Agencia Moral, Libre Albedrío y Neurociencia: Perspectivas para la Comprensión Humana

La capacidad de las personas para actuar y tomar decisiones en la vida, conocida como agencia moral, es un concepto fundamental que subyace a las reglas jurídicas y a nuestra comprensión de la responsabilidad. Tradicionalmente, la agencia se entiende como la capacidad de realizar acciones, y en un sentido más limitado, de llevar a cabo acciones intencionales (Anscombe, 1957; Schlosser, 2019). La agencia moral, por consiguiente, implica actuar por razones morales.

Esquema de las interacciones entre agencia moral, libre albedrío y el sistema jurídico.

La Concepción Kantiana de la Agencia Moral

En la tradición jurídica, la agencia por antonomasia para actuar en la vida jurídica implica una agencia moral y racional, en la que a través de la razón se permite la deliberación. El actual paradigma de agencia racional presente en el derecho proviene esencialmente de las ideas ilustradas del filósofo Immanuel Kant. El racionalismo propio del mundo moderno, inspirado en las ideas de Galileo, Descartes y Newton, se expandió hacia la filosofía y el derecho.

Elementos Constitutivos de la Agencia Moral Kantiana

La agencia moral, según el modelo kantiano, consta de dos elementos principales:

  • Libre albedrío: La persona elige una acción causal de la cual se debe hacer responsable, un elemento presente en la autonomía de la voluntad.
  • Responsabilidad: La asunción de las consecuencias de las acciones elegidas.

Este modelo de agencia moral kantiana supone un sujeto racional, capaz de decisión. De hecho, el estándar de responsabilidad del hombre racional y del buen padre de familia obedece a este modelo agencial del siglo XIX, el cual fue incorporado al movimiento de la codificación, presente en nuestras culturas jurídicas continentales hasta nuestros días. La concepción racionalista podía aplicarse al derecho de dos formas: procediendo apriorísticamente, tal como los iusnaturalistas de su tiempo (por ejemplo, Wolff), o bien actuando desde la construcción de principios racionales a partir del propio derecho vigente, que le otorguen validez universal, tal como lo hizo Leibniz. Esta última fórmula fue antecedente de la codificación (Martínez, 1996: 149-176).

Los requisitos de autonomía a la Kant requieren una evaluación consciente y explícita de tales consecuencias, más la obediencia guiada conscientemente por principios universales y normas, como el imperativo categórico.

Dimensiones de la Agencia Moral Tradicional

La agencia moral tradicional posee dos elementos constitutivos: su dimensión activa y su dimensión pasiva. Esto significa que la agencia moral supone un agente que actúa motivado por una elección moral y un otro que recibe los efectos de la acción. En este sentido, la agencia moral no solo concierne el mundo de los actos o acciones, sino también la percepción y observación de estos. Dentro de la dimensión activa, para que se dé la agencia moral ha de asumirse autonomía y/o libre albedrío.

La Autonomía en Kant

La autonomía, para Kant, posee carácter ontológico, como condición intrínseca, inherente y propia de la naturaleza humana. El ser humano tiene la condición de autónomo, que se identifica con la de "libre". No se trata de la libertad empírica siempre condicionada, sino de la libertad metafísica, lo cual implica que nouménicamente el ser humano es ontológica y formalmente autónomo, que es en lo que consiste su condición humana, pero que en el orden fenoménico sus actos pueden estar condicionados y no ser autónomos (Kant, 2002). La autonomía de raigambre kantiana funciona como un puro principio a priori, un hecho de la razón pura (factum rationis), desligado de cualquier condición empírica. El deber ha de ser una necesidad práctico-incondicionada de la acción, y tiene así pues que valer para todos los seres racionales, y únicamente por eso ser ley también para todas las voluntades humanas.

Autonomía moral según Kant

Desafíos Neurocientíficos a la Agencia Moral Kantiana

Junto a esta construcción filosófico-jurídica, estudios neurocientíficos, como los de Benjamín Libet de 1975, han comenzado a constatar las diferencias entre el manto conceptual de agencia moral kantiana y lo que realmente, en términos científicos, ocurre al momento de tomar decisiones. La evidencia neurocientífica demuestra que no existen decisiones enteramente racionales. Tales hallazgos implican un replanteamiento en el derecho y en las clásicas concepciones kantianas de agencia, generando la pregunta de si pueden coexistir o superponerse mientras observamos el cambio de paradigma neurocientífico en materia de comportamiento humano.

Desarrollo de la Agencia Moral Humana

La evolución de la agencia moral de la especie Homo sapiens, comparándola con otros sistemas orgánicos, ha sido deficitaria. Mientras sistemas visuales o auditivos han logrado un desarrollo óptimo, la agencia moral no ha sido capaz de desarrollar mecanismos de intuición, empatía, solidaridad y altruismo más sofisticados que permitan resolver conflictos destructivos para la propia especie u otras. La supervivencia en los primeros años de vida se debe a la capacidad de formar una conexión socioemocional con cuidadores.

Durante el siglo XX, Piaget (1932) y Kohlberg (1969) construyeron las principales teorías empíricas del desarrollo moral humano basándose en la filosofía moral de Kant. Piaget se aproximó al desarrollo moral a través de las justificaciones y juicios morales que emitían los niños ante dilemas morales. Sin embargo, investigaciones recientes en distintas disciplinas de las ciencias sociales y cognitivas han controvertido sus resultados y criticado sus premisas racionalistas (Nucci & Turiel, 1978: 400-407).

La concepción moral kantiana constituye una base filosófica sobre la cual se teje la construcción occidental de la idea de que la especie Homo sapiens decide de acuerdo con un proceso cognitivo fundado en la razón, demostrando la tesis de que ontológicamente somos seres poseedores de libre albedrío, es decir, agentes moralmente autónomos. No obstante, los estudios de Kohlberg parecen demostrar que la heteronomía es el modo habitual de conducirse de los seres humanos (Kohlberg, 1984).

El desarrollo de la agencia moral comienza desde el nacimiento con el apego del bebé a su cuidador y prosigue según distintos estadios. Sin embargo, la autonomía moral es una cuestión que se alcanza en la madurez, alrededor de los veintisiete años, cuando el sustrato cortical del cerebro alcanza su mayor desarrollo (Østby et al., 2009). Incluso, el cerebro adulto continúa desarrollándose, debido a que el sistema visual posee una conexión con el córtex frontal; así, la corteza visual primaria no finaliza su madurez en la niñez o en la adolescencia, sino que prosigue evolucionando hasta los 36 años de vida, aproximadamente (Siu y Murphy, 2018: 25-36). Es posible incluso la maduración del sistema nervioso central de algunos individuos sin necesidad de esperar que el cerebro se desarrolle completamente, incluso si le falta un hemisferio cerebral completo, como es el caso del cerebro dividido (Gazzaniga, 2000: 1293-1326).

Infografía: Etapas del desarrollo de la agencia moral.

Libre Albedrío: Perspectivas Filosóficas y Neurocientíficas

El "cómo" un agente moral llega a elaborar una decisión moral generalmente se ha creído que no es objeto de estudio del derecho, sino que pertenece al ámbito de análisis de la filosofía, la psicología y, más actualmente, de las muchas disciplinas aglutinadas bajo el rótulo "neurociencias" (Lolas y Cornejo, 2017: 62-74).

Debates sobre el Libre Albedrío

Existen diversas posturas respecto a la relación entre libre albedrío y las leyes de la naturaleza:

  • Compatibilismo: Existe una conciliación entre las leyes de la naturaleza y el libre albedrío.
  • Determinismo: Nuestros actos se encuentran condicionados por leyes de la naturaleza y por nuestro pasado. El determinismo duro niega la existencia del libre albedrío.
  • Libertarianismo: En algunas ocasiones disponemos de libre albedrío.

El primer científico y filósofo en problematizar el concepto de "libre albedrío" en sede científica fue William James. Reconocido como el padre de la psicología moderna en Estados Unidos, James sostuvo la célebre frase: "mi primer acto de libre albedrío es creer en el libre albedrío" (Williams, 1956). Posteriormente, acuñó la idea de compatibilismo (1884), en la que reconocía la coexistencia entre un determinismo fisiológico suave -contrario al fatalismo- y un libre albedrío.

La Mirada Neurocientífica: Estudios de Libet y Gazzaniga

De acuerdo con la agencia kantiana, los seres humanos deberíamos ser capaces de decidir conforme a nuestro libre albedrío tomando decisiones sujetas a nuestra entera voluntad, lo que significa ejercer la autonomía moral. Sin embargo, las neurociencias, a partir de la década de los ochenta con los estudios de Benjamín Libet, y posteriormente replicados y sofisticados por otras investigaciones, han arrojado hallazgos acerca de cómo funciona realmente la agencia desde la perspectiva neurocientífica. Estas investigaciones dan cuenta de que, contrariamente a lo que hemos aprendido, nuestras acciones se generan a partir de la actividad cerebral de la cual no somos conscientes. Las decisiones que adoptamos se encuentran influenciadas por nuestras experiencias previas, por lo que nuestras trayectorias dan más luces de lo que haremos en el futuro que el grado o fuerza con que el sujeto es capaz de llevar a cabo sus decisiones, sus intenciones o sus deseos.

En esta línea de pensamiento, y a partir de su teoría del cerebro dividido, el psicólogo de la Universidad de California, M. Gazzaniga, concluye que es posible aislar la parte del hemisferio izquierdo, denominado "módulo intérprete", responsable de explicar a través del lenguaje las acciones. El módulo intérprete es el que explica y da sentido a los comportamientos, pensamientos y emociones que surgen del resto del cerebro. El punto importante de estos descubrimientos es que el libre albedrío se construye a partir de relatos que ejecuta el hemisferio izquierdo del cerebro, que es capaz de fabular y fantasear hechos, según un guion que obedece a una acomodación vivencial. Es decir, si un hecho no puede ser narrado por nuestro cerebro, entonces no existe, o bien queda relegado al mundo inconsciente.

En cuanto a la responsabilidad moral, Gazzaniga la describe como un "concepto público" sobre comportamientos que ocurren desde otros individuos, influenciando el propio. Asimismo, también entiende que los estudios sobre fenómenos emergentes resultan suficientes para rebatir el reduccionismo y la determinación neuronal, según la cual no existe el libre albedrío. Bajo esta interpretación, el pensamiento consciente es una propiedad dependiente, pero emergente, del cerebro. Ambos se desarrollan de manera complementaria, como el software y el hardware de un sistema informático. No obstante, Gazzaniga no ofrece una explicación suficiente sobre esta vinculación. Explicamos lo que hacemos; sin embargo, una parte no menor de nuestro cometido puede relacionarse con motivaciones no verbales e irreflexivas.

Diagrama: Módulo intérprete del cerebro y construcción de la narrativa personal.

Emergentismo y Compatibilismo

Los estudios sobre el libre albedrío, aspecto esencial de la conformación de la agencia, son todavía insuficientes y parte de investigaciones en curso. Volviendo sobre las investigaciones de Benjamin Libet, es claro que la actividad cerebral y mental inconsciente pueden llegar a socavar lo que entendemos como "libre albedrío". En este sentido, según se comprenda la naturaleza física o metafísica del libre albedrío será el marco epistemológico y analítico que adquiera preponderancia, y desde el cual se interpreten a su vez los resultados "experimentales" de Libet. La filósofa Patricia Churchland comprende esta escisión o interpretación de los resultados arrojados por los experimentos de Libet como una manifestación persistente del dualismo cartesiano. La escisión cartesiana todavía nos configura, al parecer, como sujetos herederos de una mentalidad moderna, que necesita dividir para explicar mejor los conceptos y concepciones que modelan nuestro mundo.

En esta línea crítica, el filósofo W. Glannon sostiene una perspectiva emergentista y compatibilista, contraria al reduccionismo y especialmente antilocalizacionista (Glannon, 2011). Según su interpretación, las personas están constituidas por sus cerebros, pero no son idénticas a ellos. La mente (en tanto conjunto de propiedades conscientes y no conscientes, con cierto grado de complejidad) simplemente emerge como resultado de la interacción entre el cerebro, el cuerpo y el medio ambiente natural y social. El objetivo de la emergencia es promover la adaptación y la supervivencia de los individuos. En este marco, el sistema neuronal no puede por sí solo explicar, por ejemplo, lo que es tener una experiencia, ni puede dar cuenta de una representación completa del ambiente, porque el sistema neuronal carece de intencionalidad. En este sentido, algunos estados mentales -como los deseos y las emociones- son intencionales. Asimismo, los seres humanos pueden elegir, deliberar o actuar de manera consciente o inconsciente gracias a que la mente es una mente corporeizada. En este sentido, Glannon no solamente rechaza el localizacionismo, sino también el neurorreduccionismo. Si bien el cerebro genera y sustenta estados mentales, este no es propiamente un agente que pueda tener intereses y planes, y ejecutar intenciones en acciones.

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