El Modelo de Vulnerabilidad de Cutter et al. y su Impacto en el Análisis de Riesgos Socionaturales

La comprensión de la vulnerabilidad en contextos urbanos y ante fenómenos socionaturales es crucial en la actualidad. Se prevé que para el año 2025, cerca del 90% de la población mundial habitará en ciudades, lo que hace fundamental entender qué factores contribuyen a que algunos asentamientos sean menos vulnerables y más resilientes que otros. Para ello, es primordial definir los parámetros de resiliencia y vulnerabilidad urbana. Un ejemplo de los esfuerzos para abordar esta problemática se observa en proyectos que buscan incorporar activamente a comunidades, como las de Camurí Grande y Naiguatá, en iniciativas de capacitación y concienciación. Estos esfuerzos tienen como objetivo disminuir la vulnerabilidad ante situaciones de amenazas hidrometeorológicas, mediante el monitoreo continuo de todos los factores que inciden en el riesgo, el pronóstico, la organización comunitaria y la implementación de un sistema de alerta temprana. Como actividad complementaria a las estrategias de reducción de la vulnerabilidad, se contempla la inclusión de talleres de concienciación sobre los riesgos asociados a la disposición inadecuada de desechos domésticos en cursos de agua y áreas inundables, considerando el potencial de obstrucción sobre la red hidrográfica y su rol como generadores de Gases de Efecto Invernadero (GEI).

Esquema: Evolución conceptual de los desastres, desde fenómenos naturales a eventos de construcción social del riesgo.

La "Desnaturalización" de los Desastres y la Construcción Social del Riesgo

Históricamente, los desastres han sido vinculados de manera inherente con la naturaleza y la divinidad. Fue hasta finales del siglo XVIII, con el auge del racionalismo, cuando comenzaron a identificarse como fenómenos naturales potencialmente peligrosos, lo que propició el abuso del término "desastre natural". Sin embargo, el rompimiento de este hito fue guiado por la "desnaturalización" de los desastres, asociando las condiciones de vulnerabilidad con los impactos en la ocurrencia de eventos peligrosos.

Este proceso de desnaturalización se inició a partir de dos marcos específicos. El primero deriva del trabajo de Paul Richards, publicado en la revista African environment. Problems and perspectives, cuya investigación sobre sequías y hambrunas en el África oriental permitió al autor hablar de desastres sociales e incluso políticos, pero no naturales. El segundo marco se constituyó a partir de la fundación de la Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina (LA RED) en 1992. Aquí, la publicación clave fue Los desastres no son naturales, texto compilado por Maskrey, que buscó brindar los elementos conceptuales para interpretar la relación entre sociedad y desastres en esta región particular.

En la presentación de Los desastres no son naturales se describen una serie de trabajos pioneros que dieron origen al estudio de la relación entre sociedad y desastre. Entre estos, se destacan el trabajo de Caputo y de Hewitt por haber marcado un parteaguas en la concepción de la teoría social de los desastres. En Interpretations of Calamity, Hewitt reconoce la existencia de un enfoque dominante en los estudios sobre riesgos y desastres, conocido como "fisicalista", orientado a entender el desastre a partir de factores físicos externos a los procesos sociales. En Regions of Risk, Hewitt propone un enfoque alternativo, que se consolida como "enfoque de vulnerabilidad". Es así como el contexto social se concibe como un factor directamente relacionado con los desastres, más allá de factores geofísicos inherentes a la naturaleza. Este enfoque alternativo considera la vulnerabilidad como un elemento socialmente producido, lo cual permite entender la distribución desigual del riesgo, indicando que no todas las personas en ambientes específicos son igualmente vulnerables frente a los efectos del cambio climático.

La construcción social del riesgo, desde un enfoque que parte del concepto de vulnerabilidad, está relacionada con la generación y recreación de condiciones de desigualdades sociales y económicas. De tal modo, el concepto de vulnerabilidad presta atención a la totalidad de las relaciones dadas en una determinada situación social, las cuales constituyen una condición que, combinada con fuerzas ambientales, tienen la capacidad de producir un evento de desastre. En este enfoque, la vulnerabilidad se refiere a las características sociales y a las condiciones de un grupo que sitúa a las personas en riesgo, en términos de sus habilidades para anticipar, responder o recobrarse del impacto.

El Modelo de Vulnerabilidad Social de Cutter et al.

En un seminario internacional sobre "Desastres Socionaturales y Vulnerabilidad Social", organizado por el Centro de Investigación en Vulnerabilidades y Desastres Socionaturales (CIVDES), participaron investigadores chilenos e internacionales, incluyendo a la académica distinguida de Geografía de la Universidad de Carolina del Sur (EE. UU.), la

Dra. Susan L. Cutter.

La Doctora Cutter presentó una innovadora herramienta de análisis que permite medir la vulnerabilidad social y que fue generada por su equipo de investigación en Estados Unidos. Lo innovador de esta herramienta, desarrollada por geógrafos, sociólogos e ingenieros y utilizada recientemente para apoyar el proceso de recuperación de la ciudad de Nueva Jersey, radica en que considera factores psicosociales que a menudo no son contemplados por las políticas, decisiones administrativas e incluso por expertos en emergencias.

Dimensiones y Factores Clave del Modelo

El modelo de Cutter et al. integra diversas dimensiones para elaborar "mapas geográficos de riesgo y vulnerabilidad social". Entre los factores que considera se encuentran:

  • La población con necesidades especiales.
  • La edad (incluyendo la tercera edad y los niños).
  • El nivel socioeconómico.
  • La raza y la etnia (factores de gran importancia en el contexto norteamericano).
  • El género.
  • El tipo de vivienda y su estado.

La Dra. Cutter enfatizó la importancia de los mapeos de vulnerabilidad, ya que, como geógrafa, observó que las personas que toman decisiones a menudo no comprenden las estadísticas. Por ejemplo, se puede identificar una alta vulnerabilidad social en el Suroeste de Florida, principalmente debido a la gran cantidad de personas de la tercera edad que residen allí y a una significativa población que no habla inglés.

Infografía: Ejemplo de mapa de vulnerabilidad social según el modelo de Cutter et al., mostrando diferentes grados de riesgo en un área urbana.

Aplicaciones y Capacidades del Modelo

El análisis propuesto por la académica y directora del Instituto de Investigación sobre Riesgos y Vulnerabilidades permite modelar impactos futuros en los territorios, lo que facilita comprender cuáles serán las zonas más dañadas o las más lentas en su recuperación. Para la investigadora en desastres naturales, este modelo de estudio tiene la capacidad de ilustrar disparidades en la vulnerabilidad social, la cual no es homogénea en una ciudad o comuna. Permite realizar evaluaciones en aquellas áreas que podrían recuperarse más lentamente después de una catástrofe, o identificar aquellas áreas que carecen de un plan de respuesta ante desastres. Finalmente, este modelo consolida la vulnerabilidad como un estudio científico particular, gracias a la integración de la vulnerabilidad social con las ciencias naturales y la ingeniería.

Perspectivas Teóricas sobre la Vulnerabilidad y Resiliencia

La vulnerabilidad ha sido objeto de estudio de diversas disciplinas, aunque las ideas que sustentan su análisis se encuentran en las obras de Amartya Sen, Holling y Robert Chambers, publicadas durante la década de los ochenta. Sus aportaciones han contribuido a la consolidación de diversas corrientes teórico-metodológicas para el estudio de la vulnerabilidad.

Amartya Sen: Teoría de Derechos y Capacidades

Según Kasperson, Amartya Sen enuncia la "teoría de derechos y capacidades", en la que el acceso de una familia a los alimentos depende de sus dotaciones, sus oportunidades de intercambio y los precios del mercado, así como de la relación entre el costo de los alimentos y sus dotaciones. Para Sen, el intercambio de dotaciones se ve condicionado por las imperfecciones del mercado, las barreras institucionales e incluso las habilidades para vender o comprar los bienes en cuestión. La teoría de Sen permite vislumbrar cómo las relaciones sociales, los sistemas económicos y los individuos pueden generar situaciones de desastre ante escenarios de riesgo moderado, explicando por qué ciertas personas experimentan desastres y otras no, en circunstancias y momentos particulares.

C.S. Holling: Resiliencia en Ecosistemas

Las ideas de Holling, según Kasperson, se basan en los conceptos de estabilidad dinámica y resiliencia, concibiendo las perturbaciones a diferente escala espacial y temporal no como un problema, sino como una parte integral del desarrollo y la dinámica de los ecosistemas. Para Holling, la resiliencia del ecosistema es su capacidad de amortiguar o absorber ciertas perturbaciones, lo cual es fundamental para que pueda reorganizarse después de enfrentar posibles alteraciones. Esta habilidad permite a los ecosistemas proveer servicios vitales para la vida humana y de otras especies; de este modo, la resiliencia es clave para sostener el flujo de los servicios de soporte vital. Holling sostiene que la resiliencia determina la permanencia de un sistema, la persistencia de las relaciones dentro del propio sistema y su habilidad para absorber perturbaciones frente a cambios en su estructura.

Diagrama: Representación de un sistema socio-ecológico y sus propiedades de resiliencia y estabilidad.

Robert Chambers: Indefensión, Inseguridad y Exposición

Respecto a la aportación de Robert Chambers, Kasperson señala que la vulnerabilidad se caracteriza como indefensión, inseguridad y exposición al riesgo. Para Chambers, la vulnerabilidad tiene dos lados: un lado externo que se refiere a los riesgos, conmociones o estrés a los que está sujeto un individuo u hogar, y otro interno que se ocupa de la indefensión, es decir, de la falta de medios para hacer frente sin sufrir daños. Chambers sostiene que la capacidad para protegerse frente al riesgo reside en la combinación correcta de los activos (o recursos) que poseen las personas.

Corrientes Metodológicas en Ciencias Sociales

García sintetiza tres corrientes teórico-metodológicas, derivadas de las bases de Sen, Holling y Chambers, que son de especial importancia para los abordajes desde las ciencias sociales. La autora menciona que "la teoría del conflicto" reconoce que la cantidad y distribución del capital afecta formas inherentes a la vulnerabilidad social (como la vida familiar, los recursos o el lu...).

Vulnerabilidad al Cambio Climático en Contextos Urbanos

Cuando se aborda el cambio climático en un contexto urbano, la problematización y el punto de partida es concebir a la ciudad como la principal fuente de emisiones de GEI y como un espacio particularmente vulnerable debido a su alta concentración poblacional y de actividades económico-industriales. En esta noción, se prioriza la planificación urbana encaminada a reducir los GEI, dejando de lado la gestión del riesgo y la reducción de la vulnerabilidad. Esto se debe, en buena parte, a que la visión tradicional del cambio climático, enfocada en los GEI, se convierte en el factor explicativo de los eventos peligrosos. Se deja de lado la incidencia de la urbanización en la transformación de los elementos físico-naturales y, por tanto, se desvincula de la generación de nuevas amenazas y la intensificación de las ya existentes.

Por consiguiente, para entender el cambio climático, es importante revelar las interconexiones que existen entre este y los factores inmersos en los procesos urbanos que actúan como mediadores del riesgo y la vulnerabilidad, tales como los patrones de asentamientos, la urbanización y la degradación de los ecosistemas.

Cambio climático y ciudad

Por otro lado, Lavell explica que el discurso del cambio climático se centra en los "extremos" del clima, dejando en segundo término los cambios en las normas y los promedios del clima, que parecieran ser menos significativos. Sin embargo, los impactos de eventos no extremos asociados al cambio climático son difusos, especialmente en los contextos urbanos. Al respecto, es posible identificar dos razones: la primera es que los patrones de crecimiento urbano modifican y degradan el ambiente hasta el punto de producir nuevos riesgos o amplificar los ya existentes. La segunda es que la ciudad amortigua los impactos ante determinadas amenazas o escasez de recursos, debido a una dependencia indirecta de los ecosistemas locales que se extiende hacia ecosistemas remotos a través de mediaciones e interconexiones sociotécnicas.

Lo anterior nos lleva a pensar en impactos directos e indirectos del cambio climático en las ciudades: los primeros se expresan por impactos repentinos (como olas de calor o lluvias intensas) o como impactos que se acumulan gradualmente con el tiempo (incremento del nivel del mar, aumento general en la temperatura y cambios en los patrones de lluvia); los segundos surgen como una cascada de efectos indirectos, provocando interrupciones significativas en las redes sociotécnicas esenciales para el funcionamiento de la ciudad, lo que disminuye la capacidad de respuesta de las personas e incrementa su vulnerabilidad. Considerar que los cambios urbanos van de la mano con los cambios del clima implica adentrarse en una relación compleja. De primera instancia, es posible pensar en cuestiones propias de los procesos de urbanización acelerada, como la pérdida de cobertura vegetal y la sobreexplotación de los mantos acuíferos, el incremento de los procesos industriales en la zona y del parque vehicular, la sobreacumulación de residuos urbanos en vertederos deficientes, entre otras. Esto no solo significa un incremento en las emisiones de GEI dentro de las ciudades, sino una presión y degradación constante en los factores ecosistémicos que regulan el clima.

Cambio de Paradigma en el IPCC

El Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), desde que inició en 1990 con la publicación de reportes periódicos, ha sido la principal autoridad en la producción y promoción del conocimiento sobre el comportamiento del cambio climático, sus impactos y las opciones de adaptación y mitigación. En 2012, después de veintidós años de trabajo bajo una mirada tradicional, el IPCC publica el informe especial SREX, cuyas siglas en español se traducen a Gestión de los riesgos de fenómenos meteorológicos extremos y desastres para mejorar la adaptación al cambio climático. Este informe rompe con la tendencia de considerar los impactos del cambio climático como fenómenos aislados de la complejidad de los procesos sociales. El informe introduce la noción de que la exposición y la vulnerabilidad determinan el riesgo de desastre. También reconoce la importancia de los eventos no extremos y de la ocurrencia de múltiples eventos asociados al cambio climático frente a condiciones de alta exposición y vulnerabilidad. Esto representa un giro importante, ya que abre el panorama para discutir otras formas de estudio y acción climática.

Desafíos y Otras Dimensiones de la Vulnerabilidad

Las políticas públicas a menudo parecen muy limitadas al momento de enfrentar catástrofes naturales, especialmente en Latinoamérica, ya que no solucionan el "caos social" que producen. Investigadores de Colombia, Costa Rica y Estados Unidos, además de geógrafos, arquitectos y cientistas sociales de Chile, compartieron experiencias con futuros profesionales en torno al problema de los "Desastres Socionaturales y la Vulnerabilidad Social". Desde mediciones a través de mapas de vulnerabilidad, críticas al rol autoritario de las decisiones estatales y el realce de la dimensión subjetiva de la vulnerabilidad, fueron parte de los conocimientos interdisciplinarios presentados en este encuentro internacional.

Paradojas en la Gestión de Emergencias: La Perspectiva de Hugo Romero

El investigador del CIVDES y Doctor en Geografía de la Universidad de Zaragoza, Prof. Hugo Romero, presentó las paradojas al momento de enfrentar emergencias socionaturales en Chile y la necesidad de ir más allá de disputas políticas que se olvidan del capital humano cuyas vidas son radicalmente transformadas por este tipo de acontecimientos. Escenas de asaltos y caos social han acompañado en Chile los sucesos post-catástrofes naturales. Para los académicos del CIVDES, es necesario explicar este "terremoto social", y la respuesta parece residir, según el académico Hugo Romero, en las malas decisiones adoptadas por las políticas de reconstrucción, que no consideran la vulnerabilidad social. Romero relató la experiencia de escuchar a líderes vecinales en Constitución tras un desastre, donde "quedamos impactados al reconocer la solidaridad, el liderazgo y la reciprocidad como valores sociales que han acompañado en la reconstrucción de una comunidad. ¿Este capital humano está siendo considerado en las políticas de reconstrucción?", se preguntó.

El académico Hugo Romero también señaló que el CIVDES es un centro académico que busca transmitir conocimientos a una nueva masa crítica de profesionales de postgrado para enfrentar los eventos no solo como una emergencia, sino como un hecho recurrente en el país. La Directora de Investigaciones de la FACSO e investigadora responsable de CIVDES, Prof. Sonia Pérez, evaluó este Seminario Internacional como "una excelente instancia de discusión y formación a partir de experiencias de distintas disciplinas y en distintos países."

La Exposición como Variable Explicativa

Otra de las aristas relevantes al comprender el alto impacto de los desastres naturales es la variable explicativa de la catástrofe: la exposición. "Las poblaciones latinoamericanas que han sido afectadas por los más importantes desastres durante los últimos años, en todos los casos, se ha tratado de asentamientos mal localizados y lo podemos reconocer en el reciente incendio en una quebrada de Valparaíso", indicó un académico de la U. de Chile.

Hábitat Humano y Reasentamientos: El Caso de Manizales

La Doctora en Geografía Anne-Catherine Chardon, investigadora de la Universidad Nacional de Colombia sede Manizales, se refirió a los problemas específicos de reasentamientos en sectores cafeteros de Colombia, como la ciudad de Manizales. La cuestión del hábitat humano es sumamente relevante para esta académica, quien lo considera desde una perspectiva de complejidad sistémica: "un sistema cuyos componentes son el espacio urbano, sus ocupantes con ciertas características, el entorno natural, el contexto político institucional y todas las relaciones que existen entre estos elementos", afirmó la coordinadora de una Maestría en Hábitat. En la ciudad colombiana de Manizales, donde la académica realizó su investigación, hay asentamientos que deben considerar la construcción de lo que la experta denomina "viviendas productivas", es decir, viviendas que pueden ser transformadas de modo productivo por las familias, ya sea "alquilando una habitación, alquilando un departamento o teniendo un comercio", algo que las políticas de asentamiento no suelen considerar.

Participación Ciudadana y Vulnerabilidad Subjetiva

La académica Carmen Paz Castro, investigadora Fondecyt de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, también participó en el seminario y resaltó que la falla principal en el modo de enfrentar los riesgos socionaturales se encuentra en la falta de participación ciudadana en las decisiones institucionales y políticas que se toman en momentos de emergencia post-desastres naturales.

Con similar preocupación, pero profundizando en la dimensión subjetiva de la vulnerabilidad social, la investigadora de CIVDES y académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, Prof. Catalina Arteaga, realzó la importancia de un análisis capaz de reconocer cómo las familias movilizan sus recursos en etapas de desastres naturales, así como otras consecuencias que afectan la cotidianidad de las vidas de las víctimas. Considerando su investigación empírica con habitantes que vivieron el desastre posterior a la erupción del volcán Chaitén en Chile, la académica resaltó la violencia que se ejerció a través de la intervención estatal y se refirió a la percepción de abandono y la violencia psicológica que afectó a estas poblaciones reasentadas, que en algunos casos decidieron regresar a su ciudad de origen debido a la dificultad de la adaptación social. Abordando la dimensión de la vulnerabilidad subjetiva, identificó problemas cotidianos que complejizan la recuperación social post-catástrofes, como la discriminación sufrida por los niños en los colegios de Chaitén donde fueron reasentados. Describió una población donde el suicidio, la morbilidad y la sensación de maltrato son parte de la nueva sociedad que produjo la indecisión y la no consideración de la vulnerabilidad social por parte de las políticas públicas. Los efectos producidos por el aumento de la población y expansión urbana, además de los estatus sociales, política y estabilidad financiera, son esenciales para determinar el grado de vulnerabilidad y resiliencia de una comunidad ante los impactos.

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