Alicia Fainblum, docente de la carrera de Psicología, conversó con Intersecciones Psi acerca de la formación e intervención del psicólogo en relación a la temática de discapacidad. Destacó la necesidad de profesionales atravesados por una cuestión ética, con una mirada que atienda la singularidad de cada sujeto. “El efecto terapéutico sería generar una posición sujeto, una posición de autonomía respecto de la determinación de un Otro”, aseguró.
En un primer momento, Fainblum construyó su rol como psicóloga en el área educacional, partiendo de su formación como profesora de educación especial. Al repensar y reelaborar muchas cuestiones, se dio cuenta de que su formación inicial la había "deformado" para intervenir desde una posición que, en la actualidad, intenta hacer consciente a los alumnos sobre sus consecuencias iatrogénicas. Se refiere a una posición reeducativa, tendiente a crear rendimientos comportamentales desde una perspectiva reparatoria y centrada en el déficit.
La Creación de Espacios Académicos para la Discapacidad
Al presentar el proyecto para incluir la temática de discapacidad en la carrera de Psicología, Fainblum se encontró con que ninguna carrera universitaria en el país, ni pública ni privada, contemplaba esta materia. Percibió una resistencia considerable al tema, que, aunque persiste, era más fuerte en aquel entonces. Esta resistencia se manifestaba en preguntas de colegas como: “Vos sos psicoanalista, ¿qué hacés en discapacidad?”, suponiendo que una persona con discapacidad queda excluida de la condición de sujeto humano.
A pesar de esta resistencia, el número de inscriptos a la materia superó las expectativas, evidenciando un interés estudiantil en formarse en temas no contemplados tradicionalmente en la academia. Este fenómeno se observa como un efecto de reproducción, donde los estudiantes buscan abordar áreas que tradicionalmente han sido ignoradas.
Actividades y Enfoques en la Cátedra
Entre las actividades realizadas en la cátedra, se incluía la aproximación progresiva al conocimiento de la práctica profesional mediante la concurrencia de los alumnos a instituciones. Allí, realizaban entrevistas al psicólogo o al equipo interdisciplinario, con el objetivo de analizar las intervenciones desde las cuestiones teóricas abordadas en la materia. El enfoque no se limitaba a pensar en la persona con discapacidad y su familia, sino también en la propia experiencia de los profesionales en relación a esta temática.
En las primeras entrevistas con otros profesionales, se identificó que muchos estaban influenciados por la concepción de un profesional reeducador, enfocado únicamente en la rehabilitación y fuertemente impregnado de representaciones sociales en lugar de fundamentos conceptuales sólidos. El objetivo de la cátedra era, además de transmitir un bagaje teórico necesario, generar un efecto de formación que provocara un reposicionamiento ético ante la temática y fomentara una práctica reflexiva, donde el alumno valorara la posición del profesional que se interroga sobre su propio "qué-hacer".
Psicología de la Discapacidad vs. Clínica de la Discapacidad
La materia "Psicología de la Discapacidad" está asociada a la Práctica Profesional "Discapacidad: Intervenciones en la Niñez y Adolescencia". La necesidad de un espacio para la práctica surgió del interés de los alumnos, quienes buscaban continuar formándose en el tema, dado que la cursada cuatrimestral no agota la amplitud y complejidad del campo clínico de la discapacidad.
Se había firmado un convenio con la CONADIS (Comisión Nacional Asesora para la Integración de las Personas con Discapacidad), que diagnosticaba la falta de profesionales, especialmente psicólogos, formados en el tema. La práctica profesional permitía un acercamiento más directo al rol del psicólogo, interviniendo interdisciplinariamente en el trabajo con personas con discapacidad a través de diversos dispositivos como Centros de Día, Estimulación Temprana, Escuelas de Educación Especial y Equipos de Integración Escolar. Aunque las materias no son correlativas, se advierte la necesaria articulación entre teoría y práctica.
Distinción Conceptual Crucial
Es fundamental aclarar la diferencia entre la "Psicología de las Discapacidades" y la "Clínica de la Discapacidad". La primera, sostenida por muchos profesionales, postula características de personalidad o psíquicas a partir de la discapacidad o del diagnóstico orgánico (ej. "psicología del ciego", "psicología del sordo", "psicología del down"). Fainblum considera esta postura una falacia, ya que lo psíquico no es una consecuencia directa de lo orgánico y desconoce la singularidad de cada sujeto humano.
Esta perspectiva implica afirmar efectos fijos y anticipables a partir de un diagnóstico médico, permitiendo que "el diagnóstico haga destino". Al clasificar y generalizar, se excluye la consideración de la singularidad subjetiva, generando efectos iatrogénicos desubjetivantes. Por el contrario, la "Clínica de la Discapacidad" se entiende como una "mirada clínica", enfocada en el caso por caso y la singularidad, no en el sentido tradicional de una intervención psicoterapéutica de vertiente médica.
Desde esta perspectiva, no se incluyen en el universo de la discapacidad patologías que no son de origen orgánico, como el autismo o los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), a pesar de la tendencia actual de atribuirles causas orgánicas debido al auge de las neurociencias. Si bien se considera la disposición y lo constitucional, se enfatiza que factores de otro orden, no orgánico, están en juego.

La Tendencia a la Generalización y la Resistencia a la Incertidumbre
La tendencia a la generalización y clasificación no solo atraviesa el discurso psicológico sobre la discapacidad, sino el discurso social en general. Fainblum compara a algunos profesionales con Procusto, personaje mitológico que adaptaba a los viajeros a la medida de su lecho. De manera similar, algunos profesionales operan con la teoría como un "lecho de Procusto", forzando la realidad para que coincida con ella y así evitar la incertidumbre inherente al abordaje del sujeto y el caso por caso. En el campo de la discapacidad, la irrupción del límite y la falta genera angustia, lo que puede llevar a una tendencia a generalizar y atribuirse un saber sobre el otro como mecanismo de defensa.
Estas generalizaciones, que a menudo atribuyen características específicas a las personas con discapacidad, las ubican en los márgenes de lo "específicamente humano". Históricamente, ha existido la tendencia a pensar a las personas con discapacidad como poseedoras de una "naturaleza diferente", lo cual funciona como una defensa para mantener la propia integridad y ubicarse en una posición de superioridad ("si tienen naturaleza diferente, entonces a mí no me va a pasar"). Esta tendencia también se manifiesta en la infantilización, donde incluso adultos con discapacidad son vistos a través de la lente de la infancia, ignorando su condición de jóvenes o adultos.
Esta representación social se evidencia en la escasez de escritos y desarrollos teóricos sobre adolescentes y adultos con discapacidad. Asimismo, la sexualidad en personas con discapacidad suele ser ignorada o abordada a través de representaciones sociales limitadas.
Fainblum enfatiza que no existen "recetas" para la intervención, sino un trabajo continuo y reflexivo en la práctica clínica, en un marco interdisciplinario. La reflexión sobre el propio "qué-hacer", la interpelación al otro, el intercambio y la revisión de presupuestos son fundamentales. Ningún campo de saber o práctica se agota en la mirada de una sola disciplina o en el trabajo aislado.

El Efecto Terapéutico y la Autonomía Subjetiva
El efecto terapéutico en la clínica de la discapacidad no se entiende en el sentido de una psicoterapia tradicional, sino como la generación de autonomía en el sujeto. Esto implica la posibilidad de conectarse con lo propio, desarrollar la capacidad de sostener la propia palabra, y ejercer la elección y responsabilidad subjetiva. Se critica la tendencia de algunos profesionales a arrogarse el saber sobre la vida del otro, decidiendo lo que es mejor para él.
La discapacidad intelectual y la sordera han sido históricamente excluidas del campo del psicoanálisis, lo cual Fainblum interpreta como una actitud defensiva y de resistencia. Cada discapacidad presenta interrogantes únicos, como la diferencia entre escuchar y oír, o ver y mirar. En el caso de la sordera, el modelo hegemónico de la oralización ha tenido consecuencias iatrogénicas nefastas, perpetuando la falacia del "sordo mudo". Para trabajar psicoanalíticamente con personas sordas, es necesario que el profesional conozca la lengua de señas.
Muchos profesionales optan por trabajar solo con las familias de personas con discapacidad intelectual, como si el sujeto no existiera allí donde hay un déficit. Se diferencia la discapacidad intelectual de la debilidad mental, que puede presentarse en personas sin discapacidad. El debilitamiento subjetivo, entendido como la dificultad para sostener al otro, se considera inducido por intervenciones profesionales y por la tendencia a otorgar valor absoluto a la palabra del Otro, claudicando a lo propio y solicitando autorización constante.
En el libro "Discapacidad: Una perspectiva clínica desde el psicoanálisis", se aborda el texto "Del puro cuento a la palabra que cuenta", que describe cómo una persona con discapacidad, para establecer lazos sociales y ser reconocida, puede renunciar a lo más propio e identificarse con el lugar que el discurso social le asigna. La intervención terapéutica busca la reconexión con lo propio.
Definición de Discapacidad desde una Perspectiva Psicoanalítica
Desde una perspectiva psicoanalítica, la discapacidad se considera cuando una capacidad de orden cognitivo, motriz o sensorial presenta una alteración limitante que es consecuencia de una causa orgánica. No se incluyen en este universo patologías que, según la experiencia clínica de Fainblum, no son de origen orgánico, sino que involucran factores de otro orden, como graves patologías psíquicas (autismo, psicosis, TGD). La organicidad se inscribe en una trama subjetiva y familiar particular, a partir de la cual pueden o no estructurarse cuestiones psicopatológicas.
La importancia del diagnóstico radica en identificar la incidencia de lo orgánico y lo psíquico. Sin embargo, se cuestionan las miradas profesionales que cristalizan en el diagnóstico, desconociendo al sujeto y cómo la discapacidad se manifiesta en su particularidad. Estos profesionales operan como Procusto, utilizando el diagnóstico y la literatura científica como "lechos" a los que adaptan al paciente.
La Clínica de la Discapacidad: Ética y Singularidad
La clínica de la discapacidad se fundamenta en una posición ética que respeta y considera al Sujeto, entendido como sujeto del deseo y del lenguaje. La teoría psicoanalítica proporciona los recursos conceptuales para organizar las intervenciones. La "mirada clínica" rescata la singularidad y se descentra del déficit orgánico, sin desconocerlo. Por lo tanto, la Clínica de la Discapacidad excede las intervenciones psicoterapéuticas tradicionales e incluye ámbitos educativos, laborales y recreativos, siempre desde una ética que considera el caso por caso.
Se contrapone a la "Psicología de las Discapacidades" (ej. "psicología del sordo", "psicología del ciego"), que atribuye características psíquicas iguales a quienes comparten un diagnóstico médico. Esta postura, al desconocer la singularidad, genera intervenciones generalizadoras y desubjetivantes. Ineludiblemente, esta clínica es de carácter interdisciplinario.
Integración Escolar: Un Proceso Subjetivo
La integración escolar es un tema complejo que requiere una profunda reflexión. La escuela, históricamente marcada por la homogeneización, ahora aborda la diversidad y la integración con un énfasis que a menudo resulta ser solo discursivo. El simple hecho de que un niño o adolescente con discapacidad asista a una escuela común no constituye una integración; esta última es una tramitación de orden subjetivo, no administrativo.
Es crucial definir qué se entiende por integración para elaborar estrategias de intervención individualizadas. La integración implica considerar al alumno, los padres, la institución y a todos los actores de la escena escolar (docentes, directivos, otros alumnos). Es necesario indagar y trabajar con los supuestos e imaginarios sobre la integración y la discapacidad para intervenir eficazmente.
Se presentan casos paradigmáticos: Mariano, un púber con síndrome de Down, solicita regresar a su escuela especial porque no quiere ser "Coqui" (personaje televisivo), sino "Mariano". Gabriela, una niña en silla de ruedas, reclama volver a su escuela de origen porque "no quiero estar sola en el recreo. Me gusta jugar". Estos casos ilustran que la integración no es solo voluntad institucional, sino un proceso que requiere cuestionar el sentido del espacio ofrecido al alumno con discapacidad, evitando colocarlo en un lugar marginal, de "pobrecito" o "paralítico".
La integración escolar es una operatoria subjetiva que el alumno lleva a cabo, apropiándose del espacio escolar y dejando sus marcas. No se trata de que alguien "integra" a otro, sino de un estar "con" otros, estableciendo lazos sociales. Los profesionales acompañan, generando condiciones favorecedoras, pero la integración la realiza el alumno.
La exclusión de posiciones ingenuas revela la necesidad de interrogar el "lugar" que se le reserva al alumno con discapacidad en la escuela común. A menudo, se reproduce la marginación y la exclusión social, con la segregación de la pareja niño/maestra integradora. Se desmitifica el rol de la maestra integradora, quien debe operar como puente y no asumir la integración como una responsabilidad exclusiva. El trabajo debe ser en equipo, intercambiando estrategias con la docente de grado y la escuela.
Las intervenciones clínicas en el ámbito escolar deben ofrecer un espacio que aloje al niño/adolescente, promueva el deseo de saber, el lazo social, la responsabilidad subjetiva y la habilitación para el propio hacer. Se busca que el alumno se apropie del objeto de conocimiento.

La Relación entre Organismo, Cuerpo y Lenguaje
La discapacidad implica una marca del cuerpo, un real orgánico. Tanto el sujeto como el cuerpo son efecto del encuentro del organismo con el lenguaje. Uno y otro no son anteriores a esta afectación. Hay una diferencia entre sujeto y cuerpo: para "tener" un cuerpo, se debe dejar de ser un puro organismo. El niño reconoce su cuerpo como unidad de manera anticipada, no solo por maduración orgánica, sino por la mirada del Otro que libidiniza la imagen con la cual se identifica.
La mirada del Otro tiene un poder estructurante. El autoerotismo, las pulsiones parciales y la vivencia de un cuerpo disperso anteceden a la noción de cuerpo propio. La estructuración del sujeto no es independiente de lo biológico; se parte de un organismo, pero es en relación al Otro que se construye el sujeto, el cual se hace cuerpo entre otros.
La subjetivación del cuerpo se produce por la inscripción de lo imaginario y lo simbólico. Dos conceptos clave son el esquema corporal y la imagen inconsciente del cuerpo, desarrollados por Françoise Dolto. El esquema corporal es la representación de la realidad del cuerpo, producto de experiencias y aprendizaje, que incluye las marcas del cuerpo y las experiencias vividas. En caso de discapacidad, el esquema corporal puede presentar trastornos o estar afectado en los aspectos que refieren al déficit orgánico.
La imagen del cuerpo se construye en relación al campo del Otro, siendo inconsciente y ligada al sujeto del deseo. Es consecuencia de intercambios narcisizantes y marcas en el cuerpo, relacionada con la identificación imaginaria y el lugar simbólico otorgado por el Otro. La constitución del cuerpo está atravesada por el lenguaje, que humaniza y permite la emergencia del sujeto y de la imagen del cuerpo.
En la clínica de la discapacidad, se observan alteraciones funcionales del cuerpo que superan lo supuesto por la alteración orgánica, o limitaciones intensificadas. También se presentan dificultades en la marcha, control de esfínteres, hiperkinesias, incoordinaciones e inhibición de movimientos en esquemas corporales sanos.
El Nacimiento de un Niño con Alteración Orgánica: Un Evento Traumático
El nacimiento de un niño con una alteración orgánica, como parálisis cerebral, alteración genética o malformación, es vivido como un evento inesperado que atenta contra las ilusiones parentales y genera un vacío amenazante. Constituye una situación traumática que demanda simbolización, rompiendo la cadena significante y requiriendo elaboración para la filiación.
Cuando el proceso de simbolización se completa, se pierde lo real del déficit en lo simbólico, permitiendo el juego del narcisismo, el alojamiento del niño en el deseo de los padres y la asignación de un lugar diferente al de la limitación físico-funcional. Esto posibilita la estructuración de un sujeto con una representación sana de sí mismo.
Se presenta el caso de Carla, quien, a pesar de las secuelas de poliomielitis y su desplazamiento en silla de ruedas, se identifica como "subjetivamente en movimiento". Su coquetería y arreglo personal evidencian una libidinización de su cuerpo que trasciende la patología orgánica y el lugar de déficit.
En contraste, se expone el caso de Matías, un bebé con parálisis cerebral, cuya madre expresa angustia ante el aparente rechazo de su hijo. Este desencuentro, interpretado por la madre como un rechazo personal, genera una fractura en la relación, más allá de la herida narcisista por la distancia con el hijo ideal esperado. En estos casos, el quiebre del narcisismo parental puede ser tan grande que imposibilita asumir las funciones materna y paterna, y el niño es percibido como puro déficit.
La imposibilidad de simbolizar lo real en juego puede llevar a la irrupción de lo siniestro, la ausencia de espejo y, por ende, de imagen (virtual). No habría sujeto, ni cuerpo subjetivado, ni imagen del cuerpo. Se manifiestan rasgos autistas, desconexión, estereotipos, ausencia de juego y dificultades funcionales que no son patognomónicas del síndrome, sino alteraciones sobreagregadas, consecuencia de la ausencia de constitución de la imagen del cuerpo.
Se concluye enfatizando la importancia de las intervenciones tempranas en familias de niños con déficit orgánico, para promover las operatorias necesarias que eviten la aparición de alteraciones sobreagregadas de orden subjetivo.
4° encuentro Tragedias contemporáneas. Ética y estética en la clínica actual
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