando poco a poco desde la antigua Grecia y que comienza a solidificarse en el Renacimiento. Tiene que ver con los escrúpulos, con la repugnancia que va surgiendo en relación con el cuerpo en general.
La Desnudez y el Pecado Original
En el relato bíblico, Adán y Eva cobran conciencia de su desnudez porque se ven el uno al otro de manera distinta por culpa de haber comido la manzana. La desnudez se engendró en la mente del espectador. En la Edad Media se ilustra a menudo esta tradición, escena por escena, como en las historietas ilustradas. En el Renacimiento desapareció la secuencia narrativa y se presentó únicamente el momento de la vergüenza. La pareja viste hojas de higuera o luce un pudoroso gesto con las manos (Berger, 2016, p. 32).
Estas connotaciones sobre el cuerpo de la mujer hacen de las manifestaciones de su corporeidad significados particulares que pueden ser apreciados posteriormente. La mujer es un signo para ser visto, que se sabe observado, y esto constituye su comprensión como objeto de deseo. Estas cuestiones son paradójicas, y no en un sentido que nos sorprenda, pues actualmente el cuerpo desnudo de la mujer representa por sí mismo una contradicción entre lo que no se debe mostrar en público y lo que se desea. Y es este un punto a resaltar, en cuya representación podemos visualizar lo que se encuentra escondido.
El Caso de Madonna y las Fotografías de Desnudos Artísticos
En julio de 1985, las revistas Penthouse y Playboy publicaron una serie de fotografías en las que Madonna posaba desnuda. Estas imágenes fueron tomadas en Nueva York en 1978 con fines artísticos y sin intención de ser difundidas en revistas. En aquel entonces, accedió a la sesión por necesidad económica, por la que recibió apenas 25 dólares como pago. La publicación desató un escándalo mediático, pero la cantante permaneció desafiante y sin remordimientos. Paradójicamente, las imágenes terminaron vendiéndose por más de 100 000 dólares.
Durante su participación en el concierto benéfico Live Aid de 1985, Madonna aludió irónicamente al episodio, declarando que no se quitaría su chaqueta pese al intenso calor, ya que «[los medios de comunicación] podrían recriminármelo dentro de diez años». Este incidente subraya la compleja relación entre la desnudez, el arte, la moral pública y la autonomía del artista.
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