Cuidadoras informales: una perspectiva de género

El género influye significativamente en la prestación de cuidados familiares, identificándose desigualdades en la distribución de las tareas relacionadas con el cuidado. La crisis de los cuidados, exacerbada por los cambios demográficos y socioculturales, aumenta la dependencia y, por ende, la necesidad de cuidados, recayendo mayoritariamente sobre las mujeres. Este estudio se enfoca en la experiencia de las cuidadoras informales, analizando cómo el género moldea su percepción de salud y bienestar.

Infografía que muestra la distribución de tareas de cuidado por género en el ámbito familiar.

El rol del cuidador informal en España

Históricamente, el cuidado de personas mayores, enfermas o con discapacidad ha recaído sobre la familia, configurándose esta como protagonista en la atención a los adultos mayores dependientes. En España, este modelo se enmarca en el denominado modelo mediterráneo, donde la mujer ha sido tradicionalmente el pilar fundamental de la red no profesional de cuidados. La Ley 39/2006 de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia buscó un reconocimiento jurídico de la figura del cuidador informal, denominándolo cuidador no profesional o familiar. Este cuidado se presta a personas con diversos grados de dependencia, generalmente por parte de miembros de la familia o personas cercanas, y la ley contempla beneficios económicos o ayudas para ello.

No obstante, diversos estudios identifican desigualdades de género en la distribución y ejecución de estas tareas. Las mujeres tienen una mayor probabilidad de asumir roles de cuidadoras que los hombres. Si bien las estructuras familiares y los roles tradicionales están en proceso de cambio, y los hombres están asumiendo cada vez más el cuidado, el hecho de que históricamente haya sido considerado un tema femenino perpetúa estereotipos de género.

Metodología del estudio

Se realizó un estudio mixto, descriptivo y fenomenológico con el objetivo de explorar cómo el género influye en la percepción de salud y bienestar de las personas que brindan cuidados. La investigación se llevó a cabo entre enero y junio de 2018 en Valencia, y contó con la participación de ocho mujeres y cinco hombres de setenta años o más que cuidaban en el domicilio a personas dependientes, seleccionados mediante muestreo intencional.

El análisis de las entrevistas en profundidad se estructuró en tres etapas:

  • Verificación de transcripciones: Se realizó una lectura de las transcripciones a los/las participantes para su comprobación.
  • Discriminación de unidades de significado: Se identificaron y separaron las unidades de significado relevantes.
  • Reducción eidética y fenomenológica: Se aplicó este método para obtener las declaraciones de significado central.

Adicionalmente, en las personas cuidadoras se recogieron datos sociodemográficos y se valoró la carga subjetiva mediante el test de Zarit y el Índice de esfuerzo del cuidador. El análisis de los datos se verificó y consensuó entre el equipo de investigación, siguiendo los Criterios Consolidados para la Presentación de Informes de Investigación Cualitativa (COREQ).

Diagrama de flujo que ilustra las etapas del análisis fenomenológico de las entrevistas.

Características sociodemográficas de los participantes

La muestra total estuvo compuesta por trece participantes: cinco hombres y ocho mujeres. La edad media de los cuidadores fue de 81,7 años. En cuanto al nivel de estudios, se observó un nivel bajo, con un 60% de los participantes con estudios primarios y un 15% sin estudios (estas últimas eran todas mujeres). La media de años dedicados al cuidado fue mayor en los hombres (quince años) que en las mujeres (ocho años). Sin embargo, las mujeres reportaron una mayor carga relacionada con los cuidados en comparación con los hombres.

Las personas receptoras de cuidados tenían una edad media de 83,1 años y presentaban un alto grado de dependencia, con un 53,8% clasificado con gran dependencia.

Característica Media %
Edad media de cuidadores 81,7 años -
Estudios primarios - 60%
Sin estudios - 15%
Años dedicados al cuidado (hombres) 15 años -
Años dedicados al cuidado (mujeres) 8 años -
Edad media de receptores de cuidados 83,1 años -
Gran dependencia (receptores) - 53,8%

Categorías influenciadas por la cultura androcéntrica

El análisis de la información reveló tres categorías principales, influenciadas por la cultura androcéntrica, que marcaron las vivencias de las personas cuidadoras desde una perspectiva de género:

1. Perspectiva Vital

Las cuidadoras a menudo revivían experiencias pasadas relacionadas con la maternidad, la crianza, la enfermedad y la muerte, replicando comportamientos aprendidos. Muchas recordaban haber cuidado a sus propias madres o haber asumido la responsabilidad del cuidado en el hogar desde temprana edad, incluso durante la infancia o juventud.

  • "Yo cuidé mucho de mi madre, ella apoyadita en mi hombro y yo sentadita en la cama, así me tiré dos noches y dos días seguidos."
  • "La pequeña la tuve a las tres de la tarde, mi marido se fue a por los otros al colegio y cuando llegaron, me levanté para darles de cenar, nadie pregunto nada, era lo normal."

Por otro lado, los hombres participantes expresaron en ocasiones su falta de preparación para el cuidado del hogar y la familia, habiendo tenido que aprender nuevas habilidades como cocinar o limpiar, ya que tradicionalmente se dedicaban a trabajos fuera del hogar.

  • "Ha habido que aprender a cocinar, a limpiar. Yo he sido ebanista y ella estaba en casa. Pues, claro, he tenido que aprender a todo."

Se evidenció una percepción de aislamiento social, con dificultades para contar con ayuda familiar o de amistades, a diferencia de épocas pasadas o contextos rurales donde la red de apoyo era más sólida.

  • "No podemos tener ayuda de la familia. No puedes contar con nadie [amistades]"

En algunos casos, se identificó un legado de analfabetismo o escasez de oportunidades educativas, vinculado a condiciones de vida en la infancia, lo que limitaba las perspectivas vitales.

Las narrativas también reflejaron la influencia de roles de género tradicionales, donde las mujeres asumían la carga del cuidado familiar y económico, a menudo en situaciones de precariedad y sacrificio personal.

  • "Yo he trabajado mucho, 'arrastrá', yo he vivido 'arrastrá' como los perros, yo digo, 'no se con quién habré sido tan mala porque no lo entiendo'."
  • "Mi marido, si faltaba algo en la mesa, decía 'mujer, que falta una cuchara, que falta esto o lo otro' (...). Siempre se ha hecho lo que él ha querido. Antes, te casabas para estar en casa y tener hijos."

Algunas mujeres relataron experiencias de migración o de haber tomado decisiones difíciles para mejorar sus condiciones de vida, asumiendo responsabilidades en solitario.

  • "(...) Me dijeron de ir a Londres y me fui, lo dejé aquí todo, estuve quince años, de doméstica (...), en hoteles y en un hospital. Había temporadas que tenía hasta tres trabajos, todo con el afán de ahorrar para comprar un piso en España."

2. Motivos que sustentan el cuidado

Los hombres cuidadores a menudo percibían el cuidado a su esposa como un deber y una responsabilidad, una obligación moral que asumían.

  • "Los hombres participantes consideraron que cuidar a su esposa era un deber y responsabilidad."

La fe y la espiritualidad emergieron como importantes pilares para afrontar las dificultades del cuidado en algunos participantes.

  • "Yo me aclamo siempre a Dios y se me pasa todo (...) el que no cree es diferente porque una persona que no cree, no tiene temor de Dios (...)"

Se observó que, en ocasiones, el cuidado se iniciaba por circunstancias familiares o por la necesidad de atender a un familiar con problemas de salud o económicos, asumiendo la responsabilidad sin tener una fuerte vinculación emocional previa.

  • "(...) Ella tenía hermanos, pero, como estaba un poco 'mal de la cabeza', no tenía dinero, ni fincas, pues nadie le dijo de atenderla cuando murió su mamá, y como siempre estaba conmigo en la peluquería, le dije: 'chica pues vente, vente conmigo' y la tengo ya, pues cuarenta y cuatro años..."

En contraste, algunas mujeres manifestaron un profundo amor y afecto hacia la persona cuidada, siendo este el principal motor de su dedicación.

  • "Una mujer manifestó el amor que sentía por su marido."

Un porcentaje significativo de las cuidadoras (90%) realizaba el cuidado por obligación moral, compasión, reciprocidad y amor. Por su parte, un 80% de los cuidadores lo hacía por responsabilidad y reciprocidad, percibiendo el cuidado como un logro y una fuente de aprendizaje satisfactorio.

3. Estrategias de afrontamiento

Los participantes, tanto hombres como mujeres, demostraron una notable capacidad de resiliencia, adaptándose a la adversidad con paciencia y fuerza de voluntad. Sin embargo, el mantenimiento de relaciones sociales y los momentos de respiro eran escasos para ambos sexos.

Salir de casa para realizar compras o acudir a citas médicas se identificó como una oportunidad para mantener relaciones sociales. Los hombres tendían a salir con mayor frecuencia y a buscar momentos de ocio de forma más activa.

  • "Tengo mucha paciencia, mucha paciencia."
  • "Alguna vez vienen las amigas a casa y jugamos al parchís, me hacen mucha compañía, compartimos cosas..."

Los cuidadores narraron estar motivados por el cuidado realizado, percibiéndolo como una fuente de enriquecimiento personal, algo novedoso para ellos, un logro y motivo de satisfacción.

Cortometraje - Resiliencia

El género como determinante de la experiencia de cuidar

Los resultados del estudio sugieren que el género determina de manera significativa el significado que se otorga a la experiencia de cuidar. Las mujeres, influenciadas por roles de género tradicionales y una mayor carga de cuidados, a menudo experimentan una mayor sobrecarga emocional y física, así como sentimientos de obligatoriedad y, en ocasiones, de injusticia. En contraste, los hombres tienden a externalizar más fácilmente los servicios de cuidado y, al no percibir la misma presión social o familiar, experimentan una menor carga emocional y física.

A pesar de las diferencias, ambos grupos desarrollaron habilidades de resiliencia, alcanzando mayores niveles de adaptación a las circunstancias. El estudio subraya la necesidad de visibilizar el trabajo de las cuidadoras informales y de promover políticas y redes de apoyo que compartan la carga del cuidado, evitando que recaiga desproporcionadamente sobre las mujeres.

Gráfico comparativo de la carga de cuidado y el bienestar percibido entre hombres y mujeres cuidadoras informales.

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