Los términos "oligofrenia", "retraso mental" y "discapacidad intelectual" se refieren a un mismo concepto: personas que poseen recursos cognitivos menores a lo esperable para su edad cronológica. Este tipo de discapacidad suele provocar severas dificultades de adaptación al medio, a menos que se les otorgue el nivel de ayuda necesario. La inteligencia, entendida como la capacidad de un individuo para adaptarse al entorno y resolver situaciones, se organiza de manera diferente en cada persona y puede verse afectada por diversos motivos y variables.

Tradicionalmente, el nivel de Cociente Intelectual (CI) se ha empleado para valorar la inteligencia de la población, calculándolo como la relación entre la edad mental y la edad cronológica. La inteligencia sigue una distribución normal; la mayoría de las personas tienen puntuaciones similares, mientras que pocos individuos se alejan de la media. Con una media de CI de 100 y una desviación típica de 15, los valores considerados normativos se encuentran a una distancia de al menos dos desviaciones típicas. Además de las limitaciones intelectuales, las personas con discapacidad intelectual presentan deficiencias en la adaptación al medio, requiriendo ayuda en una o más dimensiones del funcionamiento humano para mantener su autonomía personal y participación social.
Es importante destacar que el CI no es una medida absoluta, sino relativa, ya que indica la posición de una persona en la distribución de puntuaciones obtenidas en un grupo de referencia.
Definición y Niveles de Discapacidad Intelectual
La discapacidad intelectual se entiende como una condición caracterizada por limitaciones significativas tanto en el funcionamiento intelectual (razonamiento, planificación, resolución de problemas, aprendizaje) como en las habilidades adaptativas, que abarcan comportamientos sociales y prácticos diarios.
Discapacidad Intelectual Leve (CI entre 50 y 70)
La discapacidad intelectual leve o ligera se diagnostica en personas con un Cociente Intelectual que se sitúa entre 50 y 70, lo que corresponde a dos desviaciones típicas por debajo de la media poblacional. Las personas con este grado de discapacidad intelectual tienen principalmente un retraso en el campo cognitivo y una leve afectación en el sensoriomotor. También conocida como déficit cognitivo leve, esta condición afecta las habilidades mentales superiores de una persona, limitando su capacidad para procesar, almacenar y recuperar información.
Discapacidad Intelectual Entrevista a la psicóloga Carmen Pocostales
Características Específicas:
- Aprendizaje: Sus capacidades de aprendizaje están ligeramente atrasadas, pero pueden permanecer en el sistema educativo, formarse y ejercer una actividad profesional adecuadamente. Son capaces de leer, escribir y realizar cálculos, aunque suelen requerir un período de aprendizaje más largo. En niños de edad escolar y en adultos, existen dificultades en el aprendizaje de aptitudes académicas relativas a la lectura, la escritura, la aritmética, el tiempo o el dinero, y se necesita ayuda en uno o más campos para cumplir las expectativas relacionadas con la edad.
- Habilidades cognitivas: Se pueden observar algunos problemas en la memoria, las funciones ejecutivas (planificación, definición de estrategias, determinación de prioridades y flexibilidad cognitiva) y el pensamiento abstracto. En adultos, existe alteración del pensamiento abstracto, la función ejecutiva y de la memoria a corto plazo, así como el uso funcional de las aptitudes académicas. La percepción se caracteriza por su lentitud y una estrecha limitación del volumen del material percibido, lo que implica una escasa amplitud perceptual.
- Comunicación y Socialización: Sus habilidades comunicativas y sociales pueden ser buenas, aunque suelen mostrar alguna dificultad para detectar señales sociales y regular sus emociones y comportamiento. En comparación con los grupos de edad de desarrollo similar, el individuo es inmaduro en cuanto a las relaciones sociales. La comunicación, la conversación y el lenguaje son más concretos o inmaduros de lo esperado por la edad.
- Autonomía: Se trata de personas autónomas en su mayoría, precisando de orientación social en situaciones concretas y ayuda en temas legales, económicos o la crianza de hijos. El individuo puede funcionar de forma apropiada a la edad en el cuidado personal. Necesitan cierta ayuda con tareas de la vida cotidiana complejas en comparación con sus iguales. En la vida adulta, la ayuda implica típicamente la compra, el transporte, la organización doméstica y del cuidado de los hijos, la preparación de los alimentos y la gestión bancaria y del dinero.
- Vida laboral: En la vida adulta, con frecuencia se observa competitividad en trabajos que no destacan en habilidades conceptuales. Los individuos generalmente necesitan ayuda para tomar decisiones sobre el cuidado de la salud y legales, y para aprender a realizar de manera competente una vocación que requiere habilidad.
La mayoría de las veces, la discapacidad intelectual leve pasa desapercibida, no se nota a simple vista o en conversaciones cortas, e incluso, a veces, no se identifica en el aula o en el trabajo hasta la adolescencia o la edad adulta. No es una enfermedad, sino una forma de funcionamiento cognitivo diferente. Con el apoyo adecuado, estas personas pueden desarrollar una vida autónoma y significativa.
Otros Grados de Discapacidad Intelectual
Discapacidad Intelectual Moderada (CI entre 35 y 50)
En este grado, las dificultades son mayores. A nivel educativo, suelen poder beneficiarse de formación laboral concreta, generalmente para realizar trabajos poco cualificados y con supervisión. Las habilidades conceptuales se desarrollan con gran lentitud, y se necesita ayuda cuando las tareas exigen procesar conceptos complejos. Su comunicación es eficiente en lo social, aunque poco compleja. Pueden tener problemas para seguir convenciones sociales, pero se adaptan bien a la vida en comunidad, especialmente con supervisión. Las personas con discapacidad intelectual moderada pueden tener dificultades para regular sus emociones y comportamientos en situaciones sociales.
Discapacidad Intelectual Grave (CI entre 20 y 35)
Con un Cociente Intelectual de entre 20 y 35, los problemas son generalmente de gran importancia, precisando ayuda y supervisión continuada. Las habilidades conceptuales son reducidas, con poca comprensión de la lectura y conceptos numéricos. Comunicacionalmente, el lenguaje es posible pero limitado, centrándose en el presente y empleando holofrases o palabras sueltas. En las actividades del día a día, estos sujetos necesitan siempre ser supervisados y cuidados, dependiendo de ayudas y custodios. Pueden aprender a hablar y realizar tareas simples. Su adaptación a la comunidad puede ser buena a menos que tengan alguna otra discapacidad asociada.
Discapacidad Intelectual Profunda (CI inferior a 20)
Este es el grado más elevado de discapacidad intelectual y el más infrecuente. Las personas con este nivel de discapacidad tienen un CI inferior a 20 y necesitan ser cuidadas de manera constante, con muy pocas opciones a menos que gocen de un muy elevado nivel de ayuda y supervisión. En su mayoría, tienen grandes dificultades y otras discapacidades graves, así como problemas neurológicos. A nivel conceptual, emplean principalmente conceptos físicos, padeciendo graves dificultades para utilizar procesos simbólicos. El uso de objetos para el autocuidado, trabajo u ocio es posible, pero es frecuente que otras alteraciones impidan darles un uso funcional. En el ámbito comunicacional y social, pueden llegar a comprender instrucciones y gestos sencillos y directos. La expresión emocional se da principalmente mediante comunicación no verbal directa, sin simbolismo. Disfrutan de la relación con personas conocidas.
Origen y Detección de la Discapacidad Intelectual
La discapacidad intelectual es una condición del desarrollo, no una enfermedad, y sus causas son múltiples y de distinto origen. Se estima que en torno al 1% de la población española tiene algún tipo de discapacidad intelectual. Si la discapacidad es por causa prenatal o durante el parto, los síntomas empiezan a ser evidentes en los primeros meses de vida, observándose déficits del funcionamiento intelectual y adaptativo. Una detección precoz es imprescindible para la estimulación y desarrollo de la persona.

Causas Prenatales:
- Infecciones maternas: La rubeola materna es una de las más frecuentes y dañinas, especialmente en las ocho primeras semanas de embarazo. Las infecciones causadas por espiroquetas, como la sífilis, también son una causa importante si la madre padece la enfermedad antes o durante el embarazo.
- Síndromes genéticos: El Síndrome de Down es la causa más frecuente, con una discapacidad que generalmente fluctúa entre leve y severa. Otros incluyen el Síndrome de Klinefelter (exclusivo del sexo masculino) y el Síndrome de Turner (propio del sexo femenino).
- Malformaciones: En la discapacidad intelectual leve, las malformaciones son raras y discretas, localizadas en orejas, paladar, dientes, cráneo y cara. En grados más severos, las malformaciones y trastornos motores son más frecuentes y marcados.
Causas Postnatales:
- Las causas postinfecciosas más frecuentes son las meningitis y las encefalitis.
- En el caso de las discapacidades intelectuales adquiridas en la vida adulta, la estimulación es fundamental para lograr el mayor grado de funcionalidad posible.
El diagnóstico de la discapacidad intelectual no se basa solo en una prueba de CI, sino que requiere entrevistas, observación e informes educativos y sociales.
Apoyo e Inclusión
Una persona solo es discapacitada en la medida en que no dispone de las herramientas para adaptarse al medio debido a sus dificultades y a la falta de apoyos necesarios para resolverlas. La discapacidad intelectual no es una excepción. Las personas con discapacidad intelectual leve pueden llevar una vida muy parecida a la de cualquier otra persona, pero necesitan apoyo y formación para desarrollar vidas plenas y satisfactorias. No se trata de sobreproteger, sino de empoderar. La inclusión no es responsabilidad solo de las personas con discapacidad o sus familias, sino un compromiso colectivo.

La carga de la discapacidad es notoria en servicios como la educación, los servicios sociales y la seguridad social y, por ende, en el ámbito sanitario. En virtud de la legislación internacional sobre derechos humanos, los países tienen la obligación de abordar las desigualdades a las que se enfrentan las personas con discapacidad en materia de salud. Las tasas de empleo y de actividad de las personas con discapacidad de tipo intelectual están por debajo de la media, por lo que aún quedan muchas barreras por derribar para mejorar la inclusión laboral.
Los programas de Formación para el Trabajo y el Desarrollo Humano han sido creados especialmente para jóvenes con discapacidad intelectual o cognitiva, con el objetivo de promover su avance y participación en la sociedad.
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