El proceso de envejecimiento es uno de los fenómenos sociales de mayor importancia a nivel global. En muchos países, la población está alcanzando progresivamente edades más avanzadas, y la mayoría lo hace con un estado de salud relativamente bueno. Sin embargo, este aumento de la longevidad trae consigo desafíos significativos, entre ellos, la creciente prevalencia de la soledad entre las personas mayores, un factor que impacta directamente en su salud y bienestar.
La Soledad en la Tercera Edad: Más Allá de Vivir Solo
La soledad es un concepto distinto al de vivir solo. Vivir solo no implica necesariamente sentirse solo y sufrir por ello; muchas personas mayores mantienen numerosos intereses y una red estrecha de amigos que les ayudan a sentirse activos y bien. Sin embargo, la soledad es una experiencia desagradable que surge cuando la red de relaciones sociales de una persona es deficiente en algún aspecto importante, tanto cuantitativa como cualitativamente. Se percibe como una carencia emocional, ya sea porque las relaciones sociales son menores de lo deseable o porque no se percibe suficiente apoyo emocional de ellas. Es un sentimiento subjetivo de sufrimiento que provoca un estado de estrés prolongado.
Factores que Agravan la Soledad
El problema de la soledad entre los mayores se acentúa en periodos como el verano o las vacaciones, momentos en los que pasan más tiempo solos, especialmente si no son autosuficientes o carecen de una densa red de amigos. Afecta particularmente a quienes han perdido a su cónyuge o viven lejos de los centros urbanos, lo que dificulta las ocasiones sociales y los encuentros. Las personas de edad avanzada se encuentran especialmente expuestas a eventos que suelen acarrear una enorme transformación en sus relaciones sociales, haciéndolas más vulnerables a la soledad. Los factores asociados a este sentimiento incluyen el género, la edad, la situación laboral, el nivel de estudios, los recursos económicos, el estado de salud y residir en entornos rurales o urbanos.
Las mujeres y los grupos sociales de bajo estatus socioeconómico tienden a autopercibirse más negativamente. En Chile, por ejemplo, el reporte del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo indica que la soledad afecta al 49,2% de los adultos mayores y el 56% presenta un alto riesgo de aislamiento social. Entre las mujeres chilenas, la prevalencia de soledad es mayor, y tanto en hombres como en mujeres, la salud percibida y el estado civil influyen significativamente. En hombres sin pareja, el 65,5% se siente solo, frente al 33% con pareja. En mujeres, el 60,7% de quienes viven solas reportan soledad, frente al 50,4% de quienes viven acompañadas. La salud también es un factor clave: solo un 34,5% de los hombres con buena salud se siente solo, cifra que asciende al 59% para quienes la consideran regular o mala; en mujeres, estas cifras son 43,5% y 62,3% respectivamente.
Consecuencias de la Soledad en la Salud Física y Mental
La soledad no deseada tiene profundas repercusiones en la salud de las personas mayores. Puede perjudicar la salud mental y predisponer al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión arterial y muerte prematura. De hecho, muchos médicos consideran la soledad no deseada como un factor de riesgo vascular modificable, similar al tabaquismo, el sedentarismo o la obesidad, observándose una mayor mortalidad entre quienes viven solos.
Depresión y Soledad
La soledad en los ancianos puede llevar a la depresión, manifestándose como una falta de estimulación e interés por sí mismos y por el mundo que les rodea. Gradualmente, las personas mayores solitarias pueden perder el interés por la comida, el cuidado de su aspecto y su salud. Los síntomas de depresión pueden ser sutiles y confundirse con otras condiciones, siendo la somnolencia diurna un síntoma principal. Estudios como los de Gale et al. y Gerino et al. asocian la soledad con un mayor riesgo de padecer depresión. Además, la depresión, junto con otros trastornos psiquiátricos, son factores de riesgo importantes para el suicidio entre las personas mayores, un fenómeno que ha incrementado su incidencia en los últimos años, afectando principalmente a hombres mayores de 75 años que viven solos.
Impacto del aislamiento y soledad en la salud mental y física de las personas mayores con demencia
Deterioro Cognitivo y Enfermedades Crónicas
La soledad también se asocia con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, la aparición de diabetes mellitus, la hipertensión arterial y la mortalidad prematura. Investigaciones de Zhong et al. y Donovan et al. coinciden en identificar la soledad como un factor predictor de deterioro cognitivo, e incluso como un síntoma neuropsiquiátrico relevante en la preclínica de la enfermedad de Alzheimer. Se ha informado de una relación bidireccional entre la soledad y el deterioro cognitivo.
Deficiencias Nutricionales
Otro aspecto ampliamente objetivado en las personas mayores que viven solas son las deficiencias nutricionales. El aislamiento puede llevar a una falta de preocupación por la preparación de comidas, resultando en una menor ingesta y una dieta de peor calidad, con un aumento de alimentos precocinados, carbohidratos y grasas, y una reducción de proteínas. Esto puede provocar desequilibrios nutricionales, desde pérdidas de peso con riesgo de desnutrición hasta sobrepeso y obesidad, incluyendo la obesidad sarcopénica, donde el aumento de peso se da a expensas de tejido graso, llevando a la disminución de masa muscular y un deterioro funcional.
Soledad en Mayores Autosuficientes y Comportamientos de Desafío
El problema de la soledad también puede afectar a las personas mayores autosuficientes que, tras la jubilación, se encuentran con mucho tiempo libre que no saben cómo aprovechar. Esta soledad puede manifestarse en cambios de comportamiento y hábitos, a veces expresados como "caprichos" difíciles de gestionar. Por ejemplo, pueden rechazar alimentos saludables, negarse a tomar medicamentos o evitar reuniones familiares, prefiriendo quedarse solos en casa. Estas actitudes pueden adquirir tonos de desafío o despecho, similares a los de los niños.
Manejo de los Comportamientos de Desafío
Es importante no consentir estas actitudes para evitar un círculo vicioso, pero tampoco es útil una confrontación directa. Al igual que con los niños, se requiere paciencia y comprensión, reconociendo que la rabieta es una expresión de una petición de atención. Las personas mayores experimentan importantes cambios físicos y psíquicos que deben asimilar, y que a menudo les generan miedo y frustración. Necesitan recibir más atención y el cariño de su familia para encontrar la fuerza para seguir adelante y afrontar los cambios del envejecimiento.
Abordando la Soledad: Estrategias y Recomendaciones
Para combatir la soledad en las personas mayores, es crucial implementar estrategias que promuevan la conexión social y el bienestar. El estudio javeriano en Colombia, por ejemplo, evidenció la necesidad de fortalecer redes de apoyo y ampliar programas para personas mayores, abordando la soledad como un problema de salud pública.

Consejos para Combatir la Soledad
- Visitas y Llamadas Frecuentes: Mantener contacto regular con los padres ancianos, ya que una simple conversación puede levantar el ánimo. Sentirse presente en la vida de hijos y nietos y ayudar en pequeñas decisiones cotidianas les ayuda a sentirse importantes, útiles y menos solos.
- Fomentar Aficiones y Participación Social: Estimular a las personas mayores a cultivar aficiones a través de asociaciones y grupos locales. Actividades como la lectura, el deporte, la cocina o el arte les permiten mantenerse ocupados y rodearse de amigos y experiencias agradables.
- Cuidado de Animales y Plantas: Considerar regalar una mascota pequeña, como un perro, puede ser un valioso remedio contra la soledad. Cuidar de un animal o plantas puede ayudarles a sentirse útiles y a realizar ejercicio diario.
Un Enfoque de Salud Pública y Envejecimiento Saludable
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado la soledad como un problema de salud pública, anunciando la creación de una comisión para estudiar el impacto de la conexión social. Esto subraya la necesidad de un abordaje interdisciplinario y la importancia de comprender el envejecimiento saludable desde la juventud y la adultez inicial. Fomentar desde la infancia hábitos y prácticas que permitan un envejecimiento funcional, saludable y activo es fundamental.
El "Síndrome del mueble", una sensación de invisibilidad dentro del hogar, donde las personas mayores se sienten acompañadas pero solas, resalta la diferencia entre el aislamiento social y el sentimiento de soledad. Esto pone de manifiesto que, aunque la presencia familiar es valorada, no siempre implica una disponibilidad de interacción suficiente. La soledad conyugal fue la forma más frecuente encontrada en una investigación, mientras que la soledad social y existencial alcanzaron niveles medios, reflejando el impacto del contexto socioeconómico.
En este contexto, la economía plateada, que se enfoca en la creación de bienes, servicios y programas para satisfacer las necesidades de las personas mayores y promover su salud, bienestar e independencia, cobra gran relevancia. La alfabetización digital también es fundamental para acoger las innovaciones tecnológicas y mantener a este grupo poblacional conectado.
El equipo de atención primaria debe promover la autonomía de los pacientes, impulsando intervenciones para reestructurar pensamientos sociales desadaptativos y fomentar su participación en actividades comunitarias que favorezcan la socialización, además de brindar apoyo emocional.