El Incendio Fatal del 14 de Agosto de 2018
En la madrugada del 14 de agosto de 2018, un devastador incendio en el Hogar de Ancianos Santa Marta, ubicado en la comuna de Chiguayante, Región del Biobío, cobró la vida de diez mujeres. El siniestro, que comenzó cerca de las 03:30 horas en la calle Libertador Bernardo O´Higgins 107, afectó a dos módulos de la residencia.
El fiscal Michelangelo Bianchi describió que "son dos dependencias que están carbonizadas, una de ellas donde se puede apreciar camas, donde hay tres personas que va a ser un poco más fácil identificarlas porque estaban en sus camas y la otra es una dependencia más grande donde están los otros cuerpos". Las principales hipótesis iniciales sobre el origen de las llamas barajaban un eventual corto circuito o problemas con una estufa, aunque en ese momento "todo era materia de investigación".
El cabo primero José Romero, junto a un colega, recibió tres llamados esa madrugada, el último confirmando un incendio en un hogar. Tardaron entre 7 y 10 minutos en llegar, encontrando el pabellón 2 ya "declarado", es decir, completamente en llamas y sin posibilidades de control. Adentro dormían 11 mujeres, y se suponía que debían haber dos funcionarias cuidándolas. Una de ellas declaró que escuchó una explosión, pero no se sabe si verdaderamente estaban en su lugar de trabajo.
Cuando se confirmó que había más adultos mayores atrapados en otros pabellones y que el fuego los estaba alcanzando, los carabineros "sin dudar, comenzaron a sacarlos" por instinto natural, según José Romero. La mayoría estaba durmiendo y, al ser rescatados, algunos comenzaron a gritar, totalmente desorientados. Lograron rescatar a 15 adultos mayores antes de que llegara ayuda. Del pabellón 2, donde se originó el fuego, solo sobrevivió una abuelita, que logró escapar por la ventana con quemaduras y sin ayuda. "Cuando bajó la adrenalina sentí miedo. Actuamos sin pensarlo, solo para salvar vidas", recordó Romero.

Las Diez Vidas Perdidas: Historias de Residencia
El hogar albergaba a mujeres con historias de vida diversas, muchas de ellas marcadas por enfermedades o situaciones personales que las llevaron a buscar cuidado y compañía en sus últimos años. La dificultad para identificar los restos de las fallecidas fue una labor ardua debido al estado de los cuerpos, requiriendo pericias de ADN en coordinación con el Servicio Médico Legal (SML).
Juanita Arriagada: Una vida de fortaleza y el declive del Alzheimer
Juanita Arriagada, originaria de Cabrero, tuvo siete hijos y se dedicó a criarlos y atender a su marido, un hombre de campo. En el año 2000, sufrió un accidente vehicular que la dejó viuda. Su hija Nelly Balboa relata que Juanita, una mujer fuerte y acostumbrada a posponerse, "en ese momento comenzó a decaer". Poco a poco comenzó a olvidar las cosas, y el empeoramiento del Alzheimer puso en peligro su vida. A pesar de su resistencia inicial a la idea ("Si traen a alguien, yo la voy a agarrar de las mechas"), la familia decidió trasladarla al Hogar Santa Marta 15 meses antes de la tragedia, donde, según su hija, "nunca antes la había visto tan eufórica". El día antes del incendio, Juanita llamó a todos sus hijos, y su hija Nelly, quien la visitaba a diario, sintió la necesidad de que la saludaran.
Deyanira Venegas: Entre el arte y la docencia
Deyanira Venegas perteneció al coro de la sinfónica y al grupo de ballet de la Universidad de Concepción. Tenía una voz privilegiada y siempre estaba cantando o recitando algún poema. Fue profesora, aunque ejerció poco, dedicándose a la crianza de sus hijos. Su vida la vivió ligada al arte, siendo una mujer independiente y activa hasta sus casi 85 años. Un día, comenzó a tropezarse, y el diagnóstico fue irreversible: Alzheimer. Tras intentar con cuidadoras, su familia decidió trasladarla al Hogar Santa Marta en 2016, dos años antes del incendio, con la esperanza de que "estuviera bien".
Elsa Hidalgo: El rol protector hasta el final
Elsa Hidalgo, profesora y voluntaria de la Cruz Roja, vivía sola en Melipilla y no tuvo hijos. Tras sufrir un trauma que la dejó llena de moretones y casi sin hablar, sospechando un posible asalto, necesitó cuidados. Llegó al Hogar Santa Marta con 87 años, 10 meses antes del incendio. Con el tiempo, empezó a mejorar y estaba pendiente de todas las abuelitas. "Ella nunca se iba a acostar si no estaban todas acostadas", recuerdan sus familiares, destacando su rol protector.
Laurentina Espinoza: Viajes y la búsqueda de compañía
Laurentina Espinoza fue minadora en Huachipato hasta sus casi 60 años, después se dedicó a viajar por Chile, llegando incluso a Tacna, Perú. Recordaba con anhelo la Laguna San Rafael y deseaba conocer la tumba de Carlos Gardel y Leonardo Fabio en Argentina, viaje que nunca logró concretar. Viviendo sola en Chiguayante, se sentía desesperada por no poder socializar y fue ella misma quien pidió irse al hogar. Cuando llegó con 91 años, 7 meses antes del incendio, se enamoró del lugar. Le encantaba sentarse al lado de la chimenea, conversar, y que el almuerzo estuviera listo. Sus hijas Ana y Ximena Sáez, junto a su yerno Gregorio Cuevas, relataron que "aquí era bonito. Plantaban su comida, bailaban, pintaban, tenía ejercicios. Las cuidadoras eran excelentes, igual que los kinesiólogos". La familia visitaba a diario a Laurentina y participaba en las actividades. "Fuimos ignorantes. Nunca nos fijamos que el hogar no cumplía. No había extintores, los pasillos eran estrechos… Pero ella era feliz, vivía muy bien", lamentaron.
Amanda Riquelme: La coquetería y la lucha contra la depresión
Amanda Riquelme era una de las residentes más jóvenes. Padecía glaucoma, lo que afectaba su visión, y sufría de depresión con trastorno de personalidad. Su hija mayor, Isabel Marín, confiesa que creció escuchándola decir que quería morirse y que intentó suicidarse varias veces. Era una mujer coqueta, le encantaba estar "arregladita" y deseaba ser la más bonita. Se enamoró del kinesiólogo del hogar y nunca quiso depender de nadie. Lloraba para que la llevaran a la casa de reposo y se iba cantando en el auto cuando la dejaban. Alcanzó a estar dos meses antes del incendio.

Investigación y Hallazgos Críticos
El informe de Labocar de Carabineros concluyó que la causa basal del incendio fue el recalentamiento del cañón de la estufa, específicamente en la zona de unión con el entretecho, que requería una especial aislación. Contrario a la creencia inicial de que las diez abuelitas murieron calcinadas, el informe, junto al del Servicio Médico Legal, demostró que la causa de muerte fue por asfixia. Algunas de ellas fueron encontradas fuera de su cama, quizás en un intento desesperado de escapar o ayudar.
La dueña del Hogar, Marta López, declaró a BioBioChile que el incendio jamás se pudo prever, considerándolo un accidente insospechado. Afirmó que se había cambiado la chimenea del comedor grande por una estufa nueva Amesti. Sin embargo, la investigación determinó que el origen del incendio fue en otra estufa, sin marca, con soldaduras rotas y un cañón que provenía de una caldera.
Además de la causa del fuego, la investigación reveló graves deficiencias en materia de seguridad. El Hogar Santa Marta estaba construido de madera. El ancho de las puertas era más angosto que las camas donde dormían las abuelitas. No contaba con alarmas de incendio, y se investigó si las funcionarias tenían o no capacitación para usar el extintor y actuar ante una emergencia. El fallo judicial posterior confirmaría que "no existía un plan de emergencia ni de evacuación, y los extintores no estaban certificados ni en condiciones adecuadas de uso, lo que impidió controlar la emergencia".
El abogado querellante Enrique Hernández, quien representa a siete familias, solicitó una nueva pericia para establecer con precisión la responsabilidad de carácter individual. La investigación buscaba determinar qué sucedió esa madrugada y descartar cualquier factor externo. El abogado calificó la situación como un "cuasidelito de homicidio", indicando que, si bien existía negligencia, se estaba a la espera del informe final para imputar responsabilidades penales.

El Cierre del Hogar y la Respuesta Institucional
El Hogar Santa Marta, fundado como Casa de Reposo en 1966 por Ella Jenssen Schaub y administrado por su hija Marta López Jenssen desde 2010, cerró para siempre meses después del incendio. Para Marta López, "es una herida abierta y latente por el resto de su vida". Ella declaró: "Dejé de ser feliz, salvo la alegría que me da ver a mi familia (…). No hay noche que no despierte con las imágenes del incendio y las sirenas de los bomberos".
La vocera del hogar, Rocío Esteban López, confirmó el cierre definitivo debido a la insostenibilidad económica. "Es insostenible tener una casa de reposo con 6 residentes y con un total de 40 trabajadores", explicó, señalando que la reconstrucción absoluta del recinto era inviable para la familia. El hogar se financiaba únicamente con la renta mensual de los residentes, y no había seguros comprometidos.
Inicialmente, tanto el alcalde de Chiguayante, José Antonio Rivas (PS), como la coordinadora del Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama) del Biobío, Sigrid Ramírez, habían calificado al Hogar Santa Marta como "tradicional y de buen trato", asegurando que cumplía con todas las normativas y su resolución sanitaria al día. "Nos sorprendió que haya ocurrido (el incendio) en ese hogar entendiendo que tiene una larga trayectoria. Estamos hablando de que en 53 años no había ocurrido nada similar, es un hogar que no cuenta con ningún antecedente previo", señaló Rivas. Sin embargo, estas declaraciones contrastarían fuertemente con los hallazgos judiciales posteriores.
Desde la Municipalidad de Chiguayante, se han realizado esfuerzos para honrar la memoria de las abuelitas y fortalecer la oficina del adulto mayor. A futuro, buscan forjar una alianza con la "Corporación de Ayuda Diez Abuelitas para el Adulto Mayor", creada por los familiares de las víctimas. Gonzalo Díaz, alcalde subrogante de Chiguayante, expuso que "nuestra sociedad, nuestro Estado, tiene una deuda pendiente con nuestros adultos mayores y en ese contexto nosotros tenemos que por lo menos, honrar la memoria de nuestras abuelitas, porque seguimos en deuda con ellas".
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La Justicia Siete Años Después: Condena Civil y Penal
A siete años del devastador incendio, el Primer Juzgado Civil de Concepción resolvió la demanda presentada por los familiares de las víctimas, estableciendo la responsabilidad civil de la propietaria del recinto, Marta López Jenssen. Ella ya había sido condenada penalmente por cuasidelito de homicidio.
En la sentencia, el juez Denis Oyarce Orrego determinó que la condena penal constituía prueba suficiente del hecho dañoso y de la responsabilidad de la demandada. "Dicha sentencia condenatoria constituye prueba suficiente acerca del evento dañoso, desde que lo resuelto en la sentencia criminal pasa a tener mérito de cosa juzgada respecto de la condenada, sin que pueda en esta sede civil desconocer la responsabilidad que se le adjudicara en la penal", sostuvo el fallo.
El tribunal condenó a la demandada a pagar una indemnización total de $645.000.000 por concepto de daño moral. De esa suma, $35.000.000 corresponde a cada grupo familiar de las víctimas fallecidas, mientras que $50.000.000 fueron asignados a una de las residentes que sobrevivió con lesiones graves, monto que será distribuido entre sus herederos legales.
El magistrado explicó que el sufrimiento y la angustia de las familias se encuentran acreditados por la prueba rendida y por la "lógica natural de los hechos". "A raíz del fallecimiento de sus madres y hermanas, y de las lesiones sufridas con motivo del incendio, los demandantes experimentaron un sufrimiento psíquico, angustia o aflicción (...) concurre el daño moral en examen, el que se encuentra comprobado de la forma dicha y emana, además, de la fuerza natural de las cosas", indica la resolución. Además, las indemnizaciones deberán reajustarse conforme a la variación del Índice de Precios al Consumidor y, en caso de mora, se aplicarán los intereses corrientes fijados por la Comisión para el Mercado Financiero.
El tribunal estableció que el hogar funcionaba con "infracción permanente a la normativa legal que regula los Establecimientos de Larga Estadía para Adultos Mayores (Eleam)", incluyendo deficiencias en materia de seguridad y protección contra incendios, lo cual fue un factor determinante en la magnitud de la tragedia.
Reflexión y Deuda Social con los Adultos Mayores
Marta Provoste, una de las sobrevivientes que dormía en otro pabellón, no recuerda el día del incendio. Su yerno, Mario Castillo, expresa que la decisión de llevarla a una casa de reposo no fue un abandono, sino una preocupación, y nunca dejaron de visitarla. Él se cuestiona la preocupación del país: "¿Qué preocupación tiene el país? Hoy los candidatos hablan, aparecen en las tragedias, pero ¿realmente se preocupan de que la población está envejeciendo?".
Cada 14 de agosto, las familias de las víctimas se reúnen afuera del Hogar Santa Marta. Realizan una ceremonia, rezan y luego forman un círculo para contar anécdotas de las abuelitas. Todos ríen, lloran y se marchan con "una herida que siempre estará presente".