El Rol y la Sobrecarga de los Cuidadores Primarios: Perspectivas Actuales

El envejecimiento poblacional y el déficit de autocuidado representan un problema a nivel internacional. Este proceso altera las capacidades físicas y mentales de las personas, haciéndolas vulnerables y, en consecuencia, dependientes de cuidadores familiares (CF).

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que entre 2015 y 2050, el porcentaje de habitantes del planeta mayores de 60 años se duplicará, pasando del 12 % al 22 % (de 605 a 2000 millones) en el transcurso de medio siglo. Este incremento en la prevalencia del envejecimiento poblacional y la creciente necesidad de cuidadores familiares hace imprescindible conocer los factores que pueden afectar su estado físico y mental.

Infografía sobre el envejecimiento global y el aumento de la población dependiente

El Cuidador Familiar: Impacto y Consecuencias

El cuidador familiar, también conocido como cuidador informal en España, es la persona que presta cuidados no remunerados en el domicilio. En España, con la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, se reconoce jurídicamente la figura del cuidador no profesional o familiar, que asume el cuidado de personas con diferentes grados de dependencia, generalmente miembros de la familia o personas cercanas, y la ley contempla beneficios económicos o ayudas para este cuidado.

Para asegurar el bienestar adecuado de la persona a su cargo, el CF debe modificar su vida cotidiana. Esta adaptación puede acarrear preocupación, estrés, gastos físicos y emocionales, autoabandono, abandono laboral, afecciones de salud y aislamiento social, lo que puede generar el denominado síndrome de sobrecarga del cuidador. La sobrecarga de compromisos sobre el cuidador influye directamente en su salud, vida social, personal y económica, con variaciones importantes que a menudo no son identificadas y que, en ocasiones, se perciben como normales.

Algunos autores sugieren que la calidad de vida (CV) del cuidador puede estar influenciada positiva o negativamente por el entorno, la cultura y aspectos como la salud, la alimentación, la educación, el trabajo, la vivienda, la seguridad social y los derechos humanos. Diversos estudios revelan que el nivel de dependencia y la intensidad del cuidado son factores que afectan negativamente la salud de las personas cuidadoras, siendo modulados por diferencias de sexo, edad avanzada, bajo nivel educativo, mala salud previa y falta de apoyo social.

Metodología de Investigación en Cuidadores

Las investigaciones sobre cuidadores primarios suelen emplear diseños descriptivos-correlacionales, buscando identificar la relación entre la calidad de vida, la sobrecarga y las características sociodemográficas de los cuidadores. Estas metodologías buscan aportar evidencia científica que permita a los profesionales de la salud identificar los factores que producen sobrecarga y sus efectos negativos en la calidad de vida del cuidador.

Instrumentos de Medición Comunes

Para la evaluación de las variables en los estudios, se utilizan diversos instrumentos validados:

  • Cédula de Datos Sociodemográficos (CDS): Recopila información básica sobre el cuidador, como edad, sexo, nivel de estudios, parentesco, tiempo y horas dedicadas al cuidado.
  • Cuestionario Calidad de Vida del Cuidador (CVC): Diseñado por Ferrel (1996) y validado al español, consta de 37 ítems que evalúan cuatro dimensiones: física, psicológica, espiritual y social. Reporta un alfa de Cronbach de entre .65 y .88.
  • Escala de Sobrecarga de Zarit: Cuantifica el nivel de sobrecarga en cuidadores de personas dependientes. Validada en español, presenta una consistencia interna de .91 y una fiabilidad test-retest de .86. Consta de 22 preguntas con respuestas tipo Likert (0-4), con una puntuación total de 0 a 88 puntos.
  • Cuestionario del APGAR Familiar: Evalúa la funcionalidad familiar, ofreciendo una visión integral de las interacciones familiares, incluyendo puntos débiles y fuertes.
  • Test de Goldberg: Compuesto por dos subescalas, una de ansiedad y otra de depresión, cada una con 9 ítems de respuesta dicotómica (Sí/No). Se propone como puntos de corte ≥ 4 para ansiedad y ≥ 2 para depresión.
  • Escala de Soledad de UCLA (University of California at Los Ángeles): Mide la percepción subjetiva de soledad, apoyo familiar y apoyo social, con dos factores: intimidad con otros y sociabilidad. Consta de diez preguntas con puntuaciones entre 10 y 40, donde valores < 20 indican soledad severa y entre 20-30, soledad moderada.
  • Escala Hospitalaria de Ansiedad y Depresión (HADS): Escala autoaplicada de 14 ítems para entornos no psiquiátricos, que considera dimensiones cognitivas y afectivas. Tiene cuatro opciones de respuesta (0-3), con un total de 0 a 21.

Consideraciones Éticas y Recopilación de Datos

Los estudios se adhieren a regulaciones como la Ley General de Salud en Materia de Investigación para la Salud. Los protocolos son sometidos a Comités de Ética e Investigación. La participación es voluntaria, con firma de consentimiento informado, respetando los principios de autonomía, no maleficencia, beneficencia y justicia. Los datos se capturan y analizan con paquetes estadísticos como SPSS, utilizando estadística descriptiva e inferencial.

Esquema de las escalas de medición de sobrecarga y calidad de vida del cuidador

Hallazgos Clave de Estudios Regionales

Estudio en el Norte de México

En un estudio descriptivo-correlacional realizado en municipios del norte de Nuevo León (México) durante 2019 y 2020, participaron 100 cuidadores familiares (CF) de entre 18 y 70 años. La media de edad fue de 46.65 años (DE= 14.050), con un 70 % de sexo femenino. La media de años dedicados al cuidado fue de 3.96 (DE= 3.222), y la media de horas al día dedicadas al cuidado fue de 7.52 horas (DE= 6.820). En la medición de la sobrecarga, la media global fue de 38.05 (DE= 13.255), y el 75% de los participantes no presentó sobrecarga. Respecto a la calidad de vida, se observó una percepción positiva en el bienestar físico (M= 22.77, DE= 7.81) y psicológico (M= 93.07, DE= 19.04), aunque se encontró una disminución en la espiritualidad y el bienestar social.

Se identificaron correlaciones negativas y estadísticamente significativas entre la sobrecarga y las dimensiones del bienestar: físico (r= -.337; p <.001), psicológico (r= -.388; p <.001), social (r= -.287; p <.001) y espiritual (r= -.246; p= .014). La relación entre sobrecarga y calidad de vida global también fue negativa y significativa (r= -.314; p <.001). Estos resultados preliminares demuestran que la sobrecarga en cuidadores familiares se relaciona con la calidad de vida en el noreste de México, sugiriendo que el acto del cuidado, al implicar responsabilidad y tiempo en actividades de diversa complejidad, puede afectar el bienestar del cuidador.

Estudio en Valencia, España: Perspectiva de Género

Un estudio mixto, descriptivo y fenomenológico realizado en Valencia (España) examinó la influencia del género en la prestación de cuidados familiares. Participaron ocho mujeres y cinco hombres mayores de setenta años que cuidaban a personas dependientes en su domicilio. La edad media, el nivel de estudios y los años dedicados al cuidado fueron mayores en los hombres cuidadores. Sin embargo, las mujeres cuidadoras reportaron una mayor carga relacionada con los cuidados.

Se identificaron tres categorías influenciadas por la cultura androcéntrica: perspectiva vital, motivos que sustentan el cuidado y estrategias de afrontamiento. El 90 % de las cuidadoras realizaba el cuidado por obligación moral, compasión, reciprocidad y amor, mientras que el 80 % de los cuidadores lo hacía por responsabilidad y reciprocidad, percibiendo un logro y aprendizaje satisfactorio. Ambos sexos desarrollaron habilidades de resiliencia y mayores niveles de adaptación. El género, por tanto, determina el significado otorgado a la experiencia de cuidar.

Las mujeres, por ejemplo, mantenían en la memoria experiencias relacionadas con la maternidad, crianza, enfermedad y muerte, replicando comportamientos como: "Yo cuidé mucho de mi madre, ella apoyadita en mi hombro y yo sentadita en la cama, así me tiré dos noches y dos días seguidos." Los hombres, en cambio, manifestaron falta de preparación para el cuidado del hogar y la familia: "Ha habido que aprender a cocinar, a limpiar. Yo he sido ebanista y ella estaba en casa. Pues, claro, he tenido que aprender a todo." La falta de apoyo familiar o de amistades también se hizo evidente: "No podemos tener ayuda de la familia. No puedes contar con nadie [amistades]".

En cuanto a los motivos, los hombres consideraban el cuidado de su esposa como un deber y responsabilidad. Una mujer, por su parte, expresó el profundo amor que sentía por su marido. Respecto a las estrategias de afrontamiento, los participantes mostraron gran capacidad de resiliencia, adaptándose a la adversidad con paciencia y fuerza de voluntad. Los hombres tendían a salir más de casa y buscar momentos de ocio, mientras que para ambos sexos, los momentos de respiro y las relaciones sociales eran escasos, identificando las salidas para compras o al médico como oportunidades para socializar. Los cuidadores percibieron el cuidado como fuente de enriquecimiento personal, un logro y motivo de satisfacción.

Impacto de la sobrecarga del cuidador en personas con demencia

Estudio en Ecuador: Sobrecarga y Disfuncionalidad Familiar

Un estudio descriptivo y transversal realizado en 31 cuidadores primarios de adultos mayores en una comunidad de Ecuador reveló una alta prevalencia de disfuncionalidad familiar severa, con elevados niveles de ansiedad y depresión, y una sobrecarga intensa. La edad predominante entre los cuidadores osciló entre 50 y 54 años (40%), seguido de 55-59 años (38%). El 55% eran mujeres y el 45% hombres. El 61% de los cuidadores tenía primaria incompleta, y la media de tiempo cuidando un adulto mayor fue de 8 años (± 2.5).

En cuanto a la funcionalidad familiar, el 48.04% de los cuidadores no compartió el cuidado con su familia y el 41.9% no recibió ningún tipo de ayuda familiar. Se encontró que el 83.9% de los cuidadores presentaba ansiedad y el 87.1% depresión. Además, el 35.5% estaba sobrecargado y el 41.9% presentaba sobrecarga intensa. Estos resultados fueron muy superiores a los reportados en otras investigaciones, como una donde el 92.7% de los cuidadores no presentaba sobrecarga.

Otro estudio correlacional en cuidadores familiares de adultos mayores con enfermedades crónicas, con una muestra de 178 participantes, encontró que a mayor edad del cuidador familiar, mayor es la percepción de soledad. De manera interesante, a mayor tiempo de cuidado, menores eran la depresión y la ansiedad. La Escala Hospitalaria de Ansiedad y Depresión (HADS) y la Escala de Soledad de UCLA mostraron una correlación negativa, sugiriendo que a mayor ansiedad y depresión, mayor es la percepción de soledad.

Desafíos Actuales y la Importancia del Cuidado

El envejecimiento es un proceso natural e irreversible relacionado con el deterioro mental y físico. Con un incremento del 7.17% en la población adulta mayor de Ecuador desde 2020, y un 25% de esta población con alguna discapacidad, el cuidado informal se convierte en un pilar fundamental. Este cuidado, predominantemente femenino, implica responsabilidades domésticas y un sinnúmero de actividades adicionales, lo que es considerado una carga severa.

El cuidador informal tiene el objetivo principal de cubrir las necesidades domésticas, actividades de recreación, funciones básicas y velar por la salud del adulto mayor, quien es vulnerable a patologías crónicas como diabetes, artritis, neumonía, insuficiencia cardiaca y alteraciones mentales. La demencia, parte del envejecimiento, subraya la importancia del cuidado directo, y sus consecuencias en el cuidador incluyen estrés, ansiedad y depresión.

La pandemia de COVID-19 también puso de manifiesto la alta tasa de mortalidad en adultos mayores, resaltando la necesidad de cuidado continuo, tanto formal como informal. La capacitación hacia los cuidadores informales es crucial para el desarrollo de sus actividades y para el manejo de los ancianos dependientes. Es fundamental no solo centrar la atención en el paciente enfermo, sino también en el cuidador primario y su entorno familiar, quienes sufren enfermedades y padecimientos diversos. La educación de posgrado en carreras de salud, como Enfermería, es esencial para ajustar el proceso formativo y abordar los procesos de envejecimiento.

En resumen, el cuidado informal consiste en las intervenciones brindadas por los cuidadores familiares, mientras que el cuidado formal es realizado por profesionales de enfermería. Cuantas más discapacidades presente el adulto mayor, ya sean cognitivas o físicas, mayor será el acompañamiento necesario en ambos tipos de cuidado durante su estancia domiciliaria u hospitalaria.

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