El número de personas mayores que sufren depresión crece de manera veloz. En muchas ocasiones, los síntomas depresivos son confundidos con señales propias del envejecimiento, lo cual dificulta el diagnóstico y el tratamiento oportunos.
Panorama Demográfico del Envejecimiento y su Relevancia
La población mundial envejece rápidamente. Se estima que para el año 2025 habrá aproximadamente 1200 millones de ancianos en el mundo, creciendo este número exponencialmente. Según las previsiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2023, 1100 millones de personas tenían 60 años o más, cifra que casi se duplicará a 2100 millones en 2050, representando en torno a una quinta parte de la población mundial. A finales de la década de 2060, el número de personas de 60 años o más alcanzará los 2500 millones y superará al de menores de 18 años a escala mundial. Se prevé que el número de personas de 80 años o más se triplique con creces entre 2023 y 2060, hasta llegar a los 545 millones.
Por ello, cada vez cobra mayor relevancia la necesidad de acrecentar la atención en las personas mayores en sus heterogéneas y variadas facetas. No solo por el número tan elevado, sino para que puedan gozar de una buena calidad de vida, sintiéndose atendidos y escuchados por la comunidad. Para poder avanzar en este campo, es preciso que se reconozca y se trabaje la gerontología, la ciencia que se encarga del estudio de la vejez y de los fenómenos relacionados, desde un enfoque interdisciplinar.

La Depresión como Enfermedad en la Vejez
Se ha encontrado que una de las patologías más comunes en esta etapa de la vida es la depresión. Es importante destacar que, como en cualquier otro momento de la vida (niñez, adolescencia, juventud, adultez), se trata de una enfermedad. A menudo, esta tristeza, baja autoestima, falta de motivación, desesperanza, se confunden con un estado "normal" de la vejez. Los expertos detectan que la presencia de síntomas depresivos en los mayores es un problema importante de salud, considerada la alteración de la salud mental más frecuente en ancianos en los países desarrollados.
Síntomas y Consecuencias Específicas
Los adultos mayores que sufren depresión pueden percibir índices mayores de insomnio y de ideación suicida, así como una pérdida de memoria más acentuada. Además, los tiempos de reacción tienden a ser más extensos. La depresión también puede estar relacionada con un padecimiento físico, como trastornos tiroideos, mal de Parkinson, enfermedad del corazón, cáncer o accidentes cerebrovasculares. El índice de prevalencia de la depresión en adultos es más elevado que en personas mayores; sin embargo, las consecuencias son más graves en los últimos debido a la enfermedad física, el riesgo de suicidio y la falta de capacidad funcional. Con frecuencia, la depresión se relaciona con un menor desenvolvimiento físico, y se ha encontrado que, en muchos casos, al disminuir la depresión, la función física aumenta.
Resulta frecuente la comorbilidad entre la depresión y la ansiedad en personas de tercera y cuarta edad. Si se diagnostican ambos trastornos, es fundamental tratar primero la depresión debido al riesgo de suicidio, ya que se ha encontrado que de las personas mayores que se suicidan, más del 80% padecían depresión. Es alarmante que, a escala mundial, alrededor de una sexta parte de las muertes por suicidio (16,6 %) se producen en personas de 70 años o más.
Factores Psicosociales de Riesgo ante la Depresión
Son múltiples y variados los factores psicosociales que influyen en la aparición de la depresión en los adultos mayores. A edades más avanzadas, la salud mental viene determinada no solo por el entorno físico y social, sino también por los efectos acumulativos de experiencias vividas y los factores estresantes específicos relacionados con el envejecimiento. La exposición a la adversidad, la pérdida considerable de capacidad intrínseca y una disminución de la capacidad funcional pueden provocar malestar psíquico.
Aislamiento social
Dejar de salir, no compartir tiempo con otras personas que solían constituir vínculos fuertes o sentir la necesidad constante de estar solo. La soledad y el aislamiento social son factores de riesgo cruciales para las afecciones de salud mental en etapas posteriores de la vida.
Pérdida de autonomía e independencia
Percibir falta de movilidad, de rapidez, o no ser capaz de desarrollar algunas acciones que antes se ponían en práctica sin ninguna complejidad, tales como conducir, movilizarse, autocuidarse, o practicar ciertos deportes. Esta pérdida puede aumentar el riesgo de depresión.
Padecimiento de otras enfermedades y dolor crónico
Sufrir alguna enfermedad física (coronarias, accidentes cerebrovasculares, daño o pérdida de algún miembro, artritis, trastornos del tiroides, artrosis) o incluso algún tipo de demencia (enfermedad de Alzheimer) puede propiciar la aparición de síntomas depresivos. Además del padecimiento de enfermedades físicas, el sufrimiento de dolor crónico se destaca como un factor de riesgo distinto, ya que, si bien algunas enfermedades cursan con dolor, no siempre es así, y puede experimentarse dolor sin tener patologías físicas.
Problemas económicos
Los ingresos que reciben las personas mayores podrían distar bastante de los obtenidos en etapas anteriores de la vida, llegando a ser bastante precarios en algunos casos. Esto dificulta tener el mismo nivel de vida que antes del cambio en los ingresos, así como la adquisición de ciertos bienes y servicios, generando estrés y malestar.
Violencia psicológica y maltrato
Estar sometido a niveles altos de maltrato psicológico e integrar dicha violencia como la dinámica establecida está considerado como un factor de alto riesgo en la aparición de la depresión. Uno de cada seis adultos mayores sufre malos tratos, a menudo por parte de sus propios cuidadores, con graves consecuencias, incluyendo depresión y ansiedad.
Pérdida de roles
Hace alusión al intercambio en las funciones y/o posición entre dos personas. En la vejez, puede referirse, por ejemplo, al cambio en las tareas de cuidado desempeñadas por los padres hacia los hijos, pero que, con el paso del tiempo, esta situación podría invertirse siendo los hijos quienes cuidan de los padres.
Duelo
Experimentar viudez, pérdida de hijos, familiares, amigos es común en la tercera y cuarta edad. Si bien el duelo es completamente natural y saludable, en algunas ocasiones puede complicarse, llegando a ser duelo patológico y favoreciendo diversas manifestaciones de tipo depresivo.
Mudanzas
Cambiar de casa puede suponer un cambio significativo en el estado anímico. En esta etapa de la vida, puede ser habitual ser cuidado por diferentes personas (como por ejemplo hijos) y estar cambiando de casa cada cierto tiempo. Asimismo, ante la falta de autonomía, resultan frecuentes también los cambios a las residencias de mayores o centros de día.
Hijos que dejan el hogar familiar
En algunos hogares, la emancipación de los hijos puede suponer un sentimiento de soledad profunda en alguno de los progenitores o en ambos. Esta condición suele ser experimentada de manera más fuerte cuando los vínculos afectivos entre la díada son muy estrechos. Cuando dicho sentimiento de soledad se prolonga en el tiempo, el fenómeno se conoce como síndrome del nido vacío.
Cambios cognitivos
Experimentar deterioro en la atención, la memoria, el pensamiento o un mayor tiempo de reacción ante el procesamiento del lenguaje suelen generar tristeza y apatía.
Necesidad de ser escuchados
Los expertos han detectado en las personas mayores la necesidad de poder hablar con alguien y sentirse escuchados. No contar con ningún vínculo significativo para poder hacerlo resulta un factor de riesgo. A menudo este indicio pasa desapercibido, pero en esta etapa son frecuentes las pérdidas de personas cercanas, lo cual genera la reducción de vínculos afectivos importantes.
Conflictos en la dinámica familiar
Alude a aquellas personas que están expuestas a continuas discusiones y problemas familiares tanto en la forma de comunicación como en la convivencia diaria y que, o bien por pérdida de rol o por sentimiento de vergüenza, no pueden expresar su opinión y/o las emociones que sienten al respecto.
Jubilación
La trayectoria laboral abarca, por lo general, un periodo bastante extenso en la vida del ser humano. Algunas personas desean alcanzar la jubilación para así poder disfrutar de más tiempo libre; sin embargo, para otros disponer de tanto tiempo libre y no tener tareas asignadas puede precipitar un estado de angustia por falta de conexión con las necesidades y deseos propios.
Miedo a la muerte
A menudo se habla de las pérdidas cercanas que alguien de la tercera edad puede experimentar a lo largo de su vida, destacando la tristeza y la desesperanza, pero no se presta demasiada atención al miedo por la propia muerte. Este temor puede ser acentuado en la última etapa de la vida.
Diferentes cuidadores
Al perder autonomía y capacidades de autocuidado, en ocasiones resulta necesaria la ayuda de cuidadores, tanto si estos son formales (aquellos que prestan su servicio) como informales (familiares, vecinos). Estar cuidado por diferentes personas supone para algunos un sentimiento de carga y de malestar.

Mitos y Estereotipos sobre la Depresión en la Vejez
En muchas ocasiones, los mitos y estereotipos condicionan a la sociedad, a los profesionales e, incluso, a los propios pacientes, lo que dificulta el reconocimiento y tratamiento de la depresión. Es crucial señalarlos para combatirlos y disminuir el malestar de los pacientes.
- Es normal estar deprimido cuando se es mayor: Normalizar la depresión de las personas mayores es cotidiano, sin embargo, no se trata de algo normal por lo que resulta completamente necesario abordar la enfermedad.
- Es demasiado tarde para que se produzcan cambios: Pensar que los adultos mayores no pueden cambiar sus dinámicas, su autoconcepto, su forma de relacionarse o sus maneras de afrontar el día puede limitar a estas personas, privándolas de ayuda. Al contrario, la experiencia clínica sostiene que sí es posible el cambio.
- Las personas mayores no quieren acudir a psicoterapia: Cuando los adultos mayores sienten malestar psíquico, pueden beneficiarse del proceso terapéutico tanto como cualquier persona en otra fase del desarrollo, y lo mismo ocurre con la decisión de ir a terapia.
- Aquellos mayores que hablan sobre suicidio lo hacen para llamar la atención: Si bien es cierto que no siempre que alguien expresa su deseo de acabar con su vida consuma el acto, más de la mitad de las personas mayores que se han suicidado han hablado antes de sus intenciones. Es esencial tomar en serio estas expresiones.
- Seguro que está bien porque no se queja nada: Pensar que alguien goza de buena salud mental porque no demande atención o porque exprese verbalmente que todo está bien, con frecuencia lleva a error. Este "sentimiento de omnipotencia" podría ser un mecanismo defensivo o una cuestión cultural. Por este motivo, resulta conveniente indagar en los estados anímicos de las personas mayores con quienes se mantiene un vínculo significativo.

Prevalencia y Datos Relevantes sobre la Depresión
La prevalencia global de depresión en ancianos es del 13,5% a nivel mundial. Aproximadamente el 14 % de los adultos de 70 años o más tienen un trastorno mental. Los trastornos mentales en los adultos mayores de 70 años o más representan el 6,8 % del total de años vividos con discapacidad para ese grupo etario. Las afecciones de salud mental más frecuentes en los adultos mayores son la depresión y la ansiedad. Las afecciones de salud mental en las personas mayores suelen infravalorarse y tratarse insuficientemente, y la estigmatización que las rodea puede hacer que las personas sean reacias a buscar ayuda.
En un estudio realizado en Castellón, España, se observó que el 30,5 % de los individuos presentaban síntomas depresivos, siendo las mujeres quienes los presentaron en mayor proporción (40,1%) frente a los hombres (19,7%). Asimismo, se encontró que los individuos que viven acompañados tienen menos riesgo de padecer síntomas depresivos, y la autopercepción negativa de la salud se asocia a un mayor riesgo. Los mayores frágiles tienen un riesgo doble de padecer síntomas depresivos. La prevalencia de síntomas depresivos es elevada, y los factores asociados son el sexo femenino y la convivencia (viviendo solos).
Promoción, Prevención y Tratamiento de la Depresión en Adultos Mayores
Es esencial reconocer y tratar con prontitud las afecciones de salud mental en los adultos mayores. Las estrategias de promoción y prevención se centran en apoyar el envejecimiento saludable, promoviendo entornos físicos y sociales que faciliten el bienestar.
Estrategias de Promoción y Prevención
Entre las principales estrategias de promoción y prevención en materia de salud mental para un envejecimiento saludable, la OMS destaca:
- Medidas para reducir la inseguridad financiera y la desigualdad en los ingresos.
- Programas para garantizar viviendas, edificios públicos y transportes seguros y accesibles.
- Apoyo social a los adultos mayores y a las personas que los cuidan.
- Apoyo a comportamientos saludables: dieta equilibrada, actividad física, abstinencia de tabaco y disminución del consumo de alcohol.
- Programas de salud y sociales dirigidos a grupos vulnerables, como las personas que viven solas o en zonas remotas y las que tienen una afección crónica.
La conexión social es particularmente importante para reducir factores de riesgo como el aislamiento social y la soledad. Las actividades sociales satisfactorias pueden mejorar considerablemente la salud mental positiva, la satisfacción y la calidad de vida, reduciendo los síntomas depresivos. Ejemplos incluyen iniciativas de amistad, grupos comunitarios y de apoyo, formación en habilidades sociales, grupos de artes creativas y programas de voluntariado. La protección contra el edadismo y el maltrato también es fundamental, con intervenciones como políticas y leyes contra la discriminación, y actividades intergeneracionales.
Depresión en Personas Mayores
Enfoque en el Tratamiento y la Atención
Se suele recomendar una combinación de intervenciones de salud mental, junto con otros apoyos, a fin de abordar las necesidades de salud, los cuidados personales y las necesidades sociales de las personas. Los primeros pasos del tratamiento incluyen tratar cualquier padecimiento que pueda estar causando los síntomas, suspender medicamentos que puedan empeorarlos y evitar el alcohol y los somníferos.
Si estas medidas no sirven, los antidepresivos y la psicoterapia a menudo ayudan. Los proveedores generalmente prescriben dosis más bajas de antidepresivos para las personas mayores e incrementan la dosis en forma más lenta que en los adultos más jóvenes. Para manejar mejor la depresión en el hogar, se aconseja hacer ejercicio regularmente (si es médicamente apropiado), rodearse de personas cariñosas y positivas, realizar actividades agradables, aprender buenos hábitos de sueño, vigilar los signos tempranos de depresión, y hablar de los sentimientos con alguien de confianza.
Respuesta de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
La OMS colabora en estrategias y programas para que los gobiernos respondan a las necesidades de salud mental de los adultos mayores. La Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030) es una iniciativa de colaboración mundial liderada por la OMS. El Programa de Acción para Superar las Brechas en Salud Mental (mhGAP) de la OMS proporciona protocolos clínicos basados en la evidencia para la evaluación, gestión y seguimiento de afecciones mentales, neurológicas y por consumo de sustancias en entornos no especializados, incluyendo la depresión y la demencia.