Técnicas de Movilización y Cuidado para Adultos Mayores

Al involucrarnos en el cuidado de adultos mayores o dependientes, cada gesto cuenta, por pequeño que parezca. Aspectos tan cotidianos como el aseo diario, los cambios posturales en la cama o el traslado de una estancia a otra pueden entrañar riesgos para ambas partes si no se aplican las técnicas de movilización apropiadas. Conocer a fondo el estado físico y cognitivo de la persona, además de tener nociones en estas técnicas, nos ayudará a evitar lesiones y realizar esfuerzos innecesarios.

Para saber cómo tratar a una persona mayor y afrontar mejor la demencia, antes hemos de entender el porqué de algunos de sus comportamientos. Las rutinas, los objetos familiares o pequeños rituales son el ancla que les mantiene presentes en el día a día. Es común que repitan preguntas, acumulen objetos o insistan en usar siempre los mismos utensilios. Cuando esto sucede, es importante saber cómo minimizar estas conductas y recuperar el bienestar tanto del afectado como de quienes le cuidan.

Comprensión del Adulto Mayor y su Entorno

Identificación de Causas de Comportamientos Específicos

Intenta identificar la causa: entre las más comunes se encuentran el dolor, el cansancio, cambios de cuidador o residencia, confusión debido a déficits cognitivos o sensoriales, efectos secundarios de medicamentos o incomodidad física.

Fomento de la Autonomía y Distracción

Implícale en decisiones y tareas: fomenta pequeños cambios que recuperen su autonomía y distraigan de aquello que genera irritación o miedo.

Importancia del Orden y la Rutina

Mantener un orden es primordial para el cuidado de un adulto mayor. Las rutinas, los objetos familiares o pequeños rituales son el ancla que les mantiene presentes en el día a día. Es común que repitan preguntas, acumulen objetos o insistan en usar siempre los mismos utensilios.

Comunicación Efectiva con el Adulto Mayor

Para poder comunicarnos con las personas mayores debemos tener en consideración una serie de cuestiones. La comunicación debe ser especialmente calmada, clara y empática. No siempre es fácil comunicarse con las personas mayores. El mero hecho de envejecer hace que se deterioren nuestras capacidades tanto físicas como cognitivas y psicológicas, así como la forma en la que nos relacionamos con los demás.

Consideraciones Clave en la Comunicación

Hay que tener en cuenta que la pérdida de audición, problemas de visión o problemas de memoria pueden hacer que sea más difícil para ellos entender o recordar información. Más aún si la persona tiene alguna demencia o Alzheimer. Todas estas circunstancias influyen y deterioran la comunicación con personas mayores.

Técnicas Verbales y No Verbales

  • Técnicas verbales: comunícate de forma tranquila y serena, manteniendo un tono de voz bajo y pausado. Para comunicarnos con una persona mayor debemos ser ante todo muy pacientes y darle tiempo para que pueda expresar sus pensamientos. Habla con claridad y a un ritmo pausado. Utiliza un lenguaje claro y evita hablar demasiado rápido.
  • Uso del lenguaje corporal: mantén una postura relajada, movimientos suaves y contacto visual moderado. La comunicación no verbal juega un papel fundamental en la interacción con personas mayores, ya que nos ayuda a transmitir mensajes y emociones de manera efectiva, incluso cuando las habilidades lingüísticas pueden estar limitadas. Los gestos y expresiones pueden aclarar o enfatizar el significado de las palabras, especialmente si hay dificultades para entender el lenguaje verbal. La comunicación no verbal también puede ayudar a estimular la memoria. Utiliza el contacto visual. A la hora de hablar con la persona mayor, no olvides también mantener el contacto visual para así transmitir empatía y permitir una conexión emocional.

Estrategias de Interacción

  • Validación emocional: escucha con empatía lo que expresa, tanto verbal como no verbalmente.
  • Redirección positiva: redirige su atención hacia temas o recuerdos que le provoquen calma. Además, son una buena forma de prevenir los episodios de agresividad y de redirigirlos, cuando ocurren. Conversaciones sobre el presente y pasado, utilizando aspectos personales o sociales y temas de interés. Puedes valerte de diarios, libros, películas o de una caja de recuerdos personal.
  • Escucha activa: La escucha activa es una cuestión esencial en la comunicación con personas mayores.
  • Fomento de la participación: Anima a la persona mayor a participar activamente en la conversación.
  • Empatía y respeto: Sé empático y respetuoso.
  • Adaptación del lenguaje: Adapta el lenguaje y el estilo de comunicación. Ajusta tu lenguaje según la capacidad de comprensión de la persona.
  • Evitar la condescendencia: Evita ser condescendiente.
  • Estimulación de la memoria: Estimula la memoria. Propón temas que le guste.

Combatiendo la Soledad

Recuerda que uno de los principales problemas a los que se enfrentan las personas mayores es la soledad, y en parte podemos combatirla mediante la comunicación. Además, en nuestros Centros de Día y Residencias ofrecemos infinidad de posibilidades para que los mayores socialicen y puedan conversar con otros mayores mientras comparten actividades recreativas, algo que es muy importante, sobre todo si la persona vive sola o si el cuidador trabaja fuera de casa.

Técnicas de Movilización Segura

Las limitaciones motoras, funcionales o cognitivas se agravan con la edad y suponen un desafío diario para quienes se encuentran a cargo de estas personas dependientes. Las técnicas de movilización son la serie de tácticas empleadas para modificar la posición, mover de una superficie a otra (como, por ejemplo, de la cama a una silla de ruedas) o trasladar a una persona entre espacios. Estos métodos se aplican tanto a pacientes encamados, personas con movilidad reducida como a personas mayores y/o dependientes para que realicen con normalidad actividades cotidianas. Son fundamentales para garantizar un buen cuidado, por lo que exigen cierta formación, experiencia y dedicación por parte de quienes asumen los cuidados. Sólo a través del aprendizaje, se pueden garantizar unas movilizaciones seguras, imprescindibles para mejorar la calidad de vida de adultos mayores y sus cuidadores. Estos métodos, aplicados de forma segura, ayudan a mantener la salud física, psicológica y social de las personas mayores y/o dependientes.

Guía de consejos para los cuidadores de personas mayores (movilización)

Riesgos de Movilizaciones Incorrectas

Tanto el paciente como la persona cuidadora pueden sufrir serias consecuencias si las técnicas de movilización no se aplican correctamente. Para el adulto mayor, estos errores pueden desembocar en caídas, lesiones articulares, dolores musculares o, en los peores casos, fracturas (que pueden agravarse si padecen osteoporosis). En el caso de las personas cuidadoras, los riesgos más extendidos son las lesiones lumbares, sobrecargas musculares y dolencias en hombros y/o muñecas. En la realización de estos movimientos es habitual que los cuidadores sufran lesiones de espalda. Lesiones que requieren mucho tiempo de recuperación y los incapacitan para seguir desarrollando una función tan importante en el cuidado de personas mayores. El desgaste físico también puede jugar malas pasadas al provocar molestias o lesiones.

Consideraciones Previas para Movilizaciones Seguras

Los errores están garantizados si aplicamos técnicas de movilización a las personas bajo nuestro cuidado pero no tenemos en cuenta ciertas consideraciones previas. Para saber cómo mudar a un adulto mayor postrado en casa, parte por ordenar el entorno y dejar todo listo antes de actuar. Este enfoque se repite en varias guías porque evita dos problemas típicos: el malestar de la persona mayor (por tirones y fricción) y el sobreesfuerzo del cuidador. Además, en Safe Patient Handling and Mobility (NIOSH/CDC) se explica que el manejo seguro prioriza ayudas técnicas para bajar lesiones del cuidador durante movimientos y transferencias. La transferencia concentra la mayor parte del riesgo, así que no la trates como un paso más.

  • Conocimiento del estado físico: Tener conocimiento del estado físico, es decir, cómo es su fuerza muscular, movilidad articular, capacidad de resistencia, flexibilidad o el peso, permite adaptar con efectividad y seguridad las movilizaciones a cada persona.
  • Recursos imprescindibles: A su vez, existen recursos imprescindibles para el día a día de algunas personas: grúas, sábanas deslizantes o andadores.
  • Postura óptima y ergonomía: Adoptar una postura óptima para aplicar técnicas de movilización prevendrá de sobrecargas y lesiones evitables. La ergonomía, por su lado, ayuda a reducir el desgaste físico y la exposición a riesgos, pues se basa en la adaptación de los espacios y circunstancias a las personas cuidadoras, y no al revés. Aprender a cuidar es aprender a moverse. Evitar giros de espalda cuando se está cargando con el peso del paciente.
  • Comunicación respetuosa y escucha activa: Una comunicación respetuosa y clara es también una parte inherente de las movilizaciones. Por otro lado, la escucha activa también nos allana el terreno.
  • Planificación y preparación: conviene pensar la muda como un proceso corto, pero planificado: preparas, mueves con control, haces el cuidado, y cierras. Prepara lo que usarás, como sabanilla, pañal si corresponde, toallas, bolsa de desecho, muda, crema si la indican, y uno o dos cojines.
  • Comunicación con el paciente: Dile qué viene y cómo lo harás. Después, acuerda una señal simple para pausar si aparece dolor. Así mejoras la coordinación y evitas apuros.
  • Higiene del cuidador: La OMS plantea lavarse en momentos concretos.

Técnicas Específicas de Movilización

Tras tener una visión más clara de las condiciones y necesidades de la persona a cuidar, podemos conocer una serie de técnicas de movilización que pueden hacer más llevadero y sencillo el día a día. A través de ellas, podremos realizar cambios posturales, traslados entre estancias o incorporaciones de forma segura.

Movilización Lateral en Cama (dos personas)

Las técnicas de movilización en cama son un clásico para evitar complicaciones por inmovilidad prolongada en pacientes encamados.

  1. Prepara la sábana y a la persona: Coloca una sábana doblada por la mitad (o una sábana deslizante, especial para las transferencias) bajo la persona, desde los hombros hasta los muslos. Asegúrate de ambos extremos sobresalgan por los lados. La persona a movilizar debe situarse bocarriba, con los brazos a ambos lados o cruzados sobre el pecho.
  2. Adopta una posición correcta: Lo ideal es que dos cuidadores (siempre que sea posible) se sitúen a cada borde de la cama, con la espalda recta y las rodillas ligeramente flexionadas. Acto seguido, deberemos agarrar los extremos de la sábana lo más cerca posible de la persona, manteniendo el contacto visual con ellos.
  3. Realiza la técnica: Al unísono, se desliza con suavidad a la persona en su nueva posición (como, por ejemplo, hacia un lateral), evitando en todo momento levantar el cuerpo, sin tirones ni giros bruscos. Valora las capacidades y explica el movimiento. Evalúa si la persona puede colaborar (por ejemplo, si es capaz de apoyar los pies o agarrarse a algo). Explica con tranquilidad el proceso y asegúrate de que entiende y puede participar. Así, reducirás su ansiedad y mejora la cooperación.

Movilización Lateral en Cama (una persona)

  1. Preparación previa: Explica la técnica que vas a aplicar y asegúrate de que la cama se encuentra a la altura adecuada para evitar malestar físico. Después, retira cualquier objeto que pueda convertirse en un obstáculo. Si la persona puede, pídele que colabore doblando las piernas ligeramente.
  2. Posición de seguridad: Desde un lateral de la cama, coloca el brazo más cercano del paciente cruzado sobre su pecho y la pierna opuesta flexionada, sobre la otra. Colócate a la altura de su tronco, con una mano en el hombro y otra sobre la cadera o rodilla. Asegúrate de estar sobre un apoyo firme, con los pies separados a la altura de los hombros y las rodillas semiflexionadas.
  3. Realiza la movilización lateral: Con suavidad y control, gira al paciente hacia ti, ayudándote del empuje sobre su hombro y pierna.

Incorporación o Levantamiento en Cama

Existen muchas formas de sentar o levantar al paciente en la cama, dependiendo de su nivel de autonomía. La movilidad del paciente en enfermería es un factor clave a considerar en estos casos.

Traslado de la Cama a la Silla

  1. Preparación y posturas: Sitúa una silla junto a la cama, con los frenos activados si es de ruedas. Ayuda a la persona a sentarse en el lateral. Si lo ves necesario, coloca una sábana deslizante o gira suavemente desde posición supina hasta que esté sentada con los pies apoyados. Dale unos segundos hasta que se estabilice y asegúrate de que no sufra mareo por la postura.
  2. Adopta una posición segura: Colócate frente al paciente, con una pierna adelantada y con la espalda recta. Si dispones de ello, utiliza el cinturón de movilización o pide a la persona que se apoye en tus antebrazos (nunca en hombros o cuello). La persona deberá inclinar ligeramente el tronco hacia adelante y empujar con sus piernas mientras tú guías el movimiento.
  3. Transfiere a la silla: Contad del 1 al 3 para que sea más fácil guiar, y ayuda a que se levante con un movimiento suave y controlado. Gira lentamente hacia la silla, y bájale con cuidado, flexionando las rodillas. Asegúrate de que está bien apoyado y cómodo. Si va a permanecer sentado mucho tiempo, puedes proporcionarle un cojín antiescaras.
Foto de una persona mayor siendo trasladada de la cama a la silla de ruedas con ayuda de un cuidador.

Tipos de Movilización

A la hora de hacer movilizaciones, también debemos diferenciar entre su carácter activo o pasivo.

  • Movilizaciones activas: Los métodos activos se dan cuando la persona mayor es capaz de participar en el movimiento de forma total o parcial.
  • Movilizaciones pasivas: Las técnicas de movilización pasivas entran en juego cuando la persona no puede colaborar por sus propios medios, ya sea por debilidad, dolores crónicos, poca movilidad, discapacidad o deterioro cognitivo.

Errores Comunes a Evitar

Subestimar la seguridad en algunas técnicas de movilización que, aunque a priori puedan parecer sencillas, puede poner en riesgo el bienestar de la persona mayor y su cuidador. El refranero no da puntada sin hilo y «más vale maña que fuerza» es el recordatorio ideal para estos casos donde, sin quererlo, podemos pecar de un exceso de fuerza o movimientos bruscos. Si hacemos más fuerza de la necesaria, es doloroso para la persona, podemos infundirle miedo y, además, en el peor caso, podríamos provocar una lesión evitable por completo. Otro de los errores que más se repite es la aplicación de las mismas técnicas de movilización para cualquier situación que se plantee, desoyendo las necesidades y capacidades reales de la persona. Quitar peso o ignorar los gestos o expresiones de dolor durante una movilización puede acarrear consecuencias físicas y emocionales. En algunos casos, las personas no siempre pueden expresarse verbalmente, sino que emiten gestos de tensión, muecas o resistencia al movimiento.

Herramientas y Apoyos Técnicos

Equipamiento Especializado

Existe un amplio despliegue de ayudas técnicas, entre las que encontramos grúas, sábanas deslizantes, cinturones de transferencia o sillas de ruedas, grandes aliados de los traslados y de minimizar el esfuerzo físico de las personas cuidadoras. Un mal uso de estas herramientas en mitad de las técnicas de movilización puede ser tan peligroso como prescindir de sus ventajas. Si por tus propios medios se te hace muy cuesta arriba hacer movilizaciones seguras, es posible que sea el momento de buscar apoyo técnico. Entre los dispositivos más útiles destacan grúas de traslado, sábanas deslizantes, los cinturones de transferencia y las barras de apoyo. Cada uno de estos elementos están pensados para reducir el esfuerzo físico de los cuidadores y prevenir accidentes.

Si has decidido que necesitas equipamiento especializado para la ejecución de las movilizaciones, asesórate con un profesional de la salud o un terapeuta ocupacional antes de comprarlo. Desconocemos el estado del paciente, pero si la persona a la que cuidas tiene movilidad reducida, es muy importante que cuentes con los medios necesarios para hacer las movilizaciones (una grúa, por ejemplo). Debes hablar con tu empresa o empleador para comentarle el estado de movilidad del paciente y, en caso necesario, pongan a tu disposición los medios técnicos para hacer movilizaciones de manera segura para ambas partes.

Formación Especializada

Por otro lado, no descartes recibir formación especializada en movilizaciones y transferencias. Existen cursos destinados a este propósito que te ayudarán a minimizar los riesgos para tu salud. Cursos que mejorarán tu cualificación como profesional y que te proporcionarán una formación complementaria a los diplomas en cuidados auxiliares de enfermería, siendo un recurso de gran utilidad para la práctica clínica diaria. Recibir formación específica sobre métodos de movilización y transferencias es la base en la que se asienta el bienestar de las partes implicadas, independientemente de si la persona dedica su vida profesional a los cuidados como si no.

Servicios de Teleasistencia

Además del uso de ayudas físicas, muchas personas mayores que conviven a diario entre movilizaciones cuentan con un servicio de teleasistencia al que alertar en caso de emergencia.

Cuidados Diarios para el Adulto Mayor

Los cuidados para los adultos mayores son muy importantes para su desarrollo cotidiano.

Higiene Personal

Una buena higiene en personas de edad avanzada es clave para la prevención de enfermedades y estimular hábitos de un estilo de vida saludable. Hay que seguir una rutina para asear correctamente todas estas partes del cuerpo: piel, zona genital y anal, cabello, dientes y boca, uñas y orejas. Por su edad, es probable que un adulto mayor haya perdido o esté perdiendo habilidades motoras y de coordinación, como olvidar la manera de vestirse y desvestirse.

Alimentación Equilibrada

La mayoría de las personas come menos a medida que la edad avanza. Por esta razón, es necesario que los adultos mayores tengan una alimentación equilibrada que aporten macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y grasas), micronutrientes (vitaminas, minerales y antioxidantes) y fibra. En caso de que la persona bajo su cuidado tenga problemas de masticación y deglución, puede preparar alimentos como papillas o purés.

Actividad Física y Movilidad

La pérdida de fuerza y masa muscular, la reducción de la flexibilidad y los problemas de equilibrio pueden dificultar la movilidad de un adulto mayor. "Hay que evitar el sedentarismo porque aumenta las complicaciones de enfermedades.

Estimulación Cognitiva

Muy a menudo, las capacidades cognitivas de las personas de edad avanzada se deterioran de forma progresiva, especialmente la memoria, la percepción y la atención. Actividades domésticas cotidianas relacionadas con la cocina, la repostería, la jardinería o las manualidades. Combínalo con actividades recreativas adaptadas a las capacidades actuales de tu familiar.

Entorno Seguro y Socialización

Las personas de la tercera edad necesitan vivir en un ambiente tranquilo, sin sobresaltos ni preocupaciones para evitar malos episodios que afecten su salud. También es importante promover la socialización y la integración del adulto mayor. Las caídas son la principal causa de hospitalización y de muertes relacionadas con traumatismos en las personas mayores.

Gestión de Medicamentos y Monitoreo de Salud

Generalmente, los adultos mayores padecen más de una enfermedad (hipertensión arterial, diabetes, afecciones cardiovasculares o artritis), por este motivo se ven obligados a múltiples tratamientos y requieren tomar medicamentos. Lleve un control diario de los medicamentos, use calendarios y ponga etiquetas en los frascos donde almacena los fármacos. Adicionalmente, realice un monitoreo de la salud de su familiar y si presenta síntomas de alguna enfermedad, busque la ayuda de un especialista.

Prevención de Úlceras por Presión y Caídas

El cuidado de la piel es muy importante en este sentido, pues muchas personas mayores o dependientes que precisan de movilizaciones en su día a día corren riesgo de sufrir úlceras por presión, por lo que es imprescindible evitar el uso de ropa ajustada y las arrugas en la ropa de cama. Llevar el calzado adecuado también es clave para evitar caídas en los adultos mayores. A la hora de escogerlo, debe ajustarse bien al pie, que tenga suelas antideslizantes y que ofrezcan un buen soporte. El mayor debe sentirse seguro en todo momento.

Bienestar del Cuidador

Pero, sobre todo, debes cuidar tu bienestar personal y emocional. Cuidar de otra persona es un acto que requiere dedicación, empatía y paciencia, pero también implica un gran desgaste de energía. Soportar un desgaste físico continuado forma parte del cuidado de una persona dependiente, y los cuidadores tienen un riesgo mayor de sobrecargar su cuerpo. Para reducir esta presión, es necesario hacer ejercicios donde fortalecer la espalda, hombros y piernas, además de mejorar la postura. Realizar técnicas de movilización a diario aumentan el riesgo de sufrir una lesión, sobre todo en áreas forzadas por estos movimientos, como espalda, hombros o muñecas. Los cuidados, en muchas ocasiones, son muy solitarios. Según el VI Barómetro sobre el Autocuidado, el 32% de la población española se encarga en su totalidad del cuidado de un adulto mayor.

Síndrome del Cuidador Quemado

Este trastorno se manifiesta cuando al cuidar de una persona enferma o dependiente, se experimenta un estado de estrés continuado. Muchas personas cuidadoras anteponen el bienestar de la persona dependiente al suyo propio, lo que puede derivar en trastornos de ansiedad o depresión.

Estrategias de Autocuidado

Si sientes dolor, te recomendamos acudir a tu médico o a un fisioterapeuta que te pueda ayudar. Del mismo modo, es recomendable que acudas a tu médico para que te realice las revisiones necesarias si tus dolores persisten. Efectivamente, en caso de que tengas que movilizar a varias personas, es muy importante realizar ejercicio físico para fortalecer esa musculatura, especialmente de los brazos. Asegúrate de mantener una buena alimentación, con suficiente ingesta proteica, para poder fortalecer el músculo de forma más eficaz.

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