Las caídas representan un significativo problema de salud pública a nivel mundial, siendo una fuente importante de morbilidad, lesiones, discapacidad y un incremento en el gasto sanitario. Este problema es particularmente acentuado en personas con discapacidad intelectual (DI), quienes son más vulnerables debido a una combinación de factores de riesgo específicos.
Las Caídas: Un Problema de Salud Pública Global
Definición y Magnitud del Problema
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define las caídas como un acontecimiento involuntario que causa la pérdida del equilibrio, resultando en lesiones al golpear el cuerpo contra el suelo u otra superficie firme que lo detenga1. Estas tienen un impacto considerable en los sistemas de salud2, constituyendo un problema de salud pública a nivel global1 que genera morbilidad, lesiones, discapacidad y un aumento del gasto sanitario3.
Según la OMS, se estima que anualmente ocurren 684.000 caídas mortales, lo que las posiciona como la segunda causa mundial de defunción por traumatismos involuntarios, superadas únicamente por los accidentes de tráfico. Las tasas de mortalidad más elevadas por esta causa se observan entre los mayores de 60 años en todas las regiones del mundo. En España, el Instituto Nacional de Estadística (INE) reportó que las caídas accidentales fueron la principal causa de muerte externa en 2023, con 4.018 fallecidos, superando a los suicidios4.
Factores de Riesgo de Caídas
Los factores de riesgo de caídas se clasifican en intrínsecos y extrínsecos.
- Factores intrínsecos: Están relacionados con el paciente. La edad es un factor principal, siendo los mayores de 60 años quienes presentan mayor riesgo de sufrir lesiones y morir1,3,5. Los adultos de edad avanzada son hospitalizados por lesiones relacionadas con caídas cinco veces más frecuentemente que por otras causas6. La magnitud de este riesgo puede deberse, en parte, a trastornos físicos (pérdida de masa muscular y fuerza), sensitivos y cognitivos asociados al envejecimiento, así como a la falta de adaptación del entorno1. Otros factores intrínsecos incluyen la comorbilidad, trastornos neurológicos o discapacitantes, antecedentes de caídas y alteraciones de la movilidad y la percepción3,5.
- Factores extrínsecos: Se relacionan con el entorno físico, la iluminación, el calzado y los medicamentos. Fármacos como los opioides, neurolépticos, benzodiacepinas y antidepresivos tricíclicos son considerados factores extrínsecos que incrementan el riesgo de caídas.
La Discapacidad Intelectual y la Vulnerabilidad a las Caídas
Definición y Características de la Discapacidad Intelectual
La discapacidad intelectual (DI) es una condición caracterizada por limitaciones significativas tanto en el funcionamiento intelectual (capacidad mental general) como en el comportamiento adaptativo (habilidades conceptuales, sociales y prácticas de la vida cotidiana), que se manifiesta antes de los 22 años7,8. La Asociación Americana de Discapacidad Intelectual, en su undécima edición, define la discapacidad intelectual por limitaciones en el funcionamiento intelectual como la conducta adaptativa, tal como se ha manifestado en habilidades adaptativas, conceptuales y prácticas. En el DSM-V, las funciones intelectuales incluyen el razonamiento, la resolución de problemas, la planificación, el pensamiento abstracto, el juicio, el aprendizaje académico y el aprendizaje a partir de la experiencia. La DI alude a una condición limitada del funcionamiento intelectual y adaptativo, que ocurre antes de los 18 años de edad.
Estas particularidades hacen que las personas con discapacidad intelectual constituyan una población vulnerable con una tasa de caídas significativamente más alta que en la población general. Además, la compilación de información realizada mostró coincidencia en la existencia de personas que presentan dificultades en la esfera intelectual y que deben recibir atención individualizada para lograr su inserción en la rutina diaria de la sociedad; con anterioridad estas personas generalmente eran relegadas por su discapacidad.

Factores de Riesgo Específicos en Personas con DI
Las causas de las caídas en este colectivo son multifactoriales, existiendo una combinación de factores que los hacen más propensos a caer. Entre los factores intrínsecos, se incluyen:
- Deficiencias motoras y sensoriales concomitantes: Limitaciones de equilibrio y fuerza, patrones de marcha atípicos, y cierta discapacidad visual predisponen a una pérdida de equilibrio más fácil9.
- Epilepsia y medicación anticonvulsiva: La relación entre la epilepsia y las caídas derivadas de crisis convulsivas o ausencias es evidente, así como los efectos del uso de medicamentos anticonvulsivos9.
- Comorbilidades: Las personas con DI son más propensas a presentar diversas comorbilidades que pueden contribuir a un deterioro precoz de la salud, aumentando sus niveles de fragilidad.
- Efectos secundarios de fármacos: La extensa utilización de medicamentos puede generar efectos secundarios como confusión mental, sedación y entorpecimiento de las funciones psicomotoras. Las personas con DI son más sensibles a la aparición de estos efectos secundarios9.
- Menor conciencia de seguridad y mayor distraibilidad: Suelen tener menos conciencia de la seguridad10 y mayor distraibilidad9.
Se ha observado que las personas con DI experimentan signos de envejecimiento a partir de la tercera década de vida y, como tales, se las considera “adultos mayores”.
Consecuencias de las Caídas en Personas con DI
Las caídas representan la mayor causa de hospitalización y lesiones serias en adultos con DI, generando altas tasas de morbilidad y mortalidad, y contribuyendo a aumentar la inmovilidad y sus efectos negativos. Las consecuencias para los individuos son únicas y diversas, dependiendo de su nivel cognitivo9.
Pueden existir consecuencias funcionales, como discapacidad, pérdida de autonomía y restricción de la movilidad, lo que a su vez aumenta el número de institucionalizaciones. También pueden presentarse consecuencias psicológicas, como cambios comportamentales autoimpuestos, miedo a volver a caer y reducción de la confianza en uno mismo. Al menos el 50% o más de las caídas resultan en lesiones, y entre el 6 y el 11% causan lesiones graves, como fracturas y conmoción cerebral, entre los adultos mayores con DI, lo que puede tener un efecto negativo en la calidad de vida12. Además, las personas con discapacidad intelectual pueden experimentar más dolor, tanto agudo como crónico14, o al menos la misma frecuencia de dolor que la población general15,16,17. Aunque la expresión del dolor agudo pueda estar diferida, una vez registrado, puede haber una respuesta exagerada al dolor14.

Evaluación del Riesgo de Caídas en la Discapacidad Intelectual
Herramientas de Evaluación Generales
Las herramientas de evaluación del riesgo de caídas más utilizadas son el Modelo de Riesgo de Caídas de Hendrich II (HFRM II), la Escala de Caídas de Morse (MFS) y la Herramienta de Evaluación de Riesgos de St. Thomas (STRATIFY). Todas estas poseen propiedades psicométricas sólidas y un nivel aceptable de sensibilidad y especificidad. A pesar de no existir un estándar de oro para la evaluación de riesgos, la selección de la herramienta adecuada es crucial para el éxito de un programa de prevención de caídas. Cuando las herramientas de evaluación se utilizan correctamente y aun así se producen caídas, se deben considerar nuevas o modificadas estrategias de evaluación.
Pruebas Específicas para Factores de Riesgo
Existen otras pruebas diseñadas para evaluar factores de riesgo de caída específicos:
- El «Timed Up and Go Test» (TUGT) evalúa la movilidad general y es uno de los instrumentos más fiables para evaluar caídas en personas con DI11, además de contemplar el miedo a caer18.
- El test del reloj se recomienda en las evaluaciones integrales del riesgo de caídas, ya que permite evaluar la función ejecutiva.
- La Escala de Equilibrio de Berg (BBS) es un instrumento que evalúa el equilibrio en diversas actividades de la vida diaria y es predictiva si existe alteración del equilibrio18.
The Timed Up and Go Test (TUG) | Fall Risk Assessment
Estrategias de Prevención de Caídas
La literatura actual sugiere implementar actividades preventivas y multifactoriales que aborden los factores de riesgo específicos y las características individuales de los pacientes2. La implementación de estrategias preventivas personalizadas y de programas que incluyan ejercicios de fortalecimiento y equilibrio, revisión de la medicación y adaptación del entorno es esencial para reducir la incidencia de caídas y mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual.
Intervenciones Multifactoriales y Ejercicio Físico
Las investigaciones han demostrado que el ejercicio físico regular reduce las caídas y sus consecuencias, además de mejorar las funciones físicas y cognitivas, la calidad de vida y reducir la carga para los cuidadores. Es importante no confundir “ejercicio físico” con “actividad física”: el primero es una intervención planificada, estructurada, repetitiva y dirigida, mientras que la segunda se refiere al movimiento corporal genérico. Según la OMS, se deben desarrollar e implementar programas de ejercicio basados en evidencia para reducir los costos de atención médica. Se necesitan intervenciones preventivas basadas en evidencia que sean apropiadas para los entornos sociales e involucren a las personas en la toma de decisiones saludables.
El marco de las Intervenciones para la Prevención de Caídas Efectivas, Sostenibles y Transferibles (IPEST) incluye actividades, acciones, intervenciones, programas y estrategias que se centran en cambiar comportamientos y promover la salud de las comunidades. Este marco facilita el desarrollo de una herramienta que puede guiar a las autoridades sanitarias locales y ayudar a los profesionales de la salud2.

Manejo Farmacológico
En el caso de las personas con DI, es fundamental vigilar los efectos secundarios de los fármacos y monitorizar las crisis epilépticas, con el objetivo de buscar una dosificación óptima que evite riesgos innecesarios11. De Kuijper et al. señalan la especial importancia del monitoreo constante para la aparición de efectos secundarios, permitiendo una intervención precoz y una reevaluación de la medicación. Este aspecto es clínicamente relevante debido a las implicaciones de estos efectos sobre la función motora de las personas con discapacidad intelectual y su repercusión en la aparición de caídas9.
Adaptación del Entorno y Fisioterapia
El manejo ambiental es otro componente fundamental en la prevención de caídas. Supervisar los lugares donde viven las personas con DI, así como cuidar el material ortoprotésico y el calzado que utilizan, son formas de evitar caídas. Mantener la mayor independencia posible mediante ejercicios que promuevan una deambulación de calidad y logren una salud óptima a todos los niveles es un aspecto primordial11.
Para las personas con DI, la fisioterapia puede incluir técnicas de fortalecimiento muscular, entrenamiento postural, ejercicios y programas de rehabilitación específicos para la prevención de caídas15. Un estudio de Martínez Aldao et al. demostró que un programa semanal de 3 meses, centrado en el fortalecimiento de la musculatura estabilizadora, la estimulación de la propiocepción y la potenciación de los reflejos en situaciones de inestabilidad, resultó factible y tuvo un impacto significativamente positivo en el equilibrio y la velocidad de la marcha en un grupo de personas mayores con DI19.
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