Sename: ¿Una Escuela de Delincuencia? La Cruda Realidad de la Infancia Vulnerada en Chile

La crisis del Servicio Nacional de Menores (Sename) en Chile ha revelado una compleja y dolorosa realidad sobre la infancia vulnerable en el país. Las cifras de muertes, los casos de abusos y la ineficacia del sistema para proteger y reinsertar a los niños y adolescentes han generado indignación y un urgente llamado a la acción. Este problema no es atribuible a un solo gobierno, sino que ha abarcado a administraciones de la Concertación, la Alianza y la Nueva Mayoría, evidenciando una falla sistémica y prolongada en el tiempo.

La Trágica Realidad del Sename: Muertes y Abusos

Ha causado indignación que más de mil niños hayan muerto estando bajo custodia del Sename entre 2005 y 2016. Esta cifra, que alcanza los 1.313 fallecimientos desde 2005, no puede ser una más en la danza macabra de tragedias. Recientemente, un informe solicitado por la Comisión Investigadora de Sename II de la Cámara de Diputados reveló que 185 niños murieron bajo la custodia del servicio entre 2005 y 2016.

Un lapidario informe de la PDI de 2017, que investigó 240 hogares de menores, concluyó que el Estado de Chile viola sistemáticamente los derechos de los niños bajo su tutela. En el 100% de los centros administrados directamente por el Sename y en el 88% de los gestionados por particulares se constataron 2.071 abusos, 310 de ellos con connotación sexual. Lo grave es que este informe policial, entregado a la Fiscalía en diciembre de 2018 con copia al gobierno, no se hizo público en su momento. El mismo documento indica que en el 100% de los centros que dependen directamente del Sename se han cometido "de manera permanente y sistemática acciones que lesionan los derechos de los niños, niñas y adolescentes".

Infografía: Cifras de muertes y abusos en centros del Sename

Violencia y Maltrato Dentro de los Centros

Dentro de los centros, la violencia es una constante. En cuanto a violencia física o psicológica entre pares, 189 niños reconocieron haber sido víctimas de esto "muchas veces" en el último año, lo que representa el 48,4% de los encuestados; es decir, uno de cada dos niños sufre violencia reiterada entre pares. El estudio también identificó 23 casos de abuso sexual revelados por los mismos niños y niñas entrevistados, ocurridos en el último año, lo que corresponde a un 6,8% del total.

Un 22,1% de los centros no vive separado entre adolescentes y niños, mientras que un 23,4% no vive separado por sexo, a veces priorizando características de personalidad en lugar de edad o sexo para la distribución. La trabajadora social, académica e investigadora Sonia Brito afirma que los niños y adolescentes han sido gravemente vulnerados en sus derechos, experimentando violencia en cualquiera de sus manifestaciones: física, psicológica, económica, sexual, entre otras. Como resultado, los jóvenes transcurren sus vidas con una desesperanza aprendida, sin confiar en adultos ni en instituciones.

Misael Ortiz relata su experiencia en el Sename como "muy mala", marcada por peleas, robos y drogas. Felipe Benavides, otro joven que pasó por el sistema, también experimentó situaciones similares, con abandono del padre e inicio delictual desde niño. En el Centro de Internación Provisoria de San Joaquín, Daniel Ballesteros fue apuñalado en su dormitorio por otros internos a los 17 años, a pesar de haber alertado sobre amenazas. Su madre, Eliana Pérez, relató que Daniel le había contado sobre las relaciones de poder, las agresiones constantes, las drogas y los celulares en el lugar, convirtiendo el centro en una copia de una cárcel común, con jerarquías de "vivos", "perros" y "perkins".

Deficiencias en Protocolos y Fiscalización

El equipo policial estableció que el 44,5% de los centros no cumplen con los protocolos mínimos exigidos por el Sename. Los resultados son aterradores: el 72,9% de los centros a nivel nacional no cuenta con protocolo ante conductas suicidas, y un 76,7% no cuenta con protocolo para "sujeción y contención física frente a desajustes conductuales". Esto es especialmente grave considerando que la muerte de Lissette Villa fue precisamente por errores en la contención de una crisis. La gran mayoría de los hogares tampoco contaba con un protocolo de acción ante el fallecimiento de un menor.

Aunque el 98,3% de los centros recibe una fiscalización periódica por parte del Sename, estas supervisiones son coordinadas previamente, lo que podría afectar la veracidad de lo observado. Los tribunales de familia también deben fiscalizar los centros cada seis meses, pero la PDI confirmó que dos hogares solo recibieron visitas anuales.

Salud Mental y Cuidado Inadecuado

La cifra de menores a cargo del Sename que padecen alguna enfermedad psiquiátrica es altísima: el 37,3% de los residentes. Además, un 14,2% presenta alguna patología médica, el 13,9% sufre una enfermedad crónica y el 0,4% está en estado terminal o en evidente riesgo vital. Un 19,8% presenta algún tipo de discapacidad.

El desglose de esta situación es preocupante: 42 centros no tienen un encargado de salud, y en 198 centros que sí cuentan con uno, la función es ejercida por funcionarios sin el perfil necesario. En 55 centros, la labor es realizada por un técnico de un área distinta a la salud. Respecto a la administración de fármacos, en 159 centros (el 66,3% del total), la persona encargada en jornada diurna es un educador de trato directo sin la formación profesional ni técnica en el área de la salud, a quien solo se le exige cuarto medio rendido para ser contratado. Esto se agrava si se considera que el 93,8% de los centros del Sename "no cuenta con las condiciones estructurales necesarias para el cuidado de residentes con perfil clínico y/o de casos complejos".

La Relación entre Marginalidad Infantil, Delito y Prisión

Varios estudios han demostrado una fuerte correlación entre la marginalidad infantil, la vulnerabilidad y la posibilidad de vínculo con el delito y el ingreso en prisión. Pilar Larroulet en un estudio reciente, señala que un 27% de las personas privadas de libertad declara haber estado en el Sename como medida de protección de derechos, y un 36% por infracción de ley. Además, casi un 30% reportó haber vivido en la calle antes de cumplir 18 años.

La Ley 20.084, de Responsabilidad Penal Adolescente, buscaba reinsertar a adolescentes y jóvenes infractores. Sin embargo, el 61% de quienes ingresaron al Sistema de Justicia Juvenil egresó antes de completar algún programa de protección del Estado, y el 47% de los adultos en la cárcel pasó previamente por el Sename. La falta de acceso a salud mental dentro de los Centros de Internación Provisoria y Régimen Cerrado (CIP-CRC) ha agravado la situación.

Niños En Prisión Alrededor Del Mundo: Realidades Detrás De Las Rejas | Crimen e Investigación

El Sentido de la Prisión y la Prisión Parental

La evidencia empírica internacional ha demostrado el nulo efecto reparador que tiene la cárcel. La prisión parental es un factor de riesgo para un amplio conjunto de problemas en niños y adolescentes, incluyendo comportamiento delictivo, problemas de salud mental, abuso de drogas, fracaso académico, deserción escolar y desempleo. Es imperativo cuestionarse el sentido de la prisión de quienes cuidan a los niños y los dejan a la deriva cuando son encarcelados.

Una persona en prisión cuesta al Estado aproximadamente tres veces lo que se asigna por niño al Sename. En Chile, dos tercios de los niños vivían solamente bajo el cuidado de la madre cuando esta fue detenida, siendo el porcentaje que vivía con el padre muy menor. Es fundamental preguntarse qué sucede con esos niños entre la prisión de la madre y su eventual llegada a hogares del Sename.

Factores de Riesgo y Perfil de los Jóvenes Infractores

Juan Carlos Cornejo, Educador de Trato Directo del Centro de Internación Provisoria Tiempo Joven, explica la multicausalidad de factores que influyen en las conductas delictivas. Gines Alvarado, gestor de redes en el mismo centro, describe que los adolescentes provienen en alto porcentaje de comunas de sectores populares con alta densidad poblacional y pertenecen a familias donde alguno de los padres ha abandonado el hogar, sumado al consumo de drogas por parte de estos, presentando escasas reglas y normativa en el entorno familiar.

Francisco Jara, Educador Diferencial con 30 años de experiencia en el Centro Tiempo Joven, profundiza en el perfil de los jóvenes, muchos de ellos llevando una vida delictual desde muy temprana edad, a veces desde los ocho años. Muchos carecen de hábitos y provienen de familias disfuncionales, donde "robar era un patrón, parte de la vida cultural".

La Fallida Reinserción y la Necesidad de un Enfoque Integral

La psicóloga Fernanda Salvo, tomando como referencia informes del Ministerio de Justicia y Gendarmería de Chile, define la reinserción social como un proceso sistemático de acciones orientado a favorecer la integración a la sociedad de una persona condenada por infringir la ley penal. Sin embargo, la efectividad de estos programas ha sido cuestionada.

Los datos muestran cómo el sistema ha fallado a Misael y Felipe, y a muchos otros adolescentes, al no lograr reinsertarlos socialmente a pesar de los diferentes programas existentes. Misael relata que su experiencia en el Sename fue muy negativa, llena de inseguridad y peligros, lo que lo llevó a escaparse en varias ocasiones. Él expresa: "Ya no quería más esto para mi vida, no quería seguir en hogares encerrado estando con otras personas". Felipe, por su parte, confiesa no haber aprendido nada útil para su vida adulta en los talleres de los Centros de Internación.

Críticas al Sistema Actual

La periodista y escritora Alejandra Michelsen, directora de la Fundación ITACA, que trabaja en reinserción, afirma que el 47% de las personas adultas en la cárcel estuvieron en hogares del Sename. Para ella, el problema no es solo aumentar las plazas o el número de profesionales, que son insuficientes, sino crear políticas de Estado que aborden el proceso en su conjunto. Misael también relata la falta de un apoyo real y significativo por parte de asistentes sociales y psicólogos en los centros.

Sonia Brito, al ser consultada sobre el porcentaje de jóvenes infractores que logran reinsertarse socialmente, menciona que es una cuestión de debate debido a la baja incidencia. Comelin Fornés afirma que el trabajo con jóvenes que han infringido la ley penal "no es un trabajo simple. Debe ser abordado con profesionales de alta especialización y con equipos consolidados que eviten la rotación laboral de sus componentes".

Foto: Jóvenes participando en talleres de reinserción

Hacia un Modelo de Justicia Restaurativa y la Colaboración Social

La nueva Ley cambia el foco de trabajo, reconociendo a adolescentes y jóvenes como sujetos de derechos y actores sociales, por lo cual es la sociedad en su conjunto la que debe contribuir en el proceso de reinserción. La propuesta de un modelo de justicia restaurativa es el sistema ideal para tener mayores posibilidades de éxito y lograr la reinserción de manera efectiva, garantizando una verdadera reparación para el victimario y su entorno, evitando el círculo vicioso de condenas y liberaciones que no favorecen a nadie.

Alejandra Michelsen asegura que, para lograr un mayor porcentaje de reinserción, es necesario que toda la sociedad colabore y deje atrás la idea de que el encierro como método de castigo es efectivo. Ella sostiene: "Hay que convencerse, a todos nos da miedo la delincuencia ¿Cierto? La sociedad debe tomar conciencia que el tema de la reinserción es una tarea de todos, no solo de los jóvenes infractores de ley". Misael y Felipe comenzaron a transitar hacia la reinserción solo cuando organismos privados o fundaciones como ITACA jugaron un rol de acompañamiento, ayudándolos a iniciar un proceso de liberación de culpas y reconexión consigo mismos.

La Urgencia de un Cambio de Paradigma

Es urgente intervenir el servicio, profesionalizándolo, liberándolo de operadores políticos y mejorando notablemente las políticas públicas relacionadas con la infancia, donde se producen las desigualdades y las diferencias. El Sename requiere desde hace décadas un cambio de gestión y estructura que le permita actuar de manera eficiente en su tarea de proteger a niños y adolescentes con trastornos familiares y rehabilitar a los que han cometido delitos. Se requiere poner atención a los problemas adyacentes que inciden directamente en que los niños lleguen al Sename y, más aún, en que salgan del Sename a la calle o la cárcel.

La academia también ha puesto el foco en la crisis. Ximena Illanes y Miguel Morales, de la Universidad Católica, resaltan la necesidad de una perspectiva histórica para comprender el abandono de la infancia y proponen estrategias futuras que se relacionen con la conservación de los vínculos existentes, ya sea involucrando a las familias o al personal que convive diariamente con los niños. Además, sugieren que las instituciones del Sename deberían ir más allá de la protección y restitución de derechos, ofreciendo una mirada de la infancia como parte integrante y partícipe de la construcción de una sociedad.

Un Sistema Perverso y la Oportunidad de Cambio

Se ha creado un sistema perverso donde a cada centro colaborador del Sename se le asigna una subvención por cada niño que mantiene, generando un nefasto estímulo para mantener a los niños dentro de esos centros y no hacer nada por su reinserción. Además, no hay separación de niños que llegan a centros del Sename por conductas delictivas de aquellos que han llegado por medidas de protección ante violencia, abuso o abandono.

Un informe de observación a centros residenciales del Sename reveló que más de 90 mil menores de edad en Chile pueden vivir una difícil realidad, con un 48,4% sufriendo violencia reiterada entre pares y un 6,8% siendo víctimas de abuso sexual. La falta de condiciones estructurales para el cuidado de residentes con perfil clínico o casos complejos es generalizada.

Como sociedad y como Estado, nos hemos acostumbrado a una situación que se ha complejizado, dando respuestas burocráticas e insuficientes, y prefiriendo pasar por alto la realidad. Hoy, más que nunca, se tiene la oportunidad de poner fin a esta pesadilla, admitiendo que como Estado y como país, se ha fallado a estos niños, cuya única culpa o error fue haber nacido en condiciones de pobreza extrema y alta victimización.

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