A menudo nos preguntamos qué relación guardan las historias populares con nuestro crecimiento personal y el mundo de la psicología. Frecuentemente, las fábulas, con sus relatos aparentemente simples, encierran profundas enseñanzas sobre cómo navegamos la vida, enfrentamos las críticas y percibimos la suerte. Dos de estas historias, la del anciano, el niño y el burro, y la del campesino sabio y su caballo, ofrecen perspectivas valiosas sobre la importancia de la autonomía personal y la relatividad de los eventos.
La Fábula del Anciano, el Niño y el Burro: El Peso de las Opiniones Ajenas
Esta es una de esas historias que, por su potente moraleja, es utilizada en contextos de psicología y evolución personal. La historia versa sobre un niño que, junto a su anciano abuelo, se encontraban embarcados en un viaje que de pueblo en pueblo realizaban con un viejo animal. Esta bestia, cuyas fuerzas flaqueaban por su avanzada edad, no era sino un burro que les acompañaría hasta el final.

El Viaje y las Primeras Críticas
Al paso por el primer pueblo, comienzan a oírse numerosos murmullos. Puesto que nadie los veía montados en el burro, la gente comentaba: "¡Mirad qué par de tontos! Tienen un burro y, en lugar de montarlo, van los dos andando a su lado".
Ante esto, el anciano decidió subirse al burro y prosiguieron su viaje. Llegados a un segundo pueblo, un nuevo grupo de personas se percata de su llegada y, tras observar esta nueva situación, comienzan a opinar: “¿Habéis visto ese niño?”, “¡Qué maleducado ese niño, con lo mayor que es ese anciano va en burro y deja a este caminar!”.
La Búsqueda de Soluciones y Nuevas Opiniones
Al salir de este pueblo, el anciano y el niño intercambiaron sus puestos, y el niño se subió al burro mientras el abuelo caminaba a su lado. Siguieron haciendo camino hasta llegar a otra aldea, donde la gente exclamaba: "¡Parece mentira! ¡Qué desfachatez! ¡Un niño tan joven montado mientras el anciano camina!"
Puestas así las cosas, el viejo y el niño decidieron compartir el burro. El fiel jumento llevaba ahora el cuerpo de ambos sobre su lomo. A la llegada a la tercera aldea, no son pocas las personas que les ven llegar. Tras ver al pequeño borrico exhausto, se lanzan entonces a opinar: “¡Mirad!, ¡qué poca sensibilidad! ¿Acaso pretenden matar a ese burro?”, “¿De verdad piensan que ese pequeño animal puede con el peso de ambos?”

La Moraleja Universal: Ignorar la Crítica Ajena
Pasado entonces este pueblo, deciden ambos hacer un alto para buscar una solución. Cansados de las críticas, optaron por cargar al flaco burro sobre sus hombros. De este modo llegaron al siguiente pueblo, donde la gente se apiñó alrededor de ellos, riendo a carcajadas: "¡Nunca hemos visto gente tan boba! Tienen un burro y, en lugar de montarse sobre él, lo llevan a cuestas. ¡Esto sí que es bueno!" Al llegar a un puente, el ruido de la multitud asustó al animal que empezó a forcejear hasta librarse de las ataduras. Tanto hizo que rodó por el puente y cayó en el río, perdiéndolo todo.
Esta fábula, con sus diversas versiones, siempre apunta a una misma moraleja: puesto que hagamos lo que hagamos, siempre habrá gente que se lance a opinar, personas a las que eso les pueda gustar y otras que, sin dudarlo, lo tacharán. El mensaje es tan evidente que nos recuerda que, al menos, debemos darnos el gusto de hacer lo que nuestros sentimientos nos indiquen, lo que nuestros deseos nos ordenen, porque mientras la crítica ajena nadie nos la va a quitar, por lo menos debemos darnos el gusto de ser quienes somos y actuar como queramos actuar.
La opinión que tengan los demás sobre lo que haces, piensas o sientes, no aporta información sobre ti, sino sobre los gustos, valores y preferencias de la persona que las expresa. Dado que los humanos somos únicos y libres, las personas que encuentres en tu camino podrán perfectamente tener diferentes opiniones sobre ti, coincidan o no con las tuyas o con las de otras personas.
La Fábula del Campesino Sabio, su Hijo y el Caballo: La Relatividad de la Suerte
Otra fábula que nos invita a la reflexión profunda sobre la vida es la del campesino sabio. Esta historia nos enseña a no juzgar los acontecimientos de forma precipitada, ya que lo que hoy parece una desgracia, mañana podría ser una bendición.
La Pérdida y el Inesperado Regreso
Había una vez un campesino sabio que vivía con su hijo y poseía un caballo maravilloso que les ayudaba en las labores del campo. Un día, el caballo desapareció, se había escapado. Los vecinos lamentaron: “¡Qué mala suerte! ¿Ahora qué haréis para trabajar la tierra?”. A lo que el campesino respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte?… Puede que sí, puede que no… ¿Quién lo sabe? Lo único cierto hoy aquí es que se nos ha escapado el caballo”.
Tras unos días, el campesino y su hijo vieron entrar a su campo a su caballo, pero para su sorpresa, volvía seguido de una yegua salvaje. Los vecinos celebraron: “¡Esto sí que es buena suerte! Tenías un caballo perdido y ahora no solo ha regresado, sino que además tienes una yegua”. El campesino volvió a responder: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte?… Puede que sí, puede que no… ¿Quién lo sabe? Lo único cierto hoy aquí es que el caballo ha regresado con una yegua”.

El Accidente y la Visita Inesperada del Ejército
En los días siguientes, mientras el hijo del campesino estaba intentando domar a la yegua salvaje, cayó al suelo y se rompió una pierna. El médico comunicó al anciano sabio que su hijo sanaría, pero quedaría cojo de por vida. Los vecinos lamentaron: “¡Qué mala suerte! Tu hijo con la pierna rota y cojo de por vida… ¿Quién te ayudará ahora a recoger la cosecha del campo?”. La respuesta del campesino fue la misma: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte?… Puede que sí, puede que no… ¿Quién lo sabe? Lo único cierto hoy aquí es que mi hijo se ha roto una pierna”.
Pasado algún tiempo, la región donde vivían entró en guerra y un buen día, un grupo de guerreros se presentaron en cada una de las casas a reclutar obligatoriamente a los jóvenes del pueblo. Al ver al hijo del campesino con la pierna rota, exclamó: “Me la he roto mientras estaba domando a una yegua, no puedo correr y nunca más caminaré sin cojear. ¡Así no nos sirves!”.
LAS PARTES ARÁBIGAS: FORTUNA & INFORTUNIO
La Moraleja: La Relatividad de la Suerte y el Destino
En ese momento, el campesino miró a su hijo y le dijo: “¿Entiendes ahora por qué tantas veces he dicho que el tiempo lo dirá, hijo mío?”. Los hechos que nos suceden en la vida no son, en sí mismos, ni buenos ni malos. Puede que algo que al principio pareciera “bueno” acabe dando lugar a otro suceso que nos parezca “malo”, y así sucesivamente. No sufras por lo que sucede. Lo que nos genera dolor es la opinión que tenemos de lo que nos ocurre. No tengas prisa, espera a ver cómo cada situación afecta tu futuro, porque la vida es un constante cambio.
Otra Versión de la Fábula del Caballo: "Buena Suerte, Mala Suerte... ¡Quién Sabe!"
Existe una versión de esta fábula, compartida por Carlos G. Vallés en su libro «Ligero de equipaje», que profundiza en la misma idea de la relatividad de la fortuna. Es un cuento corto delicioso que da mucho que pensar, y que nos hace esbozar una sonrisa.
La Llegada del Caballo Salvaje y las Opiniones del Pueblo
Un cálido día de verano, un precioso caballo salvaje, joven y fuerte, descendió de los prados de las montañas a buscar comida y bebida en la aldea. Quiso el destino que el animal fuera a parar al establo del anciano labrador, donde encontró la comida y la bebida deseadas. La noticia corrió a toda velocidad por la aldea y los vecinos fueron a felicitar al anciano labrador y a su hijo, considerando que era una gran suerte. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaron para felicitarle por tal regalo inesperado de la vida, el labrador les replicó: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”.
El Retorno Inesperado y la Riqueza Repentina
Pero sucedió que, al día siguiente, el caballo, ya saciado, logró saltar la valla de un brinco y regresó a las montañas. Cuando los vecinos se acercaron para condolerse con él y lamentar su desgracia, este les replicó: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”.
Una semana después, el joven y fuerte caballo regresó de las montañas trayendo consigo una caballada inmensa, más de cuarenta ejemplares. ¡Los vecinos no lo podían creer! De repente, el anciano labrador se volvía rico de la manera más inesperada. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su extraordinaria buena suerte. Pero este, de nuevo les respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”. Los vecinos, ahora sí, pensaron que el anciano no estaba bien de la cabeza.

El Accidente del Hijo y la Salvación de la Guerra
Pero al día siguiente, el hijo del labrador intentó domar precisamente al guía de todos los caballos salvajes. Cuando el joven lo montó para dominarlo, el animal se encabritó y lo pateó, haciendo que cayera al suelo y recibiera tantas patadas que el resultado fue la rotura de huesos de brazos, manos, pies y piernas del muchacho. Naturalmente, todo el mundo consideró aquello como una verdadera desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”.
Unas semanas más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Pero cuando vieron al hijo del labrador en tan mal estado, le dejaron tranquilo y siguieron su camino. Los vecinos, padres y abuelos de decenas de jóvenes que partieron ese mismo día a la guerra, fueron a ver al anciano labrador y a su hijo, y a expresarles la enorme buena suerte que había tenido el joven al no tener que partir hacia una guerra que, con mucha probabilidad, acabaría con la vida de muchos de sus amigos. A lo que el longevo sabio respondió: «¿Buena suerte? ¿Mala suerte?». Esta lección nos enseña a no juzgar los hechos precipitadamente, ya que el tiempo es el único que puede revelar el verdadero impacto de los acontecimientos.
La Resiliencia y el Valor de la Perspectiva
Afrontando las Adversidades
Ambas fábulas subrayan la importancia de la resiliencia, esa capacidad que tenemos las personas para afrontar y superar los problemas, las dificultades, los desafíos, las adversidades o los hechos traumáticos en nuestras vidas y de seguir hacia adelante. En los momentos más duros, ser resiliente es no tirar la toalla y continuar.
Aprendizaje a Través de las Dificultades
Es cierto que, incluso tras esos momentos difíciles (a veces tras mucho tiempo), cuando hemos conseguido salir adelante y miramos hacia atrás con la suficiente distancia, quizás nos damos cuenta de que hemos sacado un aprendizaje de ese periodo difícil o de que algo inesperado ha llegado a nuestra vida. La perspectiva que ganamos con el tiempo nos permite ver que lo que en un principio parecía un obstáculo insuperable, se transformó en una oportunidad o en una lección valiosa.
El Poder de la Reflexión y el Mindfulness
El dolor no reside en los hechos en sí, sino en la opinión que tenemos de lo que nos ocurre. Practicar la reflexión y el Mindfulness puede ayudarnos a observar nuestros pensamientos y emociones sin juicio, permitiéndonos vivir el presente y afrontar las situaciones con mayor calma y claridad mental, entendiendo que la vida es un constante fluir de experiencias que no siempre podemos controlar, pero sí nuestra reacción ante ellas.
