El Rol Histórico de la Mujer Mayor en la Familia Rural
En la representación de las mujeres mayores desde finales del siglo XVIII destaca su papel como abuelas en la familia, una función crucial en la estructura social y económica. En este espacio se transmitían valores y tradiciones, con énfasis en la autoridad patriarcal. A menudo representadas estereotipadamente con arrugas y cabello blanco, estas abuelas encarnaban la figura maternal y servían como contadoras de historias y cuidadoras de sus nietos, resaltando la importancia de la relación intergeneracional.

Aunque la pintura rara vez muestra múltiples generaciones, se pueden encontrar ejemplos de abuelas en entornos campesinos, participando en la crianza de los niños o en celebraciones familiares. En un cuadro que ilustra este contexto, se refleja el ambiente rural y sencillo de una familia campesina, donde la abuela intenta alimentar a uno de sus nietos mientras otro sostiene un muñeco de trapo. Detalles como un trozo de pan y una jarra en la estantería revelan la modestia de su estilo de vida, además del papel de género inherente a la época.
Por otro lado, la figura masculina, absorta en la lectura y el tabaco, contrasta con la dedicación de la abuela, evidenciando la disparidad de roles entre géneros en el cuidado de los niños en la familia del siglo XIX. Esta representación refleja las identidades y dinámicas familiares de la época, que continuarán moldeando nuestro linaje familiar.
El Cuidado de Ancianos Dependientes en el Contexto Campesino Actual
La familia es el principal proveedor de cuidado al anciano dependiente. Atenderlo genera estrés familiar como consecuencia del tiempo y esfuerzo físico que requiere, y el cuidador de un familiar dependiente tiende a descuidar su salud (1).
En América Latina, las principales proveedoras de cuidados para los ancianos en la familia son mujeres, que desempeñan el rol de esposas o hijas principalmente (2). Ellas incorporan esta experiencia del diario vivir como fuente de afecto y reciprocidad, pero están expuestas a desgastes emocionales y problemas económicos. Este es un tema prioritario para la salud pública debido al aumento de enfermedades crónicas en el mundo, el envejecimiento poblacional y las tendencias de los actuales sistemas de salud (3).
La literatura científica recoge diversos esfuerzos por explicar los problemas emocionales de los cuidadores de personas ancianas dependientes, asociados con distintas variables (4, 5, 6, 7). Estos estudios señalan repercusiones negativas en la salud de los cuidadores familiares, incluyendo especialmente ansiedad y depresión (2, 3), las cuales difieren según las características psicosociales y culturales de la población (8). Sin embargo, algunos análisis no reportan diferencias estadísticamente significativas en la asociación de grados de dependencia y la aparición de depresión (4, 8).
Además, ciertos estudios evidencian que el cuidado familiar es una experiencia heterogénea (7, 9), permeada por diferencias culturales y subjetivas que pueden influir en la intensidad de los niveles de depresión, recursos, resultados del cuidado y los factores de riesgo o protectores (5, 6).
El Grupo de Investigación en Cuidado Cultural de la Salud de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia (GCCS, FE-UN) ha generado evidencia sobre la construcción cultural del fenómeno de cuidar/cuidado con cuidadores familiares y personas en situación de discapacidad y pobreza en contextos rurales y urbanos de algunos lugares de Colombia (10, 11). No obstante, no se encontraron trabajos específicos en el entorno latinoamericano que analicen o expliquen los efectos emocionales del cuidado sobre cuidadores familiares campesinos.
Por tanto, un estudio específico buscó establecer la asociación de la depresión de cuidadores familiares campesinos del municipio de Cáqueza, Cundinamarca (Colombia), con el tiempo de cuidado y la dependencia de la persona anciana cuidada.
Metodología del Estudio en Cáqueza, Colombia
La investigación fue de tipo transversal con alcance correlacional. De 200 cuidadores campesinos beneficiarios del programa "Atención al adulto mayor con discapacidad del municipio de Cáqueza-Cundinamarca", se tomó una muestra por conveniencia de 50 cuidadores. Los criterios de inclusión fueron:
- Cuidador familiar por más de un año, de una persona anciana con limitación física y dependiente para las actividades de la vida diaria.
- Cuidador mayor de 18 años.
- Residente en zona rural de Cáqueza por más de un año.
El proceso para la recolección de la información consideró cinco pasos:
- Contacto con la Coordinación de Salud Pública de la Alcaldía de Cáqueza.
- Invitación por medio de la emisora "La Voz de Cáqueza" a los cuidadores familiares beneficiarios del programa de Atención al adulto mayor con discapacidad.
- Encuentro con cuidadores para presentación del proyecto.
- Elección de participantes y firma del consentimiento informado.
- Aplicación de instrumentos entre noviembre y diciembre de 2011.
Los instrumentos empleados fueron una encuesta sociodemográfica generada por el GCCS, FE-UN; la escala de Yesavage para los cuidadores familiares y el índice de Barthel (IB) para las personas ancianas cuidadas.
- La escala de Yesavage, con una validez de criterio r=0,84; p <0,001 a nivel internacional y una sensibilidad y especificidad de 36,84 y 100 respectivamente en Colombia, tiene un formato de respuesta dicotómica (Sí o No). Se asigna un puntaje de 0 a 1 y se clasifica: sin depresión [0 a 5], depresión leve [6 a 9] o depresión establecida [> 10].
- El índice de Barthel (IB) mide el grado de dependencia del anciano en diez actividades de la vida diaria (alimentarse, bañarse, vestirse, arreglarse, deambular, subir escaleras, trasladarse del sillón a la cama y viceversa, defecar, orinar y usar el sanitario) mediante puntuaciones. La dependencia se clasifica de 0 a 20 (total), de 21 a 60 (severa), de 61 a 90 (moderada), de 91 a 99 (escasa) y 100 (independencia). La confiabilidad del índice mostró buena reproducibilidad y consistencia interna (alfa de Cronbach de 0,93 (14)).
La información fue almacenada y procesada en el software estadístico SPSS versión 17.0. La relación de las variables se evaluó con pruebas Chi-cuadrado, considerando significativa una relación con p < 0,05 y un nivel de confianza del 95%. Las consideraciones bioéticas se establecieron en la Resolución 8430 de 1993 del Ministerio de Salud de Colombia.
Perfil de Cuidadores y Ancianos en Cáqueza
Las características de la muestra de 50 cuidadores familiares revelaron que la mayoría eran mujeres (76%), hijos/hijas (40%) o esposas/esposos (22%). El 50% tenía más de 60 años y el 40% estaba casado. Predominaba un nivel socioeconómico bajo (94%) y un bajo nivel educativo (66%). El 84% vivía solo con el familiar dependiente y el 64% había cuidado de su familiar durante más de ocho años.

Las personas ancianas cuidadas presentaban diversos grados de dependencia funcional: moderada (54%), severa (14%), total (12%) y escasa (20%). La dependencia total se observó principalmente para actividades como trasladarse entre la silla (28%) y en la cama (26%). La dependencia severa afectaba actividades como comer (78%), el control de heces (72%) y orina (70%), el aseo personal, y bañarse y ducharse (68%).
En cuanto a la salud mental de los cuidadores, la mayoría se percibía sin depresión (56%), seguidos por aquellos con depresión leve (40%), y pocos presentaban depresión establecida (4%). Se destacaron elementos resilientes en los cuidadores, tales como sentirse con esperanzas (84%), útiles (76%), amparados y conservados para sus tareas y aficiones (66%), animados (62%), con una vida plena (60%) y sin problemas de memoria (52%). Sin embargo, también se observaron factores de riesgo, como no percibirse satisfechos con su vida (92%), no sentirse felices la mayor parte del tiempo (90%), no considerar estupendo estar vivos (92%) y no sentirse llenos de energía (88%).
Patrones Culturales del Cuidado Familiar
En las culturas latinas, existe la expectativa de que la familia asista en el cuidado de los adultos mayores como una forma de obligación filial, respeto y dignidad hacia el anciano. Las familias de todos los grupos étnicos utilizan sus creencias culturales para guiar el uso de los recursos disponibles dentro de sus hogares o comunidades. Comprender las formas de cuidado con un adulto dependiente revela diversas experiencias y resultados que varían según los grupos culturales.
El Grupo de Cuidado Cultural de la Salud de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia (GCCS, FE-UN) ha profundizado en el conocimiento del cuidado popular con poblaciones de adultos mayores vulnerables, mestizos, campesinos y afrodescendientes. Un estudio cualitativo de análisis de datos secundarios (metasíntesis cualitativa) respondió a una indagación sobre los patrones o diferencias culturales de las familias en tres grupos diversos de Colombia: campesinos (Cáqueza), urbano-marginales (Bogotá) y afrodescendientes (Guapi).
Este estudio, basado en datos recopilados entre 2007 y 2016, identificó un patrón cultural central: Cuidar: entre sufrimiento, generosidad y agradecimiento. Este patrón revela un cuidado familiar motivado por el reconocimiento del sufrimiento mutuo, superado por la generosidad del cuidador que da todo de sí para mantener la salud del adulto mayor, y el agradecimiento del adulto mayor porque esos cuidados le ayudan a sobrellevar su dolorosa situación. Además, este patrón captura valores y creencias sobre cómo elementos de la naturaleza, barreras sociales o sobrenaturales pueden afectar el bienestar del adulto mayor, y las prácticas de cuidado para evitar complicaciones.
Sufrimiento del Cuidador y Adaptación
La categoría "Sufro al verlo así y hago de todo para cuidarlo" evidencia el intenso sufrimiento del cuidador al ver la condición de vejez, dependencia y pobreza de su familiar, exacerbado por los escasos recursos económicos y sociales. Para algunos colaboradores, la demanda física, afectiva o social del cuidado es tal que experimentan la situación como un castigo.
Las mujeres en los tres grupos culturales asumen principalmente el cuidado, aplicando tradiciones familiares aprendidas, creatividad y recursos limitados para evitar un mayor sufrimiento y complicaciones en el adulto mayor. La subcategoría "Sufro al ver a mi viejo así" refleja el impacto emocional del cuidador ante la dependencia y pobreza del adulto mayor: "todo esto es muy duro, verlo a él así... que ¡no se puede mover! es un sufrimiento quedar así y verlo así porque es un castigo para con uno...” (C4-Cáqueza).
El cuidador experimenta dolor por la pérdida del rol vital y funcional de su familiar, pero se entrega a las necesidades del otro, anticipándose a situaciones de riesgo. Esta experiencia conlleva una carga intrínseca, marcada por la preocupación y el temor a futuras complicaciones. No obstante, el cuidador encuentra en ello una oportunidad de retribución, amor filial y generosidad: “Es una responsabilidad, primero que todo porque es mi mamá y porque uno debe cuidar a sus padres así como ellos nos cuidaron a nosotros” (C2-Caqueza).
Prácticas y Creencias de Cuidado
- "Evito que le entre el frío porque se me complica y me angustio." La familia percibe que el frío puede comprometer la salud del anciano. En Guapi, incluso con temperaturas cálidas, el frío se asocia a la ausencia de sol. Las medidas incluyen calentar agua para el baño, secar rápido, ofrecer bebidas calientes y abrigarse bien.
- "No pueden comer de todo porque se enferman más y me preocupo." La familia se esfuerza por identificar qué alimentos son perjudiciales, siguiendo consejos médicos y prestando atención a la preparación para evitar que les "caiga mal". En Guapi, se evita recibir alimentos de desconocidos por temor a brujería y la combinación de alimentos fríos y calientes.
- "Si no duerme bien se siente mal y eso me inquieta." En Cáqueza y Bogotá, se considera que el sueño es vital para la energía diaria. Se recurre a prácticas populares como dar comida liviana, usar ropa cómoda para dormir y abrigar con cobijas de color rojo. En Guapi, se valoran las siestas durante las horas de mayor temperatura.
- "Los virus del ambiente me lo pueden enfermar y me preocupa." Los cuidadores identifican los virus como fuente de complicaciones. En Cáqueza se evitan las visitas de personas enfermas de gripa, y en Bogotá se realizan limpiezas del ambiente con sahumerios de hierbas como el eucalipto, creyendo en sus propiedades desinfectantes.
- "No la dejo sola porque le puede pasar algo y me angustio." Los entornos inseguros con barreras arquitectónicas y falta de adaptaciones en la vivienda son reconocidos como riesgos de caídas. La angustia se maneja evitando dejar solos a los ancianos y realizando adaptaciones en el hogar para prevenir accidentes.
Envejecimiento Saludable y Exitoso (DocMorris)
La Perspectiva del Adulto Mayor: Tristeza y Agradecimiento
La categoría "Agradezco me cuiden porque es triste estar así" ilustra la tristeza del adulto mayor ante la pérdida de autonomía, siendo la dependencia el mayor impacto. La gratitud emerge como expresión de reconocimiento hacia su cuidador, brindando estabilidad y seguridad ante la vulnerabilidad percibida.
"Estar así es triste, pero salgo adelante." La enfermedad y la pérdida de funcionalidad generan un profundo sentimiento de tristeza: “Cuando ya uno se ve que uno queda como sentado ya uno vive triste... cuando uno trabajaba se divertía, pero ya uno sentado...” (AM1-Guapi). Este sentimiento se agrava con la dependencia constante y la pérdida de redes de apoyo externas. La situación puede percibirse como un castigo, especialmente para quienes han vivido una vida de lucha y pobreza. Ante esta dramática realidad, algunos adultos mayores buscan control a través del humor, la música, prácticas religiosas y la fe en un ser superior: “En mi soledad y silencio lo que hago es gozar, oraciones, orar con canciones. Definitivamente la música y el conocimiento me alegran el espíritu, me acompañan y me hacen olvidar mis penas” (AM11-Bogotá).
"Agradezco me cuiden." Contar con el cuidado de un familiar genera alivio: “Gracias a mi Dios ahora vivo con mi hija, ella viene y se está conmigo todas las tardes. Mis hijas me cuidan mucho, así como las cuidé a ellas, y mi yerno, él está pendiente de mí” (AM6-Bogotá). Sin embargo, fenómenos como el desplazamiento o la búsqueda de movilidad social pueden dejar al adulto mayor sin apoyo, llevando al abandono, como en el caso de Guapi. Recibir el apoyo familiar es un valor culturalmente esperado, una expresión implícita de gratitud por la inversión del adulto mayor en su juventud y fuente de orgullo. La falta de cuidado familiar a menudo conlleva un juicio cultural, que suele soslayar el contexto de vulnerabilidad del grupo familiar en su conjunto.
Para el estudio, la familia es el recurso fundamental frente a la desprotección social del adulto mayor en condición de discapacidad y pobreza.
Discusión y Desafíos del Cuidado Campesino
Es evidente el significado atribuido a la situación del adulto mayor por los grupos colombianos estudiados, la tensión emocional para el cuidador y el sistema de creencias que moviliza para ofrecer cuidado, así como la constante tensión emocional para evitar complicaciones. Algunas prácticas se fundamentan en lo que se debe o no hacer para mantener estable la salud del adulto mayor. El cuidador (63% mujeres) experimenta un ambiente emocional difícil, estresante y con escasos recursos, donde se entrega y subordina sus necesidades para atender las del adulto mayor en un contexto de desprotección social, dejándolo en alto riesgo para la sobrecarga del cuidador y complicaciones sociales o de salud.
Dilworth-Anderson y colaboradores encontraron que la percepción y el significado atribuido por el cuidador a la persona dependiente varían según la raza, etnia y cultura. Se comparten hallazgos con otras culturas respecto a las normas y valores que motivan el cuidado de los adultos mayores en la familia, como la reciprocidad, la obligación filial y el sentido de responsabilidad, así como algunos efectos negativos, como la sobrecarga, el estrés psicológico y la tensión en el rol.
Asociación entre Depresión y Dependencia
El estudio en Cáqueza encontró asociación entre la depresión de cuidadores familiares campesinos y la severidad de la dependencia de las personas ancianas. No se encontró asociación entre la depresión y el tiempo dedicado al cuidado, lo que sugiere que el grado de depresión varía según la severidad de la dependencia del anciano. En este grupo particular de cuidadores campesinos, podría considerarse que, a mayor tiempo de cuidado, mayor adaptabilidad se desarrolla, lo que resultaría en menores implicaciones emocionales. Sin embargo, es importante señalar que el estudio tuvo un tamaño de muestra limitado y careció de un grupo control para comparar estas asociaciones.
Desafíos y Necesidad de Apoyo Institucional
Cerca de la mitad de los cuidadores familiares campesinos de Cáqueza (44%) presentan trastornos depresivos, lo que puede afectar la salud de quienes tienen a su cargo enfermos crónicos con discapacidad (18) y relacionarse con las propias expresiones de los mayores ante su situación de salud, como cambios de ánimo y desinterés por la vida. Al analizar las tendencias de los ítems, se observan tanto factores resilientes como de riesgo, cuyas aparentes contradicciones podrían explicarse por el orden cultural y la forma de ver el mundo en comunidades de bajos recursos en Colombia. En estudios comparativos, cuidadores hispanos reportan más síntomas depresivos que los blancos (6).
Estudios del GCCS, FE-UN (20, 21) indican que el cuidado familiar al anciano dependiente en entornos rurales y urbanos responde a valores de reciprocidad, obligación filial, afecto y deseo de ayudar, buscando la satisfacción de haber cumplido con el deber. Las creencias religiosas, basadas en una protección divina, también contribuyen a mantener la esperanza y la sensación de utilidad. No obstante, estos cuidadores están dispuestos al sacrificio, soportan el dolor en silencio y enfrentan adversidades, barreras institucionales y escaso soporte a su labor (6). Esto plantea la hipótesis de que la cultura puede ofrecer elementos resilientes, como una evaluación positiva del cuidado y el afrontamiento religioso, que coexisten con una gran vulnerabilidad. Esta condición es compartida en muchos entornos latinoamericanos, donde la familia asume la mayor responsabilidad del cuidado, mientras el Estado continúa transfiriéndole esta tarea (22). Es alarmante la falta de iniciativas de apoyo para estas personas.
El estudio invita a reconsiderar la idea de que los cuidadores de minorías étnicas tendrían menos carga y depresión por razones culturales, ya que esto podría enmascarar condiciones de vulnerabilidad mayores en Latinoamérica, dadas las presiones que soporta la familia para brindar atención con exiguos apoyos institucionales y escasa respuesta de políticas sociales (6, 28). Es fundamental que el cuidado se convierta en objeto de preocupación explícita de los gobiernos, como pilar de protección y de políticas públicas que lo saquen del rezago actual (29, 30).
El trabajo con cuidadores campesinos es una invitación a continuar estudios con poblaciones de distintos entornos culturales latinoamericanos, utilizando variadas metodologías para comprender mejor las diferencias en las respuestas de los cuidadores a un fenómeno heterogéneo, con significados y prácticas culturales diversas.
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