Trauma en niños y ancianos: reconocimiento, impactos y rutas de intervención

La infancia se corresponde con esos primeros años de vida en los que descubrir, jugar, reír, y vivir en un mundo de cariño, magia y muchas posibilidades. Al menos así debería ser. Sin embargo, a veces en esa etapa de ilusiones se entrelazan experiencias dolorosas, de diversa índole, que pueden dejar huella en la vida de un niño o niña. Un estudio en población universitaria española, que investigó sucesos vividos durante la infancia y la adolescencia, encontró que aproximadamente un 22 % había sufrido algún tipo de abuso sexual infantil, y una proporción aún mayor había experimentado otros eventos potencialmente traumáticos (Pereda & Gallardo-Pujol, 2011).

En este artículo abordamos qué es un trauma infantil, cómo identificar las heridas de la infancia, cómo afectan los traumas infantiles en la edad adulta y los tipos de traumas de la infancia más habituales. Además, exploramos la relación entre trauma y envejecimiento, porque los adultos mayores también están expuestos a traumas que pueden influir en su salud física y mental a largo plazo.

Qué es un trauma infantil

Para entender qué son los traumas infantiles, podemos remitimos al origen de la palabra trauma que viene del griego τραῦμα y significa herida. Esta etimología ayuda a vislumbrar el significado de trauma y entender por qué también es habitual referirse a los traumas de la infancia como heridas de la infancia. La definición de trauma infantil en psicología de la infancia hace referencia a aquella situación repentina e inesperada que no fue posible manejar y que, como consecuencia, perturba el bienestar emocional y psicológico del niño o niña. Dicho en otras palabras, un trauma infantil es algo que ocurrió y dolió -como el abuso infantil, un accidente grave, el divorcio de los padres, la exposición a la violencia de pareja, la violencia vicaria, la violencia doméstica o una enfermedad- y ha dejado una herida interna que no se ha curado bien.

Los traumas de la infancia y sus consecuencias psicológicas pueden acompañar a la persona hasta la edad adulta, y cabe decir que lo que para una persona puede resultar un episodio traumático, para otra no. Los traumas son subjetivos, ya que no todas las personas experimentamos ni gestionamos las situaciones de la misma forma.

Tipos de trauma de la infancia

Una experiencia negativa (o interpretada como tal) a una edad muy temprana puede influir y dejar una huella profunda en la vida de una persona. Cuando pensamos en los traumas infantiles más comunes es habitual pensar en traumas de la infancia provocados por catástrofes, accidentes o una guerra, y dejar de lado otras causas de trauma infantil. Sin embargo, existen numerosos motivos y situaciones que pueden desembocar en un trauma infantil, como:

  • El rechazo en el colegio o el acoso escolar, que puede desencadenar otras afecciones como ansiedad, depresión crónica o distimia y problemas alimenticios.
  • Los traumas sexuales de la infancia son de los tipos de traumas psicológicos infantiles más habituales. Según un informe sobre abuso sexual infantil en España (Urchaga, 2024), se estima que unos 65.000 menores pueden sufrir abuso sexual cada año en España.
  • Crecer en entornos de riesgo y exclusión social y en contextos problemáticos.
  • Traumas vinculados con la parte emocional y relacional, como sufrir el alejamiento de algún progenitor, lo que puede ocasionar traumas infantiles con la madre o el padre (el llamado trauma de abandono en la infancia).
  • Traumas por negligencia o maltrato, por ejemplo al convivir con una madre tóxica o un padre que maltrata, o por haber sufrido enfermedades crónicas.
  • Otros traumas menos visibles, pero no menos importantes, son los que se producen cuando la persona está constantemente expuesta a críticas que interiorizan mensajes como “no soy suficiente”.

Las 5 heridas de la infancia y cómo afectan nuestra vida

Las heridas emocionales de la infancia dejan huella en la vida adulta. Las 5 heridas emocionales que más impactan son:

  • La herida del abandono: miedo al abandono, dependencia y necesidad de aprobación, o bien, tendencia a abandonar a otros para no revivir la experiencia.
  • La herida del rechazo: miedo al rechazo, búsqueda de agradar y perfeccionismo.
  • La herida de la humillación: baja autoestima, necesidad de justificar la utilidad personal y dificultad para priorizar las propias necesidades.
  • La herida de la traición: desconfianza y necesidad de control, rencor y envidia.
  • La herida de la injusticia: educación rígida y exigente, miedo a perder el control y rigidez mental.

Estas heridas pueden influir en las relaciones y en la forma de afrontar la vida adulta, incluso favoreciendo conductas de evitación o dependencia emocional. En casos extremos, la crianza excesivamente protectora puede contribuir al síndrome de Peter Pan, dificultando la maduración y las responsabilidades.

Cómo identificar las heridas de la infancia: señales y síntomas

A nivel cognitivo, pueden aparecer creencias como “no soy válido” o “tengo miedo de no estar a la altura”. En lo conductual, la impulsividad y conductas de compensación pueden manifestarse como adicciones (compras, comida, sexo) o conductas problemáticas. A nivel físico, signos como insomnio, pesadillas, irritabilidad, ansiedad, preocupación obsesiva y dolores estomacales pueden indicar heridas emocionales latentes.

Test de traumas de la infancia

Existen pruebas en Internet para detectar TEPT, pero su utilidad es limitada y no sustituyen una evaluación profesional. La evaluación debe considerar factores emocionales y conductuales específicos, como dificultad para conciliar el sueño, irritabilidad, hiperalerta, y respuestas de alarma exageradas. En el ámbito psicológico, pruebas como PCL-5 o MMPI-2 pueden emplearse en contextos clínicos. En lo fisiológico, se observan cambios en cortisol y catecolaminas en el DSM-5.

Qué es un trauma infantil no resuelto y cómo afecta la edad adulta

Cuando persisten traumas de la infancia, hay una tendencia a evitar recordatorios del evento, o bien a revivir el trauma (flashbacks). En algunos casos, pueden aparecer vacíos en la memoria por bloqueo de recuerdos. La literatura sugiere que traumas de infancia se asocian significativamente con trastornos mentales en la adultez, como depresión, abuso de sustancias, trastornos de ansiedad y dificultades en las relaciones interpersonales. Un ejemplo extremo se observa en el perfil de personajes ficticios que muestran congestión emocional y conductas destructivas si los traumas no se abordan.

La revisión de McKay et al. (2020) indica asociación entre exposición a traumas de la infancia y trastornos mentales en la vida adulta, destacando impactos en autoestima, ansiedad y relaciones interpersonales. Por ello, es fundamental la detección temprana y la intervención para prevenir deterioros mayores y promover resiliencia.

Cómo superar traumas de la infancia

La intervención profesional es clave. La terapia cognitivo-conductual ayuda a reestructurar pensamientos desadaptativos y trabajar con las emociones para aceptar y procesar lo ocurrido. Los enfoques de coping y la construcción de resiliencia permiten enfrentar adversidades y avanzar en la vida. Trabajar en el perdón, poner límites y cultivar flexibilidad mental son estrategias útiles dependiendo del tipo de herida emocional.

La mejor forma de empezar a sanar es tomar conciencia de la existencia de las heridas y buscar ayuda profesional para transformarlas en oportunidades de crecimiento. La intervención temprana, la educación afectivo-sexual y las estrategias de apoyo social pueden prevenir repercusiones negativas en el desarrollo.

Terapia para traumas de la infancia: enfoques y herramientas

La terapia cognitivo-conductual es uno de los enfoques que ayuda a trabajar las heridas de la infancia, con reestructuración cognitiva y exposición gradual a recuerdos dolorosos. En el cuidado de niños y adolescentes, se identifican señales de TEPT y se planifican intervenciones adaptadas a la edad. A nivel familiar, la educación de cuidadores, la creación de redes de apoyo y estrategias de regulación emocional son componentes esenciales.

Gráfica de heridas emocionales de la infancia

Trauma en ancianos: particularidades y respuesta sanitaria

Los adultos mayores también pueden sufrir traumas por pérdidas, enfermedades crónicas, o experiencias vividas. El trauma en la vejez puede agravar condiciones cognitivas y emocionales existentes, aumentar la ansiedad y afectar la adherencia a tratamientos. La detección y tratamiento deben considerar comorbilidades y la importancia de un enfoque biopsicosocial, con apoyo social y familiar.

Evaluación clínica y recursos de apoyo

En la atención de traumas infantiles y en adultos mayores, es fundamental:

  • Realizar una anamnesis detallada y un examen neurológico adaptado a la edad.
  • Utilizar herramientas de evaluación validadas para TEPT y trastornos relacionados.
  • Proporcionar apoyo psicoeducativo a la familia y cuidadores.
  • Derivar a servicios de psicología, psiquiatría y trabajo social según corresponda.

Intervenciones tempranas en el manejo del trauma en población infantojuvenil. Dra. Nathalia Vargas

Ejemplos de intervención comunitaria y educativa

A nivel internacional y nacional, intervenciones efectivas incluyen campañas de educación sobre seguridad en vehículos, programas escolares de prevención de acoso, y políticas públicas que fortalezcan redes de apoyo para familias. En Chile y otros países, se destacan enfoques intersectoriales que vinculan educación, salud y servicios sociales para reducir la incidencia y severidad de traumas en la infancia.

Datos útiles y consideraciones prácticas

Los traumas infantiles requieren atención temprana para evitar efectos persistentes. Las fracturas, conmociones y otros traumatismos craneoencefálicos en niños requieren evaluación clínica, TAC en indicaciones y manejo en unidades especializadas cuando corresponde. En adultos mayores, la fractura de cadera y lesiones por caídas son comunes y requieren intervención quirúrgica o manejo conservador según el estado clínico y las comorbilidades.

Resúmenes y vínculos entre DSS y prevención

  • Determinantes Sociales de la Salud (DSS) relevantes: educación y alfabetización, ingreso y estatus social, ambiente físico y seguridad en el hogar y la vía pública.
  • Interrelación: la educación de los cuidadores, las condiciones socioeconómicas y el ambiente físico influyen significativamente en la incidencia y severidad de traumas infantiles.
  • Estrategias preventivas: educación comunitaria, mejoras en entornos de riesgo, legislación y acciones de ingeniería para reducir accidentes y vulnerabilidades.

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