Cómo Asegurar el Bienestar de los Adultos Mayores: Opciones y Consideraciones para el Cuidado

Con el aumento general de la esperanza media de vida, es frecuente que en las familias haya ancianos longevos. Esta realidad conlleva una problemática compleja y multifacética en el cuidado de nuestros mayores, especialmente cuando estos se vuelven dependientes e incapacitados para vivir con autonomía. Asegurar su bienestar y calidad de vida es una prioridad que implica diversas decisiones y responsabilidades familiares.

Foto de una familia intergeneracional interactuando

Entendiendo las Necesidades y la Dependencia en la Vejez

Los expertos distinguen en la edad madura diversas etapas, desde la vejez lozana, en que el sujeto goza de buena salud física y psíquica, hasta la ancianidad dependiente. Una clasificación habitual distingue entre ancianos capaces de realizar las actividades de la vida diaria y ancianos incapaces de realizar las actividades básicas de la vida diaria.

  • Los ancianos capaces, aunque quizás no gocen de buena salud y no estén capacitados para trabajar o hacer actividades intelectuales complejas, pueden vivir independientes porque son capaces de hacer solos las gestiones comunes, toman la medicación y realizan la higiene personal, entre otras cosas.
  • Los ancianos incapaces dependen de sus familiares o cuidadores para las tareas vitales básicas, como la alimentación, la higiene o la compra de alimentos.

Se considera también la vulnerabilidad de muchos ancianos ante engaños, fraudes y robos en las actividades ordinarias. Esta realidad ha originado la necesidad de fundar establecimientos especializados en la atención de estas personas, conocidas como residencias de ancianos o geriátricas.

El Deber de Atención y el Calor del Hogar

El cuidado de los padres ancianos es un deber moral que requiere atención. De acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica, «el respeto a los padres (piedad filial) está hecho de gratitud para quienes, mediante el don de la vida, su amor y su trabajo, han traído sus hijos al mundo y les han ayudado a crecer en estatura, en sabiduría y en gracia» (n. 2215). Además, «cuando se hacen mayores, los hijos deben seguir respetando a sus padres. Deben prevenir sus deseos, solicitar dócilmente sus consejos y aceptar sus amonestaciones justificadas. La obediencia a los padres cesa con la emancipación de los hijos, pero no el respeto que les es debido, el cual permanece para siempre».

Esto conlleva obligaciones con los hijos que el mismo documento concreta en el caso de los hijos mayores de edad: «en la medida en que ellos pueden, deben prestarles ayuda material y moral en los años de vejez y durante sus enfermedades, y en momentos de soledad o de abatimiento».

Es cierto que el lugar donde el anciano va a desarrollarse más plenamente es en el ámbito familiar, donde va a sentir el calor de hogar. El gran problema en que se encuentran estas personas es el aislamiento y la marginación. Por ello, se suele formular el deber de los hijos, en atención al buen cuidado que deben hacia sus padres, de recibirlos en sus casas si es necesario.

Como dice San Juan Pablo II, «el rechazo actual del modelo familiar patriarcal, especialmente en los países ricos, ha favorecido el creciente fenómeno de confiar al anciano a las estructuras públicas o privadas que, en general, a pesar de sus buenas intenciones, no pueden ayudarle totalmente a superar la barrera del aislamiento psicológico y sobre todo de la marginación familiar, y le privan del calor del hogar, del interés hacia la sociedad y del amor a la vida». En la misma ocasión añade, refiriéndose al ingreso del anciano en una residencia: «hay que afirmar que no es esta la situación ideal. El objetivo hacia el que hay que dirigirse es que el anciano pueda quedarse en su casa, contando con adecuadas formas de asistencia domiciliaria».

Ilustración de un hogar acogedor con adultos mayores y jóvenes

Dilemas y Prioridades en el Cuidado Familiar

Según Benedicto XVI, «la calidad de una sociedad, quisiera decir de una civilización, se juzga también por cómo se trata a los ancianos y por el lugar que se les reserva en la vida en común. Quien hace espacio a los ancianos hace espacio a la vida». Sin embargo, se plantean cuestiones complejas, como el conflicto que puede haber entre la atención a padres enfermos o ancianos, y la atención a la familia que ha formado el interesado.

En cuanto al conflicto entre la atención a los padres y a los propios hijos, es sabido que el cuarto mandamiento, que obliga en conciencia a atender debidamente a los familiares, implica un orden. Según el Cursus Theologicus Moralis Salmanticensis, «en cuanto al amor efectivo, y por lo que mira a socorrer al prójimo en cualquier necesidad que no sea extrema, deben en primer lugar ser antepuestos los hijos. Después de los hijos ha de preferirse la mujer, que en orden a la administración doméstica y económica tiene mayor conjunción con el marido, que los padres. Después de los hijos y mujer, han de preferirse el padre, la madre y demás, según el grado de conjunción.»

Por lo tanto, es legítimo buscar otras formas de atención a los padres, además del acogimiento en el domicilio propio, si el cuidado de los padres va a afectar gravemente a la atención de los propios hijos, o incluso otras obligaciones graves como podrían ser las laborales, aunque en estos supuestos debería guardarse la debida proporción, ya que serían situaciones verdaderamente excepcionales.

Cuando la Residencia Geriátrica Puede ser una Opción

Muchos cuidados diarios que necesitan los ancianos dependientes (como la higiene diaria, levantarlo y acostarlo, cambiarle la ropa de cama, vestirlo, incluso alimentarlo) son complejos y engorrosos para quien no sabe hacerlo. Si no lo hace personal convenientemente entrenado, pueden ser causa de sufrimiento para el anciano. Añadamos además la seguridad que les da tener un médico con gran disponibilidad y enfermeras a todas horas.

De lo dicho anteriormente, queda claro que en ciertas circunstancias los hijos pueden considerar llevar a sus padres a una residencia de ancianos: si la atención de un pariente anciano conlleva abandonos graves en la atención de otros familiares hacia los que se tiene mayor obligación. Sería el caso de una persona que por cuidar a sus padres, desatiende a sus hijos.

En otras épocas, si no se recibía a un padre anciano en la propia casa, podría llevar a dejar mal atendido a un pariente, constituyendo un verdadero abandono. Pero en la actualidad, en que es posible en el caso de muchas familias recurrir a una residencia geriátrica en la que el pariente va a estar bien atendido, se pueden aplicar con mayor flexibilidad estos principios. El riesgo que se exige no sería tan grave como antes, porque la desatención no sería tan grave. Dicho de otro modo, en caso de conflicto antes la solución era dejar casi totalmente desatendido al anciano. Pero ahora la solución es llevar al anciano a una residencia, donde estará correctamente atendido, aunque allí no encuentre el calor familiar como en casa.

A la vez, dado que existe la posibilidad real para muchas familias de enviar al familiar a una residencia geriátrica, surge la obligación moral de hacer este planteamiento si va a redundar en beneficio sustancial del pariente anciano y de la propia familia.

Manejo de la Resistencia a Recibir Cuidados

Cuidar a un anciano puede ser un desafío, especialmente cuando la persona mayor se resiste a recibir ayuda. Esta situación es más común de lo que parece y puede deberse a una combinación de factores emocionales, físicos y psicológicos, como la pérdida de independencia, que es percibida al aceptar cuidados.

Estrategias de Comunicación y Adaptación

Cuando las personas mayores no se dejan ayudar, debemos mantener una actitud positiva, paciente y amable con ellos. Lo primero que debes hacer es intentar comprender por qué actúan de esa manera. La comunicación es esencial para resolver la resistencia de un anciano a recibir cuidados. Es importante hablar de manera clara y honesta, siempre respetando sus emociones y preocupaciones.

  • Escucha activa: Pregunta a la persona mayor qué es lo que le preocupa y escúchala sin interrumpir ni juzgar.
  • Involúcralo en las decisiones: Haz que la persona participe en la elección del cuidador o en las decisiones relacionadas con su rutina diaria.
  • Habla en momentos tranquilos: Evita tocar el tema cuando la persona esté molesta o estresada.

Si el anciano está especialmente resistente, una buena estrategia es comenzar con pequeños cambios en lugar de implementar un cuidado completo de golpe. Introduce la ayuda para tareas que no sean invasivas, como la limpieza del hogar o las compras. Opta por cuidados a domicilio para que la persona no sienta que pierde el control de su espacio y su vida.

El cuidado de los ancianos no debe recaer únicamente en una persona. Si es posible, crea una red de apoyo con otros familiares que puedan compartir las responsabilidades del cuidado. Cuando la resistencia es muy fuerte y genera tensiones familiares, puede ser necesario recurrir a la mediación familiar. En algunos casos, la resistencia a recibir cuidados puede estar vinculada a problemas emocionales o psicológicos más profundos. La depresión, la ansiedad o el miedo a la muerte pueden manifestarse en forma de rechazo al cuidado. Es importante recordar que forzar a una persona a aceptar cuidados en contra de su voluntad solo aumentará la resistencia y generará más conflicto. En lugar de imponer, lo ideal es que el proceso sea lo más consensuado posible.

¿Cómo HABLAR con un ADULTO con DEMENCIA? TIPS para MEJORAR LA COMUNICACIÓN

Opciones de Cuidado para Adultos Mayores

Existen diferentes opciones de cuidado para personas mayores, y no todas las soluciones son adecuadas para todos los casos:

  • Asistencia domiciliaria: Permite al anciano permanecer en su hogar, recibiendo ayuda con tareas específicas o cuidados médicos.
  • Centros de día: Estos centros ofrecen atención diurna y permiten a la persona regresar a su hogar por la noche, fomentando la socialización y el mantenimiento de habilidades.
  • Residencias para mayores: Si la situación lo requiere, una residencia puede ser la mejor opción, especialmente si el anciano necesita cuidados médicos constantes, supervisión 24/7 o un nivel de atención que no puede ser proporcionado en casa. Algunas naciones han logrado establecer un sistema eficaz de atención de estas personas, tanto con asistencia domiciliaria como mediante una red de residencias geriátricas. También existen fórmulas mixtas, como apartamentos tutelados.

El Proceso de Transición a una Residencia

Tomar la decisión de vivir en una residencia es un paso importante, que muchas personas adultas toman para mantener su independencia, cuidar su salud o acceder a una vida más activa y acompañada. Uno de los motivos principales puede ser acceder a un entorno donde el cuidado cotidiano está a cargo de otros, para que puedas dedicarte a disfrutar.

Cómo Abordar la Conversación

Es fundamental no mentirle al adulto mayor sobre su ingreso a una residencia. Este tipo de afirmaciones pueden generar angustia y desconfianza cuando descubra que la decisión ya está tomada. Es normal que el adulto mayor sienta temor al cambio. Se recomienda:

  • Escuchar sin juzgar: Valida sus emociones.
  • Mostrar los beneficios: «No estarás solo. Aquí vas a estar con personas de tu edad, compartir el día a día y hasta reencontrarte con conocidos».
  • Involucrar al adulto mayor en la elección: Si es posible, permítele participar en la selección de la residencia para que sienta que tiene control sobre la decisión.
Ilustración de una conversación empática entre un adulto y un anciano

Preparación para el Traslado y Adaptación

El día del traslado puede ser emocionalmente desafiante. Una buena planificación puede hacer que el cambio sea más cómodo y natural:

  • Evita que el traslado sea sorpresivo.
  • Haz que su habitación tenga elementos familiares: Lleva objetos personales, fotos y pequeños muebles que le den un sentido de hogar.
  • Evalúa las necesidades: Una evaluación integral permite definir el nivel de atención que se necesita. Un equipo interdisciplinario (fonoaudiología, nutrición, terapia ocupacional, enfermería y kinesiología) puede realizar evaluaciones semestrales y compartir sus recomendaciones.
  • Incentiva la participación en actividades: Fomenta que el residente se involucre en las actividades ofrecidas, adaptadas a sus necesidades médicas y plan de alimentación.

El proceso de adaptación toma tiempo. Luego de las primeras semanas, es común recibir un informe integral con observaciones sobre su adaptación y necesidades. Es crucial mantener una buena comunicación con el residente y el equipo de la residencia.

Mantener el Vínculo Familiar y Prevenir el Abandono

En cualquier caso, si deciden trasladar a una persona anciana a una residencia, sus obligaciones no acaban ahí. Han de preocuparse de atender debidamente a su pariente, visitándolo con frecuencia, manteniéndole al día de las novedades de la familia, y si la salud lo permite, llevándolo a las fiestas familiares. Como dice el Papa Francisco: «recuerdo cuando visitaba las casas de ancianos, hablaba con cada uno de ellos y muchas veces escuché esto: “Ah, ¿cómo está usted? ¿Y sus hijos? - Bien, bien - ¿Cuántos tiene? - Muchos.- ¿Y vienen a visitarla? - Sí, sí, siempre. Vienen, vienen.- ¿Y cuándo fue la última vez que vinieron?” Y así la anciana, recuerdo especialmente una que dijo: “Para Navidad”. ¡Y estábamos en agosto! Ocho meses sin ser visitada por sus hijos, ¡Ocho meses abandonada!»

Muchos directores espirituales aconsejan a los hijos que dediquen a sus padres la misma atención que antes, visitándolos en la residencia y haciéndoles regalos, llevándoles fotos, etc. Si la persona está cognitivamente bien y no se tomó este cambio como que la iban a abandonar, lo ideal es hacer las visitas más frecuentes. Si no se puede ir todos los días, hacer las visitas más largas cada vez que vayan a verlo. Si hay más familiares, es bueno que hagan turnos y establezcan un sistema de visitas.

Es importante tener presente que los familiares no van a cumplir el rol de cuidador, pero sí el rol emocional. Aurelio Fernández, en su Teología Moral, señala que «el deber de amar y atender a los padres ancianos es uno de los deberes morales que requieren más atención por parte de los sacerdotes. El confesor debe gravar la conciencia de los hijos en el deber que les incumbe de atender a sus padres en sus necesidades».

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Prevención y Detección del Maltrato a Personas Mayores

Cuidar de un padre, abuelo o ser querido mayor puede ser gratificante y desafiante a la vez. Quieres que se sientan seguros, respetados y bien atendidos. Pero a veces, los adultos mayores sufren maltrato, a menudo por parte de quienes se supone que deben ayudarlos. Esto se conoce como maltrato a personas mayores y ocurre con más frecuencia de lo que se cree. Según el Consejo Nacional sobre el Envejecimiento, el maltrato a personas mayores afecta a aproximadamente 1 de cada 5 estadounidenses mayores de 60 años, aunque solo se denuncia 1 de cada 24 casos. La mejor manera de detener el maltrato a personas mayores es prevenirlo.

¿Qué es el Maltrato a los Ancianos?

Según los Centers for Disease Control and Prevention (CDC), el abuso de ancianos es un acto intencional o una omisión que causa o crea un riesgo de daño a un adulto mayor. El maltrato a personas mayores puede ocurrirle a cualquiera, incluso a manos de un cuidador o una persona de confianza. El maltrato también puede ocurrir en residencias de ancianos y centros de atención a largo plazo. Todos los tipos de abuso a ancianos pueden provocar daños físicos y emocionales e incluso la muerte.

Tipos de Abuso en Adultos Mayores

Los tipos más comunes de abuso a personas mayores incluyen:

  • Abuso físico: Golpear, empujar o causar cualquier dolor.
  • Abuso emocional: Gritar, amenazar o hacer sentir mal a alguien.
  • Abuso financiero: Robar dinero, engañar a alguien para que dé dinero o hacer mal uso de las finanzas.
  • Abuso sexual: Cualquier contacto sexual no deseado.
  • Negligencia: No proporcionar alimentos, medicamentos o atención adecuada.

¿Quién Está en Riesgo de Sufrir Abuso Hacia los Ancianos?

Cualquier adulto mayor puede sufrir abuso, pero algunos corren un mayor riesgo. Los adultos mayores que experimentan cambios en su salud suelen estar, al mismo tiempo, cada vez más aislados socialmente. El aislamiento social y el deterioro mental o físico aumentan el riesgo. Los estudios demuestran que casi la mitad de las personas con Alzheimer u otras demencias han sufrido abuso o negligencia. La violencia interpersonal también es más frecuente entre los adultos con discapacidad. También puede correr mayor riesgo de sufrir abuso de ancianos si tiene depresión o problemas de salud mental o si vive con un cuidador que está abrumado o estresado.

Los perpetradores pueden incluir hijos, familiares y amigos, así como personal de hogares de ancianos, residencias de vida asistida e incluso personal de servicios como peluqueros o paseadores de perros. Las características de algunos abusadores pueden incluir:

  • Antecedentes penales previos.
  • Problemas relacionados con las drogas o el alcohol.
  • No hay otros medios de subsistencia aparte de la vivienda, la pensión o los cheques de seguridad social de la víctima.
  • Puede que no quiera que la víctima sea entrevistada o esté sola y puede parecer controladora.
Infografía sobre los factores de riesgo del maltrato en adultos mayores

Señales de Maltrato a Personas Mayores

Es importante identificar las señales de advertencia de abuso en adultos mayores. A continuación, se indican algunos aspectos a tener en cuenta:

Signos Físicos

  • Moretones, quemaduras o huesos rotos sin causa aparente.
  • Pérdida repentina de peso o deshidratación.
  • Ropa sucia, mala higiene o problemas médicos no tratados.
  • Úlceras por presión por no moverse adecuadamente.

Señales Emocionales y Conductuales

  • Aumento del miedo, la ansiedad o la depresión.
  • Evitar a ciertas personas o actuar con nerviosismo cerca de un cuidador.
  • Quedarse callado, retraído o molesto sin motivo alguno.
  • Parecer confundido o actuar de manera diferente a lo habitual.

Señales Financieras

  • Falta de dinero o pertenencias.
  • Facturas que no se han pagado, incluso si el mayor debería tener suficiente dinero.
  • Retiros extraños de cuentas bancarias.
  • Firmas fraudulentas o documentación financiera.
  • Cambios repentinos en el testamento o poder notarial.

Cómo Prevenir el Maltrato a los Ancianos

La mejor manera de detener el abuso en adultos mayores es involucrarse y tomar medidas para proteger a sus seres queridos. Esto es lo que puede hacer:

  • Aprenda sobre el maltrato a personas mayores: Conocer las señales y los factores de riesgo del maltrato puede ayudarle a actuar cuando ocurre. Comparta esta información con otros familiares y amigos.
  • Manténgase en contacto: Visite o llame a su ser querido con frecuencia. Use videollamadas para saber cómo está si no puede estar presente. El contacto regular le ayuda a notar cambios y dificulta que el abuso pase desapercibido.
  • Ayúdelos a mantener relaciones sociales: La soledad puede aumentar el riesgo de abuso. Anime a las personas mayores a mantenerse en contacto con amigos, familiares y grupos comunitarios.
  • Tenga cuidado al elegir cuidadores: Si su ser querido necesita un cuidador, verifique sus antecedentes. Investigue las residencias de ancianos y las agencias de atención. Visítelas con frecuencia y pregunte sobre las políticas de seguridad.
  • Proteja sus finanzas: Ayude a las personas mayores a administrar su dinero. Configure depósitos directos, controle gastos inusuales y asegúrese de que sus documentos legales estén en regla. Anímelas a evitar dar información personal por teléfono o en línea y a revisar periódicamente su testamento. Tener su propio teléfono y poder enviar y abrir el correo también puede brindar mayor seguridad.
  • Apoye a los cuidadores familiares: Cuidar a un adulto mayor puede ser estresante y agotador. Si un familiar es el cuidador principal, ofrézcale ayuda. El cuidado de relevo, los grupos de apoyo y los descansos pueden marcar una gran diferencia. Los grupos de apoyo para el duelo antes de la pérdida también pueden ayudar a los cuidadores a gestionar sus emociones.
  • Fomente la protección personal y legal: Ayude a las personas mayores a tomar las riendas de su futuro planificando con antelación. Un poder notarial o un testamento vital pueden ayudar a aclarar las decisiones sobre su atención médica. Es importante buscar asesoramiento independiente antes de firmar cualquier documento. Si contrata los servicios de un cuidador, tiene derecho a expresar sus preferencias e inquietudes. Si vive en una residencia de ancianos, llame a su defensor del pueblo para cuidados a largo plazo.
  • Fomente la salud y el bienestar: Anime a sus seres queridos a cuidar su salud y buscar ayuda profesional para problemas como la depresión y los problemas de drogas o alcohol.

¿Qué Hacer si Sospecha de Abuso a Personas Mayores?

Si cree que alguien está sufriendo abuso, actúe de inmediato:

  • Habla con tu ser querido: Pregúntale en privado si se siente seguro. Hazle saber que estás ahí para ayudar.
  • Denunciar abuso: Si cree que la situación es peligrosa o pone en peligro su vida, llame al 911. Para otras inquietudes sobre abuso, comuníquese con los Servicios de Protección para Adultos o el programa de ayuda a víctimas de violencia.
  • Obtenga ayuda profesional: Un proveedor de atención médica, un trabajador social o un abogado especializado en leyes para personas mayores puede ayudarle a evaluar la situación y tomar medidas.
  • Busque una vivienda más segura: Si es necesario, ayude a su ser querido a mudarse a un lugar más seguro. Esto puede implicar cambiar de cuidador o encontrar un centro de confianza.

El maltrato a personas mayores es un problema grave, pero usted puede ayudar a detenerlo. Al mantenerse informado, estar al tanto de cómo están sus seres queridos y tomar medidas cuando sea necesario, puede contribuir a su seguridad. Si alguna vez sospecha de maltrato, no espere. Busque ayuda de inmediato.

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