Fomentando la Independencia en el Adulto Mayor

Uno de los grandes retos en el cuidado del adulto mayor es encontrar el equilibrio entre permitirle mantener su autonomía y proteger su integridad física, emocional y cognitiva. A veces, por querer evitar accidentes, se termina sobreprotegiendo, lo cual puede generar dependencia, frustración y pérdida de habilidades. Una atención excesivamente asistencial puede ser tan perjudicial como una negligente. El objetivo no es hacer todo por ellos, sino ayudarles a seguir haciendo lo que todavía pueden, con seguridad.

Persona mayor realizando actividades cotidianas con apoyo

¿Por qué es Crucial Fomentar la Autonomía?

La autonomía en la vejez no solo mejora la autoestima del adulto mayor, también favorece su salud mental, previene el deterioro funcional y reduce el riesgo de depresión. La persona se siente útil, capaz y respetada. Las personas mayores que mantienen su autonomía suelen experimentar una mejor calidad de vida, mayor confianza y satisfacción. La autonomía y la autoestima son dos aspectos fundamentales para el bienestar de las personas mayores. La autonomía se refiere a la capacidad de tomar decisiones y realizar actividades por uno mismo, sin depender de otras personas. La autoestima se refiere al valor que uno se da a sí mismo, a su imagen y a su identidad.

Incluso en casos de enfermedades como demencia o Alzheimer, es posible mantener cierta independencia con ajustes adecuados y acompañamiento. Sin embargo, con el paso de los años, la autonomía y la autoestima pueden verse afectadas por diversos factores, como el deterioro físico o cognitivo, la pérdida de roles sociales o familiares, la soledad, el aislamiento, la dependencia, el maltrato o la discriminación. Por eso, es importante fomentar la autonomía y la autoestima de las personas mayores, tanto desde el ámbito familiar como desde el profesional.

Autonomía en el adulto mayor

Estrategias Clave para Promover la Independencia

Evaluación Integral y Adaptación del Entorno

La base para cualquier decisión es una evaluación geriátrica integral. Esta permite conocer las capacidades físicas, mentales, emocionales y sociales del paciente, y adaptar los cuidados a su realidad.

Adaptaciones en el hogar: Pequeños cambios pueden hacer una gran diferencia en la seguridad y movilidad del adulto mayor:

  • Barras de apoyo en el baño
  • Iluminación adecuada
  • Alfombras antideslizantes
  • Sillas con apoyabrazos
  • Eliminar obstáculos en los pasillos
Ejemplos de adaptaciones en el hogar para personas mayores

Estimulación Cognitiva y Actividad Significativa

Fomentar actividades significativas: Es importante involucrar al adulto mayor en tareas que pueda realizar según su capacidad: tender su cama, regar plantas, ordenar cosas, cocinar (si es seguro), o incluso manejar su propio calendario de medicinas con supervisión. Mantener una rutina diaria y realizar tareas sencillas, como preparar el desayuno o cuidar de una planta, les da una sensación de control y propósito. Las tareas deben adaptarse a sus capacidades, promoviendo su participación sin que lleguen a sentirse sobrecargados.

Rutinas claras y consistentes: Brindan seguridad emocional y evitan confusión, especialmente en adultos mayores con deterioro cognitivo.

Tecnología como aliada: Dispositivos como relojes con GPS, sensores de movimiento, recordatorios automáticos de medicamentos o asistentes de voz pueden aumentar la seguridad sin restringir la independencia.

Incluir al paciente en las decisiones: Escuchar su opinión, respetar sus gustos y hacerle parte del proceso mejora el vínculo y promueve una actitud activa hacia su propia vida. Lo ideal es que, mientras mantengan una capacidad cognitiva adecuada, continúen siendo ellos quienes tomen todas sus decisiones (económicas, familiares, de trabajo, viajes, etc.).

Promoción de un Estilo de Vida Saludable

Mantenerse físicamente activo es clave para la independencia. Incorporar actividades como caminar, ejercicios de equilibrio y movimientos de fortalecimiento muscular ayuda a mejorar la movilidad y reduce el riesgo de caídas. Fomentar el ejercicio regular ayuda a mantener la fuerza, el equilibrio y la flexibilidad, componentes clave de una vida independiente. Anime a los mayores a encontrar una actividad que les guste, ya sea pasear a diario, hacer yoga o incluso trabajar en el jardín. Apuntarse a una clase es una buena manera de aprender las formas adecuadas para evitar lesiones, socializar y convertir el ejercicio en un hábito.

Garantizar una dieta adecuada: Una nutrición adecuada asegura que los adultos mayores tengan la salud y el vigor necesarios para realizar sus actividades cotidianas de forma independiente, además de reducir el riesgo de padecer enfermedades relacionadas con la edad, como diabetes, cardiopatías y osteoporosis. Ayude a sus seres queridos a planificar comidas equilibradas centradas en los nutrientes que más necesitan.

Se deben estimular los deportes semi competitivos para que, en esas primeras etapas de la vida, se tenga un estado físico competente. Está claramente demostrado que los individuos que mantienen un estilo de vida saludable y practican deportes, atrasan considerablemente su tiempo de discapacidad. En consecuencia, los deportistas son funcionalmente activos por ocho años más que los que no hacen ejercicio ni practican un estilo de vida saludable. Todos los seres humanos deben ser guiados desde la infancia a comer sano y a mantener el peso correspondiente a su edad y talla. También es clave mantener hábitos saludables, ya que, cuando se es adulto, las malas prácticas son muy difíciles de erradicar. Los adultos mayores no debieran tomar más de una copa de vino (100 cc.), una cerveza o un vaso de licor fuerte al día, aunque el geriatra señala que, si beben, lo mejor es que el énfasis sea en el vino.

Personas mayores realizando ejercicios adaptados

Fomento de Conexiones Sociales y Propósito Vital

Fomentar las conexiones sociales: El aislamiento social puede conducir a la soledad e influir negativamente en la salud mental, sobre todo en las personas mayores. Puede ayudar animando a sus seres queridos a participar en actos comunitarios, clubes u oportunidades de voluntariado. Las opciones virtuales, como las videollamadas, también pueden ser una buena forma de mantenerse en contacto. Una simple llamada telefónica o una cita semanal para tomar un café con un amigo pueden contribuir significativamente a su bienestar general y motivarles para mantener su independencia.

Esto se refiere a que los individuos se deben poner propósitos y metas de acuerdo a sus capacidades y a su edad. Por ejemplo, las personas de 60 años se pueden poner un propósito a 20 años plazo, mientras que alguien cercano a los 80, uno de 4 a 5 años plazo. Estos propósitos pueden ser de todo tipo. Mientras los propósitos vitales deben ser permanentes, las metas pueden ser múltiples e ir cambiando. Es muy significativo que el adulto mayor salga de sí mismo y piense en los otros, o comparta con los demás. Por esta razón, es fundamental que cultive sus redes sociales y la relación con su familia. Los adultos mayores deben tener contacto con sus hijos, saber en qué están, qué les está sucediendo, cómo están sus nietos y también deben mantener a sus amigos. Para esto es muy positivo que pertenezcan a un club de bridge, de automóviles, de tenis, etc. Actividades como viajar son muy positivas, ya que requieren de un propósito vital y de una meta. El adulto mayor debe hacer un trabajo previo en el cual planifica el viaje, toma decisiones, consulta agencias de viajes, elige hoteles, etc. Con esto comienza, previamente, a gozar del viaje.

Grupo de personas mayores socializando en un parque

Soluciones de Transporte y Acceso a Apoyos

Buscar soluciones de transporte: Para muchas personas, mantener la independencia depende a menudo de la capacidad de desplazarse libremente. Si su ser querido ya no conduce, explore opciones de transporte local asequibles que satisfagan sus necesidades. Al garantizar un transporte fiable, puede ayudar a las personas mayores a acudir a citas médicas y eventos sociales o a hacer recados diarios sin depender de otras personas. Algunos ejemplos de servicios locales pueden incluir programas de transporte a la demanda o servicios comunitarios.

No debemos subestimar el valor del apoyo personalizado en la búsqueda de mantener nuestra independencia durante la vejez. Contar con un equipo de atención médica calificado y confiable puede ser fundamental para asegurar nuestro bienestar a medida que envejecemos. Estos profesionales pueden brindarnos orientación y apoyo en aspectos relacionados con la salud, ayudándonos a manejar cualquier condición médica o necesidad específica que podamos tener.

Además de la atención médica, también podemos beneficiarnos del apoyo emocional y social. Mantener relaciones significativas y participar en actividades sociales puede mejorar nuestra calidad de vida y promover un sentido de conexión con los demás. Participar en grupos de la comunidad, practicar hobbies, o incluso utilizar plataformas en línea pueden ser formas efectivas de establecer y mantener una red de apoyo.

La importancia de mantener una red de apoyo sólida durante la vejez radica en el impacto positivo que tiene en nuestra salud mental y emocional. El sentimiento de pertenencia a un grupo social y el apoyo emocional que recibimos de nuestros seres queridos y amigos pueden contribuir significativamente a nuestra felicidad y bienestar general. Es crucial cultivar estas relaciones a lo largo de los años para garantizar un envejecimiento saludable y satisfactorio.

El Rol Fundamental de la Familia y el Cuidador

La familia y el cuidador principal tienen un rol crucial. Muchas veces actúan con amor, pero desde el miedo. Por eso, educarles es parte fundamental de cada consulta médica de un adulto mayor. Saber cuándo ayudar, cuándo observar y cuándo intervenir, hace la diferencia entre dependencia y empoderamiento. Promover la autonomía del anciano no es dejarle solo, sino acompañarle con respeto, confianza y herramientas que le permitan vivir con dignidad. La independencia en la vejez es esencial para la autoestima y el bienestar.

Los mayores de 80 años no deben vivir solos. O tienen a alguien que los cuide o es mejor que se vayan a vivir con algún familiar. Esta decisión depende, en gran medida, de la cultura del adulto mayor.

La Interdependencia como Marco de la Autonomía

A fin de comprender adecuadamente la independencia de las personas, también en la vejez, es fundamental enmarcarla en la interdependencia constitutiva del ser humano. El hecho de que los seres humanos sean intrínsecamente sociales significa que siempre son interdependientes. Sus independencias parciales se engarzan con dependencias parciales que, amparadas convenientemente, hacen posibles a las primeras. Esas dependencias parciales se resuelven positivamente si se abocan a la recepción de apoyos pertinentes de quienes tienen independencias. Las dependencias que existen claman para ser acogidas en la solidaridad, frente al acomplejamiento ante la necesidad de recibir o, de nuevo, ante la soberbia de quien no quiere deber nada a nadie.

La interdependencia permite observar que las dependencias reales no deben ser atribuidas meramente a deficiencias funcionales que las personas podrían experimentar a la hora de realizar acciones necesarias y valiosas. En una sociedad inclusiva, que se expresa a través de la accesibilidad universal, la no discriminación, la distribución de los recursos orientada a garantizar la igualdad de oportunidades y la oferta de apoyos ante las limitaciones, entre otros elementos, la dependencia que podría ligarse a la deficiencia funcional se reduce drásticamente, mientras que aumenta crudamente en las sociedades excluyentes. Por eso, acoger la condición de dependencia de las personas supone crear sociedades inclusivas ante los déficits de capacidad funcional.

Se considera no tanto la dimensión estructural, sino la dimensión intersubjetiva de la problemática que se está abordando. Este es el esquema básico para poner en práctica éticamente la interdependencia con personas cuyo nivel de dependencia es significativo. Siempre que esa atención se expresa como una relación moral, esto es, de acuerdo no solo con los principios citados sino también con las virtudes de la comunicación intersubjetiva -tan relevantes en el día a día de las relaciones de apoyo y cuidado-, el dar se abre intrínsecamente al recibir, y del recibir emana espontáneamente un dar. En este punto se hace referencia, no tanto a los bienes de intercambio sujetos a un acuerdo o un contrato, que tienen su necesario lugar, sino a los bienes inmateriales no sujetos a acuerdo ni a cálculo.

En la muy diversa y variable situación de las personas mayores en lo que se refiere a sus dependencias e independencias se revela en toda su complejidad, y como en ninguna otra etapa de la vida, la condición general de interdependencia compleja y abarcadora de la vida entera de todos. La consecuencia más básica de enmarcar en este contexto el acercamiento a las personas mayores es que queda sin base toda percepción de estas personas como seres sin valor, que constituyen una carga social, pues tal juicio supone concebir la dependencia de forma indebida, unilateral y parcializada, en la medida en que la dependencia es desgajada de su contexto natural de interdependencia. Este enfoque de la interdependencia permite, además, hacer una lectura estructural de las realidades, los modos y las intensidades de las dependencias en la vejez, que son en gran medida atribuibles a los mecanismos de las sociedades que excluyen a las personas mayores, en unas ocasiones no permitiéndoles la expansión de las capacidades relativas a la autonomía y la independencia que ellas conservan, y, en otras, acrecentando las situaciones de dependencia que van apareciendo. Si se considera la dimensión intersubjetiva propia de las relaciones personales y familiares, y de las relaciones entre comunidades sociales cercanas, se descubre que el enfoque de la interdependencia aplicado a la vejez permite interpretar los criterios éticos antes citados con relación a la atención de las personas dependientes en general en el marco de la atención de las personas mayores con dependencias significativas, y aplicar más ajustadamente dichos criterios a la atención de estas personas. No se trata de apoyar todo lo posible la autonomía individual de las personas mayores para, con frecuencia, reducir el campo de su ejercicio a la “actividad del entretenimiento”, aunque esta deba estar incluida.

La interdependencia, sobre todo en la vejez, pone de relieve la importancia de la referencia a la biografía personal. En esta, al mismo tiempo en que se define y se plasma la identidad personal, se manifiesta de forma precisa cómo la condición universal de interdependencia se ha ido concretando de modo único en cada persona, y cómo el dar desde la suficiencia relativa y el recibir desde la insuficiencia relativa se han ido mezclando y trabando inextricablemente en la vida de cada persona. En la biografía aparecen también las sombras de las vidas relativas a la falta de solidaridad que se ha sufrido y a aquella que se ha ejercido. Es el lado oscuro de lo que también supone la interdependencia, ahora en su faceta negativa. Hay una memoria que clama justicia por el sufrimiento injusto que se ha recibido y otra que, afrontando el sufrimiento que se ha causado, invita al arrepentimiento honesto que construye, en favor propio y de los demás. La vejez es la etapa en que la biografía que se refiere al pasado domina sobre aquella que está aún por construirse. Esa dinámica que supone la asunción biográfica de lo que uno es no debe truncarse por una atención a la situación de dependencia en la vejez que corte dicha dinámica por el hecho de ignorarla totalmente.

Perspectivas de Expertos sobre Autonomía e Interdependencia

Elizabeth Lewis se refirió a cómo apoyar la satisfacción de las necesidades básicas de las personas mayores en las áreas de competencia relacionadas con el entorno, las relaciones sociales y la autonomía necesaria para controlar sus vidas, con el fin de favorecer su desarrollo y su bienestar. Hizo hincapié en que la autonomía nunca es completa durante el curso de vida, y en que en la vejez hay que promover aquellos momentos en que las personas mayores pueden tomar sus propias decisiones, brindándoles acceso a dispositivos de apoyo que permitan fortalecer sus conocimientos y sus capacidades cuando lo requieran. Afirmó que las personas de edad deben recibir información oportuna, adecuada y comprensible sobre todos los aspectos que les competen en su vida cotidiana, y añadió que es preciso lograr un equilibrio habilitador a fin de brindarles un soporte respetuoso que les permita expresar sus pensamientos y sentimientos, en vez de anularlos.

Por su parte, Verónica Montes de Oca se refirió a la importancia del aporte que los académicos hacen a la definición de los conceptos de autonomía e independencia de las personas mayores. Llamó a no englobar a las personas mayores en una categoría homogénea, y a rescatar la diversidad que existe en este grupo social y en el envejecimiento como proceso. Señaló que la discriminación por edad y las desventajas acumuladas por género, clase social y etnia se manifiestan a través de las representaciones y las percepciones sociales que se tienen de las personas mayores y de la vejez, y que ellas impactan de manera directa en el bienestar y la calidad de vida de estas personas, determinando asuntos como el apoyo y los cuidados que reciben de la comunidad. Esto significa que es necesario reorientar las percepciones sociales actuales, y trabajar sobre las narrativas que descalifican a las personas mayores, que conducen al aislamiento y a la pérdida de autonomía. También destacó que es preciso promover el papel de las universidades y de la educación.

A partir de las ideas compartidas por las expertas, los participantes manifestaron distintas preocupaciones acerca de la cuestión de la autonomía de las personas mayores. Una de ellas se refirió a la definición del enfoque más adecuado para respetarla, a pesar de las limitaciones que afectan a la capacidad funcional con el paso del tiempo. Se presentaron dos perspectivas. Una de ellas se basa en la curatela, aún vigente en varios países de la región, y la otra se funda en la provisión de apoyo para la toma de decisiones. Se hizo énfasis en que el segundo enfoque es el más apropiado para las personas mayores, porque la dependencia física no necesariamente conlleva una pérdida de la capacidad para tomar decisiones.

Planificación a Futuro para una Independencia Duradera

Una parte importante de mantener la independencia en la vejez es la planificación a futuro. Esto implica tomar decisiones anticipadas y poner en marcha mecanismos para garantizar que nuestras necesidades y deseos sean respetados. Por ejemplo, podemos establecer un poder notarial para la atención médica o establecer un plan de cuidados a largo plazo en caso de que sea necesario.

Además de la planificación legal y médica, también es importante considerar nuestras opciones de vivienda a medida que envejecemos. Explorar opciones como viviendas asistidas o comunidades de jubilación puede brindarnos un entorno seguro y de apoyo que se ajuste a nuestras necesidades. Planificar con anticipación nos permite tomar decisiones informadas y garantizar que nuestra independencia sea preservada en el futuro. En conclusión, mantener la independencia en la vejez es una meta alcanzable mediante diferentes estrategias y adaptaciones. Desde realizar modificaciones en el hogar hasta buscar apoyo personalizado, cada paso que tomemos contribuye a asegurar una vida autónoma y satisfactoria.

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