Cuidar de un ser querido que ha envejecido o está enfermo es una labor que, aunque se realiza con mucho amor, puede traer consigo grandes desafíos. Dentro de la comunidad de los Testigos de Jehová, esta responsabilidad se ve enriquecida por el profundo amor a Jehová y las enseñanzas bíblicas. Jehová valora enormemente los sacrificios y esfuerzos de aquellos que cuidan a sus seres queridos, y entiende sus sentimientos, incluso cuando otros no pueden (compare con Éxodo 3:7). Cada lágrima es valiosa para Él, y aprecia todos los sacrificios hechos (Sal. 56:8; 126:5).
La Biblia nos ofrece muchos relatos de personas que cuidaron de otros. Por ejemplo, Abrahán y Sara cuidaron de Taré, su padre de unos 200 años, durante un largo viaje. Debió resultarles difícil, pero Jehová les dio las fuerzas que necesitaban, y lo mismo hará con usted.
Los Desafíos Emocionales y Físicos del Cuidador

Los cuidadores a menudo enfrentan dificultades que pueden pasar desapercibidas para los demás. Por fuera tal vez sonrían, pero por dentro pueden sentirse muy tristes (Sal. 6:6). Si los cuidadores pierden la alegría, es más fácil que se cansen (Prov. 24:10). Y, si están cansados, puede que no sean tan amables ni ayuden tanto como les gustaría.
Una hermana llamada Leah explica: “Incluso en los días buenos, cuidar de alguien implica un desgaste emocional tremendo. Al final del día, muchas veces siento que no me queda ni una gota de energía”. Otros luchan por encontrar tiempo para descansar. Inés comenta: “No consigo dormir lo suficiente. Muchas noches tengo que levantarme cada dos horas para atender a mi suegra. Y mi esposo y yo llevamos años sin poder tomarnos unas vacaciones”. Algunos cuidadores tienen que rechazar invitaciones sociales y asignaciones teocráticas porque no pueden dejar solo a su ser querido.
Sentimientos de Culpa y Tristeza
Los cuidadores pueden sentirse profundamente culpables o tristes. Jessica admite: “Me frustra no poder hacer más. A veces necesito un tiempo para descansar, pero cuando me lo tomo me siento culpable y egoísta”. Algunos luchan con remordimientos por sentirse molestos con su situación, o temen no estar haciendo lo suficiente. También puede dolerles ver cómo la persona va perdiendo el vigor y la salud que la caracterizaban. Es normal que deseemos cuidar a nuestros padres lo mejor posible, pero el esfuerzo constante puede ser abrumador. Los cuidadores que se hallan en esa situación deben ser razonables y plantearse si necesitan ayuda.
Entrevista a cuidadores/familiares de un adulto mayor
Falta de Aprecio
Puede que los cuidadores sientan que no se valora lo que hacen porque pocas veces reciben palabras de gratitud o felicitaciones. Sin embargo, unas palabras de aprecio pueden hacer mucho bien (1 Tes. 5:18). Melissa cuenta: “Cuando las personas a las que cuido me dicen ‘Gracias por todo lo que haces por mí’, siento una inyección de ánimo. Eso me ayuda a levantarme al día siguiente lista y con muchas ganas de seguir cuidándolas”.
Consejos Prácticos para los Cuidadores
Cuidar a nuestros padres es una obligación moral y bíblica. Tomiko, que cuida a su madre con párkinson, explica: “Me cuidó veinte años. Ahora quiero hacer lo mismo por ella”. El sabio rey Salomón aconsejó: “Escucha a tu padre, que causó tu nacimiento, y no desprecies a tu madre simplemente porque ha envejecido”.
- Sea modesto (Prov. 11:2): Nadie tiene fuerzas y tiempo ilimitados. Determine lo que puede hacer y lo que no, y no dude en decir que no a algunas cosas. Si otros se ofrecen a ayudar, acepte su ayuda.
- Trate de ver más allá de lo obvio (Proverbios 19:11): La perspicacia lo ayudará a comprender por qué su ser querido hace o dice ciertas cosas, manteniendo la calma. Algunas enfermedades crónicas pueden cambiar el comportamiento. Investigar sobre la enfermedad puede ayudar a entender que el culpable es la enfermedad, no la persona.
- Saque tiempo para fortalecer su amistad con Jehová (Filip. 1:10): Aunque esté muy ocupado, es importante sacar tiempo cada día para leer la Biblia y orar. Una hermana llamada Elisha dice: “Consigo mantener la alegría orando y meditando en las palabras reconfortantes de algunos salmos. La oración ha sido mi salvavidas”.
- Aparte tiempo para cuidar su salud (Efes. 5:15, 16): Una buena alimentación, ejercicio regular y descanso suficiente son esenciales. Aproveche el tiempo para comer saludable y haga ejercicio. El sueño ayuda a reducir la ansiedad y procesar el estrés (Ecl. 4:6). También, busque momentos para hacer actividades que le gusten (Ecl. 8:15).
- No pierda el sentido del humor (Proverbios 17:22; Ecl. 3:1, 4): La risa es buena para el cuerpo y la mente. Ver el lado divertido de las situaciones estresantes puede ayudar a sobrellevarlas.
- Hable con un amigo de confianza: Desahóguese con alguien que no lo juzgue (Prov. 17:17). Las palabras de consuelo pueden ayudar a mantener la alegría.
- Imagine lo que harán juntos en el Paraíso: Recuerde que el cuidado de enfermos es temporal. Hablar del futuro en el Paraíso puede reconfortar (Is. 33:24; 65:21).
Planificación y Comunicación Familiar

Los hijos adultos tienen la gran responsabilidad de que sus padres estén bien cuidados. Como parte de sus obligaciones religiosas, los hijos “deben aprender primero a cumplir con sus deberes familiares y a ser agradecidos con sus padres, porque eso es lo que agrada a Dios” (1 Timoteo 5:4, El libro del Pueblo de Dios).
Puede ser desgarrador para los hijos comprender que sus padres, que una vez derrocharon vigor y salud, ya no se valen por sí mismos. Los problemas asociados a la vejez son inevitables, por eso es importante prepararse para afrontarlos tomando de antemano ciertas decisiones.
Hablar con Antelación y Planificar
Es bueno que los mayores y sus familias se informen con tiempo de las opciones disponibles. Un experto señala: “Ese es casi siempre el peor momento para tomar ese tipo de decisiones”. Con buena planificación, los cambios serán menos traumáticos (Prov. 6). Hablar con sus padres sobre la necesidad de hacer cambios en el hogar o la posibilidad de una mudanza, aunque incómodo, resulta muy útil. En un ambiente relajado, los miembros de la familia pueden expresar sus preferencias sin temor.
Padres, comuniquen sus deseos y preferencias, y de cuánto dinero disponen. Así sus hijos podrán tomar decisiones acertadas si ustedes no pueden hacerlo (Efes. 6:2-4). Hablen sobre los cuidados médicos que prefieren, incluyendo los puntos contenidos en el documento legal para la atención médica que utilizan los Testigos de Jehová, y elijan a un representante legal.
Muchos problemas se evitan si se hacen buenos planes y hay buena comunicación (Prov. 15:22). Conviene que todos los implicados tengan copia de los documentos importantes.
Investigación y Adaptación
Cuando empiece a cuidar a sus padres, investigue todo lo que pueda sobre sus dolencias. Si sufren una enfermedad degenerativa, entérese de los cambios que puede esperar (Prov. 1:5). Acuda a organismos gubernamentales y servicios comunitarios que puedan facilitarle su labor. Hable de sus sentimientos con un amigo de confianza y, sobre todo, ábrale su corazón a Jehová (Sal. 55:22; Prov. 24:10; Filip.).
Si los problemas de salud no se alivian, quizás haya que hacer cambios en la atención. Cuanto más pequeños sean tales cambios, más fácil les será adaptarse. Considere si pueden vivir con alguna ayuda extra en su propio hogar, o si necesitan un cuidador a domicilio. Sin embargo, si ya no es seguro que vivan solos, hará falta más ayuda permanente.
El Rol de la Congregación y los Ancianos
Jehová quiere mucho a todas sus ovejas y les encargó a los ancianos de las congregaciones que las cuiden (Hech. 20:28). Él se interesa profundamente por todas sus ovejas, pero en especial por las que sufren. Él utiliza a los ancianos para ayudar a las que están sufriendo en sentido espiritual (Ezequiel 34:15, 16).
Nuestra organización nombra superintendentes o ancianos capacitados “para pastorear la congregación de Dios” (Hechos 20:28). Estos hombres espirituales guían y protegen la congregación, no “por obligación, sino de buena gana”, ni “por amor a ganancias deshonestas, sino con empeño” (1 Pedro 5:1-3).
Buscando Ayuda Espiritual
El discípulo Santiago explicó: “¿Hay alguien enfermo entre ustedes? Que llame a los ancianos de la congregación” (Santiago 5:14-16, 19, 20). Aquí se refiere a la enfermedad espiritual. Cuando nos enfermamos físicamente, acudimos al médico; cuando nos enfermamos espiritualmente, acudimos a los ancianos. Si sentimos que vamos a perder la batalla contra los malos deseos o si hemos cometido un pecado grave, no debemos dejar que la vergüenza nos impida acudir a ellos. Al hacerlo, demostramos confianza en Dios y en sus instrucciones (Sal. 94:18).
Los ancianos apoyan a los que están débiles en sentido espiritual (1 Tes. 5:14). Ellos procurarán no hacer nada que le haga sentir más culpable. Orarán por usted y le aplicarán “aceite en el nombre de Jehová” (Sant. 5:14-16), que es la verdad de la Palabra de Dios, para aliviarle, consolarle y ayudarle a recuperar su relación con Jehová (Is. 57:18).
Podemos confiar en los ancianos. Ellos saben que no deben revelar los asuntos confidenciales, basan sus consejos en la Biblia y están pendientes de ayudarnos a llevar nuestras cargas (Prov. 11:13; Gál. 6:2).
Cómo la Congregación puede Apoyar a los Cuidadores
- Ayudemos a los cuidadores a tener tiempo para descansar: Ofrezcámonos para atender a la persona a la que están cuidando (Gál. 6:2). Natalya, que cuida a su esposo, relata: “Un hermano de la congregación viene a nuestra casa una o dos veces por semana para pasar tiempo con él. Predican, hablan e incluso ven películas. Yo aprovecho para descansar o para hacer cosas que me gustan”.
- Ayudemos a los cuidadores durante las reuniones: Podemos ofrecernos para sentarnos con la persona a la que cuidan durante las reuniones o parte de ellas, ayudando al cuidador a concentrarse.
- Animemos a los cuidadores y oremos por ellos: Los ancianos deben pastorear con regularidad a estos hermanos (Prov. 27:23). Todos podemos decirles palabras de ánimo y cariño, y pedir a Jehová que los fortalezca y les ayude a mantener la alegría.

Realidades Modernas y Soluciones
En el ajetreo del mundo moderno, es fácil arrinconar a los mayores. La esperanza de vida ha aumentado significativamente, lo que hace que la cuestión de cómo atenderlos sea cada vez más acuciante.
Vivir Juntos o Residencias de Ancianos
Aunque la mayoría de las familias en países como Estados Unidos prefieren cuidar a sus padres en casa, a veces una residencia de ancianos es la única alternativa para que reciban asistencia adecuada. Esto es especialmente cierto en casos de enfermedades avanzadas que requieren cuidados especializados las veinticuatro horas del día. Si se recurre a una residencia, la familia debería buscar una limpia y con personal amable. Es fundamental que el mayor reciba visitas regulares (familiares, de la congregación o llamadas telefónicas) para que no se sienta abandonado. Hable con ellos, escúcheles y ore con ellos.
Cuando las familias vuelven a vivir juntas después de años, hay que hacer muchos reajustes. Esto requiere mucho amor, paciencia y comprensión mutua. Setsuko y Hisako compartieron las dificultades de vivir con los padres de sus esposos, donde las obligaciones familiares podían interferir con sus actividades espirituales.
Honrar y Respetar a los Mayores
La Biblia nos cuenta lo que hicieron hombres como José, quien hizo planes para que su padre Jacob viviera cerca de él. La obligación moral y bíblica es honrar a los padres, sin importar el prejuicio religioso o la animosidad. “Ciertamente si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe” (1 Timoteo 5:8).
Jesús mismo dio ejemplo, encargando a alguien que cuidara de su madre antes de morir. Al tomar decisiones sobre los padres, traten de hacerlo con ellos, no para ellos, permitiendo que sientan que aún controlan su vida.
Cómo ponerlo en práctica:
- Dentro de lo posible, deje que sus padres sigan teniendo cierta independencia y tomen sus propias decisiones sobre los cuidados que quieren recibir. Sea razonable y ayúdelos en lo que pueda.
- Puede que sus padres le digan cosas que le duelen, o tal vez no parecen estar agradecidos por todo lo que hace. Pregúntese: “¿Cómo me sentiría yo si me viera tan limitado? ¿No estaría frustrado?”.
- Sepa cuál es su límite. Todos tenemos un límite de tiempo y energías.
- Aunque usted es responsable de cuidar de sus padres, también tiene que cuidarse a sí mismo y, si está casado, a su familia. Tiene que comer bien, además de descansar y dormir lo suficiente (Eclesiastés 4:6). Y a veces necesita darse un respiro.
La Gloriosa Esperanza del Paraíso
Pronto Jehová secará todas las lágrimas de dolor. La enfermedad y la muerte ya no existirán (Apoc. 21:3, 4). “El cojo trepará como un ciervo” (Is. 35:5, 6). “Las cosas del pasado no serán recordadas”, incluyendo los achaques de la vejez y el dolor de cuidar a un ser querido enfermo (Is. 65:17). Mientras llega ese día, Jehová nos ayudará a “aguantar todo con paciencia y felicidad” (Col. 1).
¡Qué privilegio tan bonito es ser ovejas de Jehová! Él envió a Jesús, “el pastor excelente”, para rescatarnos y darnos la oportunidad de vivir para siempre (Juan 10:11). Además, por medio de los ancianos de las congregaciones ha cumplido esta promesa: “Les daré pastores que actúen de acuerdo con mi voluntad, y ellos los alimentarán con conocimiento y entendimiento” (Jer. 3:15). Si estamos débiles o enfermos en sentido espiritual, no dudemos en “llamar” a los ancianos para pedirles ayuda.
