Argumentos en Contra de Aumentar la Edad de Pensión

El debate sobre el aumento de la edad de jubilación, actualmente fijada en 65 años para hombres y 60 para mujeres en Chile, ha resurgido con fuerza en los últimos días, impulsado por informes de organismos internacionales y propuestas de la industria de pensiones. Sin embargo, diversas voces, desde el gobierno hasta movimientos sociales y expertos, han expresado argumentos contundentes en contra de esta medida, resaltando sus implicaciones sociales, económicas y de género.

El Posicionamiento del Gobierno y la Sociedad Civil

La ministra del Trabajo y Previsión Social, Jeannette Jara, ha sido enfática al declarar que “el Gobierno no va a acoger esa propuesta” de aumentar la edad de jubilación, manteniendo la edad actual en el proyecto de ley. Esta postura contrasta con la propuesta de la presidenta de la Asociación de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), Paulina Yazigi, quien sugirió modificar la edad de jubilación, agregando dos años gradualmente hasta los 77 años.

Frente a estas afirmaciones, el movimiento "No + AFP" ha catalogado la propuesta de aumento de la edad como oportunista. Carolina Espinoza, dirigenta de Confusam y vocera de "No + AFP", considera que tales declaraciones demuestran una “absoluta desconexión” de la élite con la realidad de la fuerza laboral chilena, en particular las escasas opciones de trabajo para personas mayores de 50 años. Para el movimiento, es necesario aumentar la cotización, pero “en ningún caso aumentar la edad de jubilación”, ya que esto solo responde a una campaña para defender a la industria y no para mejorar las políticas de seguridad social.

Imagen de una protesta del movimiento

Disparidad de Género y su Impacto en las Pensiones

Uno de los argumentos centrales en contra del aumento de la edad de jubilación, especialmente para las mujeres, radica en la significativa brecha de género en los montos de las pensiones. Una economista detalla que una mujer que cotiza la misma cantidad de años y por el mismo sueldo que un hombre, tendrá una pensión un 42% menor. Esto se debe a que las mujeres deben repartir su ahorro previsional por diez años más que los hombres, ya que pueden jubilarse cinco años antes (60 vs 65) y son más longevas.

La expectativa de vida en Chile para las mujeres a los 60 años es de 31 años más, lo que implica que su ahorro individual debe distribuirse en un período más extenso. Este factor, combinado con un menor acceso al mercado laboral formal (43% de hombres en edad de trabajar cotizan, frente al 30% de mujeres), profundiza la desigualdad. Un ejemplo ilustrativo muestra que una mujer que se jubila a los 60 años con un sueldo de $500.000 obtiene una pensión autofinanciada de $190.213, mientras que si pospone su retiro a los 65 años sin trabajar, su pensión aumenta a $251.813. En contraste, un hombre con el mismo ahorro y que se jubila a los 65 años, recibiría $300.365.

Pensiones y la brecha de género: un desafío estructural para México

La justificación histórica de una edad de jubilación diferenciada para las mujeres, como una compensación por la "doble carga" (empleo remunerado y responsabilidades de cuidado), es cuestionada, ya que en la práctica las termina perjudicando. Se aboga por la corresponsabilidad en el cuidado de hijos y del hogar, compartida equitativamente entre hombres y mujeres.

La realidad de las mujeres jubiladas

Muchas mujeres expresan su frustración y preocupación. Una mujer que jubiló a los 60 años con una "pensión paupérrima" de alrededor de $200.000 después de más de 25 años de trabajo, se ve obligada a seguir trabajando. La incomprensión aumenta al comparar esta situación con mujeres que no tuvieron imposiciones y reciben un monto mayor a través de la Pensión Garantizada Universal (PGU) a los 65 años. La necesidad de esperar hasta los 65 para optar a la PGU, a pesar de tener una pensión base baja, es percibida como injusta.

La falta de oportunidades laborales para personas mayores de 55 o 60 años también es una preocupación. Una mujer de 61 años con profesión relata la imposibilidad de conseguir un trabajo estable, lo que resalta la necesidad de cambiar la cultura chilena para valorar la experiencia y no considerar "incapaces" a los mayores.

Críticas al Sistema de Capitalización Individual y la Percepción de las AFP

Desde la perspectiva de la sociología, María José Azócar de la Fundación SOL subraya que el sistema previsional chileno vigente refuerza la desigualdad social al basarse en un modelo de capitalización individual, sin mecanismos de redistribución solidaria. Esto se traduce en pensiones insuficientes para la mayoría.

La exministra del Trabajo, Alejandra Krauss, interpreta las declaraciones de las AFP sobre la necesidad de trabajar hasta edades avanzadas como un “reconocimiento explícito del fracaso de su modelo”. Argumenta que si la solución propuesta es trabajar hasta los 100 años, el modelo debe ser cambiado por uno de seguridad social. Se recuerda que las AFP prometieron jubilaciones del 75% o más de los últimos sueldos, promesas que no se han cumplido.

Gráfico comparativo de las pensiones promedio en Chile para hombres y mujeres, mostrando la brecha.

La población expresa indignación por un sistema que consideran un "negocio que favorece a unos pocos" y no es correcto ni aceptable que opere con fines de lucro. Muchos ciudadanos sienten que los gobiernos se han demorado en realizar modificaciones significativas, priorizando a los "inversionistas" en lugar de a los trabajadores, quienes son los verdaderos "inversionistas obligados" sin posibilidad de elegir dónde colocar sus fondos.

Realidad Laboral y Desconexión con la Élite

Alejandra Cox, presidenta de la Asociación de las AFP, aludió a casos como Nicanor Parra, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet para sugerir que las personas deberían mantenerse activas laboralmente "hasta que la salud lo permita". Sin embargo, estas declaraciones son vistas como una demostración de la "absoluta desconexión" con la realidad de la fuerza laboral chilena, donde las opciones de trabajo para mayores de 50 años son escasas y las condiciones laborales, especialmente en oficios físicamente exigentes, son muy diferentes.

Expertos como María José Azócar destacan que la fijación de la edad de jubilación es una construcción social y el resultado de una disputa de poder. Resalta que en países con una sólida red de protección social, las condiciones para llegar a la vejez y trabajar más años son muy distintas a las de Chile, donde el sistema social apenas funciona y las pensiones son insuficientes.

Propuestas Alternativas y Reflexiones

En lugar de aumentar la edad de jubilación, se plantean otras soluciones. Fernanda de Santiago, periodista de 26 años, sugiere que "quizás lo mejor no es aumentar la edad de jubilación, sino aumentar el porcentaje de la cotización que va al fondo solidario" para fomentar la cooperación entre las personas. El gobierno chileno, de hecho, ha propuesto una reforma previsional que combina ahorro privado con un sistema estatal solidario, con aportes adicionales de los empleadores destinados a cuentas individuales y a un fondo común para apoyar a mujeres y personas con bajos ingresos, sin contemplar un aumento de la edad de jubilación.

Otros, como Diva, de 65 años, piensan que una edad tope de 67 años es "mucho" y que debería ser opcional, permitiendo que quien quiera y pueda trabajar más, lo haga, pero sin obligación. Pedro Aparicio Ulloa, estudiante de ingeniería civil, apoya el principio de la voluntariedad, distinguiendo entre trabajar por necesidad (a menudo en empleos mal remunerados) o por gusto.

El problema fundamental de las bajas pensiones en Chile se atribuye a los "malos sueldos" y a una "sociedad creditista" que mantiene a gran parte del país en una situación precaria y endeudada. Se propone la discusión de un "salario social" que incluya alimentación, vivienda, salud y educación, para asegurar una vida digna y un futuro más allá del trabajo.

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