Ejercicios No Recomendados para Adultos Mayores y la Clave para una Actividad Segura

Desde la niñez hasta la adultez mayor, la actividad física debe ser parte de un estilo de vida saludable. Sin embargo, al llegar a la tercera edad, esas prácticas deben adaptarse a las capacidades del cuerpo, priorizando ejercicios moderados, regulares y seguros. Mantener actividad física en la vejez mejora la salud general, ayuda a prevenir enfermedades crónicas, reduce riesgos y promueve bienestar.

No obstante, cuando se pasan los 60 años, no todo tipo de ejercicio es recomendable. Es importante distinguir qué actividades pueden poner en riesgo la salud del adulto mayor y podrían generar lesiones en articulaciones y músculos o problemas cardiovasculares. A pesar de los enormes beneficios del ejercicio en personas mayores, muchas son reticentes a practicarlo debido a que sienten una mayor sensación de fragilidad, o porque padecen enfermedades crónicas o problemas de movilidad que les suponen una barrera.

Imagen ilustrativa de un adulto mayor levantando pesas con un signo de prohibición

Ejercicios y Actividades de Alto Riesgo que Deben Evitarse

Ciertas prácticas físicas pueden ser perjudiciales para muchos adultos mayores si no se realizan con la supervisión y adaptación adecuadas. Las siguientes son actividades de alto riesgo:

1. Ejercicios de Alto Impacto

  • Correr excesivamente.
  • Saltar repetidas veces.
  • Hacer movimientos bruscos y violentos para las articulaciones (por ejemplo: saltos, pliometría, ejercicios pliométricos intensos).

Estos pueden sobrecargar las articulaciones, causar microtraumatismos o agravar problemas existentes en rodillas, caderas o columna.

Imagen ilustrativa de una persona mayor con dolor de rodilla al correr

2. Levantamiento de Cargas Pesadas sin Supervisión

  • Levantar pesas grandes.
  • Usar máquinas de gimnasio intensas.
  • Realizar ejercicios de fuerza avanzados sin una progresión cuidadosa.

En personas mayores, la densidad ósea y la masa muscular disminuyen, lo que incrementa el riesgo de lesiones. Incluso el calor, la deshidratación o la fatiga pueden agravar ese peligro. Los músculos débiles significan para la espalda un menor apoyo y estabilización de la columna vertebral, favoreciendo la aparición de lesiones y el desgaste prematuro.

3. Movimientos Bruscos de Torsión y Giros Rápidos

Ciertos deportes o rutinas intensas que implican cambios abruptos de dirección pueden provocar daño en articulaciones o ligamentos, sobre todo si existe alguna degeneración articular previa en el tronco o cuello.

4. Ejercicio Cardiovascular Intenso sin Preparación

Sesiones prolongadas de alta intensidad sin pausas ni calentamiento, especialmente en personas con problemas de corazón, presión arterial, osteoporosis u otros factores de riesgo. Los adultos mayores deben evitar las sesiones prolongadas de alta intensidad sin pausas ni calentamiento.

5. Actividades de Muy Alta Demanda Física con Recuperación Inadecuada

Esto incluye deportes de contacto, carreras prolongadas, saltos repetitivos, o entrenamiento vigoroso diario sin descanso. A estas edades, el cuerpo requiere más cuidado, pausas, recuperación y seguimiento médico. La mayoría de las personas mayores de 65 años no realiza ejercicios al nivel recomendado, pero tampoco son conscientes de cuánto se pueden esforzar ni aprecian la cantidad de ejercicio que son capaces de hacer. El entrenamiento más agresivo (con mayor resistencia al principio) debe estar bajo la supervisión de un profesional calificado.

Riesgos y Consecuencias de un Ejercicio Inapropiado

Realizar ejercicios no adecuados para la edad o condición física puede acarrear una serie de riesgos significativos. Estos incluyen:

  • Lesiones musculoesqueléticas: Daños en articulaciones, ligamentos, tendones y músculos, que pueden ser microtraumatismos repetitivos o lesiones agudas.
  • Problemas cardiovasculares: El ejercicio intenso sin la debida preparación puede sobrecargar el corazón, especialmente en individuos con afecciones preexistentes.
  • Agravamiento de condiciones crónicas: Enfermedades como la osteoporosis, la artritis o problemas de columna pueden empeorar con ejercicios de alto impacto o levantamiento de pesas inadecuado.
  • Mayor riesgo de caídas: Movimientos bruscos o una fatiga excesiva pueden desestabilizar al adulto mayor, aumentando la probabilidad de caídas y fracturas.
Imagen ilustrativa de un adulto mayor con dolor de espalda después de un esfuerzo físico

El Sedentarismo: Un Enemigo Silencioso en la Tercera Edad

Una de las principales causas de enfermedades, especialmente cardíacas, en las personas mayores es el sedentarismo o la falta de actividad física, la cual suele llevar a la pérdida gradual de la movilidad. El sedentarismo se define como un estilo de vida caracterizado por la inactividad, donde las personas no realizan actividad o ejercicio físico, apenas 90 minutos a la semana. Este estilo de vida es el causante de numerosas enfermedades crónicas, como la hipertensión, diabetes, osteoporosis, problemas circulatorios, y contribuye a la pérdida de masa muscular (sarcopenia) y ósea.

Sedentarismo en las personas mayores

Contraindicaciones Médicas para el Ejercicio Físico

Es fundamental conocer las condiciones bajo las cuales el ejercicio físico puede ser peligroso o requerir una adaptación extrema. Las contraindicaciones se dividen en absolutas y relativas:

Contraindicaciones Absolutas

En estos casos, el ejercicio está completamente contraindicado:

  • Infarto agudo de miocardio (IM), dentro de los 2 días.
  • Angina inestable activa.
  • Arritmia cardiaca no controlada con compromiso hemodinámico.
  • Endocarditis activa.
  • Estenosis aórtica grave sintomática.
  • Insuficiencia cardíaca descompensada.
  • Embolia pulmonar aguda, infarto pulmonar o trombosis venosa profunda.
  • Miocarditis o pericarditis agudas.
  • Disección aórtica aguda.
  • Discapacidad física, mental o emocional que impide el ejercicio seguro y adecuado.

Contraindicaciones Relativas

En estas situaciones, el ejercicio debe realizarse con extrema precaución, bajo supervisión y, a menudo, a menores niveles de intensidad:

  • Estenosis obstructiva de la arteria coronaria izquierda principal documentada.
  • Estenosis aórtica de moderada a grave con relación incierta con los síntomas.
  • Taquiarritmias con frecuencias ventriculares no controladas.
  • Bloqueo cardíaco avanzado o completo adquirido.
  • Miocardiopatía hipertrófica obstructiva con gradiente elevado en reposo.
  • Accidente cerebrovascular reciente o ataque isquémico transitorio.
  • Alteración mental con capacidad limitada para cooperar de manera segura.
  • Hipertensión en reposo con presión arterial sistólica o diastólica > 200/110 mmHg.
  • Condiciones médicas no corregidas, como la anemia significativa, un importante desequilibrio electrolítico (p. ej., hipopotasemia) y el hipertiroidismo.

La mayoría de los pacientes con contraindicaciones relativas pueden realizar ejercicio de alguna forma, aunque, generalmente, a menores niveles de intensidad y en circunstancias más estructuradas. Se les debe indicar a los pacientes que dejen de hacer ejercicio y busquen atención médica si desarrollan dolor torácico, mareos o palpitaciones.

La Evaluación Clínica Previa: Un Paso Indispensable

Antes de comenzar cualquier programa de ejercicios, las personas mayores deben realizarse una evaluación clínica orientada a la detección de trastornos cardíacos y limitaciones físicas al ejercicio. La ergometría (prueba de esfuerzo) es innecesaria en las personas mayores que tienen previsto comenzar a hacer ejercicio lentamente e incrementar la intensidad solo de manera gradual. Sin embargo, para las personas sedentarias que tienen previsto comenzar a realizar ejercicio intenso, las pruebas de esfuerzo deben considerarse si presentan cualquiera de las siguientes condiciones:

  • Enfermedad coronaria conocida o sus síntomas.
  • Dos o más factores de riesgo cardíaco (p. ej., hipercolesterolemia, hipertensión, obesidad, estilo de vida sedentario, tabaquismo, antecedentes familiares de enfermedad arteriocoronaria temprana).
  • Enfermedad pulmonar, documentada o probable.
  • Diabetes, documentada o probable.

Para aquellos que se recuperan de una lesión, la evaluación clínica debe medir la amplitud de movimiento y la fuerza del área lesionada, así como la capacidad para subir escaleras, caminar adecuadamente y completar las actividades básicas de la vida cotidiana (comer, vestirse, bañarse, etc.).

Principios del Ejercicio Seguro y Beneficioso para Mayores

El ejercicio es una de las formas más seguras y eficaces para mejorar la salud en la tercera edad. Los adultos mayores pueden obtener mayores beneficios del ejercicio que las personas más jóvenes debido a la disminución de la capacidad física por el envejecimiento. Los beneficios son comprobados incluso cuando se comienza a una edad avanzada.

Foto de grupo de adultos mayores practicando Tai Chi al aire libre

Beneficios de la Actividad Física Adaptada

El ejercicio en la tercera edad tiene efectos profundos en la salud física y mental:

  • Ayuda a prevenir enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes, osteoporosis o problemas circulatorios.
  • Fortalece músculos y huesos, lo que reduce la pérdida de masa muscular (sarcopenia) y evita la osteoporosis. La fuerza muscular disminuye con la edad, y el entrenamiento de fuerza puede aumentarla en un 25 a 100% o más, mejorando significativamente la capacidad de realizar las actividades diarias.
  • Promueve el bienestar emocional: ayuda a dormir mejor, mejora el ánimo, disminuye el estrés y la ansiedad, e influye positivamente sobre la memoria, la concentración y la salud cognitiva.
  • Mejora el equilibrio, la fuerza y la flexibilidad, disminuyendo el riesgo de caídas y fracturas, una amenaza real en edades avanzadas.
  • Retrasa el proceso de envejecimiento prematuro y alarga la vida, aumentando la esperanza y calidad de vida.

Sedentarismo en las personas mayores

Recomendaciones Generales para un Envejecimiento Activo

Según organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS), los adultos mayores deberían realizar al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada, o alternativamente 75 minutos semanales de actividad física vigorosa, o una combinación equivalente. Además, deben incorporar ejercicios de fuerza para trabajar los principales grupos musculares al menos dos veces por semana, siempre adecuando la intensidad a su estado físico. También se recomienda incluir ejercicios de equilibrio y estiramiento, especialmente en personas con movilidad reducida o riesgo de caídas, al menos tres veces por semana. Estas actividades pueden distribuirse a lo largo de la semana en sesiones de 10 a 15 minutos, y mezclarse con actividades cotidianas como caminar, tareas del hogar, subir escaleras, jardinería, baile o natación, siempre adaptados a su autonomía y con descansos adecuados.

Componentes Clave de un Programa de Ejercicio Integral

Un programa de ejercicio integral para adultos mayores debe incluir:

  • Actividad aeróbica: Para mejorar la capacidad cardiorrespiratoria. Las caminatas son ideales.
  • Entrenamiento de la fuerza: Con bandas elásticas o pesas livianas para conservar masa muscular y prevenir caídas.
  • Entrenamiento de flexibilidad y equilibrio: El tai chi y el yoga suave mejoran la flexibilidad y el equilibrio.
  • Variación: Cambiar regularmente de ejercicio para evitar la sobreadaptación al mismo estímulo y prevenir lesiones por acciones repetitivas.

Por lo general, durante el ejercicio la persona debe ser capaz de conversar confortablemente, y la intensidad debe ser ≤ 6/10 en una escala de esfuerzo percibido. Si bien el entrenamiento de equilibrio tradicionalmente implica poner a prueba el propio centro de gravedad mediante la realización de ejercicios en ambientes inestables, para la mayoría de los ancianos, los ejercicios de flexibilidad y fortalecimiento evitan caídas de manera más eficaz y mitigan su impacto.

Consideraciones Especiales para el Adulto Mayor Frágil

El síndrome de la fragilidad se define como un estado de vulnerabilidad que conlleva un incremento en el riesgo de eventos adversos y discapacidad en los ancianos. En el anciano frágil, el ejercicio físico debería prescribirse de forma progresiva, con un plan individualizado y con la misma exactitud que otros tratamientos médicos. Con el envejecimiento, la potencia muscular se deteriora de forma más precoz que la fuerza muscular y en poblaciones frágiles la potencia se asocia de forma más significativa con la capacidad funcional.

Incluso en los más ancianos, los programas de entrenamiento multicomponente, donde los ejercicios de fuerza se acompañan de otros ejercicios a altas velocidades dirigidos a mejorar la potencia muscular, constituyen intervenciones relevantes para enlentecer la discapacidad y otros eventos adversos. Para evitar los riesgos de caída, se recomienda practicar la postura o el movimiento más desafiante posible en un entorno seguro, por ejemplo, mantener el equilibrio sobre una pierna sin apoyo de las manos, y progresar gradualmente.

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