Sexualidad y Discapacidad: Un Enfoque en la Autonomía y el Autoerotismo

La sexualidad en personas con discapacidad, a menudo referida como diversidad funcional, es un tema que históricamente ha estado rodeado de tabúes y prejuicios. Sin embargo, en los últimos años, ha emergido un movimiento creciente para visibilizar esta faceta esencial de la vida humana, promoviendo la autonomía, el autoerotismo y el derecho a una vida sexual plena para todos.

La Asistencia Sexual como Herramienta para el Autoerotismo

Una de las figuras clave en el fomento de la sexualidad en personas con diversidad funcional es la asistencia sexual. Este concepto se refiere a un apoyo humano diseñado para que las personas con diversidad funcional puedan vivir de manera independiente, incluyendo el ámbito sexual. La asistencia sexual busca empoderar a las personas para explorar y conocer su propio cuerpo, así como para alcanzar el autoerotismo.

Una Experiencia de Descubrimiento Personal

Un ejemplo conmovedor de esta práctica se observa en el documental "Yes, we fuck!" del director Antonio Centeno. La historia de Soledad Arnau, una filósofa con el 85% de diversidad funcional, ilustra cómo la asistencia sexual puede facilitar un descubrimiento profundo del propio cuerpo. A sus 45 años, Soledad tuvo por primera vez la oportunidad de tocar sus pezones y explorar su cuerpo con la ayuda de su asistente Teo Valls, quien guiaba su mano doblada. Esta experiencia, descrita como "preciosa" y "muy tierna", resaltó la diferencia entre una relación sexual compartida y un momento de autoexploración personal y exclusivo.

Para Soledad, tocar su piel con la presión justa ejercida por Teo, sentir sus dedos no doblarse, coger el pezón y meter la mano en sus bragas, fueron momentos de "placer consigo misma" que nunca antes había vivido. Esto subraya la importancia de la asistencia sexual como una herramienta para ejercer el derecho a la exploración y conocimiento del propio cuerpo.

LA SEXUALIDAD DESDE LA DIVERSIDAD FUNCIONAL

Distinción de la Asistencia Sexual con Otras Figuras

Es fundamental diferenciar la asistencia sexual de la prostitución o la creación de figuras laborales para mantener relaciones sexuales. Desde una perspectiva de vida independiente, la asistencia sexual no interviene activamente en el acto sexual. Utilizarla para mantener una relación sexual se considera una perversión de la figura laboral, ya que podría llevar a crear roles específicamente diseñados para tener sexo con personas con diversidad funcional. La filosofía subyacente aboga por la adaptación universal, donde, por ejemplo, todos los taxis estén adaptados en lugar de crear "taxis especiales".

En este sentido, se propone que los prostíbulos sean accesibles o que los profesionales del sexo reciban capacitación sobre inclusión, promoviendo la prostitución inclusiva, en lugar de crear un rol de "asistente sexual" que implique la participación en el acto sexual. Asimismo, la idea de servicios sexuales gratuitos para personas con diversidad funcional es rechazada, ya que se percibe como caridad, lo cual va en contra de la visión de igualdad y autonomía.

Infografía sobre los derechos sexuales y reproductivos de personas con discapacidad

La Necesidad de Asistencia Personal y la Inclusión Social

Más allá de la asistencia sexual específica, las personas con diversidad funcional necesitan la figura de la asistencia personal. Sin este apoyo, se pierden muchas experiencias humanas fundamentales. Por ejemplo, la posibilidad de ir a un bar y seducir a alguien, con el riesgo de éxito o fracaso, es un aprendizaje humano universal. Sin la asistencia personal, la participación en estas realidades sociales se ve limitada, lo que a su vez excluye a las personas con diversidad funcional del imaginario social en el ámbito sexual y erótico.

Reconocer a las personas con diversidad funcional como parte integral de la sociedad implica verlas como sujetos sexuales y eróticos con los mismos derechos y oportunidades de exploración y disfrute.

Campañas y Avances en la Visibilización de la Sexualidad y Discapacidad

La promoción de los derechos sexuales y reproductivos, la anticoncepción, la prevención del embarazo y la parentalidad en personas con discapacidad han sido temas centrales en encuentros recientes a nivel nacional. En Chile, por ejemplo, campañas recientes buscan romper el tabú y la infantilización que existe en la sociedad chilena respecto a la sexualidad de las personas con discapacidad. Estas iniciativas, que surgen de la voz de las propias personas con discapacidad, buscan entregar material accesible para promover la conversación y la educación.

Foto de una persona con discapacidad participando en una actividad social inclusiva

Desafíos y Avances en América Latina

La falta de información no es el único vacío; también existen barreras físicas y sociales que impiden una vida sexual plena. Para abordar esto, profesionales chilenos han creado la silla sexual inclusiva "Full Life", diseñada para personas con movilidad reducida. Esta innovación busca facilitar las relaciones sexuales y abrir diálogos antes impensados en espacios clínicos y terapéuticos, promoviendo la autonomía y dignidad en la intimidad.

Además, el Ministerio de Desarrollo Social y Familia en Chile ha lanzado programas piloto para visibilizar la sexualidad de personas con discapacidad, enfatizando que negar la sexualidad es negar la identidad, autoestima y humanidad. Estas iniciativas buscan eliminar prejuicios y estigmas, habilitando la intimidad sin imponerla.

La Sexualidad en la Tercera Edad con Discapacidad

Es importante destacar que la sexualidad no es exclusiva de la juventud, y los adultos mayores también tienen deseos y necesidades sexuales. El psicólogo Rodrigo Jarpa, experto en sexualidad humana, enfatiza que la sexualidad tiene beneficios a nivel emocional, psicológico, físico e inmunológico, incluso en la tercera edad. El mito de que la menopausia marca el fin de la vida sexual para una mujer debe ser erradicado, y es vital conocer y aceptar los cambios del cuerpo a lo largo del tiempo, tanto en hombres como en mujeres.

Incluso personas muy mayores consultan por primera vez para tener un orgasmo o compran su primer juguete sexual a los 70 o más años, demostrando que el deseo y la búsqueda del placer sexual son una constante humana, independientemente de la edad o la discapacidad.

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