Las Crisis Normativas y No Normativas en el Adulto Mayor

A lo largo de la vida, el ser humano experimenta diversas situaciones que implican cambios significativos, tanto a nivel individual como familiar. Estos momentos críticos, que demandan adaptación y reorganización, se clasifican generalmente en crisis normativas y no normativas. Comprender su naturaleza y su impacto, especialmente en la etapa del adulto mayor, es fundamental para promover un envejecimiento saludable y satisfactorio.

Esquema de las etapas del ciclo vital y los tipos de crisis

Definición y Tipos de Crisis

El término crisis, derivado de un vocablo griego que significa separación y elección, define un proceso dinámico en el que debe producirse una separación de algo o alguien antes de que pueda darse una elección como expresión de una evolución madurativa. La comunidad científica actual tiende a considerar la crisis como un fenómeno evolutivo que da lugar a nuevos estados organizacionales, implicando una oportunidad de crecimiento, superación y maduración, no necesariamente como una experiencia negativa o catastrófica. Sin embargo, autores como Hamilton, McCubbin y Fegley conceptualizan las crisis como un aumento de la disrrupción, desorganización o incapacidad del sistema familiar para funcionar, caracterizada por la inhabilidad de retornar a la estabilidad y la presión constante para hacer cambios en la estructura y modelos de interacción.

Cohen y Ahearn definen la crisis como una situación vital que incluye cambios, amenazas o dificultades que originan desequilibrio personal. Estas pueden derivarse de factores del desarrollo, como la pubertad, el embarazo o la edad madura; o de factores accidentales, incluidos un accidente automovilístico, incendio o desastre natural.

Las crisis se clasifican en dos grandes categorías:

  • Crisis Normativas (Evolutivas o Transitorias)

    Son aquellas crisis esperables y predecibles que están relacionadas con las etapas del ciclo vital familiar. Implican momentos de reflexión respecto de las metas cumplidas y la consolidación de ciertos logros, siendo un factor clave para su desencadenamiento. En estos períodos de transición de una etapa del ciclo vital a otra, hay indefinición de las funciones, porque los miembros de la familia están asumiendo un nuevo rol. El querer conciliar ambos funcionamientos produce en ocasiones fluctuaciones, inestabilidades y transformaciones que se expresan en ciertos niveles de desorganización familiar. Estas crisis son llamadas evolutivas porque están en relación con los cambios biológicos, psicológicos y sociales de cada uno de los miembros de la familia y, en consecuencia, con los cambios en las pautas de interacción en el contexto familiar. Cambian las viejas pautas de interacción por otras nuevas que posibilitan el desempeño de nuevas funciones en los roles de cada miembro, poniendo de manifiesto un desarrollo cada vez más acabado de individuación y de una estructura familiar cada vez más compleja y diferente a la anterior, lo que da lugar al crecimiento y desarrollo de la familia. El término transitoria se utiliza en un sentido cinético, refiriéndose a que la crisis posibilita o no el paso de una etapa a la otra del ciclo vital, no a su duración temporal.

  • Crisis No Normativas (Paranormativas o Accidentales)

    Son experiencias adversas o inesperadas que incluyen eventos provenientes del exterior (inter sistémicos), no están relacionadas con los períodos del ciclo vital, sino con hechos situacionales o accidentales y, por ello, son frecuentes y no predecibles para la familia. Suelen tener un impacto más desfavorable en la familia y un costo mayor para la salud. Ejemplos incluyen el divorcio, el padecimiento de una enfermedad crónica, el fallecimiento de un miembro de la familia, un accidente fatal, alcoholismo, infidelidad o actividades criminales.

Crisis Normativas en la Adultez y el Adulto Mayor

Las crisis normativas son momentos de profunda reflexión sobre la historia de vida y las metas alcanzadas. Cuando una persona siente que algo está mal en esta fase, puede llevar a cambios radicales como una separación, la renuncia a un trabajo o la búsqueda de un nuevo grupo de amigos. Es crucial resolver estas crisis de manera sana para salir fortalecido; de lo contrario, pueden transformarse en una patología. Se presentan por igual en hombres y mujeres y siempre están relacionadas con etapas del ciclo vital que deberían estar zanjadas.

Infografía sobre las etapas psicosociales de Erikson

El Modelo de Desarrollo de Erikson: Generatividad e Integridad

Según Erikson (1950, 1968, 1985), el desarrollo humano se explica como una búsqueda de la identidad personal a través de ocho etapas, desde la infancia hasta la senectud. La resolución positiva de cada etapa es de capital importancia para poder acceder a las siguientes. Si una crisis no se resuelve de forma satisfactoria, continúa demandando energía y causando dificultades. Por tanto, toda personalidad sana debe resolver la crisis de forma adecuada.

  • Adultez: Generatividad frente a Estancamiento

    El problema fundamental que se encara en la adultez es el de la generatividad frente al estancamiento. La generatividad opera en tres dominios:

    • Procreativo: Consiste en dar y en responder a las necesidades de la siguiente generación.
    • Productivo: Consiste en integrar el trabajo a la vida familiar y cuidar a la siguiente generación.
    • Creativo: Consiste en hacer aportaciones a la sociedad en gran escala.

    La alternativa es el estancamiento y un sentido de ensimismamiento y de tedio, donde algunos individuos no perciben el valor de ayudar a la siguiente generación y tienen sentimientos recurrentes de llevar una vida insatisfactoria, alcanzando pocos logros o rebajando los obtenidos.

  • Última Etapa de la Vida: Integridad del Yo frente a Desesperación

    En la última etapa de la vida, se presenta la octava crisis de integridad del yo frente a desesperación. La contradicción se expresa entre el deseo de envejecer satisfactoriamente y la ansiedad que producen los pensamientos de pérdida de autonomía y muerte. Durante este período, el individuo analiza los estadios anteriores, las metas y objetivos fijados, alcanzados y no logrados, entrando así en un proceso filosófico orientado hacia la espiritualidad, las relaciones sociales y la búsqueda del envejecimiento satisfactorio, lo que Erikson denomina sabiduría, una experiencia que, según él, muy pocos individuos llegan a experimentar del todo.

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Crisis No Normativas en el Adulto Mayor

Las crisis no normativas, o paranormativas, en el adulto mayor suelen tener un impacto significativo debido a la acumulación de pérdidas y la disminución de recursos en algunos casos. Estos eventos no esperados pueden venir del exterior (inter sistémicos) o surgir de situaciones internas familiares. Huerta González menciona que las crisis no normativas que ocurren en el interior de la familia, como el divorcio, el alcoholismo o actividades criminales, habitualmente ocasionan mayor disfunción familiar que cualquier otro tipo de evento crítico.

Ortiz T. clasifica los eventos que desencadenan estas crisis paranormativas en varias categorías, que pueden afectar particularmente al adulto mayor:

  • Eventos de desmembramiento: Constituyen la separación o pérdida de algún miembro y provocan crisis por esta pérdida familiar. En el adulto mayor, esto puede incluir la hospitalización prolongada, la separación de la pareja, el divorcio en etapas tardías de la vida, o la muerte de un cónyuge, hijos o amigos cercanos.
  • Eventos de incremento: Provocan crisis por la incorporación de nuevos miembros en la familia, lo que puede requerir adaptaciones importantes en la dinámica y roles del adulto mayor (ej. un nieto que se muda al hogar, la llegada de un nuevo cuidador).
  • Eventos de desmoralización: Ocasionan crisis al romper con las normas y valores de la familia. Pueden incluir el alcoholismo, la infidelidad, la farmacodependencia, la delincuencia o el encarcelamiento de un miembro cercano de la familia, afectando la estabilidad emocional del adulto mayor.
  • Eventos de desorganización: Obstaculizan la dinámica familiar por su naturaleza y repercusión. Ejemplos incluyen la infertilidad de un hijo, accidentes, enfermedades psiquiátricas graves o retraso mental en un familiar, o el diagnóstico de enfermedades crónicas o limitantes en el propio adulto mayor.

Las crisis paranormativas se clasifican en crisis por incremento, desmembramiento (atendiendo a la estabilidad de la membresía) y de desorganización y desmoralización (por el efecto que causan en la dinámica familiar). Generalmente, el período de duración de las crisis paranormativas puede ser más prolongado y su recuperación más tardía, aunque un enfrentamiento positivo puede acelerar la recuperación.

Factores que Modulan el Impacto de las Crisis

Un evento vital no genera por sí solo una crisis familiar, sino que este es un proceso en el cual se implican otros elementos, cruciales para el adulto mayor y su familia:

  1. La significación que la familia asigna al evento vital familiar, es decir, cómo lo percibe. La repercusión del evento varía en dependencia de la atribución del significado que tenga en cada familia.
  2. Los recursos con que cuenta la familia para hacer frente a las exigencias de ajuste del evento vital familiar.

Tanto la significación como los recursos pueden hacer variar la dimensión y el sentido de la crisis.

Recursos Familiares

Entre los recursos familiares más importantes para enfrentar las crisis se encuentran:

  • Cohesión: Se expresa en el nivel de apoyo mutuo, afecto y confianza entre los miembros de la familia. La decisión conjunta y el apoyo emocional son fundamentales para los adultos mayores.
  • Flexibilidad: Una organización interna de la estructura familiar flexible permite adoptar nuevos roles y reglas, facilitando la solución de conflictos y la adaptación a nuevas circunstancias (por ejemplo, cambios de roles cuando un adulto mayor necesita cuidados).
  • Adaptabilidad: La capacidad de la familia para enfrentar los cambios y adaptarse al medio social, es decir, la habilidad para cambiar la estructura de poder, las relaciones de rol y las reglas en dependencia de la nueva situación.
  • Permeabilidad: Se refiere a la capacidad de la familia de abrirse hacia otras instituciones de la sociedad, permitiendo la relación prudente de sus miembros con otros subsistemas y solicitando ayuda externa cuando es necesario (ej. apoyo de médicos, terapeutas, redes comunitarias).
  • Apoyo social: Un recurso fundamental que puede provenir del propio sistema familiar (brindando ayuda a todos sus miembros) o de otras personas, grupos o instituciones (amigos, vecinos, Médico de Familia).

Diferencias en el Manejo de Crisis Normativas y Paranormativas

Tanto los eventos normativos como los paranormativos tienen algunas especificidades:

  • Previsibilidad: Algunos eventos normativos se pueden prever (como la jubilación o el "nido vacío"), lo que permite una mejor preparación. Muchos eventos paranormativos no se pueden prever (muerte súbita, accidentes), aunque algunos pueden ser esperados (hospitalización planificada, muerte tras una enfermedad prolongada).
  • Experiencias previas: En los normativos, las experiencias se transmiten de una generación a otra. En los paranormativos, la experiencia previa es menor, aunque en casos como el divorcio o la muerte de un familiar, puede haber precedentes en la familia.
  • Duración: Generalmente, el tiempo de duración de las crisis normativas es más breve, aunque algunas, como la adolescencia de los nietos o la viudez, pueden prolongarse. En el caso de las paranormativas, el período de duración puede ser más prolongado y la recuperación más tardía, lo cual es relevante en el adulto mayor.
  • Sentido de pérdida: Los normativos son menos drásticos en cuanto a la pérdida, aunque la viudez implica un gran sentido de pérdida. En los paranormativos, el sentido de pérdida es más impactante en los eventos de desmembramiento.
  • Impacto emocional: El impacto emocional y el daño al que se expone la familia en los eventos normativos puede tener menor intensidad que en los paranormativos.

Perspectivas del Desarrollo a lo Largo de la Vida

La psicología de los ciclos vitales (Baltes, 1990; Thomae, 1979) adecua la investigación a todo el desarrollo humano, asumiendo el continuo proceso de cambio y estabilidad de la persona desde el nacimiento hasta la muerte. Esta concepción es vital para entender las crisis en el adulto mayor:

  • El desarrollo ontogenético es un proceso sin fin, en el que no existen momentos o espacios prioritarios. Siempre pueden ocurrir procesos continuos acumulativos o discontinuos innovativos, lo que significa que todos los campos son igual de importantes para el desarrollo, teniendo en cuenta las características, metas o exigencias particulares de cada edad.
  • El desarrollo de todo el ciclo vital está caracterizado por una multidireccionalidad y multidimensionalidad inter e intraindividuales. La multidimensionalidad indica que el desarrollo no corre de forma paralela, sino diferencial, entre los distintos ámbitos (por ejemplo, la inteligencia fluida y cristalizada). La multidireccionalidad indica que el desarrollo puede ir en direcciones cualitativamente distintas, incluso en la pérdida o estabilidad de recursos, y se discute si pueden actuar nuevos recursos a edades más tardías (ej. la adquisición de experiencia y sabiduría propuesta por Baltes).
  • El desarrollo vital es un doble juego entre pérdidas y ganancias. Mientras que al principio predominan las ganancias, estas van cediendo con el paso del tiempo en campos concretos. Sin embargo, aún en edades superiores, pueden constatarse nuevos recursos, aunque no sean tan numerosos.
  • Un concepto básico es la plasticidad, que define la adaptabilidad intraindividual en los aspectos psicosociales. Estudios demuestran que, incluso en personas mayores, puede alcanzarse una alta capacidad de mejora en el rendimiento de la memoria, demostrando que la reserva de capacidad de desarrollo persiste.

La familia funcional no difiere de la disfuncional por la ausencia de problemas, sino por el modo en que manejan sus conflictos. Ante la presencia de eventos críticos, es fundamental explorar cómo la familia identifica y aborda estas situaciones, el nivel de conflicto alcanzado, los cambios posteriores y el grado de compromiso, solidaridad y apoyo entre sus miembros. En casos donde los problemas persisten, como un duelo no superado, la atención de un terapeuta familiar o psiquiatra puede ser necesaria.

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