La comprensión de la discapacidad ha experimentado una profunda evolución, pasando de enfoques que responsabilizaban al individuo a modelos que sitúan la responsabilidad en la sociedad y el entorno. Este cambio de paradigma no es meramente terminológico, sino que ha condicionado directamente la forma de diseñar ciudades, edificios, servicios y políticas públicas, determinando quién asume la responsabilidad de la exclusión y qué soluciones se consideran legítimas.

Del Modelo Médico al Modelo Social: Un Cambio de Enfoque
El Paradigma Médico-Sanitario: La Discapacidad como Déficit Individual
Durante décadas, la discapacidad se entendió principalmente como un problema individual. Las deficiencias físicas, sensoriales o intelectuales eran consideradas anomalías que debían ser corregidas, compensadas o rehabilitadas. Este enfoque, conocido como modelo médico de la discapacidad, situaba el origen del problema en el cuerpo de la persona y atribuía a la medicina, la terapia o la educación especial la responsabilidad de “normalizar” al individuo. Las personas con parálisis cerebral, por ejemplo, eran percibidas como sujetos de tratamientos y cuidados. El paradigma de la rehabilitación centra el problema en el individuo, en sus deficiencias y dificultades, identificando como campos principales de intervención la rehabilitación (física, psíquica o sensorial) mediante la intervención profesional de diferentes especialistas. Pone el acento en que la discapacidad es un problema ‘personal’, causado directamente por una enfermedad, un traumatismo o cualquier otra alteración de la salud, que requiere asistencia médica y rehabilitadora en forma de un tratamiento individualizado, prestado por profesionales. En este modelo, la gestión de las consecuencias de la enfermedad está dirigida a facilitar la adaptación de la persona a su nueva situación. Si bien este modelo permitió avances importantes en rehabilitación, prótesis y apoyos técnicos, también generó una cultura asistencialista donde las personas con discapacidad eran vistas como pacientes o beneficiarios pasivos, dependientes de adaptaciones especiales y de la buena voluntad de terceros.
Un ejemplo habitual es el de una persona con movilidad reducida que debe desenvolverse en un edificio sin ascensor. Desde el modelo médico, la respuesta suele ser dotar a la persona de una silla de ruedas, muletas o terapia física, sin cuestionar el diseño del edificio. Como señalan numerosos estudios en el ámbito de la discapacidad, esta visión asume que “la responsabilidad de la discapacidad está en el cuerpo”, y que los déficits individuales son la causa principal de la desventaja social.
Transición hacia la Integración y la Autonomía
Antes de llegar al enfoque de derechos, se avanzó hacia otro modelo, el integrador, que tampoco abogaba por la importancia de las personas como protagonistas de su vida. En este modelo se hacía referencia a la “normalidad” que debían alcanzar las personas con parálisis cerebral para encajar en la sociedad, siendo ellas quienes tenían que hacer todo el esfuerzo para lograrlo. Sin embargo, el paradigma de la autonomía personal centra el núcleo del problema en el entorno, y no en la deficiencia o la falta de destreza del individuo. La atención y el apoyo a las personas con parálisis cerebral y con discapacidad en general se ha abordado desde distintos paradigmas a lo largo de los años. Estos paradigmas ofrecieron una base para modelos de trabajo con estas personas y, en particular, sobre la posición de la persona con discapacidad con respecto a la sociedad.
El Modelo Social de la Discapacidad: Un Cambio Radical
Frente a la visión limitada del modelo médico, surge el modelo social de la discapacidad, impulsado a partir de los años setenta por movimientos de personas con discapacidad y respaldado posteriormente por organismos internacionales. Este paradigma plantea que la discapacidad no reside únicamente en la condición física o sensorial de una persona, sino en la interacción entre esa condición y un entorno lleno de barreras. En otras palabras: no es el cuerpo el que debe adaptarse al entorno, sino el entorno el que debe adaptarse a la diversidad de los cuerpos.
Hoy, la ley da un enfoque social al área de salud mental. La mirada es diferente: la discapacidad ya no es un déficit. El "Modelo Social de la Discapacidad" marca un cambio de paradigma en cómo entendemos la discapacidad, enfocándose más en cómo la sociedad estructura sus entornos, actitudes y políticas para incluir o excluir a las personas con discapacidad. El estudio realizado por Pérez Dalmeda y Chhabra (2019) ofrece una revisión exhaustiva de los modelos teóricos de la discapacidad a lo largo de las últimas cinco décadas, proporcionando una perspectiva histórica y comparativa de cómo se ha concebido y evolucionado el concepto de discapacidad. Dentro de esta revisión, los autores dedican una atención particular al modelo social de la discapacidad, destacando su papel significativo en la transformación de la comprensión de la discapacidad. El modelo social, según se describe en el estudio, se diferencia de otros modelos al centrarse en el contexto social más que en las limitaciones individuales. Pérez Dalmeda y Chhabra (2019) resaltan cómo el modelo social ha influido en el cambio de paradigma desde una percepción individualista y medicalizada de la discapacidad hacia una comprensión más inclusiva y centrada en los derechos. El estudio también expone la evolución del concepto de discapacidad, mostrando cómo ha pasado de ser visto principalmente como un problema médico a ser entendido en términos de exclusión social y discriminación. La solución, entonces, reside en la modificación del entorno social para eliminar estas barreras y permitir la inclusión y la participación igualitaria.
Un modelo en el que las propias personas con grandes necesidades de apoyo son las protagonistas de sus vidas a través de la toma de decisiones. Este enfoque hace referencia a una nueva mirada hacia las personas con parálisis cerebral. Los avances entre los distintos modelos no son naturales, sino fruto de la labor de los movimientos asociativos y en particular del activismo de las personas con parálisis cerebral y con discapacidad. Un ejemplo de ello fue Ed Roberts, un estadounidense que en los años 70 ya abanderó la asistencia personal como esencial para las grandes necesidades de apoyo y es considerado uno de los “padres” de la vida independiente. Con esta evolución desde el paradigma médico-rehabilitador al enfoque social de derechos se alcanza una nueva mirada que presenta un modelo donde las personas con discapacidad son protagonistas. Y como tales reivindican autonomía, libertad y participación. Algo en lo que destaca el proyecto Rumbo, referente en modelos de autonomía y participación, que pretende generar soluciones innovadoras aludiendo a la colaboración y a la transformación.
Modelo social de la discapacidad
Modelo de Derechos Humanos y Modelo Biopsicosocial
El desarrollo del entendimiento de la discapacidad y el concepto de «persona con discapacidad» han cambiado a lo largo del tiempo, reflejando diferentes modelos como el moral, médico, caritativo, social y de derechos humanos. El desarrollo de un paradigma moderno de la discapacidad ha estado asociado con el discurso científico y los cambios sociales y culturales. El Modelo de Derechos Humanos se centra en los derechos de las personas con discapacidad, enfatizando que deben tener los mismos derechos y oportunidades que las demás personas. Por su parte, el Modelo Biopsicosocial, introducido por la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF) de la OMS, integra elementos del modelo médico y social. Este modelo representa un enfoque integrador que supera las limitaciones de los modelos anteriores al considerar la discapacidad como el resultado de la interacción compleja entre factores biológicos, psicológicos y sociales. Este modelo subraya que la discapacidad no se define únicamente por una condición de salud o por las barreras sociales, sino por la interacción entre la salud del individuo, sus características personales y el contexto social en el que vive.
- Biológico: Este aspecto se enfoca en las condiciones físicas o médicas que una persona puede experimentar, como enfermedades, lesiones o trastornos. Incluye la fisiología y la estructura corporal, así como cualquier función o disfunción orgánica.
- Psicológico: Se refiere a los factores personales, como las emociones, la cognición, la motivación y el afrontamiento. Este componente examina cómo las creencias, actitudes y percepciones de una persona, tanto de sí misma como de su entorno, influyen en su experiencia de la discapacidad.
- Social: Este ámbito aborda cómo las barreras y facilitadores ambientales, las actitudes sociales, las políticas públicas, la accesibilidad y la inclusión (o la falta de ellas) afectan la participación y la integración de las personas con discapacidad en la sociedad.

Críticas y Evolución Continua de los Modelos
Si bien los avances entre los distintos modelos no son naturales, son fruto de la labor de los movimientos asociativos y en particular del activismo de las personas con parálisis cerebral y con discapacidad. La ausencia de operatividad inmediata no los hace a estos tratados menos importantes, ya que deben entenderse como una guía interpretativa obligatoria para los poderes del Estado. Por lo ut supra expuesto, y en principio, el Estado Argentino comienza a vislumbrar el cambio de paradigma de un “modelo médico” al “modelo Social” de la discapacidad.
Sin embargo, Terzi (2004) ofrece una crítica filosófica al modelo social de la discapacidad, reconociendo su importancia pero también señalando sus limitaciones teóricas y la necesidad de una comprensión más matizada de la relación entre discapacidad, sociedad e inclusión. En su crítica, Terzi reconoce la relevancia y el impacto positivo que este modelo ha tenido en la redefinición de la discapacidad, desplazando el enfoque de las limitaciones individuales a las barreras sociales. Una de las principales críticas de Terzi al modelo social es que, al enfatizar las barreras sociales como la causa principal de la discapacidad, puede subestimar o ignorar los aspectos individuales y personales de vivir con una discapacidad. Además, Terzi sugiere que el modelo social podría beneficiarse de una mayor consideración de la interacción entre los factores individuales y sociales. Terzi también señala que, mientras que el modelo social ha sido fundamental para avanzar en los derechos y la inclusión de las personas con discapacidad, una comprensión integral de la discapacidad también debe abordar la diversidad de experiencias y necesidades dentro de la comunidad de personas con discapacidad.
Impacto en la Sociedad y la Accesibilidad
Las Barreras del Entorno: Cuando el Espacio Discapacita
El modelo social desplaza el foco hacia el entorno. Sostiene que son las barreras físicas, comunicativas, organizativas y actitudinales las que generan discapacidad. Escaleras sin rampas, información inaccesible, actitudes discriminatorias o normativas excluyentes son los verdaderos factores que limitan la participación plena. Una definición ampliamente citada resume esta idea: la discapacidad es creada por barreras físicas, organizativas y de actitud presentes en la sociedad. En un entorno plenamente accesible, muchas limitaciones dejan de ser discapacitantes. Una persona usuaria de silla de ruedas, por ejemplo, no encuentra obstáculos en un edificio con rampas adecuadas, ascensores accesibles y baños adaptados.
Estas barreras explican por qué una persona puede ser independiente en un contexto y quedar excluida en otro. No afectan únicamente a las personas con discapacidad permanente, sino también a personas mayores, familias con coches de bebé, personas con lesiones temporales o incluso a quienes cargan objetos pesados. Entre las barreras más comunes se encuentran:
- Escaleras sin rampa ni ascensor.
- Puertas estrechas y pasillos angostos que impiden el paso de sillas de ruedas o caminadores.
- Baños públicos o privados sin espacio de giro, barras de apoyo o sanitarios accesibles.
- Transporte y vehículos sin adecuaciones para personas con movilidad reducida.
- Señalización deficiente, sin pictogramas, Braille, contraste cromático o avisos sonoros.
- Información presentada únicamente en texto complejo, sin alternativas como lectura fácil, subtítulos, audiodescripción o lengua de señas.
Cada una de estas barreras excluye a colectivos distintos, pero el resultado es el mismo: pérdida de autonomía, dependencia innecesaria y restricción de derechos. Desde el modelo social, queda claro que no es la persona la que “falla”, sino el entorno que no ha sido pensado para la diversidad.
Accesibilidad Universal y Diseño Inclusivo
La accesibilidad universal se define como la condición que deben cumplir los entornos, procesos, bienes, productos y servicios para que todas las personas puedan utilizarlos y comprenderlos de forma segura, cómoda y autónoma. No se trata de soluciones excepcionales, sino de un principio de diseño que debe incorporarse desde el inicio de cualquier proyecto. Cuando estos criterios se aplican correctamente, la barrera desaparece. Un edificio bien diseñado es un edificio sin obstáculos, donde la discapacidad deja de ser un factor limitante. Rampas con pendientes adecuadas, ascensores accesibles, pasamanos, superficies antideslizantes y una correcta iluminación son ejemplos de diseño universal: soluciones que funcionan para todos sin necesidad de adaptaciones posteriores.
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas reconoce la accesibilidad como un derecho fundamental. Este instrumento internacional, ratificado por la mayoría de los países de América Latina, obliga a los Estados a garantizar el acceso en igualdad de condiciones al entorno físico, al transporte, a la información y a los servicios.
El diseño inclusivo va más allá de cumplir con la normativa vigente. Su objetivo no es simplemente evitar sanciones, sino promover la equidad. Diseñar de forma inclusiva implica asumir que todas las personas, con o sin discapacidad, podrán utilizar los espacios con autonomía y dignidad. Numerosos estudios demuestran que la accesibilidad beneficia al conjunto de la población. Mejora la experiencia de uso de las personas mayores, facilita la vida de familias con niños pequeños, reduce riesgos de accidentes y aumenta el valor funcional y económico de los inmuebles. Además, los costos de incorporar accesibilidad desde la fase de diseño son significativamente menores que los de adaptar un espacio una vez construido. En este sentido, la accesibilidad no es un lujo ni un sobrecosto: es una inversión social y económica inteligente.

El Contexto Global y la Importancia de la Inclusión
Hoy, en un contexto de envejecimiento poblacional, urbanización acelerada y mayor conciencia sobre los derechos humanos, la accesibilidad deja de ser un tema sectorial para convertirse en un eje central del desarrollo sostenible, la equidad y la calidad de vida. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 1.300 millones de personas, aproximadamente el 16% de la población mundial, viven con algún tipo de discapacidad. En América Latina y el Caribe, el Banco Mundial estima que cerca del 15% de la población presenta alguna limitación funcional permanente o temporal. Estas cifras evidencian que la discapacidad no es una excepción, sino una expresión natural de la diversidad humana. En este escenario, insistir en modelos que responsabilizan al individuo de su exclusión resulta no solo ineficaz, sino profundamente injusto.
El tratamiento histórico de las personas con discapacidad sirve como un indicador de su posición social a lo largo del tiempo. El enfoque histórico sugiere una evolución desde la discriminación hasta un reconocimiento más integral de los derechos y la igualdad, aunque aún persisten desafíos significativos (Dimoski, 2010). Países como Canadá o EE.UU. esterilizaban a las personas con discapacidad intelectual/mental o limitaban los flujos migratorios de entrada a las personas con discapacidad. La Alemania nazi no sólo practicó la esterilización, sino que exterminó a más de 100.000 personas con discapacidad. La esterilización forzosa sigue siendo posible en muchos países, incluido España que la despenaliza en el caso de personas incapacitadas legalmente gravemente afectadas mediante autorización judicial. La cuestión así establecida plantea la duda de si es lícito o al menos ético proteger a una persona forzándole a una intervención quirúrgica que, de practicarse en el resto de las personas, sería un delito. La discriminación eugenésica está o debería estar en el debate ético del desarrollo de la genética, de las nuevas tecnologías reproductivas o del aborto.
El Código de Vélez había establecido para las personas mayores de edad la posibilidad de ser declaradas incapaces incluso para todos los actos de su vida civil. Tiempo después, nuestro país aprobó la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (Ley 26.378).
Diferenciación entre Paradigma y Modelo
Si bien son usados de forma indiferente, es necesario diferenciar los conceptos de paradigma y de modelo. La noción de paradigma haría mención a un modo de conocimiento científico de la realidad y a una forma de ver el mundo, universalmente reconocido, basado en un esquema de pensamiento e ideológico concreto. Por lo tanto, el paradigma referencia un modo de aproximación científica a la realidad. Por ello, cualquier paradigma nuevo implica un cambio radical en la forma de ver y entender una realidad. Mientras que el modelo se insertaría dentro del paradigma (ya que su explicación del fenómeno sería coherente con la forma de ver el mundo del mismo), pero sería más una abstracción teórica de una realidad concreta (como sería el caso de las personas con discapacidad), para comprenderla. Los paradigmas, como formas de ver, entender y relacionarnos con el mundo, tienen un impacto directo en todos los ámbitos de la vida social, y además, tienen un efecto perpetuador de ese orden establecido desde la interpretación de la realidad que se manifiesta en los ámbitos políticos y jurídicos, que acaban siendo garantes de los sistemas de poder configurados. No existe unanimidad doctrinal sobre si estamos ante paradigma o modelo; así, Palacios y Bariffi hablan de modelo, y Díaz lo configura como paradigma.
Desde la perspectiva de Hábitat Accesible, entender este cambio de paradigma es clave para diseñar espacios que funcionen mejor para todas las personas. En Hábitat Accesible se trabaja desde la visión del modelo social de la discapacidad, acompañando a empresas, instituciones y promotores inmobiliarios en la evaluación, diagnóstico y adecuación de sus espacios según criterios de accesibilidad universal y diseño inclusivo. El enfoque busca eliminar barreras desde el origen, integrando soluciones accesibles en cada etapa del proyecto: planificación, diseño, construcción y uso. Creemos firmemente que un entorno bien planificado no solo cumple la ley, sino que promueve la autonomía, la dignidad y la inclusión real de todas las personas. Al adaptar el entorno a la diversidad humana, la discapacidad deja de ser un obstáculo y se convierte en una oportunidad: la oportunidad de crear espacios más responsables, más humanos y preparados para el futuro.