En América Latina y el Caribe, el envejecimiento poblacional representa un desafío estructural de gran magnitud. Se estima que alrededor de ocho millones de personas mayores requieren asistencia para realizar actividades básicas de la vida diaria, una cifra que podría triplicarse hacia 2050 hasta alcanzar los 27 millones. Este fenómeno, sumado a la reducción de la capacidad de cuidado de las familias debido a cambios en su estructura -como la disminución de la fecundidad, el aumento de hogares unipersonales y la inserción laboral de las mujeres-, coloca la creación de sistemas de cuidados en el centro de la agenda pública.

El derecho al cuidado como pilar de la protección social
Los Estados de la región han comenzado a reconocer el derecho humano al cuidado como un pilar fundamental del bienestar social y la protección. Según la OMS, el sistema de cuidados comprende las actividades realizadas por cuidadores informales o profesionales para asegurar que una persona con dependencia mantenga la mayor calidad de vida, independencia y dignidad posible. La inversión en estas políticas genera un dividendo triple:
- Fomenta el desarrollo infantil temprano.
- Formaliza el sector de cuidados, permitiendo retornos fiscales y previsionales.
- Facilita la inserción laboral de las mujeres, ayudando a romper el ciclo de pobreza derivado de la carga del trabajo no remunerado.
Desafíos para la implementación y factibilidad política
A pesar de la necesidad evidente, la factibilidad política de los sistemas de cuidados enfrenta obstáculos significativos. La alta desigualdad económica en la región limita la capacidad de pago de la mayoría de la población para acceder a servicios privados. Por ello, se requiere una transición hacia sistemas públicos universales, solidarios y basados en la corresponsabilidad social.
La experiencia internacional, como el caso de la República de Corea, demuestra que el desarrollo de un mercado de cuidados puede ser un motor de empleo. Sin embargo, su éxito depende de una integración adecuada entre los sistemas de salud y los seguros de atención a largo plazo. La fragmentación de servicios y la superposición de acciones suelen derivar en una merma en la percepción de calidad del usuario y en una menor sostenibilidad financiera.
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Evaluación de la calidad en centros residenciales
Para que la política de cuidados sea efectiva, la supervisión de las instituciones es clave. Al evaluar la factibilidad y la calidad de un asilo de ancianos, es fundamental analizar diversos aspectos operacionales y éticos que garantizan la dignidad de los residentes:
| Área de evaluación | Aspectos a observar |
|---|---|
| Personal | Proporción de personal por residente, trato respetuoso y presencia de trabajadores sociales. |
| Infraestructura | Limpieza, niveles de ruido, seguridad (alarmas y planes de emergencia) y condiciones de las habitaciones. |
| Alimentación | Calidad nutricional, menús publicados y asistencia personalizada durante las comidas. |
| Derechos | Políticas de visitas, existencia de consejos de residentes y transparencia en los acuerdos de admisión. |
Es imperativo que los Estados avancen en legislaciones que regulen estos centros, eviten la discriminación y garanticen que las normativas de admisión -como los acuerdos de arbitraje obligatorio- no vulneren los derechos fundamentales de las personas mayores. La construcción de una "sociedad del cuidado" exige, en última instancia, una articulación intersectorial que trascienda los periodos gubernamentales y se consolide como una política de Estado.