El "Efecto Vacaciones" y la Cruda Realidad del SENAME en Chile

La afirmación de Rolando Melo, exdirector del Servicio Nacional de Menores (Sename), de que "Las residencias no son el infierno que algunos han querido mostrar" es una metáfora que no permite ser contrastada. Para acercarse a la vivencia que tiene un niño dentro de estas residencias, es necesario analizar el impacto profundo y sistemático que el sistema ha tenido en miles de niños, niñas y adolescentes (NNA) en Chile, incluso en períodos que deberían ser de esparcimiento como las vacaciones.

Esquema de las problemáticas estructurales del SENAME

La Vivencia del Niño al Ingresar a una Residencia

Desde el momento en que un niño ingresa a un hogar, se ve confrontado a una de las mayores ansiedades que puede experimentar una persona, cualquiera sea su edad. El niño debe ser separado de sus progenitores e ingresar a un hogar que le resulta completamente desconocido. Independientemente de la experiencia de vulneración de derechos previa, el niño se incorpora a un sistema o a una red de personas que le es absolutamente ajena y no tiene, en un comienzo, buenas razones para confiar en esta.

La Ansiedad de Estar Perdido y la Ausencia de Explicaciones

Una de las primeras ansiedades infantiles es perderse, y esta es la experiencia real por la que pasa un niño que ha sido internado. En algunos casos, un adulto, en nombre de su protección, invita al niño a vivir en un nuevo hogar. En otras ocasiones, son llevados por carabineros quienes les dicen que se trata solo de un pequeño paseo. Son retirados de sus casas y no se llevan consigo más que su ropa, ningún objeto, ninguna pertenencia les acompaña (por ejemplo, una fotografía), pues el hogar les proveerá de todo lo estrictamente necesario. Así, se los hace partir del lugar en que vivieron sin ningún objeto, ningún recuerdo de su existencia previa.

El niño se siente perdido porque en muy raras ocasiones existen adultos que le explican, en el momento en que se produce la separación y muchas veces durante el periodo de internación, las razones por las cuales habrá de vivir en un nuevo hogar.

Fragmentación del Cuidado y Carencia Afectiva

Una vez ingresado al hogar, el niño se encuentra con una multitud de adultos quienes tienen por misión protegerlo. Sin embargo, la persona que lo recibe con esta intención ya no estará en la noche o el primer fin de semana, debido al sistema habitual de turnos. El niño, en su primera noche y en las siguientes, despertará alarmado, con ansiedad de saber dónde está y de no saber por qué no están quienes lo cuidaron durante el día. Al día siguiente y en los que siguen, el niño buscará la ropa con qué vestirse y verá lo difícil que será encontrar sus propias prendas de vestir.

Su dormitorio será compartido con 10 o más niños, en caso de que sean pequeños, quienes por la noche pueden despertarlo con sus propios llantos o sus llamados de auxilio producto de la situación de desamparo psíquico. Al carecer de un financiamiento suficiente, los cuidados deben ser distribuidos entre cuatro a ocho niños por cuidadora. Esto implica necesariamente que el niño experimentará la carencia afectiva y, como lo muestra hasta el sentido común, el afecto para un niño es tan importante como el alimento.

Mientras son pequeños, al interior de los hogares los niños sufren frecuentemente de enfermedades a la piel y problemas respiratorios. En periodos de debilidad física, el niño que se siente aún más desvalido, ¿cuenta con la preocupación y cuidados suficientes por parte de un cuidador que sigue a cargo de cuatro o más niños?

La Pérdida de la Identidad y la Intimidad

Un niño que vive un periodo de tiempo en una institución corre el serio riesgo de perder los registros y las huellas de su historia personal. Sin esta memoria, su identidad se vuelve más difícil de constituir, dado que no puede integrar en ella los distintos momentos y objetos que han sido importantes en su historia.

Fragmentación de Roles y Ausencia de Pertenencias

La razón principal por la que esta memoria biográfica se puede perder tiene relación con la estructura institucional habitual. Para hacer su trabajo se implementa una verdadera fragmentación de los distintos roles y funciones que cumplen los adultos en un entorno familiar habitual. Habitualmente, vivir dentro de una institución priva al niño de la posibilidad de tener pertenencias que se conviertan en objetos que permanecen en el tiempo y que lo acompañen en las transformaciones y cambios vividos en el lapso que permanece en ella.

Si bien existen ciertas prácticas que buscan que un niño tenga algunos objetos propios, es muy difícil que este los pueda conservar por demasiado tiempo. Las instituciones, por lo general, no disponen de lugares para almacenar las pertenencias del niño. Los juguetes que recibe prácticamente nunca se vuelven en una posesión.

Espacios Comunes y Falta de Privacidad

El niño poco a poco irá teniendo una experiencia de pérdida de toda posibilidad de intimidad, lo que le ocurre ya no será un dominio de la experiencia privada, de ahora en adelante casi ninguna experiencia será personalmente vivida. Se acostumbrará a habitar espacios comunes, porque habitualmente los espacios privados en los hogares se encuentran cerrados. Los funcionarios suelen andar con llaves para ser solo ellos quienes abran y cierren las puertas. Los baños son colectivos, los comedores, los salones para ver TV e incluso el lugar de las visitas es compartido.

Cuando los padres lo van a visitar, deberán sortear una serie de pruebas previas. El encuentro con el niño ya no será una experiencia íntima: estará vigilado o supervisado por alguien del hogar. El niño podrá ser visitado en los lugares especialmente acondicionados para ello: la sala o el patio de las visitas. Los padres o familiares, cualquiera sea su característica, ya no podrán conocer su dormitorio, ya no lo podrán acompañar a las labores de baño y limpieza, les será prohibido darles o acompañarlos a comer (a pesar que se las arreglan la mayor parte de las veces para llenarlos de golosinas y dulces).

Ruptura con el Pasado y Ausencia de Continuidad

Habitualmente, nadie se preocupa de que el niño que ingrese al hogar pueda prolongar las experiencias de cuidado que fueron satisfactorias para él previo a su ingreso. Pocos se preocupan por mantener los objetos -que tan importantes son para los niños- que han sido parte de su experiencia cotidiana. A ningún padre le preguntan sobre el tipo de cuidado exitoso que tuvo previo a su ingreso, pues en la vida, estos padres por muy negligentes que hayan sido, tuvieron la oportunidad de conocer algunas particularidades del niño que le permitieron acomodarse a sus necesidades y preferencias. No hay una experiencia de continuidad, porque se quiere romper con todo el pasado del niño.

Con cierta frecuencia los niños verán que a sus padres les será prohibido sacarse fotos con ellos, aun cuando la mayoría desoiga una prohibición tan absurda como esa. Los horarios de visitas serán francamente limitados y en los periodos de fiestas (Navidad, 18 de septiembre, feriados, vacaciones) muchos hogares se encuentran cerrados a las visitas por la falta de personal o bien por las actividades que le son propias.

La "Fuga" como Mecanismo de Evasión

Es frecuente que cuando el niño crece se "fuga" del hogar, pues traspasar las puertas dejará de ser una simple salida y será ahora un egreso prohibido. En sus "fugas" los niños habitualmente van a la casa de sus progenitores, lo que no deja de llamar la atención, pues la experiencia de internación no ha logrado mostrar ser mejor que la vivida con sus propios padres, sino, los niños no volverían a casa. En otros casos, simplemente salen a pasear por la ciudad, van a malls, a "happyland", plazas, centros de juegos, experiencias de las que se encuentran privados la mayoría de las veces.

Reportajes 24: Sename, el infierno infantil | 24 Horas TVN Chile

El Cruel Reporte de la PDI: Una Violación Sistemática de Derechos

Un lapidario informe de la PDI de 2017, que investigó 240 hogares de menores en Chile, concluyó que el Estado viola sistemáticamente los derechos de los niños que están bajo su tutela. En el 100% de los centros que administra el Sename y en el 88% de los gestionados por particulares se constataron 2.071 abusos, 310 de ellos con connotación sexual. Este informe policial fue entregado a la Fiscalía en diciembre de 2018 con copia al gobierno, pero no se hizo público.

Impacto de la Muerte de Lissette Villa

La muerte de la pequeña Lissette Villa en abril de 2016 conmovió al país y movilizó a la Fiscalía, al Poder Judicial y al Ministerio de Justicia para detener los abusos contra NNA en hogares del Sename. Sin embargo, el mismo documento de la PDI indica que en el 100% de los centros que dependen directamente del Sename se han cometido "de manera permanente y sistemática acciones que lesionan los derechos de los niños, niñas y adolescentes".

El diputado Rene Saffirio, quien reveló la existencia del informe en julio de 2019, calificó de muy grave que ni la Fiscalía ni el gobierno hayan dado a conocer este documento en diciembre del año anterior. El reporte de la PDI es mucho más completo que otros informes, como el de la ONU, ya que consideró 240 de los 241 hogares existentes en el país, dando cuenta de los cerca de 6.500 niños que el Sename tiene en el sistema de residencias.

Desglose de las Vulneraciones

Los 2.071 casos de vulneraciones graves de derechos constatados por la PDI se desglosan en:

  • 432 maltratos por parte de adultos.
  • 1.265 maltratos entre pares.
  • 53 maltratos por parte de familiares al interior de los recintos.
  • 123 abusos sexuales cometidos por adultos.
  • 187 abusos sexuales cometidos entre menores.

En al menos 88 residencias se denunciaron menos abusos de los que efectivamente se habían producido. La mayoría de los directores de los centros informaron a la PDI que no contaban con información anterior a 2017 sobre vulneraciones graves de derechos contra los niños a su cargo.

Buena parte de los maltratos hechos por adultos se produjeron en los Centros de Internación Provisoria (CIP) y los Centros de Internación en Régimen Cerrado (CRC), destinados a adolescentes procesados por la justicia. En los Cread (Centro de Reparación Especializada de Administración Directa), hubo 105 maltratos de adultos hacia menores, y en los hogares de organismos colaboradores que atienden a adolescentes se produjeron otros 137 casos similares.

En el 50% de los hogares se constataron abusos sexuales, con un total de 310 abusos con connotación sexual. De ellos, 123 fueron cometidos por adultos (92 en hogares gestionados por organismos colaboradores, 21 en los Cread administrados por el Sename y 10 en otros centros), y 187 cometidos por otros menores, la mayor parte en residencias de organismos colaboradores para adolescentes (62% del total).

El informe policial es categórico: "Estas acciones de vulneración de derechos contra niños, niñas y adolescentes se han instalado dentro de la dinámica de funcionamiento propia de los centros".

Deficiencias en Protocolos y Fiscalización

El equipo policial estableció que "el 44,5% de los centros no cumplen con los protocolos mínimos exigidos por el Sename". Los resultados son aterradores:

  • El 72,9% de los centros a nivel nacional no cuenta con protocolo ante conductas suicidas.
  • Un 76,7% de los hogares no cuenta con protocolo para "sujeción y contención física frente a desajustes conductuales", a pesar de que la muerte de Lissette Villa fue justamente por errores en la contención de una crisis de la menor.
  • La gran mayoría de los hogares tampoco contaba con un protocolo de acción ante el fallecimiento de un menor.

Aunque el 98,3% de los centros recibe una fiscalización periódica por parte del Sename, la PDI determinó que "en su mayoría, estas supervisiones son coordinadas de manera previa". Además, aunque los tribunales de familia deben fiscalizar los centros cada seis meses, la PDI confirmó que dos hogares solo recibieron visitas anuales.

Problemas de Salud Mental y Falta de Personal Calificado

La cifra de menores a cargo del Sename que padecen alguna enfermedad psiquiátrica, según el reporte de la PDI, es altísima: el 37,3% de los residentes. Además, un 14,2% de los residentes presenta alguna patología médica, el 13,9% sufre una enfermedad crónica y el 0,4% está en estado terminal o en evidente riesgo vital. Otro 19,8% presenta algún tipo de discapacidad.

El desglose de esta situación es sorprendente: 42 centros no tienen un encargado de salud. Y de entre los 198 centros que sí cuentan con uno, la función es ejercida por funcionarios que no cumplen el perfil necesario. En 55 centros, la labor la realiza un técnico de un área distinta a la salud. Lo mismo ocurre con los funcionarios a cargo de suministrar los medicamentos: en 159 centros (el 66,3% del total) "la persona encargada de la administración de los fármacos en jornada diurna es un educador de trato directo sin la formación profesional ni técnica en el área de la salud". Un educador es un funcionario al que solo se le exige cuarto medio rendido para ser contratado.

Una investigación de CIPER de 2016 constató cómo los fármacos se suministran sin ningún control a los NNA del Sename, muchas veces como paliativo para contenerlos. Esta dramática situación se acrecienta, si se considera que el 93,8% de los centros del Sename "no cuenta con las condiciones estructurales necesarias para el cuidado de residentes con perfil clínico y/o de casos complejos".

La "Catástrofe Pública" y la Falta de Rendición de Cuentas

La Defensoría de la Niñez, organismo estatal independiente creado en 2018, está en alerta ante la situación de los niños bajo el cuidado del Sename. Su titular, la abogada Patricia Muñoz, señala: "Tenemos 1836 niños fallecidos en el sistema de protección desde 2010, y 114.475 desaparecidos desde 2008".

Edison Llanos, quien vivió en hogares del Sename, relata en su libro "Mi infierno en el Sename" las experiencias que lo marcaron y su esperanza de cambio, que lo llevaron a crear la Fundación "Ya no están solos" (YNES). Su historia es parte del documental "Bajo custodia", que también muestra el caso de Maicol, un niño de cuatro años que murió en 2013 en un incendio en un hogar dependiente del Sename en Antofagasta.

Las vulneraciones se arrastran por décadas. "Situaciones como estas han tendido a normalizarse, con la gravedad que eso significa", afirma Muñoz. Según la Fundación para la Confianza, la contención física y farmacológica y los castigos no son hechos aislados: el uso de la fuerza en situaciones de crisis en residencias, de acuerdo con un informe de 2017 del INDH, "ha sido vivida o atestiguada por un 23,72% de los niños y niñas". Testimonios relatan brutales formas de contener a quienes "se encuentran alterados o descompensados emocionalmente: 'Los tiraban al piso, les doblaban el brazo' o 'una tía mete la cabeza de un niño de 6 años en un horno caliente hasta que se sofoque'".

Denuncias y Ausencia de Investigación

La Fiscalía Regional Occidente investiga una serie de delitos en distintos centros, con la causa principal en el Hogar Nido de Hualpén por abuso y explotación sexual. Aunque las primeras denuncias datan de 2017, el cierre del recinto se ordenó recién en 2020. En noviembre pasado, funcionarios de Carabineros dispararon a dos niños de un hogar de Talcahuano, evidenciando serias deficiencias de manejo de crisis.

Muñoz critica la falta de claridad por parte de la Fiscalía sobre la cantidad de causas en que se han producido hechos que involucran la victimización de niños al interior de residencias, y la ausencia de investigación a quienes, debiendo fiscalizar y prevenir estas vulneraciones, no lo hacen. "No hemos sido capaces de verlos como sujetos de derecho y no solo como meros objetos de protección", afirma.

Gráfico: Número de niños fallecidos en el sistema de protección del SENAME entre 2010 y 2018

Reformas Incompletas y Responsabilidad del Estado

Chile aprobó la convención sobre los derechos del niño hace 30 años, pero todavía no tiene una ley de garantías de la niñez y la adolescencia. El año pasado se aprobó la ley que crea el nuevo Servicio de Protección Especializada en la Niñez y Adolescencia, el cual debería entrar en funcionamiento próximamente, en reemplazo del Sename. La defensora Patricia Muñoz considera esta medida positiva pero no suficiente, y aboga por cambios estructurales, de financiamiento y modelo de intervención, personal con mejores competencias, atención en salud mental, y asegurar el derecho a la educación, la cultura y el esparcimiento, entre otros.

El "Efecto Vacaciones" y la Normalización de la Indiferencia

A pesar de estas realidades, se ha intentado mostrar una imagen de normalidad, incluso durante las vacaciones. Niños, niñas y adolescentes que viven en centros de protección del Sename en la Región Metropolitana participan de diversas actividades durante sus vacaciones de verano. Jóvenes de la Residencia Familiar San Miguel presenciaron el Festival de Luces Fesiluz, y adolescentes del Cread Pudahuel realizaron una gira de estudios a la Región de Coquimbo. Estas actividades, si bien pueden ser beneficiosas a nivel individual, no abordan las problemáticas estructurales del sistema.

Como señala Muñoz, "debemos propender a que cada día sean menos los niños que deban ser ingresados a una residencia de protección". Esto implica que el Estado debe asumir su responsabilidad de proteger y garantizar los derechos de los NNA bajo su cuidado. Las investigaciones en las causas de las muertes de los 856 niños fallecidos en la red del Sename deben abarcar las preguntas estructurales: ¿Hizo todo lo que debiera haber hecho para que ese niño (a) no muriera?

El Estado debe proveer los recursos, mecanismos e instituciones para que los NNA puedan llevar la vida digna a la que todos tenemos derecho. La responsabilidad del Estado es la misma en todos los casos, independientemente de si delega sus funciones a proveedores privados, lo que implica una fiscalización estricta. Porque la garantía del derecho compete al Estado, y tiene la plena responsabilidad de cumplirlo.

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