Estrategias para el Desarrollo de la Conducta Adaptativa en Niños con Discapacidad

Cuando nos enfrentamos a una conducta inapropiada en niños, la reacción natural suele ser un rotundo "NO" y una reprimenda. Sin embargo, es crucial preguntarse si este es el camino más efectivo y si existen otras posibilidades para abordar estas situaciones. La clave reside en comprender que la intervención debe basarse en una evaluación profunda y en la construcción de estrategias bien fundamentadas.

Esquema de un niño interactuando con un adulto en un ambiente de aprendizaje

La Importancia de la Evaluación Conductual y Cognitiva

En primer lugar, es fundamental evaluar la conducta del sujeto. Esta evaluación debe considerar tanto sus habilidades para el control conductual como las posibles alteraciones en las mismas. De este modo, se construye una "radiografía" completa del niño, que incluye:

  • Su capacidad de comprensión y sus posibles fallas.
  • Las alteraciones que podría tener en la inhibición de la conducta.
  • Su flexibilidad para adaptarse a situaciones cambiantes.
  • Sus motivaciones.
  • Su lenguaje y comunicación.
  • El grado de entendimiento de los estados emocionales y pensamientos de los demás (empatía).

Las técnicas de intervención son efectivas siempre que estén basadas en una evaluación conductual y cognitiva previa. Intervenir sin un diagnóstico de la situación llevaría a un mal gasto de energía, ya que no se estaría apuntando al problema real. Esto es comparable a un médico que receta antibióticos frente a cualquier malestar sin un diagnóstico preciso.

El proceso ideal es: primero, evaluar la situación; segundo, armar una estrategia; y finalmente, aplicar la técnica. La estrategia nace de la combinación entre la técnica y la evaluación. Es decir, partiendo de una evaluación prolija se puede construir un plan de intervención, desde el cual se implementarían diversas técnicas. En este sentido, la estrategia es la planificación para intervenir en la conducta inapropiada. La pregunta que guía esta etapa del proceso es: "evalué y sé qué le pasa, ¿de qué forma puedo resolverlo? ¿Qué voy a hacer para ayudarlo?".

Técnica, estrategia y evaluación son tres conceptos que se relacionan recíprocamente y se modifican entre sí. La evaluación es fundamental para construir una estrategia adecuada, que determinaría la correcta elección e implementación de técnicas para modificar la conducta del niño. Sin embargo, a partir de los efectos que dicha intervención tenga, será necesario reevaluar la estrategia y/o la evaluación. Los cambios en estas últimas nos llevarán a construir nuevas intervenciones con nuevas técnicas.

Conductas Adaptativas y Discapacidad Intelectual

Las conductas adaptativas son un conjunto de habilidades aprendidas y utilizadas por las personas en su vida diaria. Estas habilidades se dividen en tres grupos principales:

  • Habilidades conceptuales: Incluyen el lenguaje, habilidades numéricas, manejo del dinero y comprensión del tiempo.
  • Habilidades sociales: Comprenden las habilidades interpersonales, la comprensión de leyes y normas sociales, el uso del tiempo libre y las actividades de ocio. Permiten hacer y mantener amistades, llevarse bien con otros y comunicar emociones apropiadamente.
  • Habilidades prácticas: Abarcan el cuidado personal, la seguridad y la creación de rutinas.

Existe una estrecha relación entre las conductas adaptativas y la discapacidad intelectual (DI), ya que estas habilidades son un elemento esencial para su identificación. Estudiar estas conductas puede ayudarnos a identificar el tipo de apoyo más indicado para alguien con discapacidad intelectual.

Según Shalock et al. (2010), es fundamental comprender que el diagnóstico de una Discapacidad Intelectual (DI) no debe basarse únicamente en los resultados de pruebas de inteligencia (CI). Desde la neuropsicología, se sabe que las funciones ejecutivas son esenciales para dirigir nuestra conducta hacia metas. Para medir estas habilidades con precisión, los profesionales de la Salud Mental cuentan con herramientas como el ABAS-II (Sistema para la Evaluación de la Conducta Adaptativa), que es multimétodo y permite recopilar información de múltiples informantes (familia, escuela y autoinforme en adultos).

El motivo principal para conocer la capacidad de una persona para ser independiente tiene un impacto mayor en su tratamiento que solo conocer la "etiqueta" diagnóstica.

Infografía mostrando la interconexión entre habilidades conceptuales, sociales y prácticas

Desarrollo de las Conductas Adaptativas a lo Largo de la Vida

El desarrollo de las conductas adaptativas es un proceso continuo que evoluciona con la edad, y el rol de los cuidadores y el entorno es fundamental en cada etapa.

En la infancia temprana (0-12 meses)

El desarrollo de conductas adaptativas en bebés está muy ligado al rol que cumplen los cuidadores. Se espera que el bebé comunique sus necesidades, ya sea mediante llanto o risa, pero corresponde al adulto responsable modular e interpretar correctamente qué es lo que el bebé necesita y responder a esta necesidad. Las habilidades prácticas como el cuidado, la seguridad y la creación de rutinas, van a necesitar del cuidador. Algunos bebés con condiciones del neurodesarrollo pueden verse enfrentados durante sus primeros años de vida a condiciones médicas complejas que requieren intervenciones y hospitalizaciones. En estos periodos, reconociendo que lo más importante es la vida y la salud, se recomienda mantener la estimulación de la conducta adaptativa. Establecer rutinas reduce la incertidumbre que el mundo le puede generar a un bebé.

La importancia del Desarrollo Infantil Temprano

En la etapa preescolar

En esta etapa, los niños se ven impulsados a conocer el mundo gracias a su desarrollo motriz. Al comenzar a tener más autonomía en su movimiento, los preescolares pueden empezar a orientarse espacialmente y conocer más su entorno, promoviendo así el desarrollo de habilidades prácticas y conceptuales. También se espera que las habilidades conceptuales, como la comunicación, ya estén más avanzadas, con un mayor manejo de la intención comunicativa, aunque algunos aún no tengan expresión oral. Además, será posible observar precursores muy tempranos de habilidades académicas, como tomar un lápiz de manera correcta y hacer garabatos en un papel.

Durante el periodo escolar

Se espera que las niñas y niños puedan perfeccionar sus habilidades motoras, sociales, prácticas y conceptuales. En las habilidades conceptuales, ya deben hacer buen uso de su intención comunicativa, sumando alguna forma de expresión eficiente (sea por comunicación oral o por sistemas aumentativos y alternativos). En cuanto a lo social, se puede esperar que el escolar comience a tener más percepción acerca de sus emociones y las de los demás. Incluir al niño en actividades de la casa les otorga sentido de responsabilidad y rutina.

En la adolescencia

Se espera que la persona sea capaz de gestionar su propio tiempo, comenzar a buscar actividades de su interés, confiar en sus pares para contarles sus problemas y generar vínculos sociales más significativos. En adolescentes con discapacidad intelectual y otras condiciones del neurodesarrollo, se observan los mismos intereses que en sus pares con desarrollo típico. Sin embargo, su entorno puede entorpecer el desarrollo de ciertas habilidades, y pueden tener más dificultades al aprender conceptos como el manejo del dinero y al relacionarse con otros. Una prioridad es que estos adolescentes en el futuro sean participantes activos en la sociedad. Asistir a clases no solo favorece el desarrollo de las habilidades prácticas y conceptuales, sino que también es un lugar muy importante para desarrollar lo social. El adolescente comunicará sus intereses, y estos pueden fluctuar con el tiempo, dado que la adolescencia se caracteriza por ser un periodo de exploración. La educación cívica es fundamental para el desarrollo de los adolescentes; enseñarles sobre el funcionamiento del país, el presidente, el senado, las municipalidades, entre otros, es de suma importancia.

En la adultez

Se espera que las habilidades prácticas estén más desarrolladas, como saber manejar el dinero y gestionar los tiempos en distintas áreas de la vida (familia-trabajo-amistades). También podría suceder que un adulto comience a cuidar de otros, lo que implicaría un aumento en las responsabilidades. En personas con discapacidad intelectual, algo que usualmente se ve mermado es el ejercicio de su ciudadanía, concepto estrechamente ligado al desarrollo de las conductas adaptativas. Los adultos con discapacidad intelectual son participantes activos de la sociedad, son personas que tienen derechos y deben ser considerados para procesos políticos y sociales. Es crucial no olvidar que se trata de un adulto y debe ser tratado como tal. A menudo, se tiende a hacer cosas por ellos, como comprarles ropa, hacer su cama y el aseo de la pieza, etc. Es fundamental fomentar el desarrollo de habilidades, especialmente en cuanto al cuidado de un otro. Por ejemplo, si hay una mascota, se pueden crear rutinas de cuidado que involucren al adulto. Si hay algún menor, pueden ayudar en la rutina de alimentación. Es importante que el adulto sea un participante activo de la sociedad y ejerza su ciudadanía, por lo tanto, es imprescindible otorgarles el apoyo necesario para su ejercicio.

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