La salud humana es un pilar fundamental para el desarrollo sostenible y el bienestar social. Aunque en las últimas décadas se han logrado avances significativos en la mejora de la salud a nivel mundial, persisten desafíos considerables y desigualdades que afectan especialmente a las poblaciones más vulnerables. La pandemia de COVID-19 y otras crisis en curso han exacerbado estas brechas, ralentizando el progreso hacia objetivos globales de salud y evidenciando la necesidad de un compromiso audaz y acciones coordinadas.
Avances y Desafíos en el Control de Enfermedades Transmisibles en Chile
Chile ha mostrado una evolución histórica positiva en el control de enfermedades transmisibles. El país ha logrado eliminar la incidencia de malaria, rabia humana transmitida por el perro (salvo un caso en 2013) y fiebre amarilla. Asimismo, se ha conseguido la erradicación nacional de la viruela en 1950, la poliomielitis en 1975, y la eliminación del sarampión (casos autóctonos) desde 1992.
Este progreso ha sido impulsado por la incorporación progresiva de vacunas desde los años 60, fortalecida por la implementación del Programa Nacional Ampliado de Inmunizaciones (PNI). Este programa, de gran cobertura nacional, ha contribuido a fortalecer la prevención y el control de las enfermedades inmunoprevenibles, enfocándose en recién nacidos, niños y adultos mayores (65 años y más), y actualizándose periódicamente con nuevas vacunas o combinaciones.

Enfermedades Bajo Vigilancia y Desafíos Actuales
- Dengue: La presencia del vector del Dengue se pesquisó en Isla de Pascua en 2000, con un brote autóctono en marzo de 2002. Entre 2006 y 2008, se confirmaron 53 casos de Dengue clásico, 28 en 2008, y uno en 2011.
- Enfermedad de Chagas: Se estima que afecta a cerca de 120.000 personas en Chile, con una prevalencia estimada del 0,7% (ENS 2009-2010). Es una endemia que se extiende desde la I a la VI regiones, incluyendo la Región Metropolitana. La notificación anual de casos aumentó de 433 en 2007 a 1992 en 2011. Desde 1992, la tasa de mortalidad se ha estabilizado en 0,3 por 100.000 habitantes, con un promedio de 52 muertes anuales, el 80% por cardiopatía.
- Sarampión: No se han presentado casos autóctonos desde 1993, y Chile ha logrado la certificación de eliminación de la circulación del virus sarampión autóctono. Sin embargo, en la última década han ocurrido importaciones de casos aislados en 2003, 2009 y 2011, sin transmisión comunitaria.
- Rubéola: Entre marzo de 2007 y febrero de 2008, el país experimentó una epidemia con más de cuatro mil casos confirmados. A consecuencia de esta epidemia, se confirmaron tres nuevos casos de Síndrome de Rubéola Congénita en 2008. Chile se ha mantenido por más de 3 años sin casos autóctonos, cumpliendo las condiciones para la certificación de eliminación.
- Tétanos: Se presenta de forma esporádica, con un rango de 7 a 17 casos en los últimos 14 años. Aunque desde 2008 no se reportaban casos de tétanos neonatal, en 2011 se registraron dos.
- Hepatitis B: La Encuesta Nacional de Salud de 2003 encontró una prevalencia de portación del antígeno de superficie del virus del 0,1% en mayores de 17 años. Actualmente, se vacuna a grupos de riesgo, y la vacuna contra la hepatitis B está incluida en la vacuna pentavalente. Desde 2005, se observa una tendencia sostenida al alza en las tasas de notificación, estabilizándose en 2011 con 1.084 casos.
- Difteria: El último caso se registró en 1996. El sistema de vigilancia epidemiológica pesquisa alrededor de un caso sospechoso al año, que luego son descartados.
- Tos Ferina: En 2009, se registró una tasa de 4 casos por 100 mil habitantes, afectando principalmente a menores de 5 años (79,7% de los casos). Desde fines de 2010, ha habido un aumento en los casos notificados, con las regiones del Biobío y Metropolitana presentando las tasas de incidencia más altas. Se ha implementado una estrategia de vacunación tipo "capullo" para madres y su entorno directo.
- Poliomielitis: En 1975, Chile registró el último caso de Polio a virus salvaje, siendo el tercer país del mundo en lograr su eliminación. En 2011, se notificaron 89 casos sospechosos que fueron descartados.
- Parotiditis: A partir de 1991, la tasa anual comenzó un descenso con la inclusión de la vacunación Tresvírica. En 2012, se notificaron 876 casos, con las tasas de incidencia más altas en Arica y Parinacota, Tarapacá y Atacama.
- Haemophilus Influenzae (Hib): La vacuna conjugada se introdujo en 2006. La tasa de incidencia fluctuó entre 0,5 y 1,5 casos por 100.000 habitantes menores de 5 años desde entonces.
- Influenza: Es una enfermedad emergente por la mutabilidad del virus, con mortalidad asociada a su presentación epidémica cada 3 o 4 años.
La incidencia de las enfermedades transmisibles sujetas a notificación obligatoria se basa en registros que, probablemente, no tienen la misma calidad en todas las regiones. Cuando las regiones se ordenan estratificadamente según el nivel socioeconómico, no es posible apreciar variaciones sistemáticas respecto a enfermedades como tifoidea y paratifoidea, hepatitis A, tuberculosis, sífilis y VIH/SIDA.
Factores de Riesgo Globales que Afectan la Salud
El mundo se enfrenta a múltiples problemas de salud, desde brotes de enfermedades prevenibles mediante vacunación hasta el aumento de patógenos farmacorresistentes, las crecientes tasas de obesidad y los efectos del cambio climático. Para abordar estas amenazas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha lanzado su plan estratégico quinquenal, el 13º Programa General de Trabajo, que busca garantizar que 1000 millones más de personas tengan acceso a la cobertura sanitaria universal, que 1000 millones más estén protegidas frente a emergencias sanitarias, y que 1000 millones más disfruten de una mejor salud y bienestar.
3. Impacto del cambio climático en la salud. Desafíos y algunas reflexiones. Dr. Jacobo Finkelman
Contaminación del Aire
La contaminación del aire es el mayor riesgo ambiental para la salud, afectando a nueve de cada diez personas diariamente. Los contaminantes microscópicos penetran los sistemas respiratorio y circulatorio, dañando pulmones, corazón y cerebro, y causan la muerte prematura de unos 7 millones de personas cada año por enfermedades como cáncer, accidentes cerebrovasculares y cardiopatías. La principal causa, la quema de combustibles fósiles, también contribuye al cambio climático, que se espera cause 250.000 muertes adicionales al año entre 2030 y 2050 debido a malnutrición, paludismo, diarrea y estrés calórico.
Enfermedades No Transmisibles (ENT) y Salud Mental
Las enfermedades no transmisibles (ENT) como la diabetes, el cáncer y las cardiopatías, son responsables de más del 70% de todas las muertes a nivel mundial (41 millones de personas), incluyendo 15 millones de muertes prematuras entre los 30 y 69 años. Más del 85% de estas muertes prematuras ocurren en países de ingresos bajos y medianos. El aumento de las ENT se debe a cinco factores de riesgo principales: el consumo de tabaco, la inactividad física, el consumo nocivo de alcohol, las dietas poco saludables y la contaminación del aire.
Estos factores también exacerban los problemas de salud mental, que a menudo comienzan en la adolescencia (la mitad de las enfermedades mentales se inician a los 14 años). Sin embargo, la mayoría de los casos no son detectados ni tratados. El suicidio es la tercera causa principal de muerte entre los jóvenes de 15 a 19 años.
Resistencia a los Antimicrobianos
El desarrollo de antibióticos, antivíricos y antipalúdicos fue un gran éxito, pero su eficacia está disminuyendo. La resistencia a los antimicrobianos (la capacidad de bacterias, parásitos, virus y hongos para resistir estos medicamentos) amenaza con revertir la capacidad de tratar infecciones comunes como neumonía, tuberculosis, gonorrea y salmonelosis. La resistencia a los antituberculosos es un obstáculo formidable, con alrededor de 600.000 casos resistentes a la rifampicina en 2017. La farmacorresistencia es impulsada por el uso excesivo de antimicrobianos en personas, animales (especialmente en la producción de alimentos) y el medio ambiente.

Preparación ante Pandemias
El mundo se enfrentará a otra pandemia de gripe; la incertidumbre reside en cuándo ocurrirá y cuán grave será. La OMS monitorea constantemente la circulación de virus gripales y coordina una red global de vigilancia. Asimismo, se ha demostrado la importancia crítica del contexto en que se produce una epidemia, como los brotes de ébola en la República Democrática del Congo en 2018, que se extendieron a ciudades densamente pobladas y zonas de conflicto, lo cual presenta desafíos únicos.
El Plan de I+D de la OMS identifica enfermedades y patógenos que pueden causar una emergencia de salud pública pero carecen de tratamientos y vacunas efectivos.
Acceso a Atención Primaria de Salud
La atención primaria de salud es crucial para la cobertura sanitaria universal, ya que puede satisfacer la mayoría de las necesidades de salud de una persona a lo largo de su vida. Sin embargo, muchos países carecen de establecimientos adecuados, debido a la falta de recursos o a un enfoque excesivo en programas de una sola enfermedad en el pasado. En 2018, la OMS reafirmó el compromiso con la atención primaria de salud en la Declaración de Astaná.
Retraso en la Vacunación y otras Enfermedades
La renuencia a vacunarse amenaza con revertir los progresos logrados. La vacunación es una de las formas más costo-efectivas de evitar enfermedades, previniendo 2 a 3 millones de muertes al año. Los casos de sarampión, por ejemplo, han aumentado un 30% a nivel mundial, parcialmente debido a la renuencia. La OMS apoya a los trabajadores sanitarios como fuentes de información confiable. Además, la OMS intensificará los esfuerzos para eliminar el cáncer cervicouterino aumentando la cobertura de la vacuna contra el VPH.
El dengue es una amenaza creciente que afecta a un estimado del 40% de la población mundial, con alrededor de 390 millones de infecciones al año. La enfermedad se está extendiendo a países menos tropicales, y la estrategia de la OMS busca reducir las muertes en un 50% para 2020.
En la lucha contra el VIH/SIDA se han logrado grandes avances, pero la epidemia sigue propagándose, con casi un millón de muertes anuales. Alrededor de 37 millones de personas viven con VIH en el mundo. Resulta especialmente difícil llegar a grupos como trabajadores sexuales, personas en prisión, hombres que tienen sexo con hombres o personas transgénero, quienes a menudo quedan excluidos de los servicios de salud.
Impacto de la COVID-19 en la Calidad de Vida Relacionada con la Salud (CVRS)
La pandemia de COVID-19 impuso desafíos significativos al bienestar de la población mundial, desencadenando una crisis sociosanitaria que afectó no solo a los contagiados, sino también a la población general debido a las medidas sanitarias que restringieron la movilidad y la interacción social. Esta emergencia evidenció y agudizó inequidades preexistentes en los grupos más vulnerables, como precariedad laboral, insuficiencia en la protección social y dificultades de acceso a servicios.

Estudio en Población Chilena Vulnerable
Un estudio transversal realizado en Chile durante la cuarentena de abril-junio de 2021, seleccionó 500 adultos de comunas socioeconómicamente vulnerables para evaluar la Calidad de Vida Relacionada con la Salud (CVRS) utilizando el instrumento EuroQol five-dimensional (EQ-5D-3L). La CVRS mide la habilidad de la persona para realizar actividades y su percepción de bienestar en dominios sociales, físicos y mentales.
Los participantes, en su mayoría mujeres (68,80%), con una edad promedio de 36,36 ± 12,41 años, reportaron mayor afectación en las dimensiones de dolor/malestar y ansiedad/depresión. El mejor estado de salud posible (11111) fue el más predominante (32,90%), seguido del compromiso moderado en salud mental (11112) y el moderado en dolor/malestar (11121).
En el autorreporte de enfermedades crónicas, se detectó una mayor prevalencia de trastorno del ánimo (30,40%), dolor musculoesquelético (29,40%) y obesidad (22,40%). Además, el 18,40% de los informantes reportaron diagnóstico de COVID-19. Estos hallazgos concuerdan con la evidencia global, donde la salud mental y el dolor/malestar se encuentran más comprometidos en quienes experimentaron cambios en sus ingresos, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas y mujeres, y también en personas con mayor temor al contagio.
Los problemas en la dimensión dolor/molestia pueden estar relacionados con la infección por COVID-19, pero también con estresores de la pandemia en personas no infectadas, siendo el bajo nivel socioeconómico y el sedentarismo predictores de dolor crónico generalizado. La pandemia y sus medidas generaron un potencial riesgo psicosocial con impacto en la salud mental, especialmente en poblaciones de bajo nivel socioeconómico.
Factores de Riesgo para un Cuadro Grave de COVID-19
El riesgo de desarrollar un cuadro grave de COVID-19 depende del estado de salud individual, la edad y las actividades realizadas, así como de otros factores como el lugar de residencia, trabajo o estudio, el acceso a atención médica y la estabilidad económica. El riesgo aumenta con cada factor de riesgo presente.
Edad
- Las personas de más de 65 años y los bebés menores de 6 meses tienen un riesgo más alto. En los mayores, el sistema inmunitario es menos eficaz, y son más propensas a afecciones crónicas. En Estados Unidos, hasta marzo de 2024, alrededor del 76% de todas las muertes por COVID-19 ocurrieron en personas de más de 65 años.
Enfermedades Subyacentes
Las personas con problemas de salud preexistentes son más propensas a cuadros graves de COVID-19. Algunas de estas condiciones incluyen:
- Enfermedades cardíacas: Insuficiencia cardíaca, enfermedad de las arterias coronarias, enfermedades cardíacas congénitas, miocardiopatías.
- Diabetes mellitus: Tanto tipo 1 como tipo 2 aumentan el riesgo.
- Enfermedades pulmonares crónicas: Asma (moderada a grave), EPOC, fibrosis quística, enfermedad pulmonar intersticial, bronquiectasias, hipertensión pulmonar, antecedentes de embolia pulmonar.
- Obesidad: El riesgo aumenta con el Índice de Masa Corporal (IMC), siendo mayor para IMC de 40 o más.
- Enfermedad renal crónica: Especialmente si se recibe diálisis.
- Cáncer: Las personas con cáncer en general, y especialmente aquellas con cáncer de sangre, tienen un mayor riesgo de COVID-19 grave y prolongado, y de muerte. Los tratamientos oncológicos pueden afectar la eficacia de las vacunas.
- Enfermedades del cerebro y del sistema nervioso: Accidentes cerebrovasculares, demencia.
- Enfermedades hepáticas crónicas: Cirrosis, enfermedad del hígado graso no alcohólica, enfermedad hepática alcohólica, hepatitis autoinmune.
- Virus de la inmunodeficiencia humana (VIH): Si no está bien controlado con medicamentos.
- Trastornos del estado de ánimo o esquizofrenia.
- Trasplantes: Haber recibido un trasplante de un órgano o de células madre.
- Trastornos de la sangre: Anemia de células falciformes y talasemia.
Otras Condiciones y Factores de Riesgo
- Discapacidad: Las personas discapacitadas suelen tener más riesgo. El síndrome de Down se asocia a un riesgo más alto de hospitalización y muerte. El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y la parálisis cerebral también aumentan el riesgo de hospitalización por COVID-19 grave.
- Inactividad física.
- Fumar.
- Embarazo o posparto reciente.
- Consumo de medicamentos que reducen la capacidad inmunitaria.
Medidas para Reducir el Riesgo de COVID-19 Grave
La vacuna contra la COVID-19 puede reducir significativamente el riesgo de morir o enfermar gravemente. Para personas con sistema inmunitario debilitado, se pueden recomendar dosis adicionales. Además de la vacunación, es fundamental:
- Evitar el contacto estrecho con personas enfermas o con síntomas.
- Mejorar la ventilación de los espacios cerrados (ventiladores, abrir ventanas/puertas, usar filtros).
- Lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón, o usar desinfectante a base de alcohol.
- Toser o estornudar en un pañuelo o en el codo.
- Limpiar y desinfectar superficies de contacto frecuente.
- Mantener distancia en lugares públicos concurridos, especialmente con poca circulación de aire.
- Usar mascarilla en espacios públicos cerrados si hay alta transmisión comunitaria de COVID-19.
Para quienes tienen mayor riesgo, es crucial mantener un buen control de cualquier problema de salud, asistir a todas las citas médicas, asegurarse de tener medicamentos disponibles y mantenerse al día con otras vacunas (gripe, neumonía, VSR), ya que otras infecciones respiratorias pueden empeorar el pronóstico si se contrae COVID-19.
Factores de Riesgo Modificables para el Desarrollo de Enfermedades
Existen seis factores frecuentes que predisponen al desarrollo de enfermedades, especialmente las no transmisibles, y la buena noticia es que pueden modificarse con la adopción de un estilo de vida saludable. Estos factores aumentan la probabilidad de que una persona desarrolle enfermedades:
- Mala alimentación: El consumo excesivo de grasas animales, frituras, azúcar, sal, productos envasados ultraprocesados (gaseosas, snacks, embutidos) es perjudicial. Se aconseja un consumo moderado o su reemplazo por opciones más saludables.
- Grasas elevadas en sangre (colesterol y triglicéridos): Cuando superan los valores normales, dificultan la circulación sanguínea, provocando infartos cardíacos, derrames cerebrales o problemas circulatorios en las piernas.
- Sobrepeso y obesidad: La acumulación anormal o excesiva de grasa, especialmente abdominal, es perjudicial para la salud y predispone a enfermedades como diabetes, hipertensión arterial y cáncer.
- Consumo nocivo de alcohol: El consumo excesivo, ya sea en un solo episodio o de forma frecuente, reduce el autocontrol, los reflejos y la capacidad de procesar información. Puede causar trastornos cardiovasculares como alteraciones del ritmo cardíaco, hipertensión, derrame cerebral y muerte súbita.
- Hábito de fumar y exposición al humo de tabaco: El tabaco es el factor de riesgo que produce más muertes, dañando tanto a fumadores como a quienes inhalan el humo. Está relacionado con enfermedades respiratorias crónicas (bronquitis, enfisema, asma), cáncer (pulmón, boca) y enfermedades del corazón. Es fundamental exigir ambientes libres de humo de tabaco.
- Sedentarismo e inactividad física: La falta de movimiento durante las horas de vigilia a lo largo del día predispone a diversas enfermedades.
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