Desarrollo Motor en Sectores Sociales Vulnerables

La adquisición de habilidades a lo largo del ciclo vital, conocida como "desarrollo", es el resultado de complejos procesos cerebrales que se definen genéticamente, pero que interactúan de manera permanente con el ambiente. Un desarrollo normal requiere de un componente genético adecuado, un período de gestación idóneo y la influencia de factores medioambientales de orden biológico, socioeconómico y familiar. Estos elementos son cruciales en la adquisición de diversas habilidades, destacándose una estrecha relación entre el momento preciso de aparición de la desnutrición y el crecimiento cerebral.

Los niños siguen un patrón de desarrollo en la adquisición de habilidades, con hitos básicos que son fáciles de medir y que permiten evaluar su progreso. Con base en estos patrones, se han elaborado pruebas objetivas que consideran diferentes áreas como la motora (motricidad gruesa y fina), personal social, cognitiva y de comunicación. Estas pruebas son fundamentales para identificar niños en riesgo o con retraso en su desarrollo. Específicamente, el desarrollo motor grueso evalúa el control muscular, la coordinación corporal y la locomoción, mientras que la motricidad fina se refiere al control y la coordinación de segmentos corporales para tareas más precisas y complejas, integrando la coordinación muscular y las habilidades perceptivas.

Infografía: Factores que influyen en el desarrollo infantil (genéticos, ambientales, nutricionales)

Impacto de la Desnutrición en el Neurodesarrollo

Uno de los factores ambientales que mayormente influyen en el desarrollo es el estado nutricional del individuo. Las consecuencias de la desnutrición aguda, crónica o global son variadas y graves, incluyendo una disminución en el coeficiente intelectual, problemas de aprendizaje, retención y memoria, escaso desarrollo muscular y una mayor incidencia de enfermedades infecciosas en la niñez, así como un riesgo elevado de enfermedades crónicas en la edad adulta.

La Resolución 2121 de 2010 del Ministerio de Protección Social de Colombia, que adopta los patrones de crecimiento de cero a cinco años publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), menciona tres variables antropométricas clave para clasificar la desnutrición: Peso/Edad (P/E), que valora el porcentaje del peso esperado para una edad e indica desnutrición global; Peso/Talla (P/T), que muestra el estado nutricional actual y detecta la desnutrición aguda; y Talla/Edad (T/E), cuya disminución es evidencia de desnutrición crónica. Cuando la T/E se encuentra en un percentil menor a -2, se establece un punto de corte de desnutrición crónica.

Diversos estudios sugieren que la deficiencia energética limita la actividad física, la interacción del niño con su madre y con el ambiente, afectando así los estímulos que inciden en el desarrollo de funciones importantes. Laude y Sánchez, entre otros, han puesto en evidencia que la exposición a episodios severos de desnutrición, especialmente durante las fases críticas del desarrollo, puede generar trastornos estructurales y funcionales que afectan gravemente el crecimiento y desarrollo.

Foro para prevenir la desnutrición crónica infantil durante los dos primeros años de vida

Alteraciones del Neurodesarrollo Inducidas por Malnutrición

La alteración del neurodesarrollo inducida por la malnutrición depende directamente de las condiciones alimenticias durante la gestación y el período postnatal. Estas alteraciones pueden manifestarse a nivel morfológico en el hipocampo, la corteza y el cerebelo, presentando una disminución en la producción de neurotransmisores, afectando la velocidad de conducción nerviosa, el proceso de mielinización, el desarrollo neuronal y el crecimiento de células piramidales. Además, pueden producir degeneración axonal, reducción del número de dendritas y descenso del volumen intracraneal.

A nivel fisiológico, los individuos afectados pueden presentar retraso en el crecimiento y en el desarrollo psicomotor, así como alteraciones en la conducta personal, social y socioafectiva. También se observan déficits en las funciones cerebrales superiores y en la habilidad para resolver problemas. Estas áreas del desarrollo se comprometerán de forma independiente o conjunta según el organismo y el grado de alteración nutricional al que fue o está expuesto, incluso si su desarrollo está determinado genéticamente.

A pesar de los daños, el cerebro posee una notable capacidad de recuperación de los efectos de la malnutrición temprana, fundamentada en las teorías de organización neuronal, sinaptogénesis, mielinización y plasticidad neuronal. Estos procesos ocurren durante la gestación y continúan en etapas posnatales durante la infancia y adolescencia, caracterizándose por el crecimiento dendrítico y axonal.

Estudios a nivel internacional buscan relacionar la desnutrición infantil con sus efectos a corto, mediano y largo plazo en el desarrollo psicomotor, enfatizando el área cognitiva más que la motora. Generalmente, asocian el problema con el estrato socioeconómico, los recursos ambientales, el bajo peso al nacer y la prematuridad, pero sin ser específicos en determinar la relación entre los niveles de desnutrición y el déficit en el desarrollo, particularmente en la motricidad gruesa y fina.

Investigaciones realizadas por Zapata, Maryoris, Thibault y Jacques, señalan que el estado nutricional y el desarrollo psicomotor son consecuencia de un conjunto de factores directamente relacionados con las condiciones de vida, especialmente en los sectores más pobres. Los niños que han estado expuestos a diversos estados de déficit proteico energético, incluso si no presentan secuelas graves de desnutrición, pueden mostrar retardo en el desarrollo psicomotor o alteraciones en su funcionamiento intelectual. Las áreas más afectadas suelen ser la memoria, la coordinación visomotora y el lenguaje, lo que puede generar perjuicios en el rendimiento escolar.

Un Estudio de Caso: Desarrollo Motor y Desnutrición en Tunja, Boyacá

Objetivo y Metodología del Estudio

Un estudio realizado en Tunja, Boyacá, tuvo como objetivo caracterizar el desempeño motor grueso y fino, así como el estado nutricional, en niños de cero a tres años de un Centro de Recuperación Nutricional (CRN). La investigación fue de tipo cuantitativo, observacional descriptivo y de corte transversal.

La población de estudio incluyó a niños de cero a tres años hospitalizados en un CRN de Tunja entre enero y junio de 2011. Se utilizó un muestreo no probabilístico por selección intencionada o conveniencia, seleccionando cuarenta y seis pacientes que cumplían con los criterios de inclusión: menores de tres años hospitalizados por desnutrición global, aguda o crónica, con registros de hospitalización durante 2011 disponibles en historia física y en el programa ANTHRO.

Para el análisis de los índices antropométricos, se emplearon los datos registrados en las historias clínicas de hospitalización, provenientes del reporte original del Programa ANTHRO de la OMS. Para caracterizar el desarrollo motor fino y grueso, se utilizaron los registros físicos de la historia clínica, específicamente los logros del menor en la escala de evaluación de motricidad gruesa y fina a través de la Escala Abreviada del Desarrollo (EAD). Los puntajes numéricos de la EAD se trasladaron a una tabla de equivalencias cualitativas para determinar si el desarrollo del niño se encontraba en estado de alerta, medio, medio alto o alto. La información fue digitada y procesada utilizando los programas Epi Info, versión 3.5.1, y SPSSS, versión 19.

Hallazgos Clave

Los resultados del análisis de 46 historias clínicas de niños menores de treinta y seis meses, hospitalizados en el CRN, revelaron que la población estudiada correspondía en su totalidad al sexo masculino, con una edad cronológica promedio de diecisiete meses. Entre los pacientes, 27 se encontraban con desnutrición aguda, 3 con desnutrición global y 36 con desnutrición crónica. Es importante destacar que un mismo paciente podría presentar más de un tipo de desnutrición.

En cuanto al compromiso del desarrollo motor grueso, 19 pacientes se encontraban en estado de alerta y 27 en estado medio. Respecto a la motricidad fina, 14 pacientes estaban en estado de alerta y 32 en estado medio.

Gráfico de barras: Prevalencia de desnutrición aguda, global y crónica en niños estudiados

El estudio evidenció una asociación significativa entre las variables desnutrición aguda y motricidad gruesa (p ≤ 0.05). Por el contrario, no se encontró una relación estadísticamente significativa con los estados de desnutrición global y crónica (p= 0,394 y 0,190 respectivamente). De manera similar, se mostró una asociación entre la motricidad fina y el estado de desnutrición aguda (p=≤ 0.008), mientras que la desnutrición global y crónica no se asoció con la motricidad fina.

Discusión de los Resultados del Estudio

La desnutrición es reconocida como una de las causas más importantes de retardo en el crecimiento y un problema de salud prevalente en la población infantil. Los mecanismos compensadores del desbalance celular entre energía y nutrientes, generan modificaciones adaptativas que afectan las funciones biológicas y comprometen el tamaño y la función corporal. La desnutrición grave, durante el período crítico del desarrollo del Sistema Nervioso Central, produce alteraciones estructurales que derivan en una disminución de las funciones intelectuales y de los patrones de comportamiento. A pesar de esto, la evidencia investigativa aún aporta poca información precisa sobre la caracterización del retraso psicomotor generado específicamente por la desnutrición, lo cual compromete la implementación temprana de medidas de prevención, seguimiento y control.

El crecimiento y desarrollo del niño están determinados por la interacción de factores genéticos y ambientales. Una constitución genética adecuada es necesaria, pero también lo son factores externos como la alimentación, el afecto y los cuidados. La desnutrición produce retardo en el crecimiento en aproximadamente el 50% de los niños que la padecen, afectando el crecimiento óseo y cartilaginoso, la velocidad de adquisición de centímetros y la simetría de los segmentos corporales. Los investigadores también señalan que las diferencias en los coeficientes de adquisición de logros del desarrollo psicomotor se aproximan en promedio a los dos meses, en comparación con niños de la misma edad cronológica.

Factores Socioambientales y el Impacto en el Desarrollo Motor

Contexto Familiar y Socioeconómico

Las condiciones familiares y socioeconómicas juegan un rol determinante en el desarrollo infantil. Las mujeres que experimentan violencia de parte de su pareja, o aquellas que pertenecen a hogares monoparentales con jefatura femenina, o que no comparten la responsabilidad del embarazo y la crianza con el progenitor, están expuestas a mayores niveles de estrés, ansiedad o depresión. Estas condiciones pueden afectar negativamente la crianza y el desarrollo de los bebés.

Entre los factores de riesgo más estudiados en menores de un año, se destacan el nivel educacional de la madre, el rol del padre, el temperamento infantil y la estimulación en el hogar, siendo estos los que alcanzan la mejor predicción del desarrollo infantil. En general, los riesgos para el desarrollo pueden clasificarse como biológicos, del medioambiente y establecidos.

Consecuencias de la Pandemia y el Entorno Restringido

La especialista Karin Muñoz aclara que, sin duda, los niños y niñas en edad preescolar que no asistieron a sala cuna, hoy manifiestan una serie de habilidades motoras y sociales disminuidas. Aunque estas habilidades son recuperables, evidencian el impacto del encierro prolongado. La interacción de los menores con su entorno y con otros niños se da principalmente a través del movimiento, una situación que fue particularmente adversa para aquellos que nacieron en los últimos dos años durante la pandemia.

Foto: Niños jugando en un espacio limitado

La profesora Karin Muñoz explica que "los niños y niñas hoy no se sienten tan seguros de sus habilidades motrices como hace un par de años, y esto influye directamente no solo en la elección de sus actividades físicas, sino también en la autoestima". Los expertos se refieren a estos como "niños pandémicos", aludiendo a aquellos que no han logrado obtener confianza en sus movimientos y alcanzar el desapego oportunamente. A esto se suma que muchos hogares carecen de espacios exclusivos para el juego, lo que llevó a los niños a moverse y jugar en dormitorios o salas de estar, sin la posibilidad de trepar, saltar o colgarse.

En los niveles escolares, la académica explica que, si bien el impacto motor es menor, se observa una baja percepción de la competencia motriz. En este sentido, Enrique Cerda, director de la Carrera de Pedagogía en Educación Física y Salud, añade que "recuperar las competencias motrices es fundamental para los niños, pues estas permiten la socialización entre sus pares y regular de mejor forma las emociones". Existe evidencia que demuestra que los niños que han desarrollado de manera más amplia sus habilidades motrices también mejoran sus funciones ejecutivas.

Enrique Cerda concluye que la evidencia muestra que aquellos niños y niñas que tienen menores habilidades motrices participan menos en todo tipo de expresiones en este ámbito, lo que tiende a perpetuar el problema a lo largo del tiempo. Si a esto le sumamos que a estas edades se adquieren numerosos hábitos, incluyendo el de la práctica física, se corre el riesgo de tener jóvenes y adultos que se moverán menos, aumentando así los factores de riesgo para su salud, especialmente relacionados con enfermedades crónicas no transmisibles como la obesidad, diabetes tipo 2 e hipertensión arterial, entre otras.

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