La visión es una función sensorial fundamental que incide en todos los aspectos y etapas de nuestra vida. Cuando un trastorno ocular reduce la capacidad de ver con claridad, se habla de discapacidad visual. Si una persona vive lo suficiente, es probable que experimente en algún momento de su vida al menos una afección ocular que requerirá atención adecuada.
Esta discapacidad puede tener consecuencias graves para la persona durante toda su vida. Sin embargo, muchas de ellas pueden atenuarse si se proporciona a tiempo una atención oftálmica de calidad. Las estrategias de atención oftálmica se centran principalmente en las afecciones oculares que pueden causar discapacidad visual o ceguera, como las cataratas y los errores de refracción. No obstante, no debe pasarse por alto la importancia de otros problemas que no suelen provocar discapacidad visual, como la sequedad ocular o la conjuntivitis. Estas afecciones suelen ser algunos de los motivos más habituales de consulta en los servicios de atención oftálmica.

Prevalencia y Carga Global
Al menos 2200 millones de personas presentan deterioro de la visión, ya sea cercana o lejana. En 1000 millones de estos casos, como mínimo -es decir, en casi la mitad-, la discapacidad visual podría haberse evitado o todavía no se ha tratado.
En esos 1000 millones de personas, las principales afecciones que causan deterioro de la visión de lejos o ceguera son la catarata (94 millones), los errores de refracción (88,4 millones), la degeneración macular relacionada con la edad (8 millones), el glaucoma (7,7 millones) y la retinopatía diabética (3,9 millones). La afección que causa deterioro de la visión cercana con mayor frecuencia es la presbicia (826 millones).
La discapacidad visual representa una carga económica mundial muy elevada: el costo anual estimado en términos de pérdidas de productividad asciende a USD 411 000 millones. Aunque la pérdida de visión puede afectar a personas de todas las edades, la mayoría de las personas con discapacidad visual y ceguera tienen más de 50 años.
En cuanto a las diferencias regionales, se estima que la prevalencia de discapacidad visual que afecta a la visión de lejos es cuatro veces superior en las regiones de ingreso bajo y mediano que en las de ingreso alto. Con respecto a la visión cercana, se calcula que la proporción de casos de deterioro no tratados supera el 80% en el África subsahariana occidental, oriental y central. En cambio, en las regiones de ingreso alto de América del Norte, Australasia, Europa Occidental y Asia y el Pacífico, esa proporción es inferior al 10%. El crecimiento y el envejecimiento de la población están aumentando el riesgo de que la discapacidad visual afecte a un número cada vez mayor de personas.
Causas de la Discapacidad Visual
Las principales causas de discapacidad visual y ceguera en el mundo son:
- Errores de refracción
- Cataratas
- Retinopatía diabética
- Glaucoma
- Degeneración macular relacionada con la edad
Las causas de la discapacidad visual varían considerablemente entre países y también dentro de un mismo país. Estas diferencias dependen, entre otros factores, de la disponibilidad de servicios de atención oftálmica, de su costo y del nivel de conocimiento de la población acerca de los trastornos que afectan a la visión y de las formas de prevenirlos y tratarlos. Por ejemplo, la proporción de discapacidad visual atribuible a cataratas no operadas es mayor en los países de ingreso bajo y mediano que en los de ingreso alto. En estos últimos son más frecuentes enfermedades como el glaucoma o la degeneración macular relacionada con la edad.
Entre los niños, las cataratas congénitas son una de las principales causas de discapacidad visual en los países de ingreso bajo, mientras que en los países de ingreso mediano es más probable que la causa principal sea la retinopatía del prematuro. Los errores de refracción no corregidos siguen siendo una de las principales causas de discapacidad visual en todos los países, tanto entre los niños como entre los adultos.
Consecuencias de la Discapacidad Visual en la Vida Diaria
Impacto en el Desarrollo Individual
En las personas, la discapacidad visual puede tener repercusiones significativas:
- Los niños pequeños con discapacidad visual grave e irreversible de aparición temprana pueden presentar retrasos en el desarrollo motor, lingüístico, emocional, social y cognitivo, con consecuencias que pueden acompañarlos durante toda la vida. En la etapa escolar, esta discapacidad también puede repercutir en el rendimiento académico.
- En los adultos, la discapacidad visual afecta gravemente a la calidad de vida. Por ejemplo, puede aumentar el desempleo y la prevalencia de depresión y ansiedad.
- Entre las personas de mayor edad, puede favorecer el aislamiento social, dificultar la movilidad al caminar, aumentar tanto el riesgo de caídas y fracturas, y provocar el ingreso prematuro en una residencia.
La discapacidad visual afecta a diversos aspectos de la vida relacionados con la participación, incluidas las actividades relacionadas con el trabajo, el estudio, las habilidades sociales y las relaciones, las actividades de la vida diaria, el tiempo libre y la movilidad.

Desafíos Sensoriales, Psicológicos y Sociales
Las discapacidades sensoriales, en particular las relacionadas con la visión, pueden tener un fuerte impacto en la vida de la persona porque pueden:
- Causar una disminución en la información que recibe.
- Generar dificultades para percibir y comprender palabras, actividades u objetos.
- Generar una percepción limitada, distorsionada o incorrecta de la realidad.
La sensación de no ver bien resulta, además, tremendamente frustrante y estresante para la mayoría de las personas y puede causar dificultades de relación, retraimiento y aislamiento; problemas de movilidad; dificultades de aprendizaje; desconocimiento del entorno; falta de confianza en uno mismo; y limitación de las oportunidades de participación en actividades y en la comunidad.
Si los problemas de visión se dan en personas que tienen otra discapacidad grave, en particular en personas con discapacidad intelectual o deterioro cognitivo, a este impacto general, se suma un efecto de carácter más específico, como una mayor incidencia de conductas autolesivas y estereotipadas que parecen responder a su intento de ajustarse al mundo que perciben.
La baja visión se asocia con una calidad de vida reducida, afectando a la persona de diferentes formas: dificultades para leer, restricciones en las actividades y el empleo, y limitaciones en la movilidad, tanto física como práctica (por ejemplo, conducir un coche). La evidencia disponible señala que la baja visión y la ceguera son factores de riesgo tanto para la ansiedad como para la depresión, con una fuerte comorbilidad entre ambas. Se considera que la anhedonia (capacidad reducida para sentir placer) y el dejar de realizar actividades con las que antes disfrutaban, pueden ser dos factores importantes que contribuyen en el desarrollo de la ansiedad y la depresión.
Las personas con pérdida del campo visual periférico ya no pueden conducir ni desplazarse con un vehículo, lo que puede derivar, en algunos casos, en aislamiento social. Aquellas con pérdida de visión central, pueden ver notablemente afectada su capacidad de lectura y probablemente afecte de forma negativa en su ámbito laboral. Partiendo del hecho de que las señales faciales tienen una profunda importancia ecológica, las dificultades para reconocer rostros o emociones dificultan aún más el funcionamiento social en un amplio espectro de trastornos.
Actualmente está bien establecido que la pérdida temprana de la visión tiene consecuencias psicológicas y sociales, y que, al menos, algunas de estas consecuencias pueden persistir hasta la adolescencia. La depresión y la ansiedad suelen ser comunes en personas con pérdida visual de aparición tardía. Aunque la asociación entre pérdida visual y ansiedad no es tan clara como la asociación entre pérdida visual y depresión, la ansiedad es un síntoma importante en muchos individuos.
Efectos de Afecciones Específicas:
- En las primeras etapas de la DMAE (una enfermedad degenerativa progresiva de la mácula), destaca entre sus síntomas, la dificultad para ver los objetos con claridad y/o presencia de distorsiones. Con el tiempo, la visión se deteriora, lo que resulta en la pérdida de regiones importantes de la visión central. Los datos revelan que las personas con pérdida de visión foveal debido a DMAE tienen más probabilidades de sufrir depresión y reportar una peor calidad de vida. Las personas mayores con DMAE obtienen puntuaciones significativamente peores en su calidad de vida, angustia emocional y depresión, con niveles de prevalencia de hasta un 33%, especialmente, cuando la pérdida de visión es relativamente reciente o se percibe una falta de apoyo social.
- Los primeros síntomas del glaucoma (una enfermedad que daña el nervio óptico) incluyen pérdida de la visión periférica pero, en casos más graves, la enfermedad puede afectar a una gran proporción del campo visual. A medida que aumenta la gravedad del glaucoma, en niveles en los que es probable que se vea afectado el reconocimiento facial, la calidad de vida disminuye y la depresión es más común.
- En las primeras etapas de la retinosis pigmentaria (RP, una enfermedad degenerativa progresiva del ojo caracterizada por la pérdida de fotorreceptores que comienza en la periferia del campo visual), los síntomas incluyen problemas para ver de noche y disminución de la visión periférica. A medida que la visión periférica empeora, las personas pueden experimentar una «visión de túnel». Múltiples estudios muestran que la RP es un fuerte factor de riesgo para la depresión y la ansiedad.
- La prosopagnosia, también conocida como ceguera facial, es un deterioro en la capacidad de reconocer rostros en ausencia de déficits visuales de nivel inferior. Las personas con prosopagnosia tienden a depender de señales visuales no faciales para identificar a los demás. Esta condición tiene consecuencias psicológicas y sociales duraderas, incluidos cambios de comportamiento para evitar situaciones en las que pueda evidenciarse el fallo en el reconocimiento, aparición de estrés, cambios de personalidad, cambios en las relaciones y redes sociales, falta de confianza y aislamiento. Estas dificultades generales en el procesamiento de las interacciones sociales derivan en problemas de ansiedad social y depresión.
Esta revisión pone de manifiesto que, independientemente de la edad de aparición de la enfermedad o del tipo de pérdida de la visión, las deficiencias visuales conllevan una pesada carga psicológica, con un riesgo significativamente elevado de ansiedad y depresión. Es probable que esto se deba a múltiples factores que incluyen la pérdida visual directa, el miedo al empeoramiento de la visión, la pérdida de oportunidades laborales, actividades y movilidad restringidas y dificultades para acceder a la atención sanitaria.
Discapacidad visual | Mucho que ver
Problemas de Movilidad y Sociales
Las personas con baja visión o ceguera suelen tener problemas para moverse, sobre todo en entornos poco conocidos. El movimiento físico es uno de sus grandes desafíos, por lo que muchos de ellos siempre van acompañados de algún amigo o familiar. Las personas invidentes suelen aprender de memoria todos los detalles de su casa, ya que los muebles cambiados de sitio o movidos pueden suponerles un problema.
Las dificultades sociales también son importantes. Identificar quién está cerca o quién se aproxima es una de las mayores dificultades para las personas ciegas. La ceguera puede ser resultado de una enfermedad, lesión, o cualquier otra condición que limite la visión. Conocer los desafíos a los que se enfrentan las personas ciegas o con alguna discapacidad visual, puede ayudar a que las personas videntes comprendan a todo lo que se tiene que enfrentar un ciego.
Estrategias para Combatir las Afecciones Oculares y Evitar la Discapacidad Visual
Existen intervenciones eficaces de promoción, prevención, tratamiento y rehabilitación para atender las necesidades asociadas a las afecciones oculares y a la discapacidad visual. Aunque no se pueden evitar todos los casos de pérdida de visión, muchos pueden prevenirse, como los causados por infecciones, traumatismos, el uso de medicamentos tradicionales inseguros, enfermedades perinatales, enfermedades relacionadas con la nutrición o la administración de tratamientos tópicos de forma riesgosa o sin supervisión médica.
En muchas afecciones oculares, como la retinopatía diabética, la detección temprana y el tratamiento oportuno son fundamentales para evitar una pérdida irreversible de la visión. Asimismo, la corrección de los errores de refracción mediante gafas (lentes o anteojos) y la cirugía de cataratas son dos de las intervenciones de salud más eficaces en relación con su costo. Sin embargo, dos de cada tres personas que viven en países de ingresos bajos y necesitan gafas no disponen de ellas y una de cada dos personas que necesitan una intervención quirúrgica para tratar la catarata no tiene acceso a ella.
También es posible tratar muchas afecciones oculares que por lo general no provocan discapacidad visual, pero que causan molestias o dolor, como la sequedad ocular, la conjuntivitis y la blefaritis. En estos casos, el objetivo terapéutico es aliviar los síntomas y evitar que la afección evolucione hacia formas más graves.
Rehabilitación Visual
La rehabilitación visual constituye un componente esencial de los servicios de atención oftálmica y permite que las personas con una reducción irreversible de la visión aprovechen al máximo sus capacidades funcionales, mejoren su calidad de vida y participen plenamente en la sociedad. Resulta especialmente eficaz cuando la pérdida de visión se debe a afecciones como la retinopatía diabética, el glaucoma, las secuelas de traumatismos o la degeneración macular relacionada con la edad.
Respuesta de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
La labor de la OMS se guía por las recomendaciones del Informe mundial sobre la visión (2019) y por una resolución relativa a la atención oftálmica integrada y centrada en la persona, incluidas la ceguera y la discapacidad visual prevenibles, adoptada por la 73.ª Asamblea Mundial de la Salud en 2020. Ambos documentos proponen como estrategia fundamental que la atención oftálmica integrada y centrada en la persona se convierta en el modelo de atención de referencia y se aplique de manera universal.