La discapacidad motora o motriz, definida como la pérdida de movilidad, forma parte de las discapacidades físicas. Estas últimas también incluyen las orgánicas, que se refieren a la pérdida de funcionamiento de órganos internos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe la discapacidad motora como «la secuela o malformación que deriva de una afección en el sistema neuromuscular a nivel central o periférico, dando como resultado alteraciones en el control del movimiento y la postura».
Esta condición implica diversas dificultades para llevar a cabo actividades cotidianas, como el desplazamiento, la manipulación de objetos, el acceso a determinados espacios o el habla. Las causas de la discapacidad motora son múltiples y variadas, y a la hora de clasificarlas, se categorizan dentro de la condición de discapacidad física.

Tipos de Discapacidad Motora y Necesidades de Adaptación
La discapacidad motora abarca una gran variedad de diagnósticos. Cada diagnóstico y cada persona requerirán de adaptaciones o productos de apoyo específicos para mejorar su día a día. Por ejemplo, algunas personas utilizan una silla de ruedas para su desplazamiento, mientras que otras recurren a andadores, muletas, prótesis, o sistemas alternativos o aumentativos de comunicación (SAAC). También hay personas que tienen plena autonomía en su desplazamiento y comunicación.
Es fundamental que los entornos sean accesibles y faciliten esta autonomía, eliminando las barreras necesarias para las personas con discapacidad física.
Discapacidad Motora y Nutrición en la Parálisis Cerebral (PC)
La parálisis cerebral (PC) es la causa más frecuente de discapacidad motora en la infancia. Un adecuado estado nutricional es fundamental en niños con PC, aunque la ingesta alimentaria no siempre cubre los requerimientos calóricos debido a diversos factores intervinientes.
Estudios sobre el Estado Nutricional en Niños y Adolescentes con PC
Un estudio realizado por Cieri et al. (2023) tuvo como objetivo analizar la relación entre el estado nutricional, el grupo etario y el compromiso motor según la escala GMFCS (Gross Motor Function Classification System) en niños, niñas y adolescentes con PC. Este fue un estudio multicéntrico, observacional, descriptivo y transversal, que incluyó a 191 sujetos de 2 a 19 años, con una edad promedio de 11,37 (4,19) años. La valoración nutricional se realizó con el software WHO Anthro Plus OMS 2007.
- Para el peso/edad (P/E), la mayoría de los sujetos estuvo por debajo de la media poblacional. Los niños con PC severa se encontraron por debajo del puntaje z -1.99, y la diferencia fue estadísticamente significativa para los grupos de 6-10 años y de 11-14 años.
- En cuanto a la talla/edad (T/E), todos los niños y adolescentes estuvieron debajo de la media poblacional establecida, y el crecimiento en ambos grupos disminuyó a medida que avanzaban en edad. A partir de los 6 años, se observó una diferencia estadísticamente significativa en la T/E para ambos grupos.
- El Índice de Masa Corporal/Edad (IMC/E) se encontró en ambos grupos entre la media poblacional y el puntaje z -2, dentro de los parámetros normales.
Otro estudio observacional y multicéntrico en España, llevado a cabo por García-Romero et al., incluyó a 112 pacientes con PC de 4 a 14 años, con una edad media de 9,2 años. La prevalencia de PC se estima en 2 de cada 1000 recién nacidos vivos en países de renta alta. El diagnóstico es fundamentalmente clínico y la gravedad se clasifica mediante escalas como el GMFCS. Los niños con PC y grados altos de GMFCS tienen riesgo de sufrir alteraciones en la deglución y disfagia, lo que puede llevar a un deterioro del estado nutricional y a infecciones recurrentes del tracto respiratorio inferior por aspiración bronquial repetida.
Los resultados de este estudio destacaron que:
- Las puntuaciones z de los pacientes con grados IV-V del GMFCS fueron significativamente menores en todas las medidas antropométricas (p < 0,05), a excepción de la talla estimada según la longitud tibial y el pliegue tricipital.
- La media del área del brazo fue significativamente mayor en los niños con GMFCS I-II-III (p=0,0007).
- El análisis nutricional mostró un porcentaje de desnutrición entre el 26% y el 52%.
- El 41,1% de los pacientes (46 sujetos) requerían soporte nutricional, de los cuales el 91,3% estaban clasificados como GMFCS IV-V.
- En cuanto a las comorbilidades, se encontró una mayor frecuencia de disfagia (62,0% vs. 15,2%, p=0,0001), estreñimiento (51,9% vs. 27,3%, p=0,0218) y reflujo gastroesofágico (31,6% vs. 3,0%, p=0,0005) en los grados IV y V del GMFCS, en comparación con los más bajos.
Un trabajo de investigación para la Licenciatura en Nutrición, realizado por Luciano, Rodríguez Marco y Valfré, analizó la ingesta alimentaria, el estado nutricional y los factores que podrían afectarlo en niños y adolescentes de 2 a 18 años con parálisis cerebral en Córdoba. La muestra fue de 25 sujetos, 72% de sexo masculino. El 68% tuvo diagnóstico de PC leve, 12% moderada y 20% severa.
Los hallazgos principales fueron:
- El 40% presentó normopeso y el 60% malnutrición según estándares de la OMS. La malnutrición por exceso representó el 16%.
- En los adolescentes, se observaron mayores dificultades para cubrir al menos el 80% de los requerimientos calóricos para su edad.
- El 56% tuvo una ingesta baja de carbohidratos, el 52% adecuada en proteínas y el 60% ingesta alta en lípidos.
- El 80% presentó estreñimiento, el 44% sialorrea, el 32% disfagia y el 8% reflujo gastroesofágico como trastornos orogastrointestinales.
Estos estudios demuestran que en niños y adolescentes con PC existen dificultades para mantener un estado nutricional dentro de los parámetros normales de la OMS. A medida que aumenta la edad, es más difícil cubrir los requerimientos calóricos, y en todos los casos se observaron factores vinculados a la alimentación que ponen en riesgo el estado nutricional.
Niños, niñas y adolescentes con parálisis cerebral, su abordaje en nutrición
Discapacidad Intelectual (DI) y Desafíos Nutricionales
Las personas con discapacidad intelectual (DI), que representan entre el 0,7% y el 1,5% de la población, presentan tasas de obesidad significativamente más elevadas en comparación con la población general. Esta vulnerabilidad se agrava por deficiencias en los valores calóricos y el estado nutricional, a menudo influenciadas por limitaciones en la habilidad para alimentarse de forma autónoma. Se considera a este colectivo un grupo de alto riesgo nutricional.
La DI se refiere a limitaciones sustanciales en el funcionamiento intelectual, caracterizadas por un rendimiento intelectual inferior a la media. En España, esta condición afecta a más de 400.000 personas. Las PDI enfrentan mayores tasas de obesidad (el doble que la población general), epilepsia (25 veces más), trastornos mentales, déficits sensoriales, problemas de movilidad, trastornos psicóticos y dolor bucal.
Factores que Contribuyen al Exceso de Peso y Malnutrición en PDI
Las dificultades más comunes en la nutrición de las PDI se centran en la calidad de la dieta, particularmente en los valores calóricos y el estado nutricional. Estos aspectos pueden estar influenciados por la destreza motora, la elección de alimentos y la conducta alimentaria. Los factores que contribuyen al exceso de peso y malnutrición incluyen:
- Factores genéticos: Se ha observado una disminución del índice metabólico en reposo en personas con DI, lo que podría contribuir al aumento de peso.
- Sedentarismo e inactividad física: La falta de ejercicio físico y un estilo de vida sedentario, combinados con una ingesta elevada de alimentos ricos en azúcares, grasas y calorías, son determinantes clave.
- Hábitos alimentarios alterados: Estos hábitos pueden estar relacionados con la propia discapacidad y dificultar la adopción de patrones alimentarios saludables desde la infancia.
- Sobreprotección familiar: En ocasiones, el entorno familiar, aunque protector, puede centrarse en otros aspectos del desarrollo, descuidando la alimentación y el ejercicio físico.
- Problemas físicos y de deglución: Algunas PDI presentan dificultades para la ingesta de alimentos, como disminución del flujo salival, hipotonía de la lengua y macroglosia, lo que puede llevar a problemas nutricionales.
- Selección de alimentos: Pueden mostrar preferencias por alimentos con texturas blandas, trituradas o de fácil deglución, lo que a menudo se traduce en un bajo consumo de frutas, verduras y granos integrales.
- Conducta alimentaria: La elección de alimentos puede verse limitada por la accesibilidad, la falta de autonomía o la dificultad para comunicar preferencias, lo que puede resultar en la ingesta de raciones de alimentos más grandes de lo necesario.
Prevalencia de Sobrepeso y Obesidad en PDI
Un estudio con 19 usuarios de la Fundación Síndrome de Down de Madrid y la Asociación Avante3 de Leganés (Madrid) reveló que el 42% presentaba sobrepeso y el 16% obesidad. Además, el 11% tenía un perímetro de cintura de riesgo, un indicador de acumulación de grasa abdominal y mayor riesgo cardiovascular.
Otro estudio con 16 participantes con discapacidad intelectual de 4 a 22 años mostró deficiencias nutricionales en el 87,6%, con un 68,8% necesitando cambios dietéticos y una prevalencia de malnutrición del 62,6%.

Intervenciones para Mejorar la Nutrición y la Actividad Física en PDI
La intervención basada en la educación nutricional, la promoción de hábitos saludables y el ejercicio físico ha demostrado ser una herramienta eficaz para mejorar el estado nutricional y la calidad de vida de las PDI.
Talleres de Educación Nutricional y Ejercicio Físico
Se han diseñado talleres teórico-prácticos con juegos para abordar temas como:
- Grupos de alimentos.
- Frecuencia de ingesta de alimentos.
- Distribución de cargas calóricas a lo largo del día (5 comidas diarias).
- Importancia del desayuno.
- Tamaño de las raciones.
- Hidratación.
- Lectura e interpretación del etiquetado nutricional.
- Técnicas culinarias saludables.
- Hábitos de vida saludables en general.
Los talleres de deporte, introducidos en uno de los grupos de estudio, incluyeron explicaciones teóricas, calentamiento, desarrollo de actividades mediante pruebas y juegos, y estiramientos, seguidos de ejercicios de relajación y revisión constructiva para fomentar la aplicación práctica en la vida diaria. Ninguno de los participantes en el estudio cumplía con las recomendaciones diarias de ejercicio físico; sin embargo, la intervención educativa y la práctica de actividad física resultaron en beneficios tangibles.
Niños, niñas y adolescentes con parálisis cerebral, su abordaje en nutrición
Herramientas Tecnológicas y Apoyo al Cuidador
Las nuevas tecnologías ofrecen oportunidades para facilitar la implementación de dietas saludables. Las aplicaciones móviles de nutrición, diseñadas con pictogramas, instrucciones visuales y opciones interactivas, han demostrado ser eficaces para aumentar la conciencia sobre alimentación saludable.
Es fundamental la formación continua de los cuidadores para que puedan identificar señales de desnutrición o sobrepeso y ajustar las raciones de acuerdo a los cambios físicos, metabólicos o emocionales de la persona con DI.
La Alimentación como Derecho Fundamental
Más allá de la dimensión clínica, la alimentación debe ser considerada un derecho fundamental. Garantizar el acceso a una dieta saludable y culturalmente apropiada para las personas con discapacidad intelectual es una obligación legal y ética. Las dietas adaptadas representan una intervención integral que combina educación, empoderamiento y equidad, rediseñando el entorno alimentario para fomentar hábitos saludables que respeten la diversidad y los derechos de este colectivo.
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