Cuidados de Enfermería en el Adulto Mayor

El envejecimiento poblacional no es un fenómeno exclusivo de las sociedades modernas. Cuidar es servir, asistir y responsabilizarse por lo que le suceda a una persona, una característica propia de la naturaleza humana.

Se calcula que en el planeta viven 600 millones de personas mayores de 60 años. Se proyecta que esta cifra se duplicará en 2025 y llegará a 2.000 millones de adultos mayores en 2050. En América Latina, la prevalencia de adultos mayores (AM) de 60 o más años fue del 8%, estimándose que para el año 2025 esta cifra ascenderá al 14,1%. Cuba es uno de los países latinoamericanos más envejecidos.

Por tales razones, es preciso establecer criterios estandarizados para estos pacientes y articular políticas de salud orientadas hacia la prevención y el tratamiento de enfermedades, asegurando así una atención integral. El envejecimiento es un proceso cuya calidad está directamente relacionada con la forma en que la persona satisface sus necesidades a lo largo de todo su ciclo vital, y ha sido motivo constante de interés en múltiples aristas del saber y el hacer de la humanidad.

El desarrollo de las ciencias, y en particular el de la salud, ha traído como consecuencia un incremento sustancial en la proporción de ancianos, expresado a través del concepto de envejecimiento poblacional. Las diversas actividades bajo el rubro de acciones de salud dirigidas al adulto mayor se han ejecutado en diferentes niveles de atención de salud, vinculadas a las prácticas de enfermería de manera permanente, progresiva y dinámica. El personal de enfermería tiene como premisa fundamental el cuidado de los pacientes.

Esquema de la valoración del sistema circulatorio arterial en adultos mayores

La Gestión del Cuidado en Enfermería Geriátrica

La Gestión del Cuidado en Enfermería en las personas mayores es un desafío para la profesión en la actualidad. Cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) proyectan un porcentaje de población mayor de 65 años para el año 2035 de hasta un 19%, lo que implica planificar y coordinar la entrega de cuidados interdisciplinarios seguros, especializados y de calidad, considerando los riesgos y necesidades especiales de las personas mayores y de su entorno.

En la mayoría de los casos, los cuidados de enfermería en el adulto mayor son asumidos por miembros de su propia familia. Al ser familiares, no suelen contar con formación específica para esta labor, lo que genera dudas sobre la mejor manera de atenderlos. Lo primero que se debe hacer es enumerar las necesidades de la persona mayor a cargo. Al tener claras las necesidades, se puede establecer cómo cada miembro de la familia puede contribuir. Es igualmente importante reunir los medios y las personas requeridas para realizar el cuidado.

En ocasiones cuesta delegar responsabilidades, pero cuando un familiar comienza a volverse un adulto mayor dependiente, es necesario llegar a acuerdos con otros familiares respecto a las responsabilidades. Es importante estar consciente de quiénes ayudarán y cuál es su disponibilidad.

Como parte de los cuidados de enfermería en el adulto mayor, es recomendable establecer un horario para cada actividad diaria, abarcando las comidas a horas establecidas, el aseo personal, las actividades de recreación, etc.

El Rol de la Enfermería en el Cuidado del Adulto Mayor

La atención de enfermería en el cuidado del adulto mayor hace referencia a un conjunto de actividades dentro del ámbito de la geriatría, cuyo enfoque radica en promover el bienestar de las personas durante su etapa de envejecimiento. El enfoque de este tipo de cuidados va más allá del acompañamiento, la asistencia o de aspectos biomédicos.

Los profesionales en enfermería también deben conocer las necesidades psicológicas de los pacientes y los posibles trastornos funcionales que estén padeciendo, a fin de que la atención sea integral.

En la mayoría de los casos, los cuidados del adulto mayor están a cargo de profesionales en enfermería, cuyas funciones pueden variar dependiendo de la formación que hayan recibido. Es frecuente pensar que las enfermeras y enfermeros solo realizan actividades de asistencia. Sin embargo, sus labores respecto a los adultos mayores también pueden incluir la realización de controles y evaluaciones diagnósticas, así como cuidados paliativos, rehabilitación y apoyo emocional.

Especializaciones como la Enfermería Geriátrica aportan los conocimientos necesarios para reconocer al adulto mayor dentro de su contexto sociocultural, con el objetivo de establecer protocolos de atención personalizados. Una adecuada y completa formación es absolutamente fundamental, ya que este trabajo exige conocimientos específicos para desarrollarlo con seguridad y de forma adecuada. No se debe olvidar que se trata de pacientes a menudo incapacitados para realizar actividades por sí mismos.

La formación en cuidados de enfermería en geriatría es imprescindible para garantizar un correcto trato con el enfermo. El personal de enfermería tiene como premisa fundamental el cuidado de los pacientes.

Importancia de la enfermería en la atención del adulto mayor

Valoración y Cuidados Básicos de Enfermería

La valoración del paciente en esta etapa de la vida, principalmente en centros geriátricos, algunos con estado de salud aparentemente estable y otros con algún tipo de enfermedad, es fundamental para conseguir que las acciones y cuidados que se realicen a este grupo poblacional sean correctos y eficaces. El personal de enfermería debe establecer un protocolo de atención y monitoreo.

Tareas Cotidianas

En términos generales, la atención de enfermería en el cuidado del adulto mayor a nivel cotidiano incluye:

  • Ayuda al adulto mayor a desplazarse.
  • Suministro de los medicamentos.
  • Monitoreo del estado de salud en general.
  • Asistencia para el aseo personal.
  • Apoyo en la alimentación de ser necesario.
  • Ayuda a adoptar una posición corporal adecuada.
  • Vigilancia ante posibles alteraciones en la piel, uñas, ojos, etc.
  • Observación constante del estado de ánimo.
  • Reportes al médico de cabecera sobre el estado del paciente.

Alimentación e Hidratación

Los enfermeros también están en capacidad de evaluar la condición nutricional de los pacientes de tercera edad, asegurándose de que su dieta sea variada, agradable y equilibrada, y que no consuma alimentos contraindicados. También promueve el hábito de la ingesta de líquidos para prevenir la deshidratación. La nutrición es la base de la salud de todos y cobra especial importancia en edades avanzadas, cuando el ejercicio físico (otro pilar de salud) se ve reducido. Es importante que cada paciente cuente con un estudio adaptado a sus necesidades nutritivas y sus limitaciones.

Control de Medicación

Parte de los cuidados de enfermería en el adulto mayor pasa por cumplir con las pautas de tratamiento de un médico especializado respecto a la administración de medicamentos. Ello incluye comprobar que el propio paciente entienda las indicaciones y ayudarlo si presenta dificultad para la ingesta de algún fármaco. Es común que el adulto mayor necesite de varios medicamentos y pueda llegar a confundirse. Por eso, dentro de las necesidades del adulto mayor es necesario llevar anotaciones de las dosis y horas adecuadas de cada medicamento.

Monitoreo de Salud

En base a las condiciones que pudiera padecer el adulto mayor, el enfermero o enfermera a su cargo deberá establecer un protocolo de atención y monitoreo. Entre los aspectos más comunes a evaluar figuran los trastornos de sueño, incontinencia, trastornos de equilibrio, aislamiento, presión alta, afecciones neurológicas, etc. La higiene del sueño repercute enormemente en la calidad de vida y en la salud de los pacientes geriátricos.

Supervisión de Factores Externos

El personal auxiliar o de enfermería debe procurar que los elementos de mobiliario con los que interactúa el paciente se adapten a su condición. También verifican que la iluminación sea adecuada y que no existan obstáculos en el ambiente.

Detección de Síntomas de Alarma

El cuidador debe estar en capacidad de detectar posibles signos de fragilidad en el paciente, ya sea en su capacidad aeróbica como en sus funciones cognitivas. Ello implica prestar atención a las enfermedades crónicas que pudiera estar padeciendo y sus efectos a nivel físico, psíquico y social.

Si el adulto mayor tiene incontinencia urinaria, es fundamental aprender a realizar su cambio de pañal y saber qué tipo de ropa interior se ajusta mejor a sus necesidades. El cuidado integral del adulto mayor involucra mucho su limpieza e higiene personal. Con frecuencia se suelen bañar a los adultos mayores en cama. En este caso, es importante usar toallas húmedas de diferentes tamaños para jabonar y enjuagar.

El deterioro físico natural producto de la edad, sumado a las enfermedades que puedan tener, hace que los ancianos necesiten de cuidados y atenciones especiales para las cuales no cualquiera está preparado.

Apoyo Familiar en el Cuidado de Mayores

El vínculo de convivencia y protección más importante para los adultos mayores es su núcleo familiar, un factor que contribuye directamente a su bienestar. Al ser su red social más próxima, una relación familiar cercana contribuye a un envejecimiento más activo y saludable.

En el caso del Perú, la participación de la familia y la comunidad en el cuidado de los mayores es reconocida por el Ministerio de Salud, cuya norma técnica señala que el intercambio de cuidados con hijos y nietos hace que la relación intergeneracional sea más gratificante, ofreciendo una perspectiva más optimista. Parte de las políticas públicas en este ámbito incluye la educación en temática gerontológica al adulto mayor y su familia. Entre los aspectos que se busca promover encontramos el fomento del autocuidado, la independencia, la autonomía y la prevención aplicados a la vida diaria, con el objetivo principal de contribuir al bienestar y calidad de vida de la persona.

Gestión de Riesgos en la Persona Mayor Hospitalizada

Dentro de las acciones intrínsecas contenidas en el rol de "Gestión del Cuidado" en Enfermería, se encuentra la "Gestión de Riesgos", un modelo de trabajo sistematizado que, tras la identificación de riesgos clínicos y su análisis, permite adoptar medidas preventivas o correctivas, basadas en la mejor evidencia disponible, y destinadas a evitar la aparición de daño secundario derivado de los riesgos clínicos asociados a la atención sanitaria.

Durante un proceso de hospitalización, los riesgos potenciales de que un evento adverso se presente dependerán de: factores propios del paciente (intrínsecos), factores asociados a la terapia o procedimientos (extrínsecos), y factores relacionados con los procesos propios de la organización. En los adultos mayores, el conocimiento de las características propias del envejecimiento permitiría comprender los riesgos a los que esta población pudiese verse expuesta solo por condiciones intrínsecas durante un proceso de hospitalización, los cuales prolongan los días de estadía y los costos más allá del curso natural de la patología.

Dentro de los riesgos extrínsecos generados por la atención de enfermería, y los factores relacionados con los procesos propios de la organización, los potenciales daños que se pudiesen generar en la atención del adulto mayor, van dirigidos hacia la pérdida del grado de funcionalidad, presencia de delirium y aparición de riesgos inherentes al ámbito hospitalario como generación de lesiones de piel, caídas e infecciones asociadas a la atención de salud, eventos que pudiesen provocar daño a largo plazo llevando a la dependencia física y cognitiva permanente de este grupo.

Identificación de Riesgos

Funcionalidad

No solo la disminución de la fuerza y masa muscular, ni la reducción de la capacidad aeróbica, que se presentan de manera fisiológica en las personas mayores, pueden contribuir a la pérdida de funcionalidad durante una hospitalización. Estudios han descrito que entre un 47% y un 70% de los pacientes mayores de 60 años pueden ser considerados de alto riesgo para presentar deterioro funcional durante la estadía en el hospital, relacionándose con: el diagnóstico de ingreso, deterioro cognitivo previo, bajo nivel de actividad social, edad y factores intrahospitalarios como reposo prolongado, larga estancia y rehabilitación tardía.

Estudios realizados en Chile, muestran resultados muy similares a los descritos. La Unidad Geriátrica del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, realizó un estudio retrospectivo que incluyó dentro de su análisis factores de riesgo durante la hospitalización tales como uso de fármacos, manejo hospitalario, capacidad funcional y presencia de delirium. Dentro de sus resultados, el paciente adulto mayor que requiere de una estadía en el hospital perdería un 78,5% de su capacidad funcional durante este proceso.

Intervenciones de carácter interdisciplinar, las cuales incluyan rehabilitación motora temprana y ejercicio físico, son las más recomendadas para evitar la pérdida de funcionalidad en el adulto mayor durante la hospitalización.

Delirium

El Delirium es definido por el "Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders" (DSM) en su quinta edición, como una "alteración en la atención y conciencia, que se desarrolla de manera aguda y tiende a fluctuar". Esta afección es extremadamente frecuente en pacientes adultos mayores hospitalizados. Estudios han descrito que al menos un tercio de los pacientes mayores de 70 años tienen delirium, presentándose en la mitad de ellos a la admisión de la hospitalización, mientras que la otra mitad lo desarrolla durante este proceso.

Además, el delirium suele presentarse en pacientes adultos mayores posterior a la realización de una cirugía (entre un 15 a 25%), durante la estadía en unidades de paciente crítico donde se combina con la aparición de estupor y coma, alcanzando un porcentaje mayor al 75%, y durante las atenciones en las unidades de Emergencia, alcanzando entre un 10-15%.

Los factores de riesgo que predisponen la aparición de delirium, han sido clasificados en dos grupos: predisponentes y precipitantes. Dentro del primer grupo se encuentran adultos mayores de edad avanzada, con presencia de discapacidades funcionales y coexistencia de otras condiciones patológicas. Dentro de los factores precipitantes, se encuentran pacientes de sexo femenino, presencia de visión y audición deteriorada, síntomas depresivos en curso, anormalidades de laboratorio, presencia de deterioro cognitivo leve y abuso de alcohol. Durante la hospitalización, otros factores como la administración de cierto tipo de fármacos (hipnóticos, anticolinérgicos, sedantes, anestesia), realización de cirugía, dolor, anemia, infecciones, enfermedades graves y exacerbaciones de enfermedades crónicas, han sido descritos como factores precipitantes para la generación de delirium en el adulto mayor hospitalizado, lo que pudiese conllevar a un aumento de las complicaciones, mayor tiempo de estadía en el hospital y requerimiento de cuidados permanentes post alta.

La gestión del cuidado de enfermería para pacientes con delirium debe incorporar la aplicación de estrategias de control de la medicación indicada al adulto mayor hospitalizado, idealmente creando protocolos de sueño sin inducción farmacológica y disminuyendo la administración de fármacos de riesgo para la producción de delirium tales como benzodiacepinas, analgésicos opioides, anticolinérgicos y anticonvulsivantes entre otros. De igual forma, el manejo del ambiente debe considerar la orientación y la reducción de la deprivación sensorial a través de la incorporación de calendarios, relojes, una adecuada iluminación y el uso de ayudas como anteojos y audífonos si corresponde. El aporte de los miembros de la familia debe ser considerado desde el inicio de la hospitalización. El personal de enfermería debe educar a los responsables del cuidado del paciente para que estos proporcionen orientación constante y animen al paciente a mantenerse activo.

Infografía sobre los factores de riesgo y estrategias de prevención del delirium en adultos mayores

Riesgos Inherentes al Ámbito Hospitalario

Algunos de los riesgos que se confieren al adulto mayor durante su hospitalización se relacionan con la presencia de caídas y lesiones de piel asociadas al reposo en cama. Algunos datos aportados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en torno a las caídas, dan cuenta de aproximadamente 646.000 muertes anuales debido a este evento, considerando que el grupo etario más afectado son los mayores de 65 años. Además, se estima que entre un 2 y un 12% de estas personas sufrirán una caída durante un proceso de hospitalización, siendo un 75,7% a 85% de las veces dentro de la habitación o en espacios cercanos a la cama del paciente.

En cuanto a la generación de lesiones de piel, los adultos mayores se ven especialmente afectados por el resultado de un conjunto de factores, entre ellos se encuentran el encamamiento prolongado, movilidad reducida, malnutrición, alteraciones fisiológicas e incontinencia, entre otras. El manejo del entorno hospitalario es otro factor de riesgo que debe ser gestionado por el personal a cargo de entregar los cuidados, con la finalidad de no deteriorar la capacidad funcional del adulto mayor.

Paradigmas como las camas en posición alta para conveniencia del personal, el uso de barandas en alto casi en la totalidad del tiempo y la restricción de movilización son factores que deben ser revisados.

tags: #cuidados #de #enfermeria #en #el #adulto