Estresores psicosociales en personas mayores

En el estudio del envejecimiento, una de las áreas de mayor relevancia es la identificación y comprensión de los estresores psicosociales que afectan a las personas mayores. Estos estresores, definidos como causas de tensión y exigencia, o como mecanismos de adaptación, pueden influir significativamente en la salud mental y el bienestar general en la tercera edad.

Aunque el estrés y la aparición del primer episodio depresivo están directamente relacionados, en los casos de recurrencias depresivas, el estrés significativo tiende a perder fuerza como factor desencadenante principal. No obstante, los estresores, especialmente los psicosociales, están íntimamente ligados a la presentación de estas recurrencias, incidiendo en la calidad de vida de los adultos mayores.

Definición y clasificación del estrés

El estrés puede definirse como una respuesta del organismo ante situaciones que percibe como amenazantes o desafiantes. Se clasifica desde diferentes perspectivas, incluyendo estresores internos y externos, los derivados de sucesos vitales, el estrés de rol y las contrariedades cotidianas, así como la alta exigencia y el perfeccionismo. La falta de cumplimiento de metas es otro factor que puede provocar crisis en la transición del ciclo vital.

Impacto de actitudes disfuncionales y comorbilidad

Actitudes disfuncionales como el neuroticismo y el perfeccionismo pueden provocar aislamiento y falta de soporte social. Los esquemas cognitivos disfuncionales conducen a un procesamiento erróneo de la información, lo que puede exacerbar las respuestas al estrés. La depresión, considerada por algunos como una pauta de relación que dificulta encontrar formas adaptativas de enfrentar la vida y manejar las relaciones interpersonales, también puede verse influenciada por estos estresores. Sin embargo, hay nuevas visiones que la consideran como un esfuerzo adaptativo.

La comorbilidad, especialmente entre trastornos depresivos mayores y trastornos de personalidad, puede llevar a resultados menos favorables en el tratamiento cuando interactúa con estresores psicosociales, sugiriendo la importancia de patrones cognitivos maladaptativos en esta interacción.

El envejecimiento demográfico y sus implicaciones

La población mundial está experimentando un rápido envejecimiento. En 2023, 1100 millones de personas tenían 60 años o más. Se prevé que esta cifra casi se duplicará, alcanzando los 2100 millones en 2050, lo que representará aproximadamente una quinta parte de la población mundial. A finales de la década de 2060, el número de personas de 60 años o más llegará a 2500 millones, superando a la población menor de 18 años a escala mundial. Se estima que el número de personas de 80 años o más se triplicará con creces entre 2023 y 2060, llegando a los 545 millones.

Aunque los adultos mayores contribuyen significativamente a la sociedad como miembros de la familia y la comunidad, muchos son voluntarios o trabajan. La mayoría goza de buena salud, pero un número considerable corre el riesgo de desarrollar afecciones de salud mental como la depresión y los trastornos de ansiedad. También pueden experimentar movilidad reducida, dolor crónico, fragilidad, demencia u otros problemas de salud que requieren cuidados a largo plazo. La probabilidad de padecer varias afecciones al mismo tiempo aumenta con la edad.

Gráfico de crecimiento de la población mundial de adultos mayores

Envejecimiento en contextos específicos: el caso de Cuba

El envejecimiento ha sido una constante en todas las etapas del desarrollo social. En Cuba, en 1997, el 10,2 % de la población superaba los 65 años de edad. Al incluir el grupo de 60 a 64 años, la población cubana con 60 años o más alcanzaba el 12 %. Para el año 2000, se proyectaba un incremento de la población anciana al 13,4 %.

El envejecimiento se define como un proceso dinámico, progresivo e irreversible en el que intervienen múltiples factores biológicos, psíquicos y sociales interrelacionados. En el envejecimiento patológico o senilidad, a nivel biológico, se observa descompensación de enfermedades con hospitalizaciones frecuentes. En el ámbito psicológico, se manifiesta una pérdida progresiva e irreversible de los procesos psíquicos, mal afrontamiento del estrés, pesimismo y autovaloración negativa. A nivel social, hay una pérdida total de roles sin sustitución, ausencia de apoyo social, dependencia, soledad, conflictos generacionales e inactividad. Esto contrasta con el envejecimiento normal o senectud, donde existe mayor sincronismo en la estructura de los órganos, mayor compensación psicológica y apoyo social.

Prevalencia de trastornos mentales en adultos mayores

Aproximadamente el 14,1 % de los adultos de 70 años o más tienen un trastorno mental. Según las estimaciones mundiales de salud de 2021, estas afecciones representan el 6,8 % del total de años vividos con discapacidad en este grupo etario. Las afecciones de salud mental más comunes son la depresión y la ansiedad. Las mismas estimaciones indican que, a nivel global, alrededor de una sexta parte (16,6 %) de las muertes por suicidio ocurren en personas de 70 años o más.

Las afecciones de salud mental en las personas mayores a menudo se subestiman y se tratan de manera insuficiente. El estigma asociado a estas afecciones puede llevar a que las personas sean reacias a buscar ayuda.

Factores de riesgo psicosociales en la vejez

La salud mental en edades avanzadas está determinada por el entorno físico y social, así como por los efectos acumulativos de experiencias vividas y los estresores específicos relacionados con el envejecimiento. La exposición a la adversidad, la pérdida considerable de capacidad intrínseca y una disminución de la capacidad funcional pueden generar malestar psíquico.

Los adultos mayores son más propensos a experimentar eventos adversos como el duelo, una reducción de ingresos o una disminución del sentido de propósito con la jubilación. A pesar de sus valiosas contribuciones a la sociedad, muchos sufren discriminación por edad (edadismo), lo que puede afectar gravemente su salud mental.

El aislamiento social y la soledad, que afectan a cerca de una cuarta parte de las personas mayores, son factores de riesgo cruciales para las afecciones de salud mental en etapas posteriores de la vida. Los malos tratos a las personas de edad, incluyendo cualquier tipo de abuso físico, verbal, psicológico, sexual o económico, así como la desatención, también son un problema. Uno de cada seis adultos mayores sufre malos tratos, a menudo por parte de sus propios cuidadores. El maltrato tiene graves consecuencias y puede provocar depresión y ansiedad.

Muchos adultos mayores cuidan a cónyuges con afecciones crónicas, como la demencia. Las responsabilidades de estos cuidados pueden ser abrumadoras y afectar la salud mental del cuidador. Ciertos adultos mayores, como aquellos en entornos humanitarios, con mala salud física, falta de acceso a apoyo y servicios de calidad, o con enfermedades crónicas (cardiopatías, cáncer, accidentes cerebrovasculares), afecciones neurológicas (demencia) o problemas de uso indebido de sustancias, tienen un mayor riesgo de depresión y ansiedad.

Soledad en adultos mayores: el impacto emocional y cómo afecta su salud mental

Eventos traumáticos y estresores específicos en la tercera edad

Los acontecimientos vitales mayores que afectan al anciano suelen relacionarse con la muerte de seres queridos, la pérdida de la salud, situaciones sociales adversas, problemas familiares o económicos. Los eventos traumáticos intensos capaces de generar estrés postraumático (TEP) se basan en la amenaza que representan para la vida de la persona y en la forma en que esta responde a dicha amenaza. Ante situaciones estresantes de larga duración, se acelera el envejecimiento cerebral y pueden desencadenarse alteraciones de orden psíquico, fisiológico, emocional y conductual. El síndrome de estrés en el anciano suele manifestarse de forma atípica, predominando los síntomas somáticos. Los síntomas cognitivo-emocionales, habitualmente, se manifiestan de forma más imprecisa que en el adulto, refiriendo una vivencia indefinida de malestar general que no responde a algo concreto.

Otros cambios sociales que se experimentan incluyen la falta de convivencia intergeneracional, la apertura sexual, la libertad de creencias, la crisis y madurez filial, la pérdida de seres queridos o el síndrome del nido vacío.

Resultados de un estudio exploratorio en Cuba

Se realizó un estudio exploratorio de corte transversal en 50 pacientes de 60 años o más en un área del municipio 10 de Octubre, Ciudad de La Habana, uno de los municipios más envejecidos del país. El objetivo fue identificar los factores psicosociales más frecuentes en la tercera edad a través de la autopercepción de los ancianos, utilizando una encuesta de factores psicosociales.

Características demográficas de la muestra

  • Edad: 82 % entre 65-74 años.
  • Sexo: 58 % femenino.
  • Estado civil: 50 % casados, seguidos de viudos (36 %).
  • Nivel escolar: 54 % con primaria terminada.
  • Nivel ocupacional: 40 % jubilados, 34 % amas de casa.
  • Creencias religiosas: 58 % predominan.
  • Enfermedades: 70 % refirieron alguna enfermedad.

Factores psicológicos autopercibidos

La autopercepción de los factores psicológicos por parte de los ancianos mostró que los más frecuentes fueron la necesidad de ser escuchados y la pérdida de roles sociales, ambos con un 98 %. Otros factores significativos fueron los sentimientos de soledad y aislamiento social (97 %), la inadaptación a la jubilación (95 %), el temor a la enfermedad y la preocupación por la pérdida de familiares y amigos (94 %). Con menor frecuencia se presentaron manifestaciones de intranquilidad, desasosiego, tristeza, llanto, temor a la muerte, sentimientos de pesar por la pérdida de autoridad y manifestaciones de violencia psicológica.

Tabla 1. Factores psicológicos referidos por los ancianos
No. Factor psicológico Frecuencia (n=50) %
1 Necesidad de ser escuchado 49 98
2 Pérdida de roles sociales 49 98
3 Sentimientos de soledad 47 97
4 Sentimientos de aislamiento social 47 97
5 Inadaptación a la jubilación 19 95
6 Temor a la enfermedad o enfermarse 47 94
7 Preocupación por pérdida de familiares y amigos 47 94
8 Manifestaciones de intranquilidad, desasosiego 44 88
9 Manifestaciones de tristeza, de llanto 37 74
10 Temor a la muerte 33 66
11 Sentimientos de pesar por la pérdida de autoridad 24 48
12 Manifestaciones de violencia psicológica 22 45

Factores sociales autopercibidos

Entre los factores sociales autopercibidos por los ancianos, la necesidad de comunicación social alcanzó el 98 %. Otros factores frecuentes fueron la presencia de barreras arquitectónicas (90 %), la viudez (88 %), los problemas en la dinámica familiar y la falta de medicamentos (86 %). Les siguieron los insuficientes ingresos económicos, el pobre apoyo comunitario, la insuficiente estructura comunitaria, las dificultades para lograr la recreación, las dificultades para adquirir alimentos fuera de la canasta básica, las dificultades en la vivienda y en la compra de los alimentos.

Tabla 2. Factores sociales referidos por los ancianos
No. Factor Social Frecuencia (n=50) %
1 Necesidad de comunicación social 49 98
2 Presencia de barreras arquitectónicas 45 90
3 Viudez (n=18) 16 88
4 Problemas en la dinámica familiar 43 86
5 Falta de medicamentos 43 86
6 Insuficientes ingresos económicos 40 80
7 Pobre apoyo comunitario 39 78
8 Insuficiente estructura comunitaria 39 78
9 Dificultades para crear la recreación 37 74
10 Dificultades en la adquisición de alimentos fuera de la canasta familiar 34 68
11 Dificultades con la vivienda 34 68
12 Dificultades en la compra de medicamentos 20 40

Discusión de los resultados

El estudio reveló que la relación de pareja estrecha es una fuente de apoyo para las personas de la tercera edad, lo que concuerda con la prevalencia de casados en la muestra. La superioridad genética femenina en longevidad y el papel social de cada sexo son aspectos que la bibliografía considera. El nivel escolar primario terminado y el estado de jubilación son comunes, siendo este último un nuevo estatus social que puede llevar a una disminución de contactos y recursos económicos, afectando la satisfacción vital.

La predominancia de creencias religiosas en la muestra se vincula con posibles redes de apoyo ante pérdidas y enfermedades. La alta incidencia de enfermedades crónicas en la tercera edad es un hecho reconocido. La necesidad de ser escuchado por la familia y la comunidad, influida por la rapidez de la vida moderna y los problemas intergeneracionales, es un factor psicológico clave, al igual que la pérdida de roles, que afecta la autoestima y la autoridad.

Los sentimientos de soledad y aislamiento social se explican por la disminución de contactos familiares e interpersonales. La jubilación, como acontecimiento vital, requiere ajustes y afecta más a los hombres. Otros factores psicológicos incluyen el temor a enfermarse, la preocupación por la pérdida de seres queridos y el temor a la muerte. En el ámbito social, la necesidad de comunicación social es fundamental, así como la presencia de barreras arquitectónicas.

La viudez se considera un factor de riesgo social y conductual. Los problemas en la dinámica familiar son significativos, exacerbados por la incomprensión, la incorporación de la mujer al trabajo y las migraciones. Otros factores sociales relevantes son la falta de medicamentos, los ingresos económicos insuficientes, el pobre apoyo comunitario y las dificultades para la recreación y la adquisición de alimentos, lo que resalta la importancia de espacios como los círculos de abuelos.

Promoción y prevención de la salud mental en adultos mayores

Las estrategias de promoción y prevención en salud mental para adultos mayores se centran en apoyar un envejecimiento saludable. Esto implica crear entornos físicos y sociales que promuevan el bienestar y permitan a las personas realizar actividades importantes para ellas, a pesar de la pérdida de facultades.

Estrategias clave de promoción y prevención:

  • Reducir la inseguridad financiera y la desigualdad de ingresos.
  • Garantizar viviendas, edificios públicos y transportes seguros y accesibles.
  • Proveer apoyo social a los adultos mayores y a sus cuidadores.
  • Promover comportamientos saludables: dieta equilibrada, actividad física, abstinencia de tabaco y reducción del consumo de alcohol.
  • Implementar programas de salud y sociales dirigidos a grupos vulnerables (personas solas, en zonas remotas o con afecciones crónicas).

Para los adultos mayores, la conexión social es crucial para reducir factores de riesgo como el aislamiento social y la soledad. Las actividades sociales satisfactorias mejoran la salud mental positiva, la satisfacción y la calidad de vida, y pueden reducir los síntomas depresivos. Ejemplos de intervenciones incluyen iniciativas de amistad, grupos comunitarios y de apoyo, formación en habilidades sociales, grupos de artes creativas, servicios de ocio y educación, y programas de voluntariado.

La protección contra el edadismo y el maltrato también es fundamental, mediante políticas y leyes contra la discriminación, intervenciones educativas y actividades intergeneracionales. Existen diversas intervenciones para cuidadores (cuidado de relevo, asesoramiento, educación, ayuda económica, psicoterapia) que pueden ayudar a mantener una relación de cuidado saludable y prevenir el maltrato.

Tratamiento y atención para la salud mental en la vejez

Es esencial reconocer y tratar rápidamente las afecciones de salud mental (y las afecciones neurológicas y por uso indebido de sustancias resultantes) en los adultos mayores. Para ello, se deben seguir las normas para una atención integrada, comunitaria y centrada en los cuidados a largo plazo, con educación, formación y apoyo a los cuidadores. Generalmente, se recomienda una combinación de intervenciones de salud mental y otros apoyos para abordar las necesidades de salud, los cuidados personales y las necesidades sociales.

La demencia es una preocupación importante, ya que afecta la salud mental (por ejemplo, con síntomas de psicosis y depresión) y requiere acceso a una atención de salud mental de calidad. Es fundamental responder al maltrato de los adultos mayores con intervenciones como la notificación obligatoria, grupos de apoyo, teléfonos de asistencia, alojamientos de emergencia, programas psicológicos para maltratadores y formación para profesionales de la salud.

Recomendaciones para afrontar el estrés en la vejez

Las personas pueden protegerse para evitar el estrés o adaptarse a vivir con los estímulos estresores sin que estos afecten significativamente su salud. Para ello, se recomienda:

  • Afrontar los problemas de uno en uno.
  • Mantener una nutrición adecuada y practicar ejercicio físico adaptado a la edad.
  • Hablar con la familia y amigos, ya que compartir lo que nos acontece ayuda a liberar la carga.
  • Ocupar y planificar el tiempo de manera constructiva.

Es crucial no manejar el estrés de manera insana, aumentando de forma desproporcionada la ingesta de alcohol, el consumo de tabaco o comiendo más de lo habitual. Cada persona está sujeta a situaciones y acontecimientos que la desgastan y posee recursos específicos para equilibrar ese desgaste.

Es primordial adaptar el entorno de las personas mayores para propiciar un ambiente cómodo y agradable. Prevenir accidentes es vital, ya que los cambios físicos y cognitivos aumentan los riesgos. El objetivo es aumentar la calidad de vida, optimizar el aprovechamiento de las habilidades funcionales y evitar comportamientos problemáticos. Un ambiente agradable favorece la autonomía de la persona mayor y reduce la demanda sobre el cuidador. Es importante conocer los cambios psicosociales en la vejez y diferenciar aquellos causados por una patología para identificar y atender estos últimos y así no afectar la calidad de vida de la persona mayor y su familia.

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