La Pérdida del Olfato en Adultos Mayores: Consecuencias y Manejo

A medida que envejecemos, el cuerpo experimenta diversos cambios y algunos sentidos tienden a debilitarse. Uno de los más importantes, y a menudo pasado por alto, es el sentido del olfato. La pérdida de olfato es un síntoma frecuente en personas mayores, pero muchas veces pasa desapercibido o se normaliza como parte del envejecimiento. Sin embargo, esta alteración puede afectar la calidad de vida, la seguridad e incluso estar relacionada con ciertas enfermedades neurológicas. El sentido del olfato es extremadamente importante para el bienestar y la memoria, y puede ayudarnos a estar alerta ante cualquier peligro.

Esquema de las vías olfativas en el cerebro

Comprender la Pérdida del Olfato: Anosmia e Hiposmia

La disfunción olfativa se manifiesta de diferentes maneras:

  • Anosmia: Es la pérdida completa del olfato.
  • Hiposmia: Se refiere a una disminución parcial de la capacidad olfativa. La persona puede seguir percibiendo algunos olores, pero de manera más débil o distorsionada. La hiposmia es una alteración frecuente en la tercera edad y es más común en personas mayores debido a los cambios que se producen de manera natural con la edad.
  • Parosmia: Implica que los olores se perciben de forma distorsionada.
  • Fantosmia: Es una alucinación olfativa, donde se perciben olores que no están presentes.

La capacidad de distinguir los sabores depende en gran medida del olfato, más que de los receptores del gusto en la lengua. Por lo tanto, las personas con anosmia a menudo se lamentan de haber perdido el sentido del gusto y de no disfrutar de la comida, aunque pueden distinguir sustancias saladas, dulces, ácidas y amargas.

La prevalencia de la disfunción olfativa es del 40%. El 50% de la población situada entre los 65 y los 80 años refiere una reducción de la capacidad olfativa, y en pacientes mayores de 80 años esta cifra alcanza un 75%.

Causas de la Pérdida Olfativa en la Tercera Edad

La pérdida del olfato en adultos mayores puede deberse a múltiples factores, tanto por el envejecimiento natural como por afecciones médicas específicas.

Envejecimiento Natural

La pérdida de los receptores del olfato debida al envejecimiento provoca una disminución de la capacidad de oler en las personas mayores. En general, los cambios en el olfato comienzan a notarse a partir de los 60 años, y pasados los 70 años de edad, estos cambios son sustanciales. Esto se relaciona con la disminución en el número de neuronas olfativas, una reducción en la regeneración celular del epitelio nasal y una menor producción de moco en la nariz, que es crucial para que los olores permanezcan el tiempo suficiente para ser detectados.

Afecciones Médicas y Fármacos

La anosmia que no es consecuencia del envejecimiento se produce cuando la inflamación u otra causa de obstrucción de las vías nasales impide que los olores lleguen a la zona olfatoria, o cuando se destruye parte de esta área o de sus conexiones con el cerebro. El área olfatoria se encuentra en la parte más alta de las fosas nasales.

  • Infecciones: Las infecciones del tracto respiratorio superior, especialmente la gripe, pueden ser responsables de una parte significativa de los casos de hiposmia o anosmia. Los resfriados frecuentes, la gripe, el COVID-19 o las neumonías pueden inflamar los tejidos nasales. La anosmia o hiposmia pueden ser un síntoma precoz de COVID-19, que ha afectado la capacidad olfativa de un 20% a un 85% de los pacientes.
  • Traumatismos craneoencefálicos: Un traumatismo craneoencefálico, como los que pueden ocurrir en un accidente, es una causa frecuente de pérdida permanente del olfato. Este tipo de lesión puede dañar o destruir las fibras de los nervios olfatorios.
  • Enfermedades neurodegenerativas: La enfermedad de Alzheimer y otros trastornos degenerativos del cerebro, como la esclerosis múltiple, la enfermedad de Parkinson, la demencia por cuerpos de Lewy y la demencia frontotemporal, pueden dañar los nervios olfatorios causando con frecuencia la pérdida del olfato. De hecho, los problemas del olfato afectan hasta el 90% de los pacientes con diagnóstico de estas enfermedades, y la severidad de la pérdida del olfato puede correlacionarse con el grado de demencia en algunas patologías.
  • Otros problemas nasales: Los pólipos, los tumores y otras infecciones de la nariz, así como las alergias estacionales (rinitis alérgica), pueden interferir en la capacidad para oler. Infecciones graves de los senos paranasales o la radioterapia para el cáncer también pueden dañar o destruir los receptores olfatorios, causando pérdida del olfato o del gusto de forma temporal o permanente.
  • Fármacos: Algunos fármacos utilizados habitualmente por personas mayores pueden contribuir a la anosmia en personas susceptibles al alterar la percepción olfativa.
  • Factores del estilo de vida: Fumar, vivir en entornos con contaminación y padecer enfermedades crónicas pueden acelerar la pérdida de los sentidos del gusto y del olfato.
Infografía sobre las causas de la pérdida del olfato

Consecuencias de la Pérdida del Olfato en Adultos Mayores

Aunque la pérdida del olfato no es peligrosa en sí misma, sus consecuencias pueden ser significativas y afectar varios aspectos de la vida de las personas mayores.

Impacto en la Calidad de Vida

La pérdida del olfato está directamente relacionada con el gusto. Dado que la mayor parte de los sabores están asociados con olores, las personas con disfunción olfativa a menudo perciben que han perdido el sentido del gusto, lo que reduce el interés y el placer al comer. Una comida deliciosa o un aroma placentero pueden mejorar la interacción social y el disfrute de la vida, y su ausencia puede llevar a una disminución del disfrute de las actividades cotidianas.

El olfato también puede afectar el estado de ánimo y el bienestar general de una persona mayor. La pérdida de este sentido puede generar aislamiento, ansiedad o incluso depresión, ya que oler es uno de los muchos sentidos que disfrutamos y está conectado a recuerdos importantes.

Foto de una persona mayor disfrutando de una comida

Riesgos para la Seguridad

El olfato juega un papel crucial en la detección de peligros. No poder oler olores como gas natural, humo de un incendio o alimentos en mal estado puede poner en riesgo a la persona mayor, especialmente si vive sola.

Implicaciones Nutricionales

Al no sentir aromas ni sabores plenamente, la persona mayor puede perder interés por la comida, lo que lleva a una probable baja de peso y, en casos extremos, desnutrición. La poca percepción de lo que se ingiere puede provocar que los pacientes de tercera edad no tengan ganas de consumir alimentos, y quienes están menos motivados tienen una tendencia mayor a comer menos.

Evaluación y Diagnóstico de la Disfunción Olfativa

La pérdida de olfato en personas mayores puede pasar inadvertida porque muchas personas se adaptan a ella sin notarlo. Sin embargo, es fundamental no normalizarla ni ignorarla, ya que puede ser un signo de problemas que requieren atención médica.

Cuándo acudir al médico

Se recomienda ver a un médico de inmediato si se presentan los siguientes signos de alarma:

  • Traumatismo craneoencefálico reciente.
  • Síntomas de disfunción del sistema nervioso, como debilidad, problemas de equilibrio, o dificultad para ver, hablar o tragar.
  • Inicio repentino de los síntomas.
  • Exposición conocida o falta de vacunación contra COVID-19.

Las demás personas deben acudir al médico cuando sea posible para una evaluación.

Proceso de Evaluación

El médico comenzará preguntando sobre los síntomas del paciente y su historial médico, incluyendo cuándo y cómo comenzó la anosmia, su duración, y si se inició tras un resfriado, gripe o traumatismo craneal. También valorará otros síntomas como secreción o congestión nasal, y si esta es acuosa, sanguinolenta, espesa o con mal olor. El médico buscará la presencia de síntomas neurológicos, especialmente los que implican un cambio en el estado mental o alteraciones de los nervios craneales.

Durante la exploración física, el médico inspeccionará las fosas nasales en busca de hinchazón, inflamación, secreción y pólipos. Se realizará un examen neurológico completo, con especial atención al estado mental y los nervios craneales. Para evaluar el olfato, los médicos pueden acercar sustancias aromáticas conocidas (como jabón, vainilla, café o clavos de olor) a cada ventana nasal, pidiendo al paciente que identifique el olor. También existen pruebas estandarizadas con aromas comerciales.

Si la causa de la anosmia no es evidente, pueden realizarse pruebas de diagnóstico por imagen, como una tomografía computarizada (TC) o una resonancia magnética nuclear (RMN) de la cabeza (incluyendo los senos paranasales), para detectar anomalías estructurales como un tumor, un absceso o una fractura.

Hacemos un test de olfato en vivo en Dr. C

Manejo y Prevención de la Hiposmia y Anosmia

La forma de tratar la disfunción olfativa dependerá de su origen, y en muchos casos, un tratamiento temprano puede mejorar el sentido del olfato.

Tratamiento de las Causas Subyacentes

Se pueden tratar las causas de la anosmia. Por ejemplo, las infecciones y la inflamación de los senos paranasales se tratan con inhalaciones de vapor, aerosoles nasales, antibióticos y, en algunos casos, cirugía. Sin embargo, el sentido del olfato no siempre se recupera incluso después de un tratamiento eficaz. Los tumores pueden extirparse quirúrgicamente o tratarse con radioterapia, aunque esto generalmente no restaura el olfato. La extirpación de pólipos nasales, en algunos casos, puede recuperar la capacidad olfativa. Si se detecta que ciertos medicamentos están contribuyendo al problema, el equipo de atención médica podría considerar un cambio de medicación. Además, las personas fumadoras deben abandonar el hábito del tabaco.

La recuperación del olfato en personas mayores depende en gran medida de la causa; en enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer, la pérdida de olfato suele ser progresiva y difícilmente reversible. La mayoría de las personas con pérdida del gusto y del olfato asociada a la COVID-19 indican mejoras en los síntomas después de algunas semanas.

Entrenamiento Olfativo y Otras Estrategias

No existen tratamientos específicos para la anosmia en todos los casos, pero hay enfoques para mejorar la calidad de vida y, potencialmente, la capacidad olfativa:

  • Entrenamiento olfativo: Consiste en exponerse de forma regular a diferentes olores concentrados (como eucalipto, clavo, limón o rosa) durante unos 10 a 20 segundos, dos veces al día, durante al menos tres meses, para estimular las vías nerviosas. Puede ser útil incluir estos ejercicios como parte de la rutina diaria, incluso antes de notar síntomas.
  • Mejora de la experiencia culinaria: Para las personas que conservan parte de su capacidad olfativa, la adición de agentes saborizantes concentrados a los alimentos mejora su satisfacción con la comida. Si hay menos apetito, se puede hacer que la comida se vea más agradable y arreglarla en platos atractivos. Usar condimentos distintos o cambiar la manera en que se preparan los alimentos puede ayudar.
  • Estimulación ambiental: Fomentar actividades que implican el uso del olfato de forma natural, como la jardinería, la cocina casera o la aromaterapia suave, no solo puede actuar como estímulo sensorial sino también mejorar el estado de ánimo y el bienestar general. Las personas que viven en hogares con buena ventilación y exposición a diferentes estímulos sensoriales (aromas naturales, paseos al aire libre) tienden a mantener más activa su percepción olfativa.

Medidas de Seguridad en el Hogar

Dado el riesgo de no detectar peligros, es crucial implementar medidas de seguridad:

  • Instalar detectores de humo y gas que emitan alarmas sonoras en todos los hogares, siendo aún más importantes en los sujetos con anosmia.
  • Etiquetar los alimentos con fechas de caducidad claras y evitar productos caducados.
  • Mantener una buena ventilación en casa.

Incorporar revisiones regulares con el médico de cabecera o el otorrinolaringólogo es importante, especialmente si se notan cambios leves en la percepción de olores. Entender las causas, actuar ante los primeros síntomas y buscar apoyo profesional cuando sea necesario ayuda a proteger la salud y mantener una buena calidad de vida en los adultos mayores.

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