Discapacidad intelectual leve: cinco dimensiones para entender y acompañar

La discapacidad intelectual puede ser genética o consecuencia de un trastorno que perjudica el desarrollo cerebral.

La discapacidad intelectual es un trastorno del neurodesarrollo.

La discapacidad intelectual en el Día Internacional de las Personas con Discapacidad se conmemora para proteger los derechos de este colectivo.

El propósito de este día es proteger los derechos de este colectivo.

Este 3 de diciembre se conmemora el Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

La mayoría de los niños con discapacidad intelectual no desarrollan síntomas evidentes hasta alcanzar la edad preescolar.

La evaluación debe identificar también el tipo de apoyos necesario, la intensidad de apoyos necesaria, así como la persona responsable de proporcionar el apoyo en cada una de la nueve áreas de apoyo:

a) Desarrollo humano

b) Enseñanza y educación

c) Vida en el hogar

d) Vida en la comunidad

e) Empleo

f) Salud y seguridad

g) Conductual

h) Social

i) Protección y defensa

Para poder diagnosticar una discapacidad se utilizan los siguientes criterios diagnósticos del DSM-5:

Criterio A. Déficits significativos en determinadas funciones intelectuales a través de la evaluación neuropsicológica.

Criterio B. Los déficits en la conducta adaptativa deben producir un fracaso importante en los estándares de desarrollo normalizado.

Criterio C. Los déficits intelectuales y las limitaciones en la conducta adaptativa deben aparecer durante el período del desarrollo.

El DSM-5 obliga a usar una evaluación más compleja y completa que la simple determinación de un CI y exige evaluar el funcionamiento adaptativo que englobamos dentro de 3 dominios ( dominio conceptual, dominio social y dominio práctico).

La evaluación cognitiva de las personas con DI se ha enmarcado en 3 paradigmas de actuación (Esteban-Castillo, Caixás y Deus, 2015): A/ Aproximación al CI en función de la edad mental B/ Aproximación al CI en función de la edad cronológica C/ Desarrollo, adaptación y validación de pruebas neuropsicológicas.

Cuando los neuropsicólogos debemos realizar una evaluación en una discapacidad intelectual tenemos en cuenta los siguientes factores:

  • Fenotipo
  • Nivel de discapacidad intelectual
  • Características intrínsecas de las personas con discapacidad intelectual
  • Deterioro cognitivo
  • Déficits sensoriales
  • Tratamiento farmacológico
  • Trastornos comórbidos
  • Pruebas de evaluación

Una alta proporción de las personas con discapacidad intelectual presentan déficits sensoriales.

La evaluación debe centrarse tanto en las limitaciones del individuo como en sus capacidades, y lo esencial es obtener datos que permitan desarrollar un perfil adecuado de apoyos.

La multidimensionalidad de la discapacidad intelectual y el funcionamiento individual se refleja en un modelo teórico metodológico, donde los apoyos que se están brindando tienen un rol intermediario.

La evaluación debe identificar también el tipo de apoyos necesario, la intensidad de apoyos necesaria, así como la persona responsable de proporcionar el apoyo en cada una de las nueve áreas de apoyo.

La dimensión conceptual incluye la capacidad de lectura, escritura y matemáticas, así como la memoria, la atención y el razonamiento.

La dimensión social aborda habilidades interpersonales, comunicación funcional y juicio social, que son cruciales para la interacción en la familia y la comunidad.

La dimensión práctica se refiere al manejo de la vida diaria, organización de tareas y seguridad personal.

La dimensión salud se relaciona con el bienestar físico, social y psicológico de la persona.

La dimensión contexto señala las condiciones ambientales y culturales en las que vive la persona con DI.

La participación y los roles sociales reflejan la interacción con la comunidad y la esfera laboral.

La mejora del funcionamiento depende de la cantidad y calidad de los apoyos proporcionados, adaptados a cada dominio y nivel de necesidad.

Entre el 1% y el 2% de la población presenta discapacidad intelectual, y la etiología desconocida representa un 25% de los casos, con posibles orígenes genéticos en muchos de ellos.

El nivel de apoyo requerido se describe como Intermitente, Limitado, Importante o Profundo, según la intensidad necesaria en las actividades diarias.

La evaluación modular permite valorar el nivel de apoyo que precisa cada persona para conseguir el mayor funcionamiento adaptativo posible.

El proceso de evaluación debe centrarse en las limitaciones y las capacidades, para desarrollar un perfil de apoyos adecuado y planificar intervenciones efectivas.

La clasificación internacional de la discapacidad y la salud subraya la importancia de un enfoque multidimensional centrado en la persona, sus capacidades y su entorno.

El objetivo de cualquier sistema de clasificación es asegurar igualdad de oportunidades y facilitar la intervención y los recursos adecuados.

En la práctica, la evaluación de la discapacidad intelectual ha evolucionado desde criterios puramente basados en CI hacia enfoques que enfatizan la conducta adaptativa, el contexto y la participación.

La Conducta Adaptativa se define como el conjunto de habilidades conceptuales, sociales y prácticas que han sido aprendidas para funcionar en la vida diaria.

El Inventario para la Planificación de Servicios y Programación Individual (ICAP) y la Escala de Diagnóstico de Conducta Adaptativa en castellano (DABS) son herramientas que reflejan estas dimensiones.

La identificación de la causa facilita la predicción de la evolución y la planificación de intervenciones que aumenten el funcionamiento y la autonomía.

La detección prenatal y las pruebas de cribado del desarrollo permiten identificar riesgos y planificar intervenciones tempranas.

La intervención multidisciplinaria, que incluye médicos, logopedas, terapeutas y educadores, ofrece la mejor atención para niños con discapacidad intelectual.

Infografía sobre las cinco dimensiones de la discapacidad intelectual y los niveles de apoyo

La gravedad de la discapacidad intelectual se clasifica habitualmente en leve, moderada, grave y profunda, con frecuencias relativas descritas para cada grupo en distintos sistemas de clasificación.

En el plano social, la educación inclusiva y el acceso a servicios adecuados permiten a las personas con DI desarrollar su autonomía y su participación social.

El aprendizaje puede ocurrir a lo largo de la vida, con adaptaciones y apoyos que faciliten la formación laboral y la vida cotidiana.

Con el enfoque de derechos y multidimensional, se busca no solo la atención clínica sino también la inclusión en educación, empleo y entorno comunitario.

"Charla Evaluación Multidimensional en la Discapacidad Intelectual "

La discapacidad intelectual no es un trastorno mental ni una enfermedad, sino una condición de desarrollo que requiere apoyos sostenidos para lograr el mayor nivel de funcionamiento posible.

El término “retraso mental” ha sido reemplazado por “discapacidad intelectual” para evitar estigmas y promover una comprensión más amplia y respetuosa.

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