Cuidados Paliativos y Eutanasia: Un Debate Crucial

En el actual debate sobre la eutanasia, que hoy es un tema relevante para el país y especialmente para los pacientes que enfrentan una enfermedad terminal, surge la necesidad de abordar las inequidades de salud de la población más vulnerable. El respeto a la dignidad humana es una condición intrínseca de la persona -al inicio y al final de la vida-, y las políticas públicas en salud deben demostrar con hechos el cuidado de esta dignidad. Esta es la verdadera manera de poder alcanzar una real muerte digna al final de la vida.

Es fundamental utilizar los términos reales, es decir, eutanasia, y no eufemismos como "muerte digna" utilizados en proyectos anteriores. Aunque la eutanasia es ley en menos de diez países del mundo, es efectivo que en algunos países desarrollados, a pesar de contar con adecuados cuidados paliativos, el debate por la eutanasia sigue presente.

Sin duda, el tema más relevante hoy para los pacientes que enfrentan el final de la vida con una enfermedad terminal es la priorización y focalización en resolver sus reales necesidades de atención de salud. Por esto, una atención de cuidados paliativos de manera integral, amplia y de cobertura universal, con estándares internacionales de calidad, se presenta como la verdadera prioridad antes de plantear una ley de eutanasia.

Definiciones Clave en el Cuidado del Final de la Vida

Un tema que genera preocupaciones, estudios e incluso miedos, es la muerte, acrecentados por la realidad actual en el contexto político y cultural de los diferentes gobiernos de América Latina. Antes de entrar en contexto, es necesario definir algunos términos fundamentales.

Cuidados Paliativos

La Organización Mundial de la Salud (OMS) adoptó en 1990 la definición de cuidados paliativos propuesta por la EAPC, calificándolos como el “cuidado total activo de los pacientes cuya enfermedad no responde a tratamiento curativo”, y precisando que “el control del dolor y de otros síntomas, así como de problemas psicológicos, sociales y espirituales, es primordial”. En 2002, la OMS amplió esta definición, señalando que los cuidados paliativos no deben ser relegados solo a las últimas etapas de la atención médica, dado que los síntomas no tratados al inicio de la enfermedad son muy difíciles de manejar en los últimos días de vida.

Los cuidados paliativos plantean numerosas cuestiones éticas y su importancia de implementarlos de forma virtuosa se subraya en todos los ámbitos. Sus objetivos son los siguientes:

  • Mejorar la calidad de vida del paciente.
  • Proporcionar alivio del dolor y otros síntomas.
  • No alargar ni acortar la vida.
  • Dar apoyo psicológico, social y espiritual.
  • Reafirmar la importancia de la vida.
  • Considerar la muerte como algo normal.
  • Proporcionar sistemas de apoyo para que la vida del paciente sea lo más activa posible.
  • Dar apoyo a la familia durante la enfermedad y el duelo.

La medicina paliativa considera que morir con dignidad supone vivir dignamente hasta el último momento. En cierto sentido, aportan un ofrecimiento más integral del concepto "cuidar", cubriendo las necesidades del paciente. Afirman la vida y consideran la muerte como un proceso normal; ni la aceleran ni la retrasan, su objetivo es preservar la mejor calidad de vida hasta el final.

El Concepto de "Buen Morir"

El "Buen Morir" tiene como objetivo garantizar un final de vida digno a las personas con enfermedades terminales, permitiendo la suspensión de tratamientos inútiles siempre que exista garantía de atención para aliviar el dolor. El concepto de “muerte digna” o “buena muerte” ha sido muy difundido entre los profesionales de la salud, quienes experimentan el dilema ético sobre lo que realmente se debe hacer ante un enfermo terminal. Morir es una experiencia individualizada, en la cual hay un constructor de una buena muerte, establecido a partir de diversas creencias y tradiciones, relacionado con el escenario ideal de muerte para cada persona, que en algunas ocasiones puede no cumplirse.

El reconocimiento y la aceptación de la proximidad de la muerte ponen en marcha una movilización personal y comunitaria que es parte esencial del buen morir. Se requiere tiempo para hacerle frente a la realidad de la muerte y sentir la ira, dolor y frustración que muchas veces preceden a la aceptación.

La Eutanasia

Como sugiere su etimología (del griego “eu - thanatos”), eutanasia significa “buena muerte” en el sentido de muerte apacible y sin dolores. Sin embargo, actualmente se entiende por eutanasia aquella acción -eutanasia activa- u omisión -eutanasia pasiva- encaminada a dar muerte, de una manera indolora, a los enfermos incurables. Son características de la eutanasia el ser provocada por personal sanitario y la existencia de una intencionalidad supuestamente compasiva y liberadora.

La provocación intencionada de la muerte de una persona que padece una enfermedad avanzada, crónica o terminal, se basa en la autonomía de la persona, si esta lo desea. Sin embargo, se argumenta que en la práctica esta autonomía no existe plenamente, porque todos por definición somos vulnerables y dependientes.

El debate sobre la eutanasia genera controversias desde todo punto de vista: ético, moral, religioso, social y sanitario. Solo siete países en el mundo la aplican, y uno de ellos se encuentra en Latinoamérica: Colombia, cuya legislación y aprobación generó grandes controversias.

Infografía comparativa de cuidados paliativos y eutanasia: objetivos, métodos y principios éticos

Cuidados Paliativos vs. Eutanasia: Miradas Antagónicas

La académica Ximena Farfán señala que los cuidados paliativos y la eutanasia son conductas que surgen de miradas muy diferentes y hasta cierto modo antagónicas respecto a la vida y la muerte. La eutanasia es contraria a los cuidados paliativos, estos últimos declaran que el proceso de morir debe ser respetado.

Diferencias Claras: Eutanasia y Sedación Paliativa

No hay que confundir la eutanasia con la sedación paliativa. Son conceptos muy distintos, aunque ambas prácticas tienen como objetivo aliviar el dolor y el sufrimiento, difieren mucho en los medios empleados. Para estos objetivos, ambas medidas aplican “fármacos”, con la diferencia de que la aplicación de fármacos en la eutanasia implica acabar con la vida del individuo, mientras que en la sedación paliativa se pretende que la muerte acontezca de manera natural, sin dolor.

Ximena Farfán explica que los síntomas refractarios son aquellos que no pueden ser adecuadamente controlados a pesar de intensos esfuerzos para identificar un tratamiento tolerable que no comprometa la conciencia del paciente. La sedación terminal paliativa se utiliza en el período de agonía, es decir, en el período de fin de vida, cuando el paciente está cercano a la muerte. Existen diferentes formas de administración: profunda o superficial, intermitente o continua. Es importante señalar el término de proporcionalidad, que implica que la disminución de la conciencia del paciente debe ser solo en grado suficiente para conseguir el alivio deseado y nunca más allá de lo estrictamente necesario.

El objetivo de la sedación paliativa es aliviar el sufrimiento intolerable que no responde a otros tratamientos en situaciones claramente definidas como enfermedad avanzada o fin de vida de un paciente extremadamente frágil. A pesar de su semejanza técnica, la diferencia moral que separa a uno y otro acto es inmensa.

Principios Éticos y El Paciente Terminal

El Principio de No Maleficencia y la Solidaridad

La no maleficencia surge de la ética hipocrática con el conocido principio de Primum non nocere ("primero, no dañar"). Este exige no causar ningún daño, maximizar los beneficios posibles y minimizar los posibles daños. Además, requiere ofrecer las mismas soluciones a todos los pacientes, tratar a los individuos como entes autónomos y proteger a las personas cuya autonomía esté disminuida. Los cuidados paliativos realizan un análisis objetivo de la relación beneficios y riesgos, aplicando un plan de atención integral multidisciplinar.

La solidaridad con las personas en situación terminal y con sus familias implica el acompañamiento y la aplicación de los recursos asistenciales adecuados. Esta solidaridad implica decir no al abandono, al desinterés y al olvido, y decir sí a la cercanía, al calor humano y a la prestación de unos cuidados de calidad.

Obstinación Terapéutica y la Decisión del Final de la Vida

El debate con frecuencia adopta un carácter bipolar entre dos extremos: eutanasia o ensañamiento terapéutico. Se prefiere hablar de obstinación terapéutica por los matices peyorativos de los términos «ensañamiento» y «encarnizamiento». Para entrar en el fondo de la cuestión, es necesario clarificar qué entendemos por eutanasia y evitar terminologías con poca base científica o imprecisas que enturbian el debate.

El Código de Ética y Deontología Médica español (artículo 28.1) señala que "El médico nunca provocará intencionalmente la muerte de un paciente ni por propia decisión ni cuando el enfermo o sus allegados lo soliciten". De igual manera, la Guía Europea de Ética y de Comportamiento Profesional de los Médicos (Diciembre de 1982) establece que "El médico no puede proceder a la eutanasia. Debe esforzarse en aplacar los sufrimientos de su enfermo, pero no tiene el derecho de provocar deliberadamente la muerte".

La distinción entre eutanasia activa o eutanasia pasiva no tiene fundamento ético, ya que no hay diferencia moral entre provocar la muerte por uno u otro procedimiento. Además, tal distinción solo confunde al llamar «eutanasia pasiva» a cosas que no son eutanasia. La Organización Médico Colegial Española en su Asamblea de enero de 1993 rechazó formalmente tal distinción por estimarla confusa y carente de base científica.

La Congregación para la Doctrina de la Fe sostiene que ante la inminencia de una muerte inevitable, es lícito en conciencia tomar la decisión de renunciar a tratamientos que solo proporcionarían una prolongación precaria y penosa de la vida, pero sin interrumpir los cuidados normales debidos al enfermo. Se sanciona así la licitud de no someterse a tratamientos penosos, caros o de dudosa eficacia. También es lícito interrumpir tales medios cuando los resultados no son conformes con las esperanzas puestas en ellos. En definitiva, ni eutanasia ni la absurda obstinación terapéutica, sino buen hacer profesional con dedicación y conciencia de que la medicina tiene un límite.

Una distinción que ayuda a clarificar el debate es la diferencia entre tratamiento inútil (aquel que, correctamente aplicado, no obtiene el resultado esperado) y terapia fútil (que no tiene expectativa de beneficio). Un estado terminal define una situación de muerte inminente inevitable, en la que las medidas de soporte vital solo pueden conseguir un breve aplazamiento del momento de la muerte. No es paciente terminal aquel que se encuentra en una situación grave con riesgo de muerte a causa de un proceso de naturaleza curable, ni el que, con una enfermedad incurable y de pronóstico fatal, tiene una esperanza de vida razonable superior a seis meses.

Diagrama de flujo mostrando la toma de decisiones éticas al final de la vida, considerando cuidados paliativos y obstinación terapéutica

Acompañamiento Integral al Final de la Vida

El médico no debe dejar de atender al enfermo con toda solicitud aun cuando no pueda curar. Este acompañamiento integral incluye:

  • Información: La muerte es un hecho trascendente que afecta a la persona y a su entorno. Es crucial que el paciente tenga el “derecho” a “vivir su propia muerte” con información adecuada y dosificada, sin engaños.
  • Atención espiritual y social: Respetando la libertad del enfermo, el médico debe ofrecer la posibilidad de recibir la asistencia espiritual que desee y de atender obligaciones morales graves, como otorgar testamento.
  • Tratamientos paliativos: Son aquellos que se administran para hacer más soportables los efectos de la enfermedad y especialmente eliminar el dolor y la ansiedad. El control del dolor puede ser completo o aceptable en la mayoría de los casos, y se espera una mejora con mayor experiencia y medicamentos más eficaces.

El médico no puede reducir al paciente terminal nunca a un mero sistema fisiopatológico desintegrado. Es eso, pero es mucho más: es una persona. Su visión ha de integrar la imagen del sistema irreparable con la del ser humano al que no puede abandonar y cuidará hasta el final. Ahí está la grandeza de la medicina paliativa: ver a un tiempo personas para seguir a su lado, y una biología naufragada para abstenerse de acciones fútiles.

Como dijo el escritor Jean Rostand, no hay ninguna vida, por muy degradada, deteriorada, rebajada o empobrecida que esté, que no merezca respeto ni que se la defienda con denuedo.

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