Análisis sobre la masculinidad hegemónica, el feminismo y las políticas de identidad

La masculinidad hegemónica y el hostigamiento

Desde hace tiempo, ciertos sectores han ejercido un intenso hostigamiento a través de redes sociales, incluyendo el doxxing y ataques personales, como respuesta a posturas contrarias al machismo y al antifeminismo. A menudo, el hecho de que un hombre exprese una apariencia que se aleja de la norma -como llevar el pelo largo o mostrar una masculinidad no convencional- resulta motivo de burla para quienes se identifican con los llamados “machos recios”.

Para estos grupos, cualquier alternativa a la masculinidad hegemónico-patriarcal se percibe como una amenaza. Sus comportamientos suelen incluir el acoso a mujeres, la burla hacia personas LGBTIQ y la reafirmación constante de su posición mediante la inferiorización de "los otros". Al configurar su identidad sobre la base de estos prejuicios, requieren de "chivos expiatorios" para consolidar su sentido de superioridad y normalidad.

Esquema sobre la construcción de la masculinidad hegemónica y sus mecanismos de exclusión social.

La "traición al género" y la lógica de victimización

Muchos de estos sectores consideran que un hombre feminista supone una "traición al género masculino". Este argumento revela que, en su propia lógica, el patriarcado es un sistema que beneficia a los hombres, y cualquier intento de desmantelarlo es visto como una renuncia a privilegios que no están dispuestos a ceder.

De forma contradictoria, este discurso se mezcla con una retórica de victimización, donde los hombres se presentan como víctimas del feminismo y de las exigencias del propio patriarcado. No obstante, es un error ignorar que las desigualdades que afectan a los hombres -como los roles rígidos o la presión laboral- surgen precisamente de la imposición de estructuras patriarcales excluyentes.

El falo como credencial de privilegio

En el marco de estos ataques, la genitalidad masculina es utilizada frecuentemente como insulto o símbolo de orgullo. El pene es interpretado como un objeto que acredita el privilegio de ser el "dominante" en la vida social. Esta visión falocéntrica se basa en una correspondencia limitada entre el sexo biológico y la identidad de género, donde el "ser quien penetra" se asocia con el poder y el "ser penetrado" con la inferioridad.

Un ejemplo de esta lógica es la burla hacia los denominados bragapenes (o strap-on), vistos como símbolos de una "falsa masculinidad" al carecer del órgano biológico que, según su visión, es el certificado de pertenencia al grupo de los privilegiados.

La etiqueta de "porsilaponguista"

Otra acusación común contra los hombres que apoyan el feminismo es la de ser "porsilaponguistas". Este concepto sugiere que el apoyo a la lucha feminista es una estrategia engañosa para acceder al sexo. Esta narrativa no solo proyecta una visión machista donde la mujer es vista como un objeto, sino que también implica una desvalorización de la mujer, asumiendo que esta es "fácil" o "tonta" por caer en un supuesto engaño.

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La Fijación con los "Bragapenes" y el Concepto de "Porsilaponguismo"

Un curioso producto de esta lógica falocéntrica es la fijación de los machistas y antifeministas con los denominados “bragapenes” (o strap-on). Estos les producen gracia porque son literalmente penes postizos, simbolizando una falsa masculinidad, un supuesto deseo de pertenencia a este grupo de los machos que se trunca al no poseer el falo que tanto aprecian, su supuesto certificado de inclusión en el grupo de los privilegiados.

La contraparte de este concepto es la burla contra el hombre que gusta de ser penetrado, basada en un sencillo mecanismo de demarcación del "nosotros" vs. "ellos": "los machos" en contraposición a "los huecos, las maracas, los negros", es decir, los penetrados, todos aquellos que no merecen compartir el privilegio masculino que los machistas tan fehacientemente defienden.

Otra acusación común es la de que los hombres feministas son “porsilaponguistas”. El concepto “por si la pongo” refiere a actitudes realizadas con el único objetivo de “ponerlo”, es decir, de convencer a mujeres para que accedan al sexo. La premisa del porsilapongo es que las acciones de los machistas remiten a engañar mujeres, pretendiendo ser de cierta manera con el objetivo de que accedan a tener sexo con ellos.

Esto implica que el hombre genera un falso relato, por ejemplo, se dice feminista para atraer mujeres; pero también significa que la mujer cae en el engaño del porsilaponguista, de lo cual se deriva (según el discurso de estos machistas) que las mujeres son tontas o fáciles por haber creído en el engaño. Una acusación de este tipo no sorprende, puesto que este grupo de hombres probablemente esté proyectando la concepción profundamente machista que tienen acerca del tipo de relación que deben mantener ante las mujeres: para el machista y el patriarcado la mujer es un objeto, en este caso un objeto sexual, por lo que toda forma de relación con ellas busca el beneficio unilateral basado en el engaño y la coerción, o derechamente la violación.

Debate sobre Sexo, Género e Identidad No Binaria

En Inglaterra, activistas feministas han puesto en la palestra pública el tema del sexo y el género, impulsando debates sobre la Ley de Reconocimiento de Género de 2004. Organizaciones como Mermaids promueven la idea de que ser no binario significa no ser ni varón ni hembra, y que las personas pueden identificarse con no tener ningún género, tener ambos géneros, una tercera identidad, o una identidad que cambia con el tiempo.

Esta postura genera confusión al usar de manera intercambiable los conceptos de sexo, género e identidad. El sexo biológico es inmutable (somos hembras o varones biológicamente), mientras que el género es una construcción social, aunque actualmente "en disputa". La biologista, citada en el texto, argumenta que somos animales mamarios, y nuestro sexo se manifiesta en diversas características biológicas, incluso a nivel celular.

Imagen de un hombre con cabello largo desafiando estereotipos de masculinidad

Críticas a las Políticas de Identidad de Género y su Impacto

La propagación de ideas que confunden sexo y género se considera peligrosa, especialmente para la salud de mujeres y niñas. Al enseñar que el género no es ni varón ni hembra, se expanden confusiones deliberadamente con fines políticos.

Un ejemplo de esto es la fijación con la idea de "qué género es tu cerebro" o "¿qué género debería ser?", a menudo promovida a través de tests y guías educativas. Estas iniciativas, como el "desafío de los Pastelitos de moras", naturalizan la feminidad y la masculinidad en lugar de cuestionarlas. Si alguien rechaza estas constricciones, no es porque los estereotipos sean opresivos, sino porque esa persona supuestamente "pertenece al contrario".

Las políticas de identidad de género asumen que mujer = feminidad y hombre = masculinidad, universalizando una visión binaria y esencialista. Cuando un gobierno propone que, legalmente, la mujer es cualquier persona que diga ser mujer (no en base a una realidad biológica sino a estereotipos sexistas), está codificando que ser mujer es adherirse a patrones de feminidad. Quien no sea un estereotipo ambulante de feminidad (todas las mujeres sobre la faz de la tierra), quedan codificadas como “otro tipo de persona”.

La mujer es interpretada como feminidad: una Barbie. El hombre es interpretado como masculinidad: un muñeco G.I. Joe. El sexo es biología mientras que el género es sociología, pero las políticas de identidad de género convierten el género en una esencia innata, al tiempo que pulverizan una realidad biológica material.

Todo hombre que sienta inseguridades, que no sea proveedor de sus familias, que se preocupe por su apariencia, que no sea agresivo ni busque dominar a las mujeres o que llore, está rompiendo las expectativas de masculinidad. Ningún hombre es simplemente un G.I. Joe. Toda mujer que trabaja fuera del hogar, que es asertiva, o que no tenga el más mínimo interés en ser madre ni sea delicada, está rompiendo con los patrones de feminidad. No querer ser ni Barbie ni G.I. Joe no te hace una persona no binaria, te hace un ser humano. Los seres humanos somos biológicamente hembras o varones, pero no somos biológicamente femeninas ni masculinos.

Justificar la creencia en la no binaridad con argumentos como "nunca me gustó tener el pelo largo" o "siempre he sido muy afectivo y cariñoso" es común. Edward Lord, un político liberal londinense, explica: “soy no binario porque soy feminista, porque odio la masculinidad tóxica y porque quiero acabar con el patriarcado y la misoginia”. Pero, ¿un varón que rechace el patriarcado y la misoginia deja de ser hombre? Hay algo bastante retrógrado y conservador en promover la idea de que si a un varón le gusta el rosado es porque no es un niño y si a una niña le gusta jugar con carritos, es porque ella no es una niña. Especialmente cuando consideramos el hecho de que niños y niñas, por definición, presentan una “fluidez de género”. Es el proceso de repetición de imposiciones sociales lo que enseña a los niños y niñas a adherirse a estereotipos de género. La liberación sería dejar de regañarles a ambos, no enseñarles que la feminidad y la masculinidad son fundamentales para su conceptualización como seres humanos.

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La Consecuencia de la Dominación Masculina y las Políticas "Inclusivas"

Las políticas de identidad de género son una receta para fomentar confusiones y angustia en niñas y niños. Medicalizar niños y niñas para que se adhieran a patrones de feminidad y masculinidad no tiene nada ni de progresista ni de revolucionario.

Edward Lord, el político no binario, propuso eliminar la segregación sexual de todos los establecimientos públicos en la ciudad de Londres, lo que implicaría abrir todos los espacios y servicios para mujeres a cualquier persona que se identifique como mujer o niña. Esta propuesta representa problemas no solo porque las mujeres tienen siempre menos baños que los hombres, sino también porque todo espacio mixto presenta un incremento de violencia contra la mujer en comparación con los espacios segregados.

Además, esta propuesta no solo atenta contra los derechos a la privacidad, la seguridad y la dignidad de mujeres y niñas (algo fundamental para garantizar su acceso a la educación) sino también contra los derechos de minorías religiosas, quienes precisan de espacios segregados para disfrutar de áreas públicas. Abrir los espacios destinados para mujeres a todo el mundo, en nombre de la inclusión, es excluir a las mujeres que, poco a poco, dejan de utilizar o son expulsadas de espacios que fueron creados para ellas. Lord considera que "Esto no es debatible ni debería ser controversial", a pesar de ser miembro de una sociedad masónica que no admite mujeres.

La dominación masculina también se manifiesta al obligar a personas que trabajan en instituciones públicas a utilizar pronombres neutros. El Departamento de Salud y Servicios Humanos del gobierno de Victoria, en Australia, decretó que los primeros miércoles de todo mes deben ser “Día de Elles”, obligando a los servidores públicos a utilizar pronombres no binarios y referirse a las personas como “elles”. Esta imposición, que equipara identidades no binarias con binarias, no es una forma de promover derechos humanos, sino de imponer una creencia.

Feminismos Populares y la Despatriarcalización

La creación de nuevas categorías de género en un sistema patriarcal es un fenómeno político-cultural fascinante. En algunos contextos nacionales como la India y Pakistán, las personas consideradas “terceros géneros” son en su mayoría varones que no se conforman con estereotipos de masculinidad. Los "Hijra" de la India son hombres y niños presionados a convertirse en mujeres bajo alegatos misóginos: son varones que les gusta estar rodeados de mujeres, ayudan a las mujeres con el trabajo doméstico, tienen rasgos faciales considerados “femeninos” o se sospecha que pueden ser homosexuales.

La Experiencia de María Galindo y Mujeres Creando

María Galindo, activista boliviana, marxista, lesbiana y atea, es una figura central del feminismo latinoamericano. Su historia incluye haber sido refugiada en un convento del Vaticano en los años ochenta, una época de fuerte represión en Bolivia. Allí, a pesar de querer estudiar filosofía (curso exclusivo para hombres), se formó en psicología y pedagogía. Su experiencia en el convento, aunque difícil, le mostró las "asquerosamente coloniales" estructuras de la Iglesia.

Infografía sobre las características de la masculinidad tóxica

Al regresar a Bolivia a principios de los noventa, Galindo encontró su grupo político desintegrado y se sintió agotada por las formas machistas de la izquierda. Reconoció las grandes necesidades de la clase popular, especialmente en las mujeres, quienes soportan las cargas sociales más grandes en términos de pobreza, acceso a la justicia y educación.

Galindo, vestida de diabla con cuernos y estola sacerdotal, irrumpió en la Iglesia de San Francisco en La Paz para celebrar el día de la mujer boliviana. Su poema, que habla de la dignidad de ser mujer, fue recibido con aplausos por una joven que limpiaba el altar, quien entendió el mensaje de empoderamiento, a pesar de la ofensa de los sacerdotes franciscanos.

Mujeres Creando, la organización que cofundó Galindo, nació de manera humilde en los primeros años del neoliberalismo. Treinta años después, cuenta con una radio, comedores populares y casas de acogida, trabajando por la justicia para mujeres, especialmente aquellas marginadas por el sistema.

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El Feminismo Intuitivo y la Despatriarcalización

María Galindo es crítica del feminismo liberal que se sustenta en la idea de igualdad entre hombres y mujeres, considerándolo tesis impuestas desde el neoliberalismo y el colonialismo. Cuestiona qué significa realmente esa igualdad, señalando ejemplos de mujeres en el poder que no representan las agendas feministas.

Lo que urge, según Galindo, es la "despatriarcalización", un proceso que coloca a las mujeres y sus comunidades en modo antisistémico, capaz de desestructurar las estructuras patriarcales.

Galindo habla de un "feminismo intuitivo": un feminismo masivo, popular, que viene de abajo hacia arriba y ha logrado mucho. En Bolivia, este feminismo intuitivo ha tomado en sus manos la economía popular de los cuidados, la comida y los servicios, y ha tomado las calles. Las calles bolivianas son comedores, dormitorios, mercados y salones de fiesta. Es el feminismo del que Galindo se alimenta y por el que trabaja, un feminismo que valora la palabra en primera persona, a diferencia de una izquierda, una Iglesia y una intelectualidad que hablan en nombre de terceros.

Galindo deposita su fe en las compañeras de Mujeres Creando y en las mujeres que luchan. Resalta la importancia de escuchar las historias de mujeres campesinas aymara-hablantes, a quienes el sistema de justicia no entiende. "Esas mujeres trabajan muchas horas, muchas veces salen cansadas, escuchan barbaridades porque es muy doloroso y ahí están, existen. Entonces yo deposito mi fe en ellas."

Para Galindo, la organización es una esperanza para muchos, no solo una opción. Un ejemplo es su diplomado "De quienes luchan para quienes luchan", donde la gente se emociona al escuchar su historia contada de una manera nueva. Su graffiti "Iglesia crucifica mujeres cada día, el feminismo las resucita" refleja la creencia en la capacidad de renacer.

En el contexto de la crisis política en Bolivia en 2019, Galindo destaca el Parlamento de las mujeres como una forma de protesta sin riesgo de muerte. "Nosotras no hablamos de un golpe de Estado porque Evo Morales estaba borracho de poder, completamente perdido, y no se dio cuenta de lo que estaba sucediendo." Afirma que las reuniones donde se decidió el destino del país fueron en la Universidad Católica y auspiciadas por la Conferencia Episcopal Boliviana.

Galindo concluye con un mensaje de esperanza y determinación: "Habrá un día en que nos cansemos. Pero en nuestros pueblos nunca se sabe cuál es la gota que colma el vaso. Y estoy viendo que el vaso se está llenando. Y la última gota se derramará. Y tengo muchas ganas de que, en la próxima gota, las mujeres tengamos la capacidad de decirle al país: ‘Este es el país que queremos’."

Ilustración de una balanza desequilibrada simbolizando la desigualdad de poder

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