La discapacidad intelectual (DI), anteriormente conocida como retraso mental, se define como una limitación significativa en el funcionamiento intelectual y en la conducta adaptativa, que se manifiesta durante el período de desarrollo, es decir, antes de los 22 años. Esta condición implica deficiencias en áreas conceptuales, sociales y prácticas de la vida, lo que dificulta el cumplimiento de los estándares de desarrollo y socioculturales para la autonomía personal y la responsabilidad social.
Es importante destacar que la nueva definición se enfoca en las necesidades de apoyo de las personas en lugar de centrarse únicamente en sus limitaciones. La edad en la que aparecía la discapacidad intelectual solía ser antes de los 18 años; sin embargo, esta edad se ha ampliado hasta los 22 años en las clasificaciones más recientes, como las propuestas en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) y la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11).
El término retraso mental, introducido en 1961, ha adquirido connotaciones negativas y estigmatizantes, por lo que los profesionales de la salud han optado por reemplazarlo por discapacidad intelectual. La DI no es una enfermedad médica específica ni un trastorno de la salud mental, sino un trastorno del neurodesarrollo.

Características de la Discapacidad Intelectual
Las personas con discapacidad intelectual presentan un funcionamiento intelectual significativamente por debajo del promedio, lo que limita su capacidad para afrontar una o más actividades de la vida diaria. Estas limitaciones se manifiestan en tres áreas principales de habilidades adaptativas:
- Área conceptual: Competencia en memoria, lectura, escritura y matemáticas.
- Área social: Habilidades interpersonales, comunicación funcional, juicio social y conciencia de los pensamientos y sentimientos de los demás.
- Área práctica: Cuidado personal, organización de tareas (para el trabajo o la escuela), administración del dinero, y salud y seguridad.
La aparición de estos déficits debe ocurrir durante la infancia. El diagnóstico se basa en la evaluación clínica y pruebas estandarizadas de inteligencia (CI), así como en la valoración del funcionamiento adaptativo.
Clasificación de la Discapacidad Intelectual
La discapacidad intelectual se clasifica según la gravedad, que puede ir desde leve hasta profunda. La clasificación se basa tanto en el nivel de coeficiente intelectual (CI) como en la necesidad de apoyo que requiere la persona.
Escalas de Gravedad según el Coeficiente Intelectual (CI)
Tradicionalmente, se han utilizado rangos de CI para clasificar la gravedad:
Discapacidad Intelectual Leve
Se incluye al alumnado cuya puntuación en CI se sitúa en el intervalo de CI entre 50-55 y 70. Aproximadamente, este grupo representa el 85% de los casos de discapacidad intelectual. La conducta adaptativa de este alumnado suele verse afectada en todas las áreas del desarrollo, aunque con la escolarización pueden adquirir aprendizajes instrumentales básicos.
Discapacidad Intelectual Moderada
Se incluye al alumnado cuya medida en CI se sitúa en el intervalo entre 35-40 y 50-55. Suponen alrededor del 10% de toda la población con discapacidad intelectual. Las adquisiciones de lenguaje en los primeros años suelen ser escasas, pero pueden aprender a hablar o a emplear algún signo de comunicación alternativo. A menudo, requieren supervisión constante y pueden realizar trabajos prácticos sencillos con estructura y supervisión.
Discapacidad Intelectual Grave
Se incluye al alumnado cuya medida en CI se sitúa en el intervalo entre 20-25 y 35-40, y supone el 3-4% del total de la discapacidad intelectual. Las adquisiciones de lenguaje en los primeros años suelen ser escasas y, a lo largo de la escolarización, pueden adquirir parcialmente los aprendizajes instrumentales básicos. La mayoría de este alumnado presenta una alteración neurológica identificada. Suelen presentar limitado nivel de conciencia y desarrollo emocional, nula o escasa intencionalidad comunicativa, ausencia de habla y graves dificultades motrices.
Discapacidad Intelectual Profunda
La medida del CI de este alumnado queda por debajo de 20-25 y supone el 1-2% del total de la discapacidad intelectual. La mayoría de este alumnado presenta una alteración neurológica identificada. Suelen presentar limitado nivel de conciencia y desarrollo emocional, nula o escasa intencionalidad comunicativa, ausencia de habla y graves dificultades motrices. El nivel de autonomía, si existe, es muy reducido, y a menudo requieren cuidados especializados exhaustivos.
Clasificación basada en la Necesidad de Apoyo
La definición moderna de DI pone un mayor énfasis en la necesidad de apoyo. Los apoyos se clasifican en:
- Intermitente: Apoyo ocasional.
- Limitado: Apoyo como, por ejemplo, un programa diario en un taller supervisado.
- Importante: Apoyo continuo diario.
- Profundo: Un alto nivel de apoyo para todas las actividades diarias, incluyendo cuidados especializados exhaustivos.
Si nos basamos solo en las puntuaciones obtenidas en las pruebas de coeficiente intelectual (CI), cerca del 3% de la población total presenta discapacidad intelectual (un CI inferior a 70). Sin embargo, si la clasificación se basa en la necesidad de apoyo, solo alrededor del 1% de la población presenta discapacidad intelectual significativa.
Causas de la Discapacidad Intelectual
La discapacidad intelectual puede tener su origen en una amplia variedad de circunstancias médicas y ambientales. El factor común es que algo afecta el crecimiento y el desarrollo del cerebro. Incluso con los avances en genética, a menudo no se puede identificar una causa específica.
Causas Prenatales (antes de la concepción o durante el embarazo)
- Trastornos hereditarios: Como fenilcetonuria, enfermedad de Tay-Sachs, neurofibromatosis, hipotiroidismo, síndrome del cromosoma X frágil.
- Anomalías cromosómicas: Como el síndrome de Down.
- Infecciones: Virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), citomegalovirus, virus del herpes simple, toxoplasmosis, rubéola o virus Zika.
- Sustancias tóxicas: Como el plomo y el metilmercurio.
- Alcohol: Trastorno del espectro alcohólico fetal.
- Fármacos: Como la fenitoína, el valproato, la isotretinoína y los antineoplásicos.
- Desarrollo anómalo del cerebro: Como quiste porencefálico, heterotopia de la sustancia gris y encefalocele.
- Complicaciones del embarazo: Preeclampsia y nacimientos múltiples (gemelos o trillizos).
Causas Perinatales (durante el nacimiento)
- Falta de oxígeno (hipoxia).
- Prematuridad extrema.
Causas Postnatales (después del nacimiento)
- Infecciones del encéfalo: Como la meningitis y la encefalitis.
- Traumatismo craneal grave.
- Desnutrición del niño.
- Abandono emocional grave o maltrato psicológico, verbal o físico.
- Venenos: Como el plomo y el mercurio.
- Tumores cerebrales y sus tratamientos.

Síntomas de la Discapacidad Intelectual
Los síntomas de la discapacidad intelectual pueden variar considerablemente y a menudo no son evidentes al nacer. Los más gravemente afectados pueden presentar anomalías físicas o neurológicas, como características faciales inusuales, tamaño de la cabeza anormal, o malformaciones. También pueden mostrar un desarrollo motor tardío y ser lentos para alcanzar hitos como rodar, sentarse o levantarse.
Sin embargo, la mayoría de los niños con DI no presentan síntomas perceptibles hasta el período preescolar. Los primeros problemas que los padres suelen notar son:
- Retraso en el desarrollo del lenguaje: Lentitud para usar palabras, unir palabras y formar frases completas.
- Desarrollo social lento: Debido al deterioro cognitivo y las deficiencias del lenguaje.
- Dificultades en el aprendizaje de habilidades básicas: Como vestirse y alimentarse por sí mismos.
- Incapacidad para mantener las expectativas normales para su edad en la escuela o preescolar.
Los niños con DI son más propensos a tener problemas de comportamiento, como crisis explosivas, rabietas y comportamiento agresivo o autolesivo. También pueden ser más susceptibles a ser víctimas de explotación debido a su ingenuidad y credulidad.
Además, entre el 20% y el 35% de las personas con DI también presentan trastornos de la salud mental, siendo comunes la ansiedad y la depresión, especialmente en aquellos conscientes de sus diferencias o que sufren acoso.
Diagnóstico de la Discapacidad Intelectual
El diagnóstico de la discapacidad intelectual implica un proceso multifacético que incluye:
Detección Prenatal
Durante el embarazo, se pueden realizar pruebas como ecografía, amniocentesis, biopsia de vellosidades coriónicas y análisis de sangre (cribado cuádruple, cribado prenatal no invasivo - NIPS) para identificar posibles anomalías genéticas o trastornos que puedan causar DI.
Pruebas de Cribado del Desarrollo
En las revisiones pediátricas de rutina, se utilizan cuestionarios sencillos y pruebas de hitos del desarrollo para evaluar rápidamente las habilidades cognitivas, verbales y motoras del niño. Si se detectan niveles bajos para la edad, se aplican pruebas más formales.
Pruebas Formales Intelectuales y de Habilidades
Estas pruebas incluyen entrevistas con los padres, observaciones del niño y comparaciones con niños de la misma edad. Se utilizan pruebas como el test de inteligencia de Stanford-Binet y la Escala de inteligencia de Wechsler para niños (WISC-IV) para evaluar la capacidad intelectual, y las Escalas de conductas adaptativas de Vineland para valorar áreas como la comunicación, la vida diaria y las destrezas sociales y motrices.
Identificación de la Causa
Si se sospecha una discapacidad intelectual, se pueden realizar pruebas de diagnóstico por la imagen (resonancia magnética nuclear - RMN), electroencefalograma (EEG), pruebas genéticas (análisis de micromatrices cromosómicas, cariotipo), y análisis de sangre y orina para identificar posibles causas subyacentes.
Es crucial diferenciar la DI de otros trastornos como problemas de audición, trastornos emocionales, trastornos del aprendizaje o efectos de la privación afectiva severa.
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Tratamiento y Pronóstico
El objetivo principal del tratamiento es desarrollar al máximo el potencial de la persona y mejorar su calidad de vida. La atención para un niño con discapacidad intelectual es idealmente proporcionada por un equipo multidisciplinario que puede incluir médicos, trabajadores sociales, logopedas, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas y educadores especiales.
El entrenamiento y la educación especial, que pueden comenzar desde la lactancia, son fundamentales. La terapia conductual suele ser útil para abordar problemas de comportamiento. El diagnóstico precoz es clave, ya que permite una rehabilitación y reeducación de habilidades en los primeros años de vida, mejorando las capacidades adaptativas.
Es importante tratar de forma específica y adecuada los trastornos neurológicos (epilepsia, trastornos motores) o comportamentales (autismo, hiperactividad) que puedan interferir en la evolución del individuo.
El pronóstico de la discapacidad intelectual depende de varios factores, incluyendo la gravedad y la causa de la DI, la presencia de otros trastornos asociados, y la efectividad del tratamiento y las terapias recibidas. Muchas personas llevan vidas productivas y aprenden a desempeñarse de forma independiente, mientras que otras pueden necesitar un ambiente más estructurado y un apoyo continuo.
La prevención juega un papel crucial. La asesoría genética, el cuidado prenatal adecuado, la prevención de infecciones (como la rubéola mediante vacunación), la evitación de la exposición a toxinas (plomo, mercurio, alcohol, drogas), y programas de nutrición pueden reducir el riesgo de discapacidad intelectual.
