La diabetes tipo 2 ocurre cuando el cuerpo no puede usar la insulina adecuadamente, lo que provoca una acumulación de azúcar en la sangre. Con el tiempo, los altos niveles de glucosa en la sangre pueden dañar órganos vitales como los ojos, los riñones, los nervios y el corazón. Este proceso puede originarse porque el páncreas no produce suficiente insulina, una hormona esencial que ayuda al azúcar a ingresar en las células.
Aunque la diabetes tipo 1 y tipo 2 pueden manifestarse en cualquier etapa de la vida, la diabetes tipo 2 es más común en los adultos mayores. Actualmente, no existe una cura para la diabetes tipo 2, pero su manejo efectivo se logra a través de la pérdida de peso, una alimentación adecuada y la práctica regular de ejercicio físico.

Síntomas y Funcionamiento de la Insulina
Los síntomas de la diabetes tipo 2 suelen desarrollarse lentamente, lo que puede llevar a que una persona viva con la afección durante años sin ser consciente de ello. La principal disfunción radica en que las células de los músculos, la grasa y el hígado no responden a la insulina como deberían.
La insulina es una hormona producida por el páncreas, una glándula ubicada detrás y debajo del estómago. Su función es permitir que la glucosa, una vez en el torrente sanguíneo, ingrese a las células para ser utilizada como energía. Cuando los niveles de glucosa son bajos, el hígado convierte el glucógeno almacenado en glucosa para mantener un suministro constante.
En la diabetes tipo 2, este proceso se ve alterado. En lugar de que el azúcar pase a las células, se acumula en la sangre. A medida que los niveles de glucosa en sangre aumentan, el páncreas libera más insulina para intentar compensar. Sin embargo, con el tiempo, las células del páncreas encargadas de fabricar insulina se dañan, disminuyendo su capacidad productiva.
Factores de Riesgo y su Relevancia en el Adulto Mayor
Diversos factores aumentan el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, muchos de los cuales tienen una particular relevancia en la población de adultos mayores:
- Edad: Es uno de los factores más importantes, ya que la diabetes tipo 2 es más frecuente en los adultos mayores.
- Sobrepeso y tamaño de la cintura: Almacenar grasa principalmente en el abdomen, en lugar de en la cadera o los muslos, incrementa significativamente el riesgo. El riesgo de diabetes tipo 2 es mayor en personas con una medida de cadera superior a 40 pulgadas (101,6 cm).
- Inactividad física: Cuanto menos activa sea la persona, mayor será el riesgo de desarrollar la enfermedad.
- Antecedentes familiares: La predisposición genética juega un papel importante.
- Raza y origen étnico: Por razones aún no del todo comprendidas, algunas razas y orígenes étnicos tienen una mayor probabilidad de padecer diabetes tipo 2.
- Niveles de lípidos en la sangre: Un riesgo elevado se asocia con bajos niveles de lipoproteína de alta densidad (colesterol HDL, conocido como colesterol bueno).
- Prediabetes: Esta es una condición en la que el nivel de glucosa en la sangre es más alto de lo normal, pero no lo suficiente como para ser clasificado como diabetes tipo 2.
- Riesgos relacionados con el embarazo: Las personas que tuvieron diabetes gestacional durante el embarazo tienen un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
- Síndrome de ovario poliquístico: Esta afección, que causa períodos menstruales irregulares, crecimiento excesivo de vello y obesidad, también aumenta el riesgo.
La Diabetes en el Adulto Mayor: Un Reto Específico
La diabetes en personas mayores es una de las enfermedades crónicas más prevalentes y con un gran impacto en la calidad de vida. A medida que el organismo envejece, experimenta cambios que pueden dificultar el control de los niveles de glucosa, aumentando el riesgo de complicaciones cardiovasculares, renales y neurológicas. Con el paso del tiempo, el metabolismo se vuelve menos eficiente y la capacidad del páncreas para producir insulina disminuye. A esto se suman una menor masa muscular, cambios hormonales y, en ocasiones, hábitos de vida menos activos. En muchos casos, los síntomas de la diabetes en este grupo de edad pasan desapercibidos o se confunden con signos propios del envejecimiento. Una diabetes no controlada puede acelerar el deterioro de órganos y sistemas.
Webinar “Optimización del adulto mayor frágil con diabetes mellitus tipo 2”.
Principales Complicaciones Agudas de la Diabetes Tipo 2
Las complicaciones agudas de la diabetes tipo 2, especialmente en adultos mayores, requieren atención médica inmediata y un manejo adecuado para prevenir consecuencias graves. Estas complicaciones surgen de desequilibrios bruscos en los niveles de glucosa en sangre o de eventos precipitados por la condición diabética.
Hipoglucemia
La hipoglucemia es la complicación aguda más limitante en personas con diabetes, caracterizada por niveles de glucosa en sangre anormalmente bajos (especialmente por debajo de 60 mg/dL o un nivel de HbA1c inferior al 6%). La educación terapéutica en diabetes (ETD) es fundamental para su prevención, a través de un proceso educativo integral que abarque aspectos como nutrición y ejercicio físico.
El tratamiento de elección en este tipo de paciente es el glucagón inyectable o intranasal. Es crucial que familiares, cuidadores y compañeros estén familiarizados con los kits de glucagón, así como con el momento y la forma de administrarlo, ya que no precisa ser administrado por un profesional sanitario. Si esta vía no fuera posible, se puede recurrir a la administración intravenosa de glucosa (15-25 g) en un período de 1 a 3 minutos.
Hiperglucemia, Cetosis y Cetoacidosis Diabética
Se considera hiperglucemia un episodio con valores glucémicos por encima de los objetivos máximos, causado por una falta absoluta o relativa de insulina. Puede acompañarse de otras alteraciones metabólicas como cetonuria (cetonas en orina), cetonemia (cetonas en sangre) y alteraciones del pH.
En la cetosis, a los síntomas de hiperglucemia (sed intensa, micción frecuente, fatiga) se suman los derivados de la existencia de cuerpos cetónicos: anorexia, molestias estomacales, náuseas, cansancio y aliento "cetósico" (olor afrutado). La cetosis y la cetoacidosis se deben a un déficit importante de insulina. Aunque son más frecuentes en la diabetes tipo 1, pueden ocurrir en la tipo 2, especialmente en situaciones de estrés fisiológico.
Ante una situación hiperglucémica mantenida, es esencial valorar la presencia de cetonas en sangre y/u orina. Su detección y tratamiento temprano pueden evitar la evolución hacia la cetoacidosis diabética, una complicación grave. Es importante mantener el plan de alimentación siempre que sea posible, garantizando un mínimo de 100-150 mg de hidratos de carbono, y nunca interrumpir la administración de la medicación oral. Al disminuir la glucemia, se debe iniciar la ingesta de alimentos azucarados en el mismo horario de las ingestas habituales para reducir la lipólisis.

Infección como Precipitante de Hiperglucemia y Cetosis
El factor precipitante más frecuente para la aparición de hiperglucemia, especialmente en adultos mayores, es la infección. Los estadios infecciosos febriles provocan un estrés físico en el organismo que se traduce en un aumento del catabolismo y de la producción de hormonas contrarreguladoras (principalmente cortisol y glucagón). Estas hormonas favorecen la aparición de hiperglucemia, lo que puede desencadenar una cetosis o incluso cetoacidosis.
En los casos donde se requiera tratamiento con glucocorticoides, la insulina es el fármaco de elección para controlar la hiperglucemia inducida. La cetosis se tratará a nivel de Atención Primaria con insulina rápida subcutánea, administrada con las ingestas y complementada con hidratación oral. En la cetosis diabética, también es indispensable la administración de insulina. Para pacientes no tratados con insulina, se recomienda iniciar con 0,3-0,4 UI/kg/día, repartiéndola en las cuatro ingestas recomendadas.
Complicaciones Macrovasculares Agudas
Las complicaciones macrovasculares asociadas a la diabetes, como la enfermedad cardiovascular arteriosclerótica, son una causa principal de morbilidad y mortalidad. Aunque la enfermedad subyacente es crónica, sus manifestaciones pueden ser agudas y potencialmente mortales.
Cardiopatía Isquémica Aguda
La cardiopatía isquémica, con la enfermedad coronaria como origen principal, es una complicación macrovascular asociada a la diabetes. Sus distintas manifestaciones, como la angina, el infarto o la disnea, pueden presentarse con una clínica atenuada en el paciente con diabetes, lo que dificulta su detección. En la prevención de la cardiopatía isquémica en pacientes con diabetes, es fundamental conocer los antecedentes de riesgo cardiovascular y controlar los factores de riesgo modificables, como la hipertensión, la dislipemia y el tabaquismo.
Enfermedad Cerebrovascular Aguda
La enfermedad cerebrovascular (ECV) en el paciente con diabetes es de gran relevancia debido a las potenciales secuelas que puede originar. Eventos como el accidente cerebrovascular agudo (ACVA) o el ataque isquémico transitorio (AIT) son entidades agudas que requieren intervención inmediata. En todo paciente que sufre un ACVA o AIT, y salvo contraindicación, debe pautarse tratamiento antiagregante. El tratamiento con estatinas ha demostrado reducir la mortalidad por ictus en pacientes con diabetes tipo 2. Además, la presencia de albuminuria y el descenso del filtrado glomerular aumentan el riesgo de ECV, por lo que se recomienda tratamiento con IECA en pacientes con albuminuria superior a 300 mg/día.
Complicaciones Agudas del Pie Diabético
El pie diabético, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1995, es "el síndrome resultante de la intervención de factores sistémicos (angiopatía, neuropatía e infección) y estilos de vida como el autocuidado, la higiene o el calzado, entre otros". El Documento de Consenso Internacional de Pie Diabético del año 2019, editado por el Grupo Internacional de Trabajo del Pie Diabético (IWGDF), lo define como "la ulceración, infección o destrucción de tejidos profundos asociadas a neuropatía y/o enfermedad arterial periférica en las extremidades inferiores de las personas con diabetes".
Las lesiones en el pie diabético constituyen la primera causa de amputación no traumática en los países de renta alta. Alrededor del 1% de las personas con diabetes sufre la amputación de algún miembro inferior, con una frecuencia de 10 a 20 veces superior a la de las personas no diabéticas. Aproximadamente el 80% de las amputaciones están precedidas por una úlcera en el pie. Fisiopatológicamente, el pie diabético es un síndrome donde coexisten la neuropatía, la isquemia y la infección, siendo estos factores agravantes que determinan el pronóstico.
La prevención es un pilar fundamental en esta patología. El paciente tiene un importante papel en el cuidado de los pies, siendo la higiene y la observación diaria de los pies actividades preventivas esenciales. El calzado debe ajustarse a cualquier alteración biomecánica y estructural del pie, con un ancho adaptado a su morfología. Es importante destacar que la ausencia de síntomas no excluye la enfermedad del pie.
En el manejo, si tras 15 días de tratamiento estándar una úlcera no presenta una evolución positiva, el paciente debe ser derivado para una evaluación especializada según los protocolos establecidos.

Prevención y Manejo Integral de la Diabetes Tipo 2 en Adultos Mayores
Un estilo de vida saludable es fundamental para prevenir y controlar la diabetes tipo 2, especialmente en la población de adultos mayores:
- Alimentación saludable: Optar por alimentos ricos en fibra, bajos en grasa y calorías.
- Actividad física regular: Caminar, nadar o realizar ejercicios de fuerza moderada ayuda a controlar la glucosa y mantener la masa muscular. Cuanto menos activa sea la persona o si permanece sentada por períodos prolongados, mayor será el riesgo de diabetes tipo 2.
- Control de peso: Si existe sobrepeso, la pérdida y el mantenimiento de un peso saludable pueden retrasar la progresión de la prediabetes a diabetes tipo 2.
- Revisiones periódicas: Son cruciales para monitorear la glucemia, la tensión arterial, la función renal y la visión.
- Tratamiento personalizado: El tratamiento debe ajustarse de manera individualizada a las necesidades de cada paciente.
En algunos casos de prediabetes, se puede recetar metformina (Fortamet, Glumetza, entre otros) para reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Aunque la diabetes en personas mayores supone un reto, un diagnóstico temprano y un seguimiento adecuado permiten mantener una vida activa y saludable, minimizando el riesgo de complicaciones agudas y crónicas.