La novela «Un viejo que leía novelas de amor», del aclamado escritor chileno Luis Sepúlveda (1949-2020), es una narración profunda sobre la naturaleza y la compleja relación entre el hombre y el medio ambiente. Publicada en 1989, esta obra se ha convertido en un referente literario que destaca el equilibrio fundamental entre ambos elementos para la supervivencia de todos los seres vivos, una lección que los colonos que invadieron los territorios indígenas a menudo ignoraron. Las consecuencias de esta apropiación territorial y la aniquilación de las tradiciones son retratadas con gran sensibilidad y precisión a lo largo de sus páginas.

El Marco de la Historia: El Idilio y la Amazonía
La historia se desarrolla en El Idilio, un pueblo remoto y perdido en la vasta selva amazónica, habitado por los indios shuar (a quienes, en la novela, se les denomina, de manera peyorativa e incorrecta, “jíbaros”). Este enclave selvático es el escenario donde la "civilización" y la naturaleza se encuentran y colisionan. Al inicio, El Idilio era un lugar con una bodega de semillas, herramientas y viviendas para los recién llegados colonos. Con el tiempo, se transformó en una veintena de casas ordenadas frente al río, con la inconfundible presencia de la Alcaldía.
En este entorno, la selva amazónica emerge como un personaje central, un ente vivo y complejo. A través de ella, se desenvuelve la particular historia de Antonio José Bolívar Proaño, un hombre viejo con valores éticos y ecológicos arraigados. Él y los shuar, aborígenes del lugar, encarnan la idea ancestral de que el hombre es solo un elemento más de la naturaleza, una parte interconectada de un todo mayor.
Antonio José Bolívar Proaño: Vida y Transformación
Orígenes y la Llegada a la Selva
La novela introduce a Antonio José Bolívar Proaño, un hombre de edad avanzada que lleva años viviendo en El Idilio. Él y su esposa, Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otavalo, se casaron por conveniencia cuando tenían apenas 15 años para cuidar al padre moribundo de ella en San Luis. Tras la muerte de su suegro, los gastos del entierro consumieron todos sus ahorros. La presión social, debido a la imposibilidad de Dolores de quedar embarazada, los llevó a huir. Tardaron dos semanas en llegar a El Dorado y una más en alcanzar El Idilio, pasando por pueblos con costumbres extrañas, como Zamora o Loja, donde los hombres vestían de negro en señal de duelo por Atahualpa.
Al llegar a El Idilio, les entregaron dos hectáreas de terreno, machetes, palas y semillas "devoradas por gorgojos". Aquí, comenzó una lucha desigual, ya que no sabían cazar ni pescar, y las lluvias, las crecidas del río y el hambre los azotaban. Los colonos empezaron a morir por comer frutas desconocidas o por fiebres. Antonio José Bolívar y Dolores Encarnación no estaban preparados para la vida en la selva, y la mujer sucumbió a las fiebres al segundo año de su llegada. Antonio José Bolívar Proaño se quedó solo, en un principio odiando la tierra inhóspita que le había arrebatado a su esposa.
Integración con los Shuar y Aprendizaje de la Selva
A pesar de su inicial resentimiento, Antonio José Bolívar Proaño comenzó a convivir con los shuar, aprendiendo su lengua y sus métodos de caza. Esta integración transformó su perspectiva: "Nunca pensó en la palabra libertad y la disfrutaba a su antojo. Ahora comía cuando tenía hambre". Su salvación tras ser mordido por una serpiente equis, interpretada por la tribu como una señal sobrenatural, afianzó su lazo con ellos. Conoció a Nushiño, un shuar herido de bala, con quien forjó una profunda amistad y compartió cacerías, adaptándose por completo a su cultura y modo de vida. Cazaba serpientes para vender su veneno, y aunque a veces era mordido, ya estaba inmunizado. Llegó a comprender el significado de las cabezas reducidas y el sentido de una ceremonia de amor sin posesión ni besos, entre caricias y canciones.
Dentro de la Misteriosa Selva en territorio SHUAR 🇪🇨 La leyenda del JURIJRI
Sin embargo, la "civilización" seguía avanzando, forzando a los animales y a los shuar a abandonar sus enclaves. Un día, un tiro fallido con su cerbatana le reveló que se estaba haciendo viejo. Decidió que debía regresar porque "aunque es como ellos, no es uno de ellos". Un trágico incidente aceleró su retorno: unos aventureros hirieron de muerte a Nushiño, quien le pidió a Antonio José Bolívar que acabara con su asesino para evitar que su alma vagara por la selva. El viejo cumplió la promesa, matando al asesino con su propia escopeta. Pero este acto, al no ser según las tradiciones shuar, lo condenó al destierro, y nunca más fue recibido como uno de los suyos.
El Descubrimiento del Amor a través de la Lectura
Tras años de ausencia, Antonio José Bolívar Proaño regresó a El Idilio, encontrándolo cambiado y más poblado. Los habitantes, aunque inicialmente lo rehuyeron, pronto reconocieron el valor de su conocimiento de la selva. Fue entonces cuando descubrió el aburrimiento y la necesidad de algo que llenara su tiempo. Sabía leer, y la posibilidad de votar le confirmó esta habilidad. Un día, un clérigo llegó a la aldea; aburrido, el viejo le arrebató el libro que leía y el cura le habló de las novelas de amor. Sintió envidia y una obsesión por leer.
Para conseguir libros, Antonio José Bolívar se aventuró a El Dorado. En este viaje conoció a Rubicundo Loachamín, el dentista que visitaba El Idilio dos veces al año. El dentista, quien odiaba a cualquier gobierno y compartía una botella de Frontera con el viejo, se comprometió a traerle novelas de amor. Para el viejo, estas novelas, "del verdadero, del que hace sufrir", se convirtieron en una vía de escape de la estupidez de los forasteros. Necesitaba una lupa para leer y se sumergía en historias de amores desdichados y finales felices, tratando de imaginar ciudades como París, Londres o Ginebra, aunque solo conocía Ibarra.
El Conflicto con la Naturaleza: La Tigrilla Vengadora
La Amenaza de la Tigrilla
El primer indicio del conflicto central surge con la aparición de un cadáver en una canoa, un buscador de oro con la garganta destrozada. El alcalde, apodado "la Babosa" por su sudoración y mal carácter, rápidamente culpó a los indígenas. Sin embargo, Antonio José Bolívar Proaño, con su profundo conocimiento de la selva, dictaminó que las heridas, de cuatro cortes, y el olor a orín, eran obra de una tigrilla. En la mochila del difunto, encontraron pieles de crías de tigre, confirmando la teoría del viejo: la tigrilla estaba actuando por venganza, buscando retribución por la muerte de sus cachorros a manos de los hombres. El viejo comprendió la furia del animal: una vez que la tigrilla cazaba a un hombre, todos los hombres se convertían en sus enemigos.
El animal depredador continuó su matanza, cuyos cadáveres aparecían gradualmente. Esto simboliza cómo las cosas habían cambiado. Anteriormente, los humanos vivían en paz con la naturaleza, cazando solo cuando era necesario. La caza por pieles o por ocio estaba llevando a muchas especies a la extinción, y las que quedaban se enfrentaban a los humanos.
La Expedición de Caza y la Incompetencia del Alcalde
Se organizó una cacería para encontrar y matar a la tigrilla, la única forma de detenerla. A la expedición se unieron varios colonos, el alcalde y Antonio José Bolívar Proaño. El alcalde, un hombre gordo y odiado por imponer obligaciones y cobrar impuestos, demostró una total ignorancia de la selva y la caza. Sus acciones, como encender una linterna y espantar a los murciélagos (eliminando una señal de alarma y la posible ubicación del animal) o disparar a un oso mielero confundiéndolo con la tigrilla, ponían en peligro a todo el grupo. El viejo incluso le salvó la vida al evitar que metiera la mano en un lodazal lleno de escorpiones para recuperar una bota.

Un incidente previo con unos "gringos" (norteamericanos) que querían fotografiar a los jíbaros y que trataron de comprar el retrato de boda del viejo, le había granjeado la enemistad del alcalde. Cuando uno de los gringos murió atacado por monos en la selva, el alcalde culpó a Antonio José Bolívar por no haberlos acompañado. Sin embargo, el viejo explicó que en tierra de monos no se debe entrar con objetos que brillen, ya que su curiosidad atrae a los animales y puede provocar ataques masivos. Finalmente, fue el viejo quien recuperó los restos óseos del gringo.
Durante la expedición, al acampar en el puesto de Miranda, el viejo aprovechó para leer en voz alta sus novelas de amor, despertando la curiosidad de sus acompañantes sobre las realidades que se describían, como los canales de Venecia. El alcalde, en su arrogancia, intentaba explicarlo, pero seguía cometiendo errores de juicio y disparo al acercarse la tigrilla.
El Enfrentamiento Final
Ante la evidente ineptitud del alcalde y la necesidad de un cazador experto, el viejo aceptó la propuesta de enfrentarse solo a la tigrilla a cambio de una buena paga. Solo, Antonio José Bolívar Proaño reflexionó sobre el miedo y la caza, entendiéndola como una lucha cargada de dignidad, muy diferente al modo destructivo de los colonos. Él solo había matado dos anacondas con causa justificada, una para salvar al hijo de un colono y otra como sacrificio para un brujo shuar.
Preparó sus armas y cebos, rastreando las huellas de la tigrilla y comprendiendo sus movimientos. El animal intentó una trampa, pero el viejo, con su astucia, la evitó. Tras ser derribado por un golpe de la tigrilla, el viejo se dio cuenta de que lo había dejado junto a un macho tigre muerto, para que lo rematase. Después de este incidente, el viejo sabía que el animal volvería. Por la noche, se escondió bajo una canoa. La tigrilla se colocó encima, orinando para marcar su presa. Con paciencia, Antonio José Bolívar esperó el momento preciso. Cuando la tigrilla intentó cavar para alcanzarlo, disparó una primera vez, hiriéndola en una pata. Finalmente, cuando el animal saltó hacia él, apretó el gatillo y le dio en el pecho. La tigrilla cayó muerta. Al verla, sintió una inmensa tristeza y furia por las estupideces de los cazadores y arrojó su escopeta al agua.
Temas Centrales de la Novela
La novela «Un viejo que leía novelas de amor» explora varios temas universales y profundos:
- El Respeto por la Naturaleza: A través de la figura de Antonio José Bolívar Proaño y la cultura shuar, la obra aboga por una coexistencia armónica con la selva, destacando la sabiduría de quienes la habitan y la entienden. La tigrilla no es un monstruo, sino una víctima de la intervención humana.
- Crítica a la "Civilización": Sepúlveda critica la arrogancia y la ignorancia de los colonos que, armados y con una falsa sensación de superioridad, destruyen el ecosistema y la cultura indígena en nombre del "progreso".
- La Soledad y el Poder de la Lectura: La lectura de novelas de amor se convierte en el refugio y la compañía del protagonista en su vejez y soledad. Los libros le permiten evadirse, sentir emociones profundas y conectar con un mundo más allá de su realidad, sin perder su conexión con la selva.
- La Dignidad Humana y Animal: La lucha entre el viejo y la tigrilla no es solo una cacería, sino un enfrentamiento entre dos seres dignos que entienden y respetan las leyes de la supervivencia, contrastando con la caza indiscriminada y sádica de los forasteros.
La historia de Antonio José Bolívar Proaño, contada con un lenguaje cristalino, escueto y preciso, deja una huella duradera en la memoria del lector, invitándonos a reflexionar sobre nuestro lugar en el mundo natural.