Definición y Orígenes de la Adulación
La adulación se define como el acto de halagar a alguien con el propósito de obtener algún favor, beneficio o prebenda.
Esta práctica, arraigada en las relaciones sociales, ha sido objeto de estudio desde la antigüedad. La filosofía política de las pasiones, particularmente en pensadores como Maquiavelo, Locke y Hobbes, ha analizado sus efectos.
La Adulación en el Ámbito Político y Cortesano
Históricamente, la adulación ha sido una actividad tipificada en el ámbito cortesano, donde el adulador tenía la función específica de aprobar y halagar al gobernante.
Ejemplos literarios de esta figura se encuentran en obras como Timón de Atenas, atribuida parcialmente a Shakespeare, o en la representación de Ricardo III en sus inicios como Duque de Gloucester, y en Polonio en Hamlet, donde la adulación se presenta de manera paródica y farsa.
Estas representaciones teatrales sugieren que la adulación, lejos de fortalecer el poder del príncipe, tiende a debilitarlo.
La adulación no solo se manifiesta en escenas teatrales, sino que también es un componente esencial de la teatralidad y la representacionalidad del poder monárquico, siendo un elemento imprescindible en el juego escénico del poder cortesano.
La Adulación en la Antigüedad Clásica
La actitud lisonjera o aduladora hacia figuras de poder se remonta a Platón y Aristóteles. Sin embargo, su análisis se centraba generalmente en los aduladores del demos (el pueblo) en el contexto de los regímenes democráticos.
El demagogo, en la asamblea, utilizaba el elogio hacia la audiencia como recurso persuasivo para congraciarse. Esta es una forma de manipulación, cuya sutileza depende de la exageración de los halagos.
Aristóteles caracterizó esta invocación interesada como una falacia (el argumentum ad populum), mediante la cual alguien intenta ganar el favor de la asamblea para que voten su propuesta a través del halago. Un ejemplo típico sería:
“Uds que son los [postergados, damnificados, víctimas, etc.] se merecen tal y tal cosa y yo vengo a reparar esa deuda, por eso tienen que apoyar mi propuesta”.
La adulación, definida por el elogio excesivo o la expresión exagerada de admiración, forma parte de fines estratégicos.
Teofrasto y la Caracterización del Adulador
Uno de los lugares clásicos de referencia a los aduladores se encuentra en la obra Caracteres de Teofrasto, sucesor de Aristóteles.
Teofrasto describe al adulador en el contexto de alguien que elogia a un individuo cualquiera, no necesariamente en una posición de poder político. Sin embargo, establece un elemento clave: el adulador elogia excesivamente con vistas a la consecución de un beneficio propio, presentándose como un personaje ridículo y socialmente condenado.
Según Teofrasto, la adulación se dirige a alguien en una jerarquía capaz de distribuir beneficios, ya sean materiales o de poder. La motivación del adulador es avanzar su propio interés:
“Se podría definir la adulación como un trato indigno [en sí mismo,] pero ventajoso para quien lo practica”.
No obstante, Teofrasto no profundiza en las características psicológicas de quien se deja adular.

Maquiavelo y la Verdad en el Poder
Maquiavelo, en El Príncipe, aborda la dificultad de los príncipes para librarse del contagio de los aduladores, quienes se aprovechan de la propensión natural de los gobernantes a complacerse a sí mismos.
Para Maquiavelo, el concepto de "decir la verdad" no se refiere a una verdad fáctica, sino a hablar con franqueza y decir lo que uno piensa, es decir, la verdad como autenticidad.
Este acto de decir la verdad implica un riesgo ante el interlocutor que detenta el poder, similar a la parrhesía socrática, ya que puede disgustarle o hacerlo dudar de su capacidad decisoria.
La prudencia del gobernante, según Maquiavelo, debe hacerle tolerable la franqueza de sus consejeros. Sin embargo, para evitar la falta de respeto, el príncipe advertido y juicioso debe:
- Seleccionar a algunos sujetos sabios a quienes otorgue licencia para decirle la verdad.
- Desarrollar su conducta de tal forma que todos conozcan que la sinceridad le agrada.
- Negarse a oír consejos de otros, poner en práctica lo que por sí mismo haya resuelto y mostrarse tenaz en sus determinaciones.
- No recibir consejos cuando a los consejeros les agrade, e incluso quitarles las ganas de aconsejarle si no lo solicita.
Locke y la Adulación como Peligro para el Gobierno Limitado
John Locke analiza la flattery (adulación) como uno de los mayores obstáculos y peligros para la construcción y el mantenimiento de un gobierno con poderes limitados.
Locke concibe la política como una actividad humana cuyo buen funcionamiento depende de la confluencia de voluntades y de la confianza mutua (trust).
A diferencia de Hobbes, para quien la confianza solo puede ser forzada por el temor al Leviatán, Locke considera la confianza mutua una premisa anterior a la coacción gubernamental y un fundamento ético para la creación del gobierno.
Esta diferencia explica por qué Hobbes diseña un gobierno total, mientras Locke aboga por un gobierno legítimo con poderes restringidos y basado en el consentimiento ciudadano.
Para Locke, los aduladores son especialmente nocivos para un régimen de poderes limitados, ya que incentivan en los gobernantes un deseo desmedido por el poder, atentando contra un sistema político de poderes distribuidos.
El vicio político de la adulación, al apelar al orgullo de los aspirantes al poder, incita un deseo desmedido por el dominio sobre otros, poniendo en peligro la estabilidad de regímenes basados en el consentimiento.
LOCKE: Filosofía Política (Español)
La Adulación en el Contexto de la Legitimación del Poder
En el siglo XVII, con la creciente secularización de la vida política, surgieron controversias sobre la legitimación del poder del soberano, que anteriormente se basaba en la investidura divina.
La monarquía, fundamentada en la señal divina y la sucesión hereditaria, se vio desafiada. Locke, en respuesta a figuras como Robert Filmer, quien defendía el poder absoluto del monarca comparándolo con la autoridad paterna, argumenta en contra de estas ideas.
El Renacimiento planteó la cuestión de la legitimación del poder en un mundo donde Dios se desplazaba del centro. La disolución del cosmos ordenado es un tema recurrente en las tragedias isabelinas.
Los defensores del derecho divino de los reyes, quienes atribuían poder absoluto a los monarcas, promovían y justificaban las acciones de los aduladores.
Las intrigas, conspiraciones y traiciones en las tragedias históricas reflejan personajes con dobleces, que dicen una cosa y hacen otra, un espejo del quiebre del orden mundial.
Shakespeare y la Representación de la Adulación en "Timón de Atenas"
En la obra Timón de Atenas, coescrita con Thomas Middleton, la adulación y sus devastadores efectos sobre el adulado se configuran en el centro de la acción dramática.
Timón, un noble rico y mecenas, es objeto de elogios ostensibles por parte de quienes se hacen pasar por sus admiradores. Su destino trágico se debe a su excesiva ingenuidad, que le impide reconocer la falsedad de sus "admiradores".
Al agotar sus recursos en regalos a estos falsos amigos, Timón termina en la ruina cuando lo abandonan.
La obra comienza con frases que constatan la disolución del mundo:
“¡Oh, Dioses! ¡Cuántos hombres se están devorando a Timón sin que él lo advierta! Sufro viendo tanta gente regar sus manjares con la sangre de un solo hombre y él esta tan loco que los estimula aún más! ¿Cómo hay hombres que se atreven a fiarse así de otros hombres? Debería invitárselos a venir sin cuchillos, lo que ahorraría carne y sería más prudente para sus vidas. Hay muchos ejemplos de esto: el camarada que, sentado junto a su huésped, corta el pan con él y bebe a su salud, compartiendo su copa, es el que está dispuesto a matarlo.”
Esta reflexión señala que el adulado no es una víctima inocente. Timón suscita su propia desventura al dejarse llevar por una ingenuidad que linda con la frivolidad, permitiendo que los aduladores se aprovechen de su incapacidad para reconocer la zalamería.
Apemanto, un amigo sincero de Timón, se identifica con un perro, aludiendo a los filósofos cínicos que hablaban francamente. Tanto el bufón como el filósofo se encuentran en una posición libre respecto a la necesidad de adular.
La vulnerabilidad de Timón al halago fácil se debe a su vanidad y su necesidad de ser aprobado.
La eficacia de la adulación no radica solo en la ingenuidad, sino en el juego con el amor propio, la vanidad o el orgullo del adulado. La amistad puede ser un terreno propicio para la adulación, funcionando como un espejo para el halago propio.
El adulador eficaz debe mantener un doble juego: elogiar en exceso sin ser descubierto, tanto en sus motivaciones como en la exageración de sus halagos.
Apemanto comenta:
“¡Qué confusión, cuántas inclinaciones de cabeza, cuantos traseros sacados! Dudo de que sus bajezas valgan las sumas con que se las paga. ¡Hay mucha mierda en la amistad! Los corazones hipócritas no deberían tener piernas tan flexibles.”
Uno de los banquetes organizados por Timón se convierte en una trampa para sus aduladores, quienes encuentran agua hirviendo en lugar de manjares, como forma de venganza y desenmascaramiento.
Timón, en su desesperación, clama por una subversión radicalizada y la disolución del orden social:
“Timón: ¡Dejadme mirarte todavía, oh, muro que rodeas a estos lobos! ¡Húndete en la tierra y que sucumba Atenas! ¡Madres de familia, hacéos impúdicas! ¡hijos, no obedecáiz más! ¡Esclavos y locos, arrojad de sus bancos del senado a los viejos de frentes graves y arrugadas, y administrad en lugar suyo! ¡Conviértete a la corrupción general, joven virginidad, y hazlo a la vista de tus padres! ¡Resistíos, banqueros quebrados, y en vez de pagar vuestras deudas, sacad un cuchillo y herid en la garganta a vuestros acreedores! ¡Servidores, vuestros graves amos son ladrones de manos largas que saquean legalmente! ¡Piedad y temor, religión para los dioses, paz, justicia, verdad, respeto doméstico, reposo nocturno, instrucción, modales, misterios, profesiones, jerarquías, observancias, leyes, confundíos con lo contrario y reine la confusión por doquier! (…) Timón se marcha a los bosques! (…)¡Confundan los dioses a los atenienses que hay dentro o fuera de este muro! ¡Permitan a Timón que con los años aumente su odio por todos los hombres, grande y pequeños!”
Esta obra, ambientada en Atenas como referente fundacional de Occidente, representa el trastocamiento de sus cimientos, donde la polis y la amistad pierden su valor.
Los Chatbots de IA y la Adulación Moderna
Los chatbots de inteligencia artificial (IA) generativa plantean un riesgo para los usuarios debido a su comportamiento adulador, diseñado para aumentar la interacción.
Esto lleva a las personas a confiar en ellos sin cuestionar sus consejos, incluso en asuntos poco éticos, ilegales o perjudiciales.
El carácter conversacional de chatbots como ChatGPT, Gemini y Grok los convierte en confidentes, terapeutas o asesores médicos para muchos usuarios.
Investigadores de la Universidad de Stanford han analizado la interacción con once modelos de lenguaje populares, concluyendo que "la adulación es frecuente y perjudicial".
En promedio, estos modelos de IA confirmaron las acciones de los usuarios un 49% más a menudo que los humanos, incluso en casos de engaño, ilegalidad u otros daños.
La adulación de la IA hace que los usuarios se sientan apoyados, reduciendo los incentivos para asumir responsabilidades y resolver conflictos.
Las empresas tecnológicas no han abordado este problema de manera exhaustiva, ya que la adulación es una característica que agrada a los usuarios y fomenta conversaciones más largas.
OpenAI, por ejemplo, retiró una actualización de GPT-4o por presentar una personalidad "demasiado aduladora y molesta", buscando un equilibrio más adecuado.
