La dependencia, definida como la necesidad de depender de otra persona para realizar las actividades de la vida diaria, representa una de las principales preocupaciones en el envejecimiento, siendo causa de sufrimiento y de baja calidad de vida en las personas mayores. Su prevalencia se incrementa con la edad y se vincula directamente con la presencia de enfermedades previas y un estado de fragilidad del individuo. Esta situación se correlaciona con un aumento de la morbilidad, la mortalidad y la institucionalización, así como con un mayor consumo de recursos sanitarios y sociales, lo que a su vez eleva el coste sanitario.
En las últimas décadas, uno de los cambios demográficos más significativos es el incremento en la proporción de adultos mayores respecto a la población general, asociado al aumento de la expectativa de vida y al descenso en la tasa de natalidad. Mientras la población general crece un 1.7% anual, la población de adultos mayores aumenta un 2.5%. En este periodo, los adultos mayores experimentan numerosos cambios biopsicosociales que dependen del estilo de vida y del sistema social y familiar, influyendo continuamente en diversas áreas de funcionamiento, favoreciendo la pérdida de autonomía y derivando en un impacto familiar y social.

Tipos de Dependencia en Personas Mayores
Comprender las diferentes categorías de dependencia es crucial para brindar el apoyo adecuado y mejorar el bienestar de los adultos mayores. Cada persona es única, y sus necesidades pueden variar según el tipo de dependencia que enfrente.
Dependencia Física
Cuando las tareas básicas, como caminar, vestirse o alimentarse, se vuelven difíciles, se habla de dependencia física. Esta se relaciona con la pérdida de autonomía debido a problemas de movilidad o limitaciones físicas. A medida que envejecemos, es relativamente común que aparezcan limitaciones en la capacidad para realizar actividades diarias, tales como vestirse, asearse o desplazarse. Estas limitaciones pueden estar asociadas a problemas de salud crónicos o a lesiones.
Dependencia Psíquica o Mental
Los cambios emocionales o el deterioro cognitivo pueden generar dependencia psicológica o mental. Esta categoría incluye condiciones como la demencia (por ejemplo, Alzheimer), la depresión, la ansiedad y otras enfermedades neuropsiquiátricas, que afectan la memoria, el razonamiento y la capacidad para tomar decisiones y llevar a cabo actividades básicas de la vida diaria. La depresión, en particular, contribuye significativamente a la dependencia en la edad avanzada, empujando al aislamiento social, provocando un aumento de quejas sobre uno mismo y empeorando la salud física, además de incrementar el declive cognitivo y funcional.
Dependencia Sensorial
La dependencia sensorial se refiere a la pérdida o disminución de la función de los sentidos, como la vista, el oído o el tacto. Esta limitación sensorial puede tener un impacto significativo en la vida diaria de una persona mayor, dificultando la comunicación, la orientación y la interacción con el entorno. Por ejemplo, la pérdida de audición puede obstaculizar la comunicación, mientras que la pérdida de visión puede generar problemas de orientación y aumentar los riesgos de caídas. Las personas mayores que experimentan problemas sensoriales pueden sentirse aisladas o inseguras.
Dependencia Mixta
La dependencia mixta es una combinación de varios tipos de dependencia, ya sean psíquica, física o sensorial. Con frecuencia, las personas mayores pueden experimentar distintas limitaciones que afectan su independencia de manera simultánea. Por ejemplo, alguien con demencia puede tener a la vez problemas cognitivos (dependencia psíquica) y dificultades de movilidad (dependencia física). Los tipos de dependencia emocional también pueden jugar un papel importante en la dependencia mixta. La pérdida de seres queridos o determinados cambios en el entorno social pueden contribuir a esta compleja situación. La dependencia mixta presenta desafíos adicionales tanto para la persona mayor como para sus cuidadores, requiriendo un enfoque multidisciplinario.
Grados de Dependencia según la Ley
La ley establece tres grados de dependencia en el adulto mayor, en función de los cuidados y el apoyo externo que necesite la persona:
- Dependencia moderada (Grado I): Cuando una persona necesita ayuda para llevar a cabo actividades rutinarias de su día a día. Hace referencia a la necesidad de una ayuda intermitente para preservar la autonomía del adulto mayor.
- Dependencia severa (Grado II): Cuando el apoyo externo es demandado de forma habitual, dos o tres veces al día. Con este servicio asistencial se busca también fomentar su autonomía.
- Gran dependencia (Grado III): En este caso, hablamos de mayores que han perdido su autonomía totalmente, ya sea psíquica, física o sensorial. El apoyo brindado es constante para asistir a la persona mayor en sus tareas indispensables diarias.
Para determinar el grado de independencia de las personas mayores, se realiza una valoración exhaustiva de su estado físico y cognitivo. Uno de los métodos empleados para evaluar la autonomía y necesidad de ayuda para realizar las actividades básicas de la vida diaria (ABVD) es el índice de Katz, mientras que la Escala de Barthel es otro instrumento de medición utilizado en geriatría.
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Causas de la Dependencia en Personas Mayores
Las causas de dependencia en adultos mayores son múltiples y varían notablemente según los casos. Cuidar de un ser querido con dependencia puede ser una labor demandante, y contar con apoyo profesional marca la diferencia.
Fragilidad Física y Problemas de Movilidad
La fragilidad física, los problemas de movilidad y las enfermedades son algunas de las causas principales. Con la edad, se produce el deterioro de algunos sistemas biológicos del organismo (como el respiratorio y cardiovascular), lo que provoca una disminución de la fuerza física, la movilidad, el equilibrio y la resistencia, a menudo asociada con la dependencia en las actividades básicas de la vida diaria. Este declive biológico se produce en todas las personas, aunque existen diferencias en la forma de afrontar el envejecimiento, lo cual es importante al plantear cómo cuidar a una persona mayor dependiente.
Limitaciones Sensoriales
Los problemas de visión y la sordera en la vejez influyen en gran medida en la discapacidad de las personas mayores.
Consumo de Fármacos
Las enfermedades asociadas a la edad hacen necesario un aumento en el consumo de medicación, lo que puede provocar efectos secundarios que fomentan la dependencia. La confusión, el deterioro cognitivo, los efectos sedantes, la toxicidad cardíaca y la hipotensión ortostática son algunos de ellos.
Trastornos Cognitivos
Algunas de las causas más problemáticas de dependencia en mayores son provocadas por los trastornos cognitivos, siendo la enfermedad de Alzheimer o las patologías sufridas tras un accidente cerebrovascular las principales.
Depresión
La depresión contribuye de manera significativa a la dependencia en la edad avanzada. Este padecimiento empuja al aislamiento social, provoca un aumento de quejas sobre uno mismo y empeora la salud física. Además, aumenta el declive cognitivo y funcional, todas ellas causas de dependencia en mayores.
Factores Psicológicos y Entorno Social
Existen factores vinculados a la personalidad que pueden fomentar la dependencia en un adulto mayor. La forma negativa o positiva en que se asumen los cambios depende de las experiencias y aprendizajes adquiridos a lo largo de la vida. Con la vejez, las personas pueden transformar sus demandas y su forma de aceptar ayuda externa. En ocasiones, las actitudes o los comportamientos de las personas cercanas a los mayores pueden empeorar su situación de dependencia. Con el fin de ayudar a los ancianos, los familiares desarrollan en ocasiones diferentes tareas por ellos, e incluso amonestan o critican al mayor por intentar mantener su independencia. Un ambiente físico estimulante que conjugue adecuadamente la autonomía con la seguridad contribuye a que las personas mayores tengan un funcionamiento óptimo en sus tareas cotidianas. Por ello, un entorno social que comprenda la importancia de ayudar a mantener la máxima autonomía posible del mayor es fundamental para su bienestar y calidad de vida.
Investigación y Prevención de la Dependencia
Un estudio transversal, descriptivo y correlacional, realizado a 116 adultos mayores que acudieron a consulta en una unidad de salud, investigó la dependencia, el autocuidado y la calidad de vida. Se utilizaron la Escala de Barthel, la Escala de Capacidades de Autocuidado y el Cuestionario SF-36 de calidad de vida. Los resultados mostraron que el 80.2% de los adultos mayores encuestados presentaron independencia para realizar las actividades de la vida diaria, y el 19.8% presentaron dependencia leve. En la calificación global de las actividades de autocuidado, el 22.4% tuvieron buena capacidad y el 76.6%, muy buena capacidad. En cuanto a la percepción de calidad de vida en la dimensión física, el 24% de los entrevistados consideraron que su salud era buena y el 56%, regular.
El estudio arrojó datos relevantes de un grupo poblacional que amerita investigación constante para mejorar la calidad de la atención en las instituciones de salud. Los participantes, al ser derechohabientes de una institución de salud, se beneficiaron de servicios que garantizan acceso a información valiosa sobre prácticas saludables, monitorización médica, educación de enfermería y orientación en el cuidado. La información recolectada muestra un grupo donde más del 50% posee apoyo económico, lo que impacta en la calidad de vida y repercute en el autocuidado. Un factor relevante para el cuidado de la salud, no universal para todos los adultos mayores, es contar con apoyo familiar como un cónyuge o hijos. En una sociedad con hábitos y conductas que desgastan a la población desde edades tempranas y donde prevalece la enfermedad, estos resultados evidencian que adultos mayores entre 60 y 70 años, con condiciones básicas de subsistencia aseguradas, no presentan aún patologías incapacitantes o niveles altos o moderados de dependencia.
Estrategias de Prevención
Las administraciones públicas sanitarias (Ministerio de Sanidad, Comunidades y Ciudades Autónomas), en colaboración con sociedades científicas, han consensuado un documento basado en la evidencia científica disponible para prevenir la dependencia en las personas mayores. Las recomendaciones, etiquetadas con su grado de evidencia, se agrupan en tres categorías:
- Promoción de la salud y prevención de la enfermedad: Incluye actividades preventivas específicas para personas mayores, como la prevención de síndromes geriátricos.
- Prevención del deterioro funcional: Con recomendaciones asistenciales aplicables en atención primaria y especializada.
- Prevención de la iatrogenia: Abarca la prescripción farmacológica, la utilización inadecuada de medios diagnósticos y terapéuticos, y la asistencia sanitaria.
Estas recomendaciones se individualizan en función de las características de la persona mayor, categorizada en cinco grupos: PM sana; PM con enfermedad crónica; PM frágil o de riesgo; PM dependiente, y PM al final de la vida. Se recomienda a las administraciones públicas sanitarias implementar estas recomendaciones para mejorar la estrategia de prevención de la dependencia en el siglo XXI.

El Desafío de la Dependencia en Chile
Un reporte del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo revela un déficit de acceso en Chile a Establecimientos de Larga Estadía para Adultos Mayores (ELEAM). Actualmente, existen 1.223 centros de este tipo (formales e informales, públicos y privados) que ofrecen solo 24.000 plazas, según el catastro más reciente del Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA). Este número contrasta con las 288.346 personas mayores que presentan dependencia severa en Chile, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia de 2022.
Según Valentina Jorquera, coordinadora del Observatorio, 260.000 personas en el país no tendrían un cupo en una residencia en caso de necesitarlo. Este déficit crónico se ha incrementado con el acelerado envejecimiento de la población chilena. Cuando las personas con dependencia severa no pueden acceder a los servicios de cuidado, su situación se complejiza, y las familias son las que deben asumir estos cuidados tan complejos, lo que a menudo afecta la autonomía de las mujeres que tradicionalmente realizan estas labores.
El reporte señala que el 75% de las personas mayores en Chile con dependencia funcional cuenta con ayuda constante, principalmente de un familiar. A medida que aumenta el nivel de dependencia, también se incrementa la proporción de mujeres que ejercen esas labores de cuidado, pasando del 75.8% para dependencia leve al 96.3% en dependencia severa. Jorge Browne, médico geriatra, comenta que esta diferencia entre la demanda y la oferta de servicios de cuidado se conoce como crisis del cuidado, y se espera que se triplique para 2050.
Para ese año, se proyecta que el 32% de la población chilena tendrá más de 60 años, lo que aumentará aún más la demanda de cuidados. Los resultados abren una oportunidad para pensar en otras formas de cuidado, como las viviendas tuteladas o los cuidados para envejecer en casa, siguiendo ejemplos como el de España, donde se busca desinstitucionalizar a las personas mayores y ofrecer nuevas alternativas. María Beatriz Fernández, investigadora, enfatiza la importancia de articular un camino de promoción y prevención de la salud, y aumentar la cobertura de dispositivos como cuidados domiciliarios y centros de rehabilitación para fomentar la autonomía.
Claudia Rodríguez, coordinadora del Centro de Envejecimiento de la U. de los Andes, afirma que estos datos demuestran que Chile no está respondiendo adecuadamente al envejecimiento poblacional, siendo el país más envejecido de la región y uno de los que tiene mayor esperanza de vida en América.
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