Los estudios sobre el envejecimiento y la vejez se han enfocado tradicionalmente en enfoques empíricos, a menudo desarticulados de modelos teóricos, y con perspectivas más descriptivas que explicativas. Una razón para esta tendencia es la ausencia de un corpus teórico propio de la gerontología, ya que las teorías del envejecimiento se han nutrido de ciencias como la sociología, la biología y la psicología (Curcio 2010).

Desde su surgimiento, las investigaciones sociológicas sobre el envejecimiento han evolucionado con enfoques y resultados muchas veces opuestos. A continuación, se presentan las teorías sociológicas más representativas, haciendo un recorrido cronológico desde las primeras surgidas después de la Segunda Guerra Mundial hasta las más recientes.
Clasificación de las Teorías Sociológicas del Envejecimiento
De acuerdo con Bengston, Burgess y Parrot (1997), las teorías sociológicas del envejecimiento se clasifican en tres generaciones:
- Primera Generación (1949-1969): Incluye las teorías de la actividad, la desvinculación, la modernización y el envejecimiento como subcultura.
- Segunda Generación (1970-1985): Surgieron en oposición a las anteriores o de tradiciones sociológicas, como las de continuidad, rotulación social, intercambio social, estratificación de edad, y la teoría marxista o economía política de la vejez.
- Tercera Generación (a partir de 1980): Emergieron como crítica a las precedentes y comprenden las teorías del construccionismo social, curso de vida, teorías feministas del envejecimiento, economía política del envejecimiento y gerontología crítica.
Estas teorías se dividen en niveles de análisis:
- Microsocial: Se focalizan en el individuo y sus interacciones sociales.
- Macrosocial: Examinan las estructuras sociales y su influencia sobre la experiencia y los comportamientos del envejecimiento y la vejez.
- Micro/Macrosocial: Cubren ambos niveles de análisis.
La Teoría de la Desvinculación
Orígenes y Postulados
La teoría de la desvinculación, propuesta por los sociólogos estadounidenses Elaine Cumming y William Henry en su libro de 1961 "Growing Old", tuvo una notable influencia en los años sesenta. Según esta teoría, envejecer se define como un "inevitable desentendimiento mutuo, por cuya causa disminuye la interacción entre quien envejece y el resto de integrantes del sistema social al que pertenezca".
Cumming y Henry (1961) enfatizaron en la necesidad de reducir gradualmente la participación en las estructuras sociales a medida que aumenta la edad de las personas, hasta su retiro definitivo. Argumentaron que si las personas mayores continuaran vinculadas a sus roles en la sociedad, se afectaría la estabilidad del sistema social. Esto se debe a la necesidad de abrir espacio a los jóvenes, mientras se da tiempo a los mayores para su desvinculación, que se plantea como una fase natural e inevitable del proceso de envejecimiento.

Los postulados centrales de la teoría de la desvinculación, según Cumming y Henry, incluyen:
- Todos esperan la muerte, y las habilidades de una persona probablemente se deteriorarán con el tiempo.
- Debido a que las interacciones individuales entre las personas fortalecen las normas, un individuo que tiene menos variedades de interacciones tiene mayor libertad de las normas impuestas por la interacción.
- La vida del individuo está marcada por cambios en el ego. El envejecimiento, como una forma de cambio del ego, provoca que el conocimiento y la habilidad se deterioren. Sin embargo, el éxito en una sociedad industrializada exige ciertos conocimientos y habilidades, lo que lleva a la clasificación por edad para asegurar que los jóvenes asuman la autoridad y los viejos se jubilen antes de perder sus habilidades.
- Cuando tanto el individuo como la sociedad están listos para el desacoplamiento, se producen resultados completos de la desvinculación. Si ninguno está listo, el compromiso continuo persiste. Si el individuo está listo y la sociedad no, hay una disyunción entre expectativas, pero el compromiso suele continuar.
- El papel central del hombre es el trabajo, y el de la mujer es el matrimonio y la familia.
- La preparación para el desenganche ocurre si el individuo es consciente de la brevedad de la vida, percibe que su espacio vital disminuye y pierde la energía del ego.
- Menos interacciones y desvinculación de los roles centrales conducen a que las relaciones en los roles restantes cambien.
Este proceso es bidireccional: la desvinculación no solo se produce desde el sujeto hacia el resto de la sociedad, sino que la sociedad misma se desvincula de quien envejece. Se le atribuye un marcado carácter adaptativo y positivo tanto para la autodefinición del sujeto como para el conjunto de la sociedad.
Críticas a la Teoría de la Desvinculación
La teoría de la desvinculación ha recibido diversas críticas:
- Enfoque Limitado: Según Catunda (2008), esta teoría es criticada por usar un enfoque único de variables sociales y psicológicas, centrado en las necesidades y requisitos de la sociedad, negando el papel activo de las personas mayores. Esto limita el análisis y comprensión de la vejez al desconocerla como un proceso multifacético de cambios psicológicos, físicos y sociales.
- Carácter Funcionalista y Normativista: El presupuesto epistemológico de la teoría es funcionalista y normativista, validando como positivas para el equilibrio social las conductas más repetitivas y considerando "inválidas" aquellas que suponen una anomia social.
- Generalización Indebida: Los críticos señalan que, si bien los autores pudieron haber encontrado empíricamente una norma social de desvinculación, esta está histórica y culturalmente determinada, no siendo una razón "natural" que la haga generalizable, eterna e inmutable, ni mucho menos positiva para el bienestar del adulto mayor.
- Problemas Económicos y Sociales: Hacia las décadas de 1970 a 1990, los estudios y teorías comenzaron a mirar más el problema del envejecimiento de la población desde una perspectiva económica, abordando cuestiones como las pensiones, la dependencia y los cuidados.
- Visión Negativa: En los años 50 y 60, prevalecía una visión negativa del envejecimiento. La teoría de la desvinculación, desde este punto de vista, considera que las personas mayores pierden facultades, disminuyen sus roles activos y rechazan las relaciones sociales.
Contraargumentos y Teorías Opuestas
Como contraargumento a la teoría de la desvinculación, Robert Havighurst (1961) en conjunto con Ruth Albrecht (Havighurst & Albrecht 1953) formularon la teoría de la actividad. Esta teoría indica que la actividad en todas sus expresiones redunda en beneficios y es necesaria para experimentar satisfacción con la vida durante la vejez. Surge de la premisa del envejecimiento normal y plantea la necesidad de la realización permanente de actividades para generar sentimientos positivos de felicidad y satisfacción.
Según la teoría de la actividad, la desvinculación no se da por un deseo propio de las personas mayores, sino porque la sociedad no les ofrece oportunidades (Havighurst 1961). Se aspira a que el individuo sustituya los roles sociales perdidos por unos nuevos en los que el bienestar y el autoconcepto positivo obedezcan al aumento de actividades (Catunda 2008).
Teoria de la desvinculación
Uso Actual y Legado
A pesar de las críticas, algunos elementos de la teoría de la desvinculación, como la pregunta por la exclusión de las personas mayores en los roles sociales, son utilizados como marco de referencia para nuevas investigaciones e intervenciones sociales. Actualmente, esta teoría es utilizada para explicar la naturaleza de las relaciones entre las personas mayores y el resto de la sociedad, además de ir en contra de los estereotipos negativos de la vejez, como la pasividad y el anquilosamiento, comunes en los abordajes funcionalistas (Kart, 1997).
Aunque se ha intentado clasificar a las personas mayores, desde el punto de vista geriátrico y gerontológico, esto no tiene mucha relevancia. La vejez ha de considerarse como un proceso gradual y no como un estado, con cambios graduales que originan efectos no homogéneos en los sujetos. La teoría de la desvinculación, en su plano psicosocial, aborda la vinculación o desvinculación del individuo con su entorno social, sin tener en cuenta lo que se articula en el interior del sujeto respecto a su vejez.