Fomentando la Lealtad y el Bienestar en Adolescentes Vulnerables: Estrategias Efectivas

La adolescencia es una de las etapas evolutivas más difíciles, donde se deben afrontar cambios en todos los niveles: físicos, emocionales, morales, de relaciones y de compromisos, en una sociedad que puede ser excluyente y llena de prejuicios. Para los jóvenes en situación vulnerable, esta etapa se presenta aún más complicada, ya que a las condiciones propias de la adolescencia se suman situaciones personales difíciles y conflictivas.

Cuando hablamos de jóvenes en situación vulnerable, la necesidad de huida, de confrontación, pero a la vez de una búsqueda constante de un adulto referente, se acentúa debido a la carencia de tener un referente claro. Estos adolescentes se oponen a los adultos para reafirmarse, para demostrar que ya no son niños, que no dependen ni necesitan a los adultos de referencia.

En este contexto, desarrollar y/o fortalecer la educación en valores constituye uno de los desafíos importantes del quehacer pedagógico actual. Los sectores de influencia en la creación del clima escolar son: los maestros, los alumnos, la familia y el entorno escolar.

Estrategias para Identificar y Manejar Influencias

Una actividad clave para trabajar la lealtad y el autoconocimiento en adolescentes vulnerables es ayudarles a identificar las personas, grupos y elementos que influyen en sus decisiones y percepciones, para reflexionar sobre cómo estas influencias impactan su identidad, autoestima y valores personales.

Mapa de Influencias Personales

  1. Pedir al adolescente que dibuje un círculo grande en el centro del papel, que los represente a sí mismos/as.
  2. Alrededor del círculo central, añadir círculos más pequeños que representen a las personas o elementos que influyen en su vida, como familia, amigos/as, escuela, redes sociales, hobbies o cualquier otro aspecto significativo.
  3. Dividir las influencias identificadas en categorías como «Familia», «Amigos/as», «Redes sociales», «Escuela» y «Otros».
  4. Si la actividad se realiza en un entorno grupal, los y las adolescentes pueden compartir sus mapas y reflexionar juntos sobre las similitudes y diferencias en sus redes de influencia.
Esquema de un mapa mental con un círculo central que representa al adolescente y círculos más pequeños a su alrededor con diferentes influencias.

Manejo Consciente de las Redes Sociales

El objetivo de esta actividad es que los y las adolescentes analicen su uso de las redes sociales y reflexionen sobre cómo estas plataformas influyen en su bienestar emocional, autoestima y relaciones interpersonales.

  1. Pedir al adolescente que cree un mapa visual donde relacione aplicaciones o plataformas con las emociones que suelen experimentar al usarlas.
  2. Como producto final, invitar al adolescente a redactar un contrato consigo mismo donde incluya metas específicas para un uso más saludable de la tecnología.

Los Jóvenes y las Redes Sociales

La Identidad Actual y Futura

Otra técnica efectiva es la reflexión sobre la identidad. Se les puede pedir a los adolescentes que:

  1. Dibujen o escriban un espejo adicional al lado del primero y reflexionen sobre cómo les gustaría verse en el futuro.
  2. Comparen ambos espejos y reflexionen sobre las diferencias y similitudes entre su identidad actual y su visión futura.

Fomento de Habilidades Sociales y Responsabilidad

Las habilidades sociales en adolescentes son esenciales para su desarrollo integral. Durante esta etapa, los jóvenes se enfrentan a diversos desafíos, incluyendo la formación de relaciones interpersonales significativas. La adquisición de habilidades sociales no solo mejora las relaciones interpersonales, sino que también actúa como un factor preventivo frente a situaciones de riesgo, como el aislamiento social y el consumo de sustancias.

Enseñanza de Responsabilidad y Consecuencias

Enseñar responsabilidad es un proceso en constante evolución. Los adolescentes suelen ser egocéntricos y no son hábiles para comprender conceptos abstractos ajenos a su propio mundo de experiencias. Aunque se están volviendo más independientes, aún no comprenden cómo sus palabras y acciones impactan a los demás. Aquí presentamos cuatro consejos para ayudar a los adolescentes a aprender a ser responsables:

  1. Usa la narración: Contar historias puede ayudar a los jóvenes a comprender que los adultos, padres, maestros y terapeutas en sus vidas alguna vez fueron adolescentes. Compartir una historia que se centre en la responsabilidad y luego hacer preguntas como: "¿Cómo te sentirías si eso te pasara a ti?", "¿Crees que es justo lo que pasó?", o "¿Los padres y profesores/terapeutas tienen sentimientos?" Esto brinda a los adolescentes la oportunidad de analizar sus pensamientos y reacciones.
  2. Haz preguntas sobre los sentimientos: Pedir al adolescente que identifique sus sentimientos y emociones, preguntando: "¿Cómo te sientes?", "¿Qué sucede en tu mente y en tu cuerpo cuando experimentas estos sentimientos?", o "¿Qué se siente cuando no te escuchan?". Es importante hacerles saber que los adultos experimentan reacciones similares a los sentimientos y que parte de convertirse en adulto es manejar esos sentimientos y emociones de manera efectiva y apropiada.
  3. Mantente abierto y sin prejuicios: Es crucial que los adultos sean conscientes de sus sentimientos, emociones, reacciones y respuestas. La clave es mantener una postura imparcial. Cuando los adultos mantienen el control, los adolescentes desarrollan confianza en ellos.
  4. Establece límites firmes y sé coherente: Los adolescentes anhelan una estructura, aunque no lo admitan, y es probable que se irriten ante los límites. Cuando los adolescentes saben qué esperar, tienden a ser menos manipuladores y opositores. La constancia es la mejor intervención.

El resultado final es que los adolescentes quieren aprender a ser adultos, y es nuestra responsabilidad ayudarlos a lograrlo. La responsabilidad es un concepto que se desarrolla con el tiempo y varía entre adolescentes; los adultos deben interpretar y ayudar a los adolescentes a ver la vida de forma más creativa.

Abordando Desafíos Conductuales en la Adolescencia

Enfrentar los retos de la adolescencia es complicado, y más cuando se trata de uno desafiante. Faltas de respeto, transgresión de límites, delinquir, el consumo de sustancias, absentismo escolar, agresividad física hacia objetos o personas, robar, conductas de riesgo y un largo etcétera, son comportamientos que generan mucho rechazo en la sociedad. Al ser una conducta que traspasa “lo normativo” de la adolescencia, en plena búsqueda de identidad reciben mensajes muy castigadores como “el que la lía”, “delincuentes”, “vago”, etc. Es común que entre ellos se junten para sentirse mejor, no juzgados y más comprendidos. Lejos de justificar los síntomas, la realidad es que, detrás de toda esta conducta, se esconde una gran rabia, tristeza y miedo.

A veces, los propios adolescentes no saben de dónde vienen estas emociones, pero se expresan hacia fuera, contra todos y sobre todo contra el control del adulto que intente imponerlo. Los padres de dichos adolescentes se encuentran en una situación compleja, donde el espectro de emociones es infinito: abarca el miedo por lo que pueda ocurrir, la rabia y frustración de no saber qué hacer, el dolor de ver a su hijo sufrir y de que te falte el respeto, la culpa de no saber hacerlo mejor, cuestionarse como padre y un largo etcétera. Dicha combinación es donde residen los sentimientos encontrados y los padres acaban en un constante dilema de cómo actuar (“lo castigo vs lo cuido”), entre otro tipo de posibilidades.

A continuación, se mencionan algunas estrategias para relacionarse con hijos desafiantes:

  • Comunicación abierta y clara: Tras las discusiones y la mala conducta, a veces cuesta encontrar el espacio para hablar con ellos. Ser coherentes como adultos. Si como padres se traslada desorden, dudas e incoherencias, eso es lo que recibirán. Los hijos tienden a imitar lo que hacen los padres, más que lo que dicen. Por ejemplo, no se puede esperar que un adolescente se exprese abiertamente y de manera sana si los padres no son propios de hacerlo.
  • No entrar en escalada: Este es un punto importante, porque la frustración y rabia que generan los adolescentes desafiantes provoca que a veces los padres se acaben posicionando al mismo nivel.
  • Lo que a un padre le sirvió de adolescente, no tiene por qué servirle a su hijo: Las mochilas son diferentes.
  • Paciencia: El cerebro del adolescente sigue en evolución y cualquier proceso de cambio requiere de tiempo.
  • Límites claros: Ser comprensivos y contenedores no quiere decir que no se les pueda y tenga que poner límites. Poner límites significa darles coherencia, orden y una estructura segura.
  • Pactar: Los adolescentes necesitan su autonomía, pero a la vez se les tiene que poner límites y normas. Pactar con ellos es un voto de confianza donde se pueden sentir escuchados.
  • Aceptar que desde el amor y el querer dar lo mejor a los hijos, a veces los padres se equivocan: Es habitual que tras el pulso de los hijos los padres actúen de manera equivocada.
  • Escuchar: Se comunican a través de la rabia, pero eso no quiere decir que no tengan nada que decir (siempre y cuando se fomente un espacio adecuado y fuera de la agresividad).
  • Aliarse siempre con la otra figura cuidadora y dar mensajes claros: Los progenitores deben ser un equipo. Los adolescentes reciben mucha confusión si las figuras cuidadoras dan mensajes opuestos. Además, es el escenario perfecto para poder manipular situaciones.
  • Revisarse cómo se gestionan las emociones como persona y padre y cómo se trasladan al hijo.
  • Poner consecuencias congruentes, constantes y anticipadas: Es importante poner consecuencias a la conducta realizada, no a la emoción ni a la persona, sin juzgar. Es difícil que los padres a veces no se dejen llevar por la frustración con comentarios como “ya no sé qué hacer contigo”, “no puedo más”, “así no llegarás a ningún lado”, “eres un maleducado”, dejarles de hablar, etc. Sin embargo, es imprescindible diferenciar la conducta que realiza el adolescente de lo que siente.
  • Pedir ayuda profesional: Para los adolescentes cuyas dificultades se deben a problemas de conducta, la terapia familiar puede ser útil. Hablar con un profesional puede conectar a la familia con un especialista en salud conductual.
Imagen de una familia conversando en un ambiente de apoyo, ilustrando la comunicación abierta y la paciencia.

Fomentando Habilidades Sociales en Adolescentes con TEA

Las habilidades sociales en adolescentes con Trastorno del Espectro Autista (TEA) pueden estar alteradas en mayor o menor grado. Actividades cotidianas en las que se relacionan con otras personas, así como tener una conversación informal, pueden ocasionarles mucho esfuerzo y estrés. A continuación, se proponen una serie de estrategias para fomentar las habilidades sociales en adolescentes con TEA:

  1. Comunicación clara y concisa: Buscar su mirada y, una vez que se sepa que nos está atendiendo, darle un mensaje concreto y claro. Evitar dar mucha información en un mismo mensaje y hacer muchas preguntas.
  2. Temas de interés: Ayudará a interactuar con él/ella si se le habla sobre algún tema que le guste o interese.
  3. Modelado de interacciones básicas: Mostrarles mediante el ejemplo para que aprendan a saludar y a despedirse tanto de manera verbal como no verbal.
  4. Interpretación de señales no verbales: Según el caso, algunas personas con TEA presentan dificultad para interpretar las señales no verbales. Ante esto, es recomendable enseñarles las reglas y los convencionalismos sociales básicos.
  5. Establecer límites en la conversación: En el caso de que tienda a hablar demasiado sobre un tema específico, es aconsejable definir con él los límites de cuándo puede, o no, ser introducido en la conversación.
  6. Fomentar la toma de turnos: Favorecer la toma de turnos en la conversación y crear situaciones que propicien la interacción y la socialización.
  7. Organizar encuentros sociales: Organizar encuentros con otros chicos/as para realizar las actividades que más le gusten y así poder relacionarse con ellos.
  8. Modelar el inicio de conversaciones: Interpretar algunas conversaciones modelando y explicando distintas formas de iniciar una conversación. También animarle a que busque temas de conversación que estén relacionados con los intereses de las personas involucradas en la conversación, para que no hable solo de cosas que le interesen a él.
  9. Identificar pausas para intervenir: Enseñarles a identificar las pausas y momentos para entrar en la conversación, por ejemplo: usar algún objeto en alguna conversación grupal, de manera que solo tenga permitido hablar cuando le pases el objeto.
  10. Reconocer el desinterés: Ayudarle a comprender las señales de desinterés para que pueda cambiar de tema de conversación si es necesario. Para esto, enseñarle a preguntar a la otra persona qué tal ha estado últimamente. También es una buena forma de dirigir la conversación hacia cosas que le interesen al otro participante.
  11. Conocer y expresar emociones: Enseñarles a conocer y expresar las emociones y sus causas para comprender la relación entre lo que sienten y el acontecimiento que lo ha provocado. Preguntarles no solo cómo se sienten o cómo se sienten las personas que los rodean, sino también ¿por qué?
  12. Simulaciones de situaciones sociales: Enseñar situaciones específicas como qué decir si alguien está bromeando y cómo se sienten otras personas en determinadas situaciones. La persona con TEA tendrá que trabajar estas cosas mediante la lógica o la imposición de reglas, más que de forma intuitiva.
  13. Apoyo en actividades grupales: Apoyarle para que practique algún deporte. Algunos chicos/as pueden llegar a abrumarse y agobiarse mucho al momento de reunirse con un grupo de jóvenes. En estos casos, se puede empezar trabajando la necesidad de que estos toleren la proximidad física, después se puede hacer hincapié en el aumento de los niveles de relación y cooperación.
  14. Estrategias para la frustración: Cuando se frustren porque fracasan en sus relaciones sociales, será muy útil crear un guion o lista de cosas que el joven debe hacer cuando empiece a sentirse enfadado, pueden ser estrategias para calmarse o soluciones que le permitan salir de la situación.
  15. Observación y práctica de interacciones: En el caso de mostrarse algo brusco ante otras personas a la hora de hablar, porque tiendan a decir todo lo que piensan, no identifiquen el tono de lenguaje adecuado o en algunos casos hablen como adultos, se les deberá dar oportunidades para que observen cómo hablan e interactúan sus iguales entre ellos y con ello practiquen estas situaciones. La visualización de vídeos de interacciones inadecuadas que haya tenido puede ser de utilidad.
  16. Enfoque lúdico: Para finalizar, hay que intentar que comprendan que aprender este tipo de estrategias para fomentar las habilidades sociales en adolescentes con TEA es algo divertido, y que iniciar una conversación no tiene que ser algo vergonzoso o aburrido. Se puede intentar plantearlo como un desafío y hacerlo de forma entretenida felicitándole por sus progresos.
Infografía sobre estrategias para mejorar las habilidades sociales en adolescentes con TEA.

El Rol Fundamental de los Adultos Referentes

Los adultos que acompañan a los adolescentes deben ser cercanos, deben estar disponibles, alguien a quien puedan pedir ayuda en cualquier momento, positivos con actitud abierta y accesible, convirtiéndose en un referente para ellos y ellas. Para muchos padres, establecer una relación respetuosa con sus hijos adolescentes puede parecer un desafío. La práctica de la escucha activa y la empatía son fundamentales. Por ejemplo, expertos en desarrollo adolescente recomiendan dedicar tiempo de calidad y mantener conversaciones significativas. Ganarse el respeto de los hijos adolescentes requiere paciencia, comprensión y el uso de herramientas efectivas de comunicación y crianza.

Modelar el respeto es clave: Los niños aprenden observando. El profesor debe facilitar el conocimiento y el análisis de las normas existentes en la escuela y en el grupo para que los alumnos puedan comprenderlas y respetarlas. El profesor deberá procurar modelar las actitudes que se pretende que los alumnos y alumnas aprendan en la escuela y facilitar el apoyo y el tiempo necesario para que estos puedan ensayar, probar e imitar.

El objetivo de este artículo es reflexionar sobre la mirada hacia los jóvenes, desde dónde y cómo los acompañamos.

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