La Percepción de la Vejez: Una Reflexión Histórica y Personal

A lo largo de la historia y en diversas culturas, la vejez ha sido un tema de constante reflexión, a menudo teñido de temor y ambivalencia. Este ensayo explora las distintas concepciones de la vejez, desde las antiguas civilizaciones hasta la visión contemporánea, entrelazándolas con la experiencia personal de un individuo que vive con una enfermedad mental.

La Vejez a Través de las Eras: Un Recorrido Histórico

La vejez, más allá de ser un simple paso del tiempo, representa un fenómeno biológico con profundas consecuencias físicas y psicológicas, que reconfigura la relación del individuo con su entorno. Sin embargo, la definición de "viejo" o "vejez" no es universal; depende de múltiples factores culturales e individuales.

Visiones Antiguas y Clásicas

El poeta egipcio Ptahhotep, alrededor del 2500 a.C., dejó el que se considera el primer texto occidental que aborda la vejez, describiéndola como una serie de pérdidas: de salud, fuerza, inteligencia, memoria y destreza. Para él, "¡Qué penoso es el fin de un anciano! Se debilita día a día; su vista disminuye, y sus oídos se vuelven sordos; sus fuerzas declinan; su corazón ya no conoce descanso; su boca se vuelve silenciosa y no habla."

En las sociedades agrícolas y nómadas con recursos limitados, los ancianos eran a menudo vistos como una carga, llegando incluso a ser sacrificados. La mitología de Sumer y Acad presenta la vejez como un conflicto generacional, donde los dioses envejecidos se tornan malos y perversos. La vejez también fue considerada una enfermedad mortal, impulsando la búsqueda de remedios para erradicar sus síntomas, como la calvicie, la sordera o las arrugas.

Entre los judíos, el privilegio divino inicial hacia los ancianos evolucionó hacia un respeto por la tradición, encarnado en los escritos de la Torá. En la Grecia clásica, la vejez era un tema conflictivo. Platón, en la República, afirmó: "Los más viejos deben ordenar, los jóvenes obedecer" y "Aquel que nada tiene que reprocharse abriga siempre una dulce esperanza en la vejez." Sin embargo, la creación de leyes para proteger a los ancianos y el establecimiento de los primeros centros de cuidado evidencian una falta de consideración, especialmente por parte de los jóvenes ambiciosos.

Esquema cronológico de las diferentes visiones de la vejez en distintas culturas

La situación en el Imperio Romano fue similar: inicialmente se les dedicó atención y respeto, pero más tarde los jóvenes criticaron el abuso de poder de algunos ancianos, buscando derrocarlos. La llegada del cristianismo incluso instó, en cierto modo, a abandonar y desobedecer a los mayores. Durante la Edad Media, los ancianos no formaban un grupo específico, sino que se incluían en el grupo de los desvalidos, dependiendo de la solidaridad familiar para su subsistencia.

Perspectivas Orientales: Respeto y Sabiduría

En contraste, las sociedades orientales han mostrado tradicionalmente una mayor reverencia por la vejez. En la India, las opiniones y la aprobación de los ancianos son indispensables; los hindúes suelen arrodillarse ante ellos y tocar sus pies en señal de respeto. En China, desde los tiempos de Confucio, la vejez fue considerada la etapa suprema de la vida, un período de máxima acumulación de sabiduría.

El filósofo chino Zhuangzi (siglo IV a.C.) expresó: "Fatigados del mundo después de mil años de vida, los hombres superiores se elevan a la categoría de genios." No obstante, aclaró que "La vejez que no tiene más primacía que la del tiempo, no es verdadera primacía," sugiriendo que la sabiduría no es un mero subproducto del envejecimiento cronológico.

En las sociedades que buscan evolucionar, donde la fuerza y la juventud priman, la vejez puede ser vista como un estorbo. Sin embargo, en culturas donde la supervivencia, la tradición y la experiencia son fundamentales, como la China de Confucio o el África subsahariana, los ancianos son venerados como símbolos de conocimiento y, en este último caso, como nexo con los dioses.

Mapa mundial destacando regiones con distintas actitudes culturales hacia los ancianos

La Vejez en la Sociedad Moderna y la Experiencia Individual

En Occidente, y específicamente en España, la vejez se define burocráticamente a partir de los sesenta y cinco años, coincidiendo con la edad de jubilación. Actualmente, este grupo constituye el 18,7% de la población. Sin embargo, surge la pregunta: ¿son realmente viejos o solo están envejeciendo?

Simone de Beauvoir, en su ensayo "La vejez", explica que "la sociedad asigna al anciano su lugar y su papel teniendo en cuenta su idiosincrasia individual, su impotencia, su experiencia; recíprocamente, el individuo está condicionado por la actitud práctica e ideológica de la sociedad para con él."

Impacto de la Clase Social y la Salud

La lucha de clases también determina la experiencia de la vejez; un abismo separa al "viejo esclavo del viejo eupátrida, a un viejo obrero con una pensión de un Onassis." Por ello, la vejez ha sido vista con mucho más rechazo desde las clases desfavorecidas, carentes de recursos internos y externos para vivir bien.

Hasta el siglo XIX, la longevidad era un privilegio casi exclusivo de las clases altas, especialmente para los hombres. Los "viejos pobres" solían ser marginados, terminando en la calle o en hospitales, con condiciones de salud que exacerbaban su sufrimiento.

Arquetipos de la Vejez: Sabio y Loco

Simone de Beauvoir propone dos imágenes arquetípicas del anciano: el sabio y el loco. El anciano honorable, como Gandalf o Yoda, se asocia con el rico que reflexiona cómodamente. En contraste, la imagen del "viejo loco que chochea, aislado y solitario," a menudo utilizada en comedias, se relaciona con el anciano pobre, denigrado y marginado.

A pesar de que hoy en día muchas personas alcanzan los sesenta y cinco años en plenitud de condiciones físicas y psíquicas, y siguen siendo útiles para el sistema (cuidando hijos y nietos, viajando, consumiendo), la vejez sigue siendo temida. Sin embargo, este temor se dirige más al proceso de envejecimiento, a la fragilidad física y mental, que a una edad cronológica específica.

Entrevista – Robert Pérez / Estudios sobre la Vejez y Envejecimiento - UdelaR

Vivir con la Locura: Una Perspectiva Única

La experiencia de un individuo que vive con una enfermedad mental proporciona una visión particular sobre el envejecimiento y la vida. La dependencia de medicamentos para mitigar los síntomas es una realidad cotidiana, aunque con sus propios efectos secundarios.

La Lucha Contra las Voces

El narrador describe la ingesta diaria de un psicotrópico que le provoca sequedad bucal, haciéndole sonar "como un viejo fumador empedernido o como un sediento desertor de la Legión Extranjera." A esto se suma un elevador del ánimo para combatir la depresión, un diurético y un laxante para contrarrestar el estreñimiento y la retención de líquidos, y analgésicos para las migrañas.

Además, cada dos semanas, recibe una inyección de un potente antipsicótico que, si bien previene "conducta maligna o despreciable," le causa un ligero temblor en las manos y un rictus en los labios, lo que le obliga a tomar un relajante muscular. Todos estos "mejunjes" recorren sus venas, afectando órganos y buscando calmar los "irresponsables impulsos eléctricos" en su cabeza.

En el pasado, era "más fácil" cuando solo tenía que escuchar las voces, que a menudo eran "tenues como ecos" o "susurros de niños compartiendo un secreto." Aunque a veces aumentaban de volumen, no eran demasiado exigentes, más bien "sugerencias, consejos, preguntas perspicaces." A diferencia de otros pacientes cuyas voces gritaban órdenes imperativas y violentas, las suyas solían cuidarlo y advertirle. Sin embargo, su diagnóstico y reclusión se debieron a que "les contestaba en voz alta de modo tan obvio."

Un Observador Activo de la Vida

Ahora, el narrador pasa sus días "en busca de movimiento," caminando "a paso rápido por la ciudad, desde los parques a las zonas comerciales e industriales, mirando y observando pero sin detenerse." Esta "maratón diaria" le mantiene delgado y vigoroso. También busca actividades que le proporcionen "mucho movimiento ante mis ojos," como un partido de fútbol o baloncesto.

En primavera, es voluntario registrando el regreso del salmón al río Connecticut, una actividad que le permite "observar cómo infinitos litros de agua fluyen por la presa" y ver peces "remontar la corriente, impulsado por un potente instinto de volver a su lugar de nacimiento." El salmón es para él un símbolo de locura, ya que "oyen una poderosa voz interior que los impele a iniciar este viaje imposible hacia su propia muerte."

Gracias a su agudeza observadora, se ha convertido en un "detective" de la vida de la ciudad, conociendo los romances escabrosos, los problemas familiares, los negocios en dificultades, y los secretos de sus habitantes. Su capacidad de observación también le ha permitido prevenir un robo y ayudar a identificar a un conductor que se dio a la fuga. Incluso ha recibido gestos de amabilidad, como cortes de pelo gratuitos o comida de McDonald's.

Aceptación y Reflexión Personal

A pesar de vivir en un pequeño apartamento subsidiado, con ropa de segunda mano y visitas esporádicas de sus hermanas, el narrador afirma sentirse "bastante cómodo." Reconoce que "estar loco te proporciona una visión interesante de la vida" y que su existencia está llena de detalles fascinantes.

La historia concluye con la recepción de una invitación a un "examen" del hospital estatal donde estuvo recluido, ahora destinado a convertirse en un museo. Este evento, con seminarios, discursos y diversiones, representa una oportunidad para reflexionar sobre la historia del tratamiento de las enfermedades mentales y su propia experiencia.

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