La disfagia, definida como la dificultad para tragar o deglutir alimentos y bebidas, no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma. Esta condición, que afecta al proceso de deglución, se caracteriza por el funcionamiento anormal de dicho mecanismo, asociado a un déficit en la estructura o función oral o faríngea. En la población anciana, la disfagia es uno de los grandes síndromes geriátricos debido a su alta prevalencia, que se sitúa entre un 7% y un 22% en este grupo. En enfermos de Alzheimer, la incidencia puede aumentar hasta un 84%, y en residencias geriátricas, la prevalencia se estima en un 40%.
La disfagia puede manifestarse a cualquier edad, pero es más común en adultos mayores. La dificultad ocasional para tragar, como cuando se come demasiado rápido o no se mastica lo suficiente, no suele ser motivo de preocupación. Sin embargo, si una obstrucción dificulta la respiración, es crucial buscar ayuda de emergencia de inmediato.
¿Qué es la Disfagia y Cómo Afecta a los Ancianos?
La disfagia en ancianos se refiere a la dificultad para tragar que se presenta con mayor frecuencia en la tercera edad. A medida que envejecemos, los músculos y nervios responsables de la deglución pueden debilitarse, haciendo que tragar sea más complicado. La disfagia en ancianos puede ser consecuencia de múltiples factores, desde enfermedades neurológicas hasta cambios estructurales en el sistema digestivo debido al envejecimiento.
Aunque la disfagia no se considera una enfermedad, es un padecimiento que aparece a causa de otros problemas asociados como el Parkinson, el Alzheimer, haber sufrido un ictus o una parálisis que provoque que la lengua, los músculos de la garganta y el esófago no funcionen de manera correcta.
La disfagia puede repercutir en la calidad de vida de quienes la padecen, ya que afecta a todos los aspectos del día a día y puede causar molestias, limitaciones en la alimentación y problemas de salud. Una de las principales consecuencias es la pérdida de peso y desnutrición. El ámbito social es otra de las áreas que se ven perjudicadas, ya que las comidas suelen ser una oportunidad de encuentro con familiares y amigos.
Tipos de Disfagia y su Impacto en los Ancianos
No todas las disfagias son iguales. Se clasifican según la parte del cuerpo donde se produce el problema, y el momento del proceso de alimentación que supondrá un riesgo.
Disfagia Orofaríngea
Este tipo de disfagia ocurre en la primera fase de la deglución, es decir, cuando el alimento o líquido pasa de la boca a la faringe y luego al esófago. La alteración se localiza en la zona oral y faríngea (garganta), desarrollándose una dificultad para iniciar la deglución y que el bolo alimenticio vaya desde la boca hasta el esófago. Quienes la sufren realizan repetidas repeticiones con el fin de realizar la ingesta. El bolo alimenticio se forma de manera dificultosa, por lo que puede observarse retención del mismo en la cavidad bucal, con aumento de la producción de saliva y salida por los labios. Los ancianos con disfagia orofaríngea tienen un mayor riesgo de aspiración, lo que significa que los alimentos o líquidos pueden ingresar en las vías respiratorias en lugar del esófago, pudiendo incluso subir por la nariz. Puede darse una retención del bolo por alteraciones en la propulsión de la lengua y en la faringe, o por disfunciones en la apertura del esfínter esofágico superior.
Disfagia Esofágica
Por su parte, la disfagia esofágica se centra en la dificultad del transcurso del bolo alimenticio por el tubo digestivo o esófago. Quienes sufren este tipo de disfagia, son capaces de hacer pasar el alimento más allá de la faringe; sin embargo, presentan dificultades para transportarlo por el esófago hasta llegar al estómago. Las personas mayores con disfagia esofágica pueden sufrir pérdida de peso y desnutrición debido a la reducción de la ingesta alimentaria. Las causas pueden ser problemas en el peristaltismo, alteraciones en la propulsión, daños circunferenciales y/o cese de la deglución esofágica secundario a disfunciones en el músculo liso de esta estructura. Hay un gran riesgo de vómitos constantes.
Causas Comunes de la Disfagia en Ancianos
La deglución es un proceso complejo en el que participan varios músculos y nervios. La disfagia en personas mayores tiene múltiples causas, algunas relacionadas con enfermedades crónicas y otras con el envejecimiento natural. Conocer estos factores de riesgo puede ayudar a identificar posibles problemas a tiempo:
Enfermedades Neurológicas
- Accidente Cerebrovascular (ictus): Es una de las principales causas de disfagia en ancianos, ya que puede dañar los nervios y músculos que controlan la deglución. El 47% de los pacientes que han sufrido un accidente vascular cerebral (AVC) pueden padecer disfagia en algún momento de su enfermedad.
- Enfermedad de Parkinson: En esta enfermedad, la prevalencia de disfagia se sitúa en el 52%. Puede dañar los nervios y músculos que controlan la deglución.
- Demencias (incluida la enfermedad de Alzheimer): Las demencias cursan con disfagia en el 25% de los casos. En enfermos de Alzheimer, la prevalencia aumenta hasta el 84%. Estas patologías pueden dañar los nervios y músculos que controlan la deglución y dificultar la comunicación del problema.
- Esclerosis Múltiple (EM): El 60% de las personas con esclerosis múltiple padecen disfagia y, en muchas ocasiones, es el síntoma con el que debuta la enfermedad.
- Traumatismo Craneoencefálico (TCE) y otras patologías neurológicas.
Cambios Relacionados con la Edad
El proceso de envejecimiento provoca modificaciones naturales en la función de la deglución. El envejecimiento natural puede afectar los músculos y nervios responsables de la deglución. La presbifagia, un tipo de disfagia en ancianos, es común en personas de edad avanzada debido a esta pérdida progresiva de función muscular. Estos cambios pueden incluir disminución de la fuerza mandibular, incremento del tejido graso y conectivo de la lengua, y pérdida de piezas dentales.
Problemas Estructurales y Mecánicos
- Estrechamiento del esófago (constricción): Puede atascar trozos grandes de alimento.
- Tumores esofágicos: La dificultad para tragar tiende a empeorar de manera progresiva cuando hay tumores esofágicos.
- Cuerpos extraños: Los alimentos u otros objetos pueden obstruir, de manera parcial, la garganta o el esófago.
- Acalasia: Afección donde los nervios o músculos dañados hacen que el esófago tenga dificultad para comprimir los alimentos y líquidos hacia el estómago.
- Espasmo esofágico: Causa contracciones descoordinadas y de mucha presión en el esófago.
- Anillo esofágico: También puede causar disfagia.
- Divertículo faringoesofágico (divertículo de Zenker).
- Cirugías y tratamientos oncológicos: Intervenciones quirúrgicas en la garganta o radioterapia pueden causar cicatrices y rigidez en el esófago.
- Dentadura postiza mal ajustada: Puede interferir con la masticación y la deglución.
Reflujo Gastroesofágico y sus Complicaciones
La enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) y el reflujo ácido crónico pueden dañar el revestimiento del esófago, provocando inflamación, cicatrices, estrechamiento del conducto y dificultad para la deglución. La esofagitis eosinofílica, una enfermedad del sistema inmunitario, también puede afectar el esófago.
Efectos Secundarios de Medicamentos
Algunos fármacos, como antidepresivos, neurolépticos y benzodiazepinas, pueden contribuir al desarrollo de disfagia en ancianos al afectar la producción de saliva, la función neuromuscular o la motilidad del esófago.
DISFAGIA | Qué es, características, en qué patologías aparece, por qué y cómo se produce
Síntomas Clave de la Disfagia en Personas Mayores
Identificar a tiempo los signos de la disfagia en ancianos es fundamental para prevenir complicaciones graves. Los signos clínicos más destacados incluyen:
- Negación a comer ciertos alimentos.
- Tos con la ingesta, especialmente con líquidos. Mucha tos.
- Necesidad de fragmentar el bolo alimenticio.
- Odinofagia (dolor al tragar).
- Atragantamientos al tragar, tanto con líquidos como con sólidos.
- Carraspeo frecuente.
- Sensación de que los alimentos se pegan o se quedan atascados en la garganta o el pecho (disfagia esofágica).
- Babeo frecuente.
- Se le hace una bola en la boca cuando come, o mantiene los alimentos en la boca durante demasiado tiempo.
- Incapacidad de tragar el bolo alimenticio en una única deglución, lo que puede alargar mucho el tiempo de la comida.
- Restos de comida en la boca después de haber terminado de comer.
- Caída de comida e incluso de saliva por la boca o la nariz.
- Manifestación de otros síntomas, como un nudo en la garganta o ardor en el estómago.
- La voz puede sonar distinta (voz gorgoteante o "de gárgaras").
- Falta de apetito o de ganas de comer.
- Sofocos o vómitos frecuentes al comer.
- Disminución de peso, desnutrición o deshidratación.
Complicaciones de la Disfagia en la Población Anciana
La disfagia, si no se trata adecuadamente, puede tener consecuencias graves para la salud de los ancianos. Además de la desnutrición y la deshidratación, la aspiración de alimentos o líquidos puede provocar neumonía por aspiración, una infección pulmonar potencialmente mortal. La dificultad para tragar también puede llevar a la pérdida involuntaria de peso, debilidad muscular, infecciones recurrentes, fiebre sin causa aparente, aislamiento social y un deterioro general de la calidad de vida. En casos severos, la disfagia puede incluso poner en riesgo la vida.
Diagnóstico de la Disfagia
El diagnóstico de la disfagia implica una evaluación completa por parte de un profesional de la salud, como un otorrinolaringólogo, un logopeda o un enfermero especializado. Se inicia con una recogida de signos clínicos. Una vez detectados, se confirma su presencia y gravedad mediante algún método diagnóstico instrumental y/o clínico. Los más utilizados son los clínicos, entre los que destaca el Método de Exploración Clínica Volumen-Viscosidad (MECV-V).
Métodos Diagnósticos
- Método de Exploración Clínica Volumen-Viscosidad (MECV-V): Permite establecer el diagnóstico y, a la vez, orientar la adaptación de la dieta necesaria. Es una prueba clínica validada con las mejores propiedades psicométricas, que se puede realizar en la misma habitación del paciente. Durante el proceso, el paciente recibe diferentes volúmenes de alimento (5 ml, 10 ml o 20 ml) y diferentes viscosidades (líquido, néctar o pudín) para verificar la efectividad y seguridad del proceso de la prueba. El objetivo es detectar manifestaciones de una ingesta insegura e ineficaz, como deglución fragmentada, sello labial comprometido, residuos orales, cambios de la voz y disminución de la saturación de oxígeno. Este procedimiento de detección es rápido (5 a 10 minutos), seguro y preciso.
- Videofluoroscopia: Un estudio de rayos X que permite visualizar el movimiento de los alimentos a través de la boca, la faringe y el esófago, corroborando de forma secundaria la información obtenida con el MECV-V.
- Endoscopia: Utiliza una cámara pequeña para visualizar el interior del esófago y detectar obstrucciones o anormalidades.
- Manometría esofágica: Mide la presión en el esófago durante la deglución.
- Evaluación de la deglución por un logopeda: Para identificar las dificultades específicas del paciente.

Tratamiento y Manejo de la Disfagia en Ancianos
El tratamiento de la disfagia en ancianos depende de la causa y el tipo de dificultad para tragar que presente la persona. Se requiere un enfoque multidisciplinario que combine terapia de deglución, adaptación de la dieta, cambios en la postura y, en algunos casos, tratamiento médico. Los tratamientos que han mostrado mayor eficacia se basan en el aumento de la viscosidad de los líquidos.
Terapia de Deglución y Ejercicios para Fortalecer los Músculos
Los especialistas en fonoaudiología o logopedia pueden enseñar ejercicios específicos para mejorar la coordinación y fuerza de los músculos implicados en la deglución, lo que puede marcar una gran diferencia en la capacidad para tragar de los ancianos. Estos ejercicios ayudan a mantener la función muscular activa y reducir el riesgo de disfagia. Las terapias especializadas no solo ayudan a mejorar la capacidad física de deglutir, sino que también ofrecen un sentido de control y progreso, reduciendo la ansiedad al comer y brindando confianza a los pacientes.
- Ejercicios de fortalecimiento de los músculos de la deglución: Para tratar la debilidad en los músculos de la garganta y la boca.
- Técnicas de respiración y relajación: Para controlar la ansiedad y el estrés que pueden afectar la deglución.
- Ejercicios de elongación y estiramiento: Mejoran la respiración y los movimientos realizados durante la deglución.
Modificación de la Dieta y Adaptación de los Alimentos
Uno de los pilares en el tratamiento para la disfagia en ancianos es adaptar la textura de los alimentos y líquidos para facilitar su paso seguro. Es relevante individualizar la dieta en función del paciente y del momento evolutivo de la enfermedad, realizándose de manera gradual. Cuando se altera la capacidad de deglución, la adecuación de la dieta es un reto, siendo necesario un abordaje desde el equipo multidisciplinario. Las medidas dietéticas desarrollan un papel primordial y deben ser individualizadas a cada caso y adaptadas en el momento de evolución de la enfermedad.
Se debe tener en cuenta la posibilidad de deglutir de la persona según sea la disfagia a líquidos, sólidos, mixta o dobles texturas. Los líquidos de baja densidad suelen ser los más difíciles de tragar y conllevan el mayor riesgo de broncoaspiración. Por ello, se recomienda la utilización de espesantes comerciales para adaptar la textura de los líquidos, aunque debe considerarse el tiempo necesario para que se adapten al líquido y el aumento de la viscosidad con el paso del tiempo. Sin embargo, no se aconseja el uso indiscriminado de espesantes ni el empleo de miel, ya que pueden aumentar el riesgo de deshidratación.
Se deben evitar alimentos peligrosos o de riesgo, como grumos, pieles, espinas, alimentos pegajosos, resbaladizos, y de consistencia mixta (combinado de líquido y sólido como sopas o naranjas). Se recomienda optar por alimentos más densos (sopas cremosas, gelatinas, natillas, yogur).
Estrategias Posturales y Técnicas de Alimentación
La forma en que un anciano se sienta y come puede hacer una gran diferencia en su capacidad para tragar de manera segura. Las recomendaciones incluyen:
- Comer sentado con el cuerpo y la cabeza rectas (en ángulo de 90º) y los brazos apoyados, evitando que el paciente esté lateralizado.
- Inclinación de la cabeza hacia delante: Antes de tragar, inclinar ligeramente la cabeza hacia delante, con la barbilla hacia el pecho, protege las vías respiratorias de posibles aspiraciones.
- Evitar distracciones y comer en un ambiente tranquilo y sin prisas.
- Comer lentamente, en poca cantidad de una sola vez (cuchara de postre). Administrar porciones pequeñas a la vez que se comprueba una correcta ingesta, con una buena deglución y sin fatiga aparente.
- No usar jeringa para la alimentación oral, ya que puede dar lugar a broncoaspiraciones y no permite objetivar que la deglución ha concluido.
- No usar pajitas o jeringuillas para los líquidos. Existen vasos sin la parte de la nariz, para evitar que el vaso choque y tengan que alzar la barbilla.
- Si la persona necesita que alguien le dé de comer, el cuidador debe decirle qué le va a dar de comer y enseñárselo, mostrando calma y seguridad. No debe conversar, ya que hablar aumenta el riesgo de atragantamiento.
- En pacientes con disfunciones neurológicas, la comida se dará en pequeñas porciones valorando su capacidad masticatoria y los movimientos de la lengua. Se tendrá en cuenta la colocación del alimento en el lado sano de la boca.
- Evitar acostar a la persona inmediatamente después de las comidas. Tras acabar de comer, se recomienda que la persona permanezca incorporada entre 30 y 60 minutos, con el fin de evitar el reflujo.
- Experimentar con contrastes de sabores (dulce-salado, ácido-amargo), con sabores intensos y contrastes de temperatura, respetando los gustos de la persona mayor.
Cuidados de Enfermería y Educación
El personal de enfermería desempeña un papel crucial en la detección y el manejo de la disfagia. Es fundamental realizar una valoración geriátrica integral individualizada y una evaluación de la capacidad de deglución. Las intervenciones incluyen:
- Incorporar el cabecero de la cama para facilitar la ingesta.
- Revisar la boca del paciente con un depresor y una linterna para detectar restos de comida y retirarlos.
- Prestar atención a la tos, disnea y babeo durante las comidas.
- Mantener una buena higiene bucal antes y después de la comida para evitar infecciones, utilizando enjuague bucal sin alcohol si es necesario.
- Tener disponible un sistema de aspiración cercano en la habitación.
- Controlar la nutrición: Valorar las calorías ingeridas, la excreción y el peso matutino para solventar episodios de desnutrición o deshidratación.
- Educar a familiares y cuidadores: Informar sobre el manejo de la disfagia, la adaptación de consistencias, y cómo actuar ante situaciones de urgencia como la maniobra de Heimlich.
DISFAGIA | Qué es, características, en qué patologías aparece, por qué y cómo se produce
Impacto Emocional y Psicológico de la Disfagia
La disfagia en ancianos no solo compromete su salud física, sino que también puede afectar profundamente su bienestar emocional y psicológico. Los ancianos que experimentan dificultades para tragar a menudo enfrentan una serie de problemas emocionales:
Ansiedad y Miedo al Atragantamiento
Uno de los efectos psicológicos más comunes es el miedo al atragantamiento. Las personas mayores con esta afección suelen sentirse ansiosas al enfrentarse a las comidas, temiendo que los alimentos o líquidos se queden atascados en la garganta. Este temor constante genera estrés, haciendo que la hora de comer se convierta en una experiencia angustiante en lugar de placentera.
Frustración y Pérdida de Control
La disfagia también puede generar un sentimiento de pérdida de control sobre el propio cuerpo. Los ancianos que no pueden disfrutar de sus comidas de manera normal pueden sentirse frustrados y, en muchos casos, impotentes ante su situación. Esto puede afectar su autoestima y llevar a una sensación de vulnerabilidad.
Aislamiento Social
Las personas mayores con disfagia a menudo evitan situaciones sociales donde se sirva comida, lo que puede conducir a un aislamiento social progresivo. Rechazar invitaciones a reuniones familiares o eventos sociales por temor a las dificultades al comer es una realidad común entre quienes padecen esta afección. Como resultado, pueden experimentar soledad, lo que agrava su estado emocional.
Impacto Psicológico a Largo Plazo
Los efectos psicológicos de la disfagia no son solo inmediatos. Con el tiempo, los ancianos pueden experimentar una disminución en su calidad de vida debido al impacto acumulado de estos sentimientos:
- Depresión: La combinación de ansiedad, frustración y aislamiento puede llevar al desarrollo de depresión. La imposibilidad de participar en actividades sociales comunes, como disfrutar de una comida en familia, puede aumentar los sentimientos de tristeza y desesperanza.
- Pérdida de apetito: El estrés asociado a la disfagia a menudo hace que las personas mayores pierdan el interés por la comida. Esta pérdida de apetito puede agravar aún más los problemas de desnutrición, debilitando su estado físico y afectando su salud mental.
Cómo Abordar el Impacto Psicológico de la Disfagia
Es crucial que, además de tratar los aspectos físicos, se preste atención al bienestar emocional de las personas mayores que la padecen:
- Apoyo psicológico: Consultar a un profesional de la salud mental puede ayudar a lidiar con la ansiedad y la depresión.
- Terapias de deglución y logopedia: Ofrecen un sentido de control y progreso, reduciendo la ansiedad al comer.
- Apoyo social: Fomentar la participación en actividades sociales, incluso en entornos donde no se requiera comer, puede ayudar a combatir el aislamiento. Es importante que familiares y cuidadores comprendan los desafíos emocionales de la disfagia y ofrezcan apoyo.
Prevención de la Disfagia en Ancianos
Prevenir la disfagia, especialmente en personas mayores, requiere adoptar una serie de hábitos y cuidados que pueden ayudar a evitar la aparición de esta afección.
Mantener una Dieta Adecuada
Una dieta equilibrada, con alimentos fáciles de masticar y deglutir, es fundamental. Evitar alimentos duros, secos o pegajosos y optar por comidas blandas o trituradas puede ser muy útil. Es recomendable comer porciones pequeñas y masticar lentamente para facilitar el proceso digestivo.
Realizar Ejercicios para Fortalecer la Musculatura
El fortalecimiento de los músculos de la deglución mediante ejercicios específicos recomendados por logopedas puede prevenir problemas, ayudando a mantener la función muscular activa y reducir el riesgo de disfagia.
Prevenir y Controlar Enfermedades Subyacentes
Tratar adecuadamente enfermedades neurológicas como el Parkinson y el Alzheimer puede reducir el riesgo de desarrollar disfagia. Asimismo, tratar el reflujo gastroesofágico de manera temprana y efectiva puede prevenir daños en el esófago.
Realizar Revisiones Periódicas
Las revisiones médicas regulares, sobre todo en personas mayores, son esenciales para detectar a tiempo cualquier problema relacionado con la disfagia.