El presente artículo observa el proceso de inclusión/exclusión autorreferida de las personas mayores residentes en la Región Metropolitana en Chile, reconociendo cómo las distinciones sobre su entorno físico condicionan su participación en los distintos planos de la diferenciación funcional de la sociedad. Este estudio describe la relación entre las características del entorno físico-social del vecindario y las capacidades personales en la vida tardía, identificando los retos que enfrentan las personas mayores en el cumplimiento de metas y deseos en las actividades cotidianas, así como las oportunidades para mejorar la capacidad de vivir en el vecindario de forma independiente.
Desde la perspectiva de una geografía del envejecimiento, los hallazgos se relacionan con la gerontología ambiental e incluyen recomendaciones para el diseño urbano inclusivo. En suma, esta investigación ofrece una visión inclusiva e intergeneracional para construir vecindarios que atiendan a la diversidad de personas en situaciones reales.
Contexto Demográfico y Relevancia de la Inclusión Urbana
El interés por garantizar la satisfacción de las necesidades básicas en las zonas urbanas tiene especial relevancia en la población mayor, ya que la condición actual del espacio físico de la ciudad carece de adaptabilidad o estrategias de inclusión para la capacidad funcional en la vejez. La reflexión sobre la calidad con la que se viven los últimos años de la vida es crucial, dado el efecto combinado del aumento de la población urbana y de la esperanza de vida.
Al respecto, las proyecciones estiman que la cantidad de ciudadanos alcanzará los 9 700 millones de personas en el año 2050, experimentando un incremento del 40% en menos de cuarenta años. En el contexto latinoamericano, la población urbana alcanzará el 87%, y conforme las ciudades crecen, el ritmo de personas mayores va en aumento. Uno de cada cuatro latinoamericanos será una persona mayor en el año 2050; en términos absolutos, a los 41 millones existentes se sumarán 57 millones de personas mayores entre 2000 y 2025, y entre 2025 y 2050 el aumento será de 86 millones, a un ritmo medio anual del 3.5%.

Dado el envejecimiento de la población urbana total, una cuarta parte de esta requerirá de entornos que sean amables e inclusivos con las necesidades en la vida tardía, por lo que se necesitan cambios en la forma de planear y construir ciudades. Es por ello que, dentro de los retos más importantes para la creación de lugares amigables, la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2007) menciona que los espacios públicos son una manera de dar respuesta y desarrollar propuestas de inclusividad intergeneracional, ya que son importantes para generar el bienestar psicológico, y apoyar la autonomía y la seguridad. La ausencia de una planificación gerontológica puede empeorar la habitabilidad de los adultos mayores. En Chile y Colombia, en particular, se plantea un envejecimiento significativo, fenómeno que impacta las proyecciones sociales y económicas de los países y sitúa retos importantes para la atención a la población adulta mayor.
La Interacción entre el Individuo y el Entorno
Desde la segunda década del siglo XX, los sociólogos urbanos, psicólogos y ecologistas han investigado el comportamiento humano considerando que existe una combinación de fuerzas personales y ambientales; sus estudios proponen que cada persona interactúa con el espacio físico y el psicológico, es decir, con una dimensión subjetiva construida por la persona a partir de su interacción con el espacio. En la misma línea, Lewin (1935) considera que las personas no son un simple agente pasivo ante los estímulos, sino que actúan según el modo en el que los perciben en su interacción con el entorno.
El diagnóstico de las instalaciones y la vida del vecindario debe servir para comprender, confrontar y superar el fenómeno de inequidad o precariedad física y social que se vive en la ciudad actual. El vecindario es una piedra angular en el bienestar y la salud del adulto mayor, relacionado con el periodo de tiempo que transcurren en sus vecindarios, ya que muchos son jubilados y es probable que pasen más tiempo en el entorno inmediato a su vivienda, a diferencia de los jóvenes (Krause, 2004).
Los geógrafos enfatizan que cada aspecto de la persona mayor siempre debe entenderse situado en lugares dinámicos que son socialmente construidos. Por su parte, la gerontología ambiental centra sus esfuerzos en comprender, explicar y optimizar la interacción entre las personas mayores y su ambiente. Con base en su teoría ecológica de la competencia, indica que el entorno pone cierto grado de presión o estrés en los individuos.
En suma, la satisfacción de las necesidades humanas de la vida cotidiana en el vecindario y el bienestar de las personas mayores deben reflejarse en una vasta provisión de servicios que no estigmaticen a este grupo generacional. Además, deben brindarse oportunidades para preservar el bienestar físico, social y mental bajo una perspectiva de habitabilidad urbana sustentable, que incluye:
- Vivir saludable: Buena calidad del aire, disponibilidad de agua potable, drenaje eficiente, seguridad ante inundaciones y respuesta ante islas de calor, entre otras prioridades.
- Brindar seguridad: En el tráfico, contra los incendios, y prevenir el crimen.
- Fomentar la interacción social: Satisfacción equitativa entre el deseo y el logro de la privacidad y la interacción a diferentes horas del día (deseo de ver y ser visto).
- Controlar la propia vida: Social y natural, de forma transparente y legible para todos los habitantes y visitantes.

Dimensiones de un Entorno Inclusivo
Para lograr un envejecimiento positivo, activo y saludable en la escala del vecindario, se requiere comprender las condiciones físicas óptimas, como el tipo de calles, los espacios públicos, la legibilidad y la proximidad.
Entorno Físico Accesible
El entorno físico accesible se refiere a la facilidad de tránsito peatonal y a la disponibilidad de plazas, camellones, huertos comunitarios o jardines abiertos a una distancia caminable desde la vivienda. La literatura actual expone los efectos de las áreas verdes tanto para reducir el estrés calórico, causado por el efecto de enfriamiento en el microclima urbano, como para regular la temperatura de las personas mayores, ya que a mayor edad, el cuerpo tiene dificultad para regular la temperatura (Arnberger et al., 2017). Asimismo, el estudio longitudinal de Takano, Nakamura y Watanabe (2002) encontró asociación entre la existencia de espacios verdes próximos a la vivienda del adulto mayor y la longevidad; los resultados indican que vivir cerca de áreas verdes caminables puede aumentar la supervivencia en cinco años, teniendo en cuenta que la vegetación proporciona oportunidades para realizar actividades físicas y ofrece un ambiente confortable y agradable para los residentes.
La accesibilidad considera también la conectividad entre servicios; esto es, entre la vivienda del adulto mayor y los mercados públicos, bancos, servicios de salud, cafés, restaurantes, museos, galerías, espacios de fomento a la actividad física, salones de yoga, talleres de taichí, baile, caminata, etc. Por otro lado, se requieren medios de transporte asequibles que consideren a las personas en sillas de ruedas o con debilidad auditiva o visual, y que estén conectados con otros sistemas de transporte, cuestión que es esencial para todas las edades.
La movilidad y la accesibilidad de la ciudad son primordiales para que los diversos grupos que la habitan tengan acceso a todos los espacios urbanos. Es importante subrayar que las medidas de tránsito y transporte son un componente crucial para la vida de sus usuarios, pero particularmente para las personas mayores, pues estas tienen tres veces más probabilidades de morir en un accidente de tránsito que las jóvenes. Más aún, el riesgo de ser vulnerado se incrementa con la pérdida de equilibrio mientras se está realizando una actividad; por ello, el entorno es un factor clave: las banquetas irregulares o resbaladizas, las escaleras estrechas sin pasamanos y la iluminación inadecuada, son puntos que se deben atender con especial consideración a las dificultades humanas en la vida tardía. Las estimaciones sugieren que entre un tercio y la mitad de todas las caídas en las personas mayores en la comunidad se deben a factores ambientales.
Envejecimiento, accesibilidad y diseño universal: entornos y productos amigables con los mayores
Entorno Social Integrador
El entorno social integrador se refiere a las características que facilitan las relaciones sociales y fomentan la seguridad y la solidaridad entre las generaciones dentro del vecindario; es decir, los lazos afectivos y cognitivos que se forman con base en la percepción sobre las condiciones de los espacios en su uso cotidiano (Whal y Gitlin, 2007). En este sentido, las características de apego al lugar, familiaridad y percepción de seguridad en el vecindario ayudan al fortalecimiento de la capacidad física y la promoción de oportunidades que propicien estilos de vida saludable. Por ello, la forma en la que se otorga sentido a los espacios habitados está asociada al vínculo afectivo que se desarrolla en los largos periodos de exposición a un lugar (Rowles, 1978). En la misma línea, los espacios familiares se asocian con recuerdos de los olores y los sonidos de las actividades comunitarias y de los placeres hogareños adquiridos a través del tiempo (Tuan, 1977).
El entorno natural ha demostrado favorecer el bienestar en la vida tardía; entre sus efectos se encuentran: reducir el estrés, disminuir la fatiga mental y mejorar la capacidad de concentración (Kaplan, 1995). De igual modo, la disponibilidad de equipamientos de ocio constituye una oportunidad importante para que las personas mayores puedan acudir a talleres ocupacionales, conciertos gratuitos o realizar alguna actividad física, cuestiones que también favorecen el bienestar psicológico (Yung, Conejos y Chan, 2016). Llevar una vida activa tiene efectos terapéuticos en el bienestar, tanto en la depresión como en la ansiedad (Teixeira, Vasconcelos-Raposo, Fernández y Brustad, 2013).
Por su parte, Alves y Sugiyama (2006) definen que durante el proceso de envejecimiento existe una pérdida gradual de roles sociales, atribuida a la muerte de amigos y familiares, y por consiguiente es de gran importancia fomentar espacios de interacción entre vecinos, para que estos construyan o mantengan lazos sociales que puedan proporcionar nuevos roles con efectos positivos en su bienestar. En un estudio a gran escala en Japón y Estados Unidos, se demostró que las personas mayores con mayor número de contactos sociales reportan menos síntomas depresivos (Sugisawa, Shibata, Hougham, Sugihara y Liang, 2002).
La atractividad, entendida como el poder del espacio público para atraer a la gente (Gunn, 1988), influye directamente en el bienestar. Para analizar el grado de atractividad de un espacio público, el estudio de Sánchez-González y Cortés-Topete (2016) propone una serie de atributos en la esfera física: calidad ambiental, proximidad, movilidad, equipamiento, legibilidad y áreas verdes. El caso de estudio consideró que las percepciones sobre las condiciones del entorno urbano están basadas en características personales, como edad, educación, acceso a la vivienda, etc., cuestión que fue propuesta por Föbker y Grotz (2006), y que estas percepciones ayudan a determinar la calidad del lugar para proveer oportunidades de realización de actividades cotidianas en la vejez. Entre sus resultados destaca la importancia de la familiaridad como un facilitador de la vida en el vecindario, la agradabilidad de las experiencias, la proximidad y la disponibilidad de mobiliario urbano. Este asunto concuerda con los hallazgos de Li, Fisher, Brownson y Bosworth (2005) sobre la contribución de los motivadores de uso del entorno construido próximo a las viviendas.
Por consiguiente, ambos ámbitos del análisis de las experiencias de los entornos deben apoyarse en múltiples metodologías que, por un lado, recolecten información con grupos focales o con las percepciones individuales de la usabilidad de las condiciones físicas del vecindario; y, por el otro, en información recolectada en sitio: observaciones directas, uso de fotografías, vehículos aéreos no tripulados, análisis de datos abiertos de información geográfica, mapeos colectivos de las barreras urbanas, disponibilidad de banquetas, paradas de autobús, áreas verdes, etc.
Desafíos del Diseño Inclusivo y Modelos de Funcionalidad
El reto para las futuras líneas de investigación recae en analizar la experiencia de la interacción de las necesidades cognitivas, perceptivas y de movimiento según la población a servir en cada vecindario. Esta perspectiva se basa en dos premisas: en primer lugar, existe una diversidad considerable en la capacidad mental y física tanto en la población en general como a lo largo de la vida, por lo que la asociación de “normalidad” con “capacidad física” no es exacta ni aceptable. En segundo lugar, la discapacidad surge de las interacciones con el ambiente circundante, que son susceptibles a intervenciones estructurales o de diseño, y no inherente a los niveles de capacidad, estado de salud o grado de deterioro de los individuos (Clarkson y Coleman, 2015). En la misma línea, Hanson (2004) menciona que el entorno urbano representa el ejemplo más concreto de cómo las personas con alguna limitación llegan a ser discapacitadas debido a las barreras de acceso en el entorno construido y no precisamente por sus impedimentos.
Ahora bien, teniendo en cuenta que el diseño inclusivo puede ser un estímulo, en las estrategias que consideran la optimización de oportunidades para realizar diversas actividades es de vital importancia reconocer y atender las vulnerabilidades debidas a la edad, las situaciones de riesgo que se viven actualmente en la ciudad y la discriminación. Es por ello que la estrategia de inclusión intergeneracional debe comprender su cualidad multidimensional y reconocer la susceptibilidad de las personas ante eventos negativos, así como su capacidad de respuesta a estos, según su disponibilidad de recursos, resiliencia, capital social y redes de apoyo no institucionales e institucionales (Sánchez-González y Egea Jiménez, 2011).
En cuanto a la conceptualización de los diseños libres de barreras dentro del marco del rendimiento humano, la clasificación del funcionamiento humano del modelo habilitador de Steinfeld (1979) sirve como base para la operacionalización de los conflictos físicos, ya que todas las personas operan dentro de un rango de habilidades, según su edad. El ideograma habilitador (enabler) es usado como método para identificar problemas y facilitar la toma de decisiones de diseño. El modelo representa cuatro áreas generales de la discapacidad humana:
- Funcionamiento mental
- Sentidos
- Regulación corporal interna
- Discapacidad motora
Estas áreas abarcan 15 específicas de discapacidad, y con ellas se determina el impacto que tienen las barreras ambientales en las personas con diversas limitaciones funcionales. El modelo consiste de dos partes separadas que, cuando se combinan, conceptualizan el grado de accesibilidad de un determinado entorno físico en relación con un determinado individuo.

Un trabajo revisado corresponde a un análisis de los retos del diseño inclusivo en China y en los resultados de la investigación en el campo (Lu y Zhang, 2017). Este modelo es relevante ya que, a pesar de estar propuesto para un país asiático, está en consonancia con los actores presentes desde el sector privado al público y con las escalas pertinentes en la planificación y prácticas de diseño. La pirámide contempla que se puedan establecer acciones conjuntas desde los responsables políticos con la promulgación de iniciativas legislativas en el nivel macro, seguida por acciones que apoyen al diseño urbano con las publicaciones de líneas rectoras y herramientas de diseño.
Marco Normativo y Políticas Públicas para la Inclusión
Podemos constatar que a nivel global no se ha consagrado plenamente el modelo de derechos humanos de las personas mayores. Por ejemplo, en un estudio realizado para dieciséis sesiones de ocho comités de derechos humanos de Naciones Unidas, de un total de 3.101 recomendaciones, solo 23 hicieron referencia específica a expresiones como "persona de edad" o "persona mayor", lo que representa un 0,74% del total. El mismo vacío normativo se ve reflejado en la Agenda 2030, ya que en esta solo el 1,77% de las metas y el 0,41% de los indicadores mencionan a las personas mayores.
En resumen, hay insuficiente visibilidad de la persona mayor en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), sus metas e indicadores. A pesar de esta falta de visibilidad, la universalidad, indivisibilidad e interdependencia de los derechos humanos proveen de una base medular inalienable, imprescriptible, inderogable e irrenunciable para un desarrollo social plenamente sostenible, inclusivo y accesible. Este desarrollo debe estar guiado por los derechos humanos, y pensar en un instrumento internacional sobre los derechos de las personas mayores es de decisiva importancia en la actualidad.
Los derechos humanos y la Agenda 2030 sobre Desarrollo Sostenible deben llevarnos a un esfuerzo conjunto en pro de la plena inclusión social, política y económica de las personas “sin dejar a nadie atrás”. Es indispensable reconocer la fluida interacción entre estos poderosos ámbitos, ya que hoy no es posible concebir su implementación por caminos separados e independientes. Por lo mismo, identificar a las personas mayores como titulares de derechos en una Convención específica que consagre el modelo de derechos humanos para ellos, daría visibilidad, soporte y fuerza a su conexión con el desarrollo sostenible.
Si bien a nivel de Naciones Unidas no existe una convención al respecto, algo diferente ocurre a escala regional. A nivel americano contamos con la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores. Desde el año 2015 contamos con la Agenda 2030 sobre Desarrollo Sostenible, que se basa en la persona, el planeta, la prosperidad y la paz. A su vez, la agenda tiene un fuerte soporte en los derechos humanos y libertades fundamentales de las personas.

Para lograr la plena inclusión de las personas mayores en el desarrollo sostenible, la Agenda 2030 indica ciertas condiciones previas:
- ODS 1: Poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo. Esto implica implementar a nivel nacional sistemas y medidas apropiados de protección social para todos, incluidos niveles mínimos, y, de aquí a 2030, lograr una amplia cobertura de las personas pobres y vulnerables (Meta: 1.3).
- ODS 3: Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos a todas las edades. Lo que incluye lograr la cobertura sanitaria universal, la protección contra los riesgos financieros, el acceso a servicios de salud esenciales de calidad y el acceso a medicamentos y vacunas inocuos, eficaces, asequibles y de calidad para todos (Meta 3.8).
Estas y otras metas tienen estrecha relación con la vida de las personas mayores y, por ser parte de la Agenda 2030, se traducen en indicadores medibles que pueden abrir el camino a modificaciones legales y a políticas públicas nacionales para que “no se deje atrás” a las personas mayores.
Accesibilidad y Movilidad
A fin de garantizar la accesibilidad y la movilidad personal de la persona mayor para que pueda vivir en forma independiente y participar plenamente en todos los aspectos de la vida, los Estados Parte adoptarán de manera progresiva medidas pertinentes para asegurar el acceso de la persona mayor al entorno físico, el transporte, la información y las comunicaciones. Estas medidas incluirán la identificación y eliminación de obstáculos y barreras de acceso.
Capacidad Jurídica
Los Estados Parte reafirman que la persona mayor tiene derecho al reconocimiento de su personalidad jurídica y reconocerán que la persona mayor tiene capacidad jurídica en igualdad de condiciones con las demás en todos los aspectos de la vida. Para ello, adoptarán las medidas pertinentes para proporcionar acceso a la persona mayor al apoyo que puedan necesitar en el ejercicio de su capacidad jurídica. Los Estados Parte asegurarán que en todas las medidas relativas al ejercicio de la capacidad jurídica se proporcionen salvaguardias adecuadas y efectivas para impedir los abusos de conformidad con el derecho internacional en materia de derechos humanos.
Inclusión Política
La inclusión política va más allá del ejercicio del derecho a voto. Es indispensable garantizar la práctica de la libertad de expresión y de opinión a nivel individual y grupal de las personas mayores, pasando por el fomento de la asociatividad y llegando a los cargos de representación en distintos niveles. En la misma línea, las consultas ciudadanas deben incorporar a los dirigentes y a las personas mayores en general, aun cuando no tengan cargos, de modo de rescatar la diversidad de este sector. Aún más, es necesaria la generación de consejos consultivos de personas mayores que tengan independencia y generen insumos para la producción de políticas públicas de manera transversal, no solo en lo referido a personas mayores sectorialmente.
En otra arista, es necesario generar protocolos claros y sencillos para que la persona mayor se instruya respecto a sus derechos. En este sentido, se requiere mayor capacitación de las personas mayores, los dirigentes de sus organizaciones y los profesionales de atención directa sobre los mecanismos para la exigibilidad de los derechos y su defensa.
Inclusión Económica
En el ámbito de inclusión económica, la inclusión laboral es fundamental. Para ello, son indispensables programas que faciliten la contratación de personas mayores en el sector privado y público. Un factor relevante en esta dimensión es considerar la flexibilidad laboral. También puede darse apoyo a los trabajos por cuenta propia, emprendimiento empresarial y cooperativas.
Acceso a la Justicia y Lucha contra la Discriminación
Para un verdadero desarrollo, es indispensable el acceso práctico a la justicia por parte de las personas mayores. En una línea similar a la de la Convención, la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible se ha ocupado especialmente de los derechos civiles y políticos en el ODS 16, el cual explicita el acceso a la justicia para todos como un pilar del estado democrático de derecho, inclusivo, en paz y con gobernanza. Cabe destacar que este ODS señala metas para eliminar la violencia, el maltrato y la discriminación, que son hechos y delitos que muchas veces tienen como víctimas a las personas mayores. Las empresas deben adoptar un compromiso político explícito reflejado en políticas y procedimientos para proteger los derechos humanos, incluyendo evaluaciones de impacto de sus actividades, por ejemplo, contribuyendo a la accesibilidad universal de las ciudades y otros asentamientos humanos (ODS 11).
Estrategias de Implementación
Para avanzar en la inclusión de las personas mayores, se sugiere capacitar a la sociedad civil en la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores y sus vínculos con la Agenda 2030 sobre Desarrollo Sostenible, para la producción de informes complementarios a los informes de los Estados. Asimismo, es crucial formar un grupo de trabajo que aborde estas temáticas, creando estrategias específicas.